Por María Zaldívar
Impresionan las escasas sincronías que alcanza este gobierno, genéticamente desacompasado de la realidad y autista en materia de políticas públicas y de armonías mínimas, lisas y llanas.
Ni se imaginaba Cristina Kirchner que en el mismo instante en que ella lamentaba en Parque Norte la desaparición física de Discépolo, el canal oficial, ese que mantenemos entre todos para un raquítico puñado de televidentes, coincidía con su homenaje.
Mientras los canales privados seguían en directo las instancias de la crisis nacional provocada, alentada y fogoneada por la administración central, canal 7, “La Televisión Pública” ponía al aire una producción propia que si hubiese sido al menos graciosa, se hubiese salvado del calificativo de mamarracho.
Una porquería titulada “Maní con chocolate” recorría el país a través del canal oficial mientras el partido gobernante reeditaba la liturgia peronista con obscena prescindencia del tiempo transcurrido. Banderas con la cara de Eva Perón y mucho trapo rojo flameaban alrededor de la Presidenta, rodeada de los funcionarios de turno, súbditos todos (condición sin la cual es imposible integrar esa corte) y los infaltables gestos externos de este peronismo no corregido pero sí aumentado: Luis D´Elía, Estela Carlotto y Hugo Moyano o, en realidad, lo que ellos representan. Porque en la traducción de esos nombres está el verdadero sentido de la preocupación ciudadana: alrededor de Cristina Kirchner estaban y están las fuerzas de choque para-policiales que su gobierno prohíja; los focos pro-terroristas sobrevivientes y/o descendientes de las milicias de los ´70 y el sindicalismo, caja inagotable de recursos para fines varios.
Se vio una Cristina fiel a sus tics: la mano en el corazón al sonar el Himno Nacional como sólo le vimos hacer a George Bush; el permanente revoleo de los micrófonos; su gesto ojerizo; la afectada espontaneidad que intenta entre repeticiones y pausas afirmada en la convicción de que es una buena oradora porque improvisa; porque enhebra la Biblia con el calefón se podría decir a propósito de su referencia al autor de su propia descripción.
Esta vez evitó declarar su hegelianismo pero se le hizo imposible controlar su debilidad por victimizarse aunque el recurso del género, tal vez por remanido, no pareció desgarrar a un auditorio poco sensible, más proclive y acostumbrado a deambular por las calles en el anonimato de la cara envuelta, con un palo en la mano a la caza de la “puta oligarquía” que D´Elía está dispuesto a matar con sus propias manos.
Los militantes intentaban cánticos pero ella quería que la escucharan y por eso les pidió varias veces que se callaran; insistía con el realismo mágico. Mientras las hordas transportadas como ganado en pie hasta el acto hacían flamear la cara del Che Guevara, ella desplegaba argumentos que exponían sin velos la estatura intelectual del discurso o, quizá, la escasez de razones.
Lo cierto es que los logros de Cristina en sus primeros cien días de gobierno han sido cuantiosos. Unificó sectores de la producción históricamente dispares; sacó a la calle a la clase media, por naturaleza poco afecta a las masividades; hubo de replantear su discurso en cuarenta y ocho horas al son de las temidas cacerolas; refrescó la memoria de los grandes y dio una clase de genética peronista a los jóvenes con la invalorable colaboración del profesor D´Elía; y encima, tuvo que pedir “humildemente” algo a alguien en público, probablemente por primera vez en su vida.
El conflicto continúa porque ni ella ni los cerebros que la rodean están dispuestos a generar recursos legítimos y quieren seguir adueñándose de la renta ajena. Nos esperan días complejos en los que la escalada de violencia trepará por obra del fogoneo oficial.
Los sectores afectados ya somos todos. El campo, las retenciones móviles, la angurria oficial fueron el principio. Lo que sigue es peronismo puro, con sus odios y sus métodos que incluyen arbitrariedad en el ejercicio del poder; persecución para algunos, violencia callejera para los que pretendan disentir, intransigencia para todos, y maní con chocolate para la gilada.
Lic. En Ciencias Políticas (UCA)
lunes 31 de marzo de 2008
BASTