jueves, 10 de julio de 2008

En una maratón, la Justicia absolvió a los Kirchner y a Uberti

En una maratón, la Justicia absolvió a los Kirchner y a Uberti
En un solo día, la Justicia argentina cerró una causa por enriquecimiento ilícito contra el matrimonio presidencial y dictó la falta de mérita del ex funcionario K en la causa de Antonini Wilson y los 800 mil dólares

Educar. Una estrategia posible.

Educar. Una estrategia posible.

El conflicto del campo sigue escribiendo su historia. Tiene, por ahora, un final abierto. No obstante ello, su prolongación en el tiempo, trae consigo profundas consecuencias.
Los expertos en negociación dicen, que uno de los últimos recursos a aplicar cuando no se consigue un acuerdo, consiste en "educar". Esto implica explicar al otro, cuáles son las consecuencias que conlleva no alcanzar un acuerdo.
Existe un mito que dice que los poderosos negocian en mejores condiciones porque terminan imponiendo su decisión ante el temor de su poder. El clásico ejemplo, es aquel por el cual el empleador consigue que su empleado haga lo que él desea por el mero hecho de ser su patrón. Lo logra por jerarquía. En realidad se trata de una gran falacia que sólo justifica la propia incapacidad para ver las cosas de una forma diferente.
Siempre hay opciones. Pero hay que saber verlas. Luego enseñarlas, explicando al otro lo que implicará no encontrar un acuerdo razonable. Aun así, no consiguiendo esto, siempre tendremos alternativas. Sólo hay que tener el coraje, estar dispuesto a tomar esas variantes. Y eso ya no depende de los otros. De eso se trata la libertad.
Aun en casos donde unos parecen estar en mejores condiciones que otros, porque están en posiciones superiores, existen caminos para alcanzar una negociación.
Negociar supone que AMBAS partes salgan satisfechas consiguiendo sus objetivos de forma razonable. Un acuerdo donde unos ganan y otros pierden sólo es el primer paso de una larga sucesión de revanchas para vengarse de los triunfos ajenos. No hace falta buscar demasiado a nuestro alrededor para ver múltiples ejemplos de esta descripción.
Pero hasta ahora, el denominado conflicto del campo, no ha hecho más que mostrarnos una combinación de hipócritas argumentos que no se ajustan a la cuestión de fondo, con poco creativas medidas de uno y otro lado.
El trillado recurso nacionalista de la bandera, el himno y la escarapela, plagado de discursos que apelan a la patria, los héroes y nuestros fundadores, no es más que eso, un recurso. Sirve, ayuda, hasta orienta, pero no va al fondo del asunto. Este tema, enfrenta a muchos argentinos y proviene de una decisión estrictamente económica. Es racional, y por lo tanto, hay que debatirla en el campo de las ideas y no en el de las emociones.
Desde lo táctico puede valer casi cualquier cosa, pero para lograr acuerdos es necesario recurrir a argumentos tangibles que sostengan la posibilidad de un acuerdo.
La posición del gobierno ya la conocemos. Inflexible, recaudatoria, tal vez hasta ideológica. Gente entrenada, preparada y con gimnasia en esto de buscar rivales. Están en su salsa. Hacen lo que más saben, confrontar. Además conocen el juego y sus reglas.
El campo, por el contrario menos experimentado en esto, aprende sobre la marcha, asesorándose, rodeada de consultores que le dicen qué ofrecer a cambio. Buscando aliados en la política, en la religión, en las organizaciones civiles y la sociedad, tratando de sumar voluntades, como si la matemática otorgara razones adicionales.
Han hecho un gran esfuerzo, sin dudas. No es tiempo de criticar. Probablemente sea el costo del aprendizaje de enfrentar a especialistas. Sin embargo, es necesario detenerse unos segundos a reflexionar sobre el escenario actual. Tenemos un gobierno inflexible, dispuesto a dar batalla con sus mejores jugadores, parado sobre su posición original y argumentando acerca de las bondades de no claudicar, tirando toda la basura y la voluntad popular sobre los poco carismáticos dirigentes del campo.
La ventaja de superioridad inicial a lo que se agrega una sociedad impaciente, confluyen en una fórmula que parece predecir el resultado. La sociedad siente ahora las consecuencias de las cada vez menos creativas medidas que el sector rural propone.
Este recorrido lleva invariablemente a una derrota que más tarde o más temprano implicará una revancha, del gobierno, del campo o incluso de la sociedad. Uno de los sectores no siente que debe negociar. Cree que le han conferido en las urnas el poder suficiente para imponer criterios y tomar decisiones por los demás. Si no siente que debe negociar, pues no negociará. Es lo que ya ha demostrado sobradamente.
El campo está entonces, entre la espada y la pared. Este camino lo conduce a un seguro fracaso, y ese resultado no le conviene a nadie. Es preciso retomar la cordura y sentarse a conversar soluciones que nos lleven por el rumbo adecuado.
Existe, tal vez, una manera de "educar" a los que no quieren negociar, mostrándole la razón por la que sí deben hacerlo.
El meollo de la cuestión parece pasar por las retenciones. Al menos ha sido ése el detonador. Un razonamiento lineal propondría ir al hueso del asunto. Éste es un impuesto a las exportaciones, pues la medida educativa adecuada es NO EXPORTAR. Ya no porque ellos regulen el mercado, fijen cuotas o decidan cuándo si y cuándo no. Sino por la propia decisión de los exportadores. Alguien diría "eso no le conviene al campo". Es cierto. Tampoco al gobierno. Alguien diría "el campo perderá mucho dinero". Es cierto. También, si este conflicto no se resuelve, el campo colapsará.
Así se educa. Con cuestiones prácticas, osadas pero pragmáticas, valientes, costosas, esforzadas pero consistentes. El porcentaje de retenciones que quieran aplicar sobre NADA es NADA. El de antes o el de ahora. Tendrán así las manos vacías.
Esta decisión, extrema por cierto, valiente y hasta coherente, vendrá acompañada de consecuencias favorables adicionales.
La primera de ellas, es que podrían INUNDAR el mercado interno de mercaderías, provocando una considerable disminución del desabastecimiento evitando así que los ciudadanos sigan siendo los rehenes de esta historia, retirando también argumentos que hoy son esgrimidos desde el sector gubernamental.
La segunda, sería demostrar que esto se trata de convicciones y no de dinero. Cosa que hasta ahora, genera dudas en muchos de los que acompañan, instintiva y moralmente al campo cuando se adhieren en cuanta manifestación popular se convoca.
Con las convicciones no se tranza. Los principios no son materia de negociación. Se pueden acordar sobre intereses y satisfacerlos aceptablemente. En definitiva, para negociar, resulta importante educar y así restablecer el diálogo perdido. Para ello es imprescindible coraje, creatividad, pero sobre todo, convicciones.

