domingo, 24 de agosto de 2008

No se trata de que Brasil ya no quiera ser nuestro socio, se trata de que cada día resulta más difícil tratarnos como iguales

La queja extemporizada por lo que aún se conoce como nuestra Cancillería, apenas encubre una transferencia a la política exterior de la paranoia ideológica interna contra quienes trabajan, progresan y ganan dinero.

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