Alberto Medina Méndez
03783 – 15602694
Corrientes – Corrientes – Argentina
amedinamendez@gmail.com

Araújo: "Las FARC están muy debilitadas"

El canciller colombiano evitó hablar de una derrota y resaltó que "todavía falta una tarea por hacer", en diálogo con lanacion.com

Los Kirchner entre Bonaparte y Macbeth

Los Kirchner entre Bonaparte y Macbeth

Por Pablo López Herrera
"Lo que el mal emprende
con mal se refuerza."
Macbeth

¿A dónde se encuentra el límite entre el deber del ciudadano hacia el poder legítimo y la sumisión indebida al uso ilegítimo del poder? Inversamente: ¿a dónde se encuentra el límite entre el manejo prudente de un poder legítimamente obtenido y el uso arbitrario de los instrumentos de gobierno para fines ajenos al bien común?

Este tipo de cuestiones que se plantea en estos días cualquier ciudadano bienintencionado parecen estar lejos del ánimo de nuestros actuales gobernantes, que ya han avanzado larga y alegremente sobre los límites y las barreras del decoro y del sentido común. Para ellos, si la realidad y el sentido común colisionan con sus intereses, tanto peor para la realidad y para el sentido común.

Los límites del bonapartismo

Como para Bonaparte, parecería que para los Kirchner el origen del poder lo constituyen sus conquistas y victorias. Decía Napoleón: "mi poder esta basado en mi gloria, y mi gloria en las victorias que he logrado. Mi poder caería si yo no le diera como sustento más gloria y nuevas victorias. La conquista me hace ser lo que soy; sólo la conquista me puede mantener." En pequeño, Kirchner utiliza el mismo tipo de razonamiento. Y sus compañeros de ruta –cada vez menos- están encaramados al mismo proyecto.

Con los fondos de las retenciones –arbitrarias y flexibles- más el impuesto al cheque, Kirchner logró por cierto tiempo alcanzar el famoso "superávit fiscal primario" para alimentar sus fuerzas y manejar "el botín como incentivo". Habiendo aumentado sin medida el voraz gasto público y elevándose la carga de la deuda, parecería haber encontrado un límite para las retenciones al agro, y un frente organizado y decidido de resistencia por un lado, y la "inflexibilidad" del gasto público por la otra.

Si es cierta la teoría militar de Sun Tsu, que afirma que "la principal habilidad ofensiva consiste en que el enemigo no sepa qué defender y la principal defensiva en que el enemigo no sepa qué atacar", Kirchner encontró por fin un par de "plazas" que aquellos que considera sus enemigos tienen clarísimo que deben defender ahora: la propiedad privada y la libertad de comercio imprescindibles para lograr una actividad económica agropecuaria rentable e integrada al mundo.

Los productores agrícolas grandes o pequeños tienen la conciencia de que tienen que defenderse, y que en caso de perder el uso de sus derechos, se encaminarían a la ruina cierta. Con el último aumento arbitrario de las retenciones, y su caprichosa resistencia Kirchner generó frente a su poder una "unidad de fuerzas" que no existía antes y se fabricó un enemigo que lucha con el precipicio a la espalda, y por consiguiente con las fuerzas redobladas en su desesperación por la supervivencia.

En este contexto de conflicto, los planteos justos, sensatos y prudentes, parecen estar fuera de lugar, simplemente porque la realidad institucional de nuestro país es otra que la que todos hacemos semblante de creer. ¿Cómo es posible dialogar con quién que sólo quiere imponerse y poner a su interlocutor "de rodillas"? ¿Cómo es posible que todo un país esté pendiente de lo que un ciudadano de a pié piense, diga, haga o deje de hacer? Es simple: porque el poder está en las sombras. En ese sentido, estamos ya muy lejos del planteo inicial de estas líneas: no se trata de un problema entre los ciudadanos y el gobierno, sino entre la legitimidad y la usurpación de la misma.

La "pregunta del millón" hasta aquí sería: ¿Cuán cerca está Kirchner de su Waterloo?

Pero una reflexión más rica sobre los Kirchner debería incursionar también en un terreno inspirado en la literatura política, y particularmente en una historia concreta de usurpación de poder, para adentrarse en los aspectos psicológicos de los personajes. Y pocos personajes tan ricos como los descriptos por William Shakespeare con Macbeth y Lady Macbeth para ayudar a reflexionar sobre la ambición y el uso inapropiado del poder por parte de un matrimonio. Una ambición llena de peligros, generadora de sus propios anticuerpos y de su ruina final. Y si estamos en la era del conocimiento, aquel que se ocupa de penetrar en la naturaleza humana de los que dirigen es esencial, puesto que es su actividad humana la que condiciona nuestra manera de vivir y de morir.

Si Macbeth fuera argentino, hoy sería pingüino...

A diferencia de los Macbeth, los Kirchner son reales, y aunque las acciones de ambos sean diferentes, la psicología de los personajes tiene aspectos semejantes. Y lo interesante en ambos casos es observar la construcción de poder mediante la utilización de malas artes, para definirlo suavemente, y las inevitables consecuencias del nefasto accionar de los personajes.

Si el prolongado periplo de Río Gallegos a Santa Cruz y luego a la Argentina termina en el desequilibrio y la derrota, el precio de esa locura y de ese revés se cargará otra vez en "la cuenta del otario" de turno. A la sazón, el pueblo argentino.

De allí la imperiosa necesidad de que los hombres de buena voluntad den un paso adelante para hacerse cargo de su destino, dentro de la legitimidad. Hacerse cargo se llama ahora "ejercer la ciudadanía". ("¡Ah, sangra, sangra, pobre patria! No temas tiranía, pues no se atreve el bueno a combatirte...").

No se sabe que el presidente consulte a brujas como las que profetizaron a coro a Macbeth la sucesión de títulos que jalonarían su fulgurante carrera: barón de Glamis (Río Gallegos), barón de Cawdor (Santa Cruz), rey de Escocia (Argentina). Sí se sabe de su repetidamente manifestada obsesión con el infierno, por maquinar y decidir en la oscuridad y con los "instrumentos de la oscuridad". ¡Que no vean la luz las verdaderas cifras de la inflación! ¡Que no se resuma en un simple y claro informe el recorrido pormenorizado y rendimientos de los fondos de Santa Cruz con sus comprobantes adjuntos! ¡Que los empresarios no digan lo que piensan ni cuenten los amables tratos de Moreno! "Estrellas, ocultad vuestros fulgores; no vea vuestra luz mis profundos y sombríos deseos".

Se sabe de su trama para sacarse de encima a Duhalde, llevada a cabo con Cristina sin el menor atisbo de lealtad por haberles por lo menos facilitado el camino a la presidencia. Para desbrozar el camino pronunció Cristina su famosa frase: "Cuando a alguien se le ponen escollos para gobernar eso no es libreto peronista, es más bien un guión de Francis Ford Cóppola; y no es doctrina peronista, es El Padrino".

Como en el caso de Macbeth, se sabe de una ambición que fue creciendo con pequeños "éxitos" anteriores, de una sociedad político conyugal que parece "blindada" hasta ahora. Se sabe que cubren sus intrigas con acusaciones a inocentes, con el uso de "capitanejos", lugartenientes y fuerzas de choque de dudosa legalidad para lograr espurios fines. Se sabe que no dudan en incentivar la descomposición del Estado a través de un sinnúmero de "transformaciones" pseudo institucionales, lo que llaman la imposición "de un modelo de país". Se sabe que van cubriendo sus viejas jugarretas con nuevas picardías. Se "mata" al desarrollo económico y se culpa a aquellos a quienes se erige en enemigos.

Se sabe también que hay fantasmas que los persiguen, como el "espíritu de Duhalde" que hace las veces (figurativamente) de Banquo. Pero también los persigue el estado de derecho, el orden natural, el mundo civilizado, el mercado internacional y sus reglas, la competencia, el libre juego de la oferta y la demanda para determinar los precios de mercado, los insumisos, los rebeldes, los que son capaces de "sacar los pies del plato" y la seguridad jurídica. Se sabe que los fantasmas de cualquier posible oponente de fuste o sucesor eventual se convertiría rápidamente en una obsesión para los Kirchner.

Se sabe también que los inspiran fantasmas como las obsesivas ideas de los 60's y 70's, "ideales" de los revoltosos combativos de la época que definen como sus "valores innegociables". Algunos de estos fantasmas los confunden al mismo tiempo. Al alabar incansablemente a "las madres" y ponerlas como ejemplo de tolerancia y de no violencia, se confunden y confunden al mismo tiempo ya que las mismas madres (curioso caso local de agrupación de lucha ideológico-empresaria-constructora) se han cansado de reivindicar la lucha armada de sus hijos, de la ETA y del Islam violento. Y el árbol se conoce por sus frutos.

A la par de ejercer y construir nuestra ciudadanía, sólo nos cabe completar la reflexión con el paso de los meses, y verificar quizás algún día que al grito de "todos somos el campo" avancen las "tropas ocultas por el verde", como lo hiciera "el gran bosque de Birnam" sobre Dunsinane para luchar "en la misma altura" y quizás verificar también que tal vez sea ese yuyito "híbrido" el "no nacido de mujer" que los haga entrar en razón...

Como Macbeth, Kirchner se acostumbró a tomar por la fuerza lo que quería, y el malsano placer por el enfrentamiento se convirtió en una forma de vida y de conseguir sus objetivos. Y como Macbeth... "fortifica reciamente el gran Dunsinane. Unos dicen que está loco; otros, que le odian menos, lo llaman intrépida furia. Lo cierto es que no puede abrochar su mórbida causa en la correa del orden." y "le obedecen porque manda, nunca por afecto. Ahora ve que la realeza le viene muy ancha, como ropa de gigante sobre un ladrón enano." Mientras tanto, la verdadera historia, tiene por ahora un final abierto.

Nada nuevo bajo el sol. Esta manera de hacer política tiene sus antecedentes en la historia y en la literatura. En nuestro caso estos métodos ya han destruido el sistema de contrapesos que incluye la división y el equilibrio de poderes, la democracia y la república. Y de a poco nos alejan de la civilización y nos acercan a la barbarie y al derrumbe institucional. No se trata de imitar lo que hacen quienes hoy ocupan el trono. Es necesario entender cómo y porqué actúa el matrimonio reinante para poder "construir ciudadanía" adulta, y una alternativa de poder. Y en este sentido, es tan peligrosa la utopía que se está aplicando como soñar con utopías alternativas. Una utopía es por definición, un lugar que no existe. Y el trabajo de "construcción de ciudadanía" es por su naturaleza lento. Tenemos esperanza, porque sabemos que los hijos de las tinieblas no prevalecerán.

La palabra de intelectuales y economistas

"Sin los subsidios a la mitad más rica del país que aplica este gobierno se podrían bajar las retenciones a la mitad y aumentar el 100% todos los planes sociales con el dinero restante", sentenció González Fraga

domingo, 1 de junio de 2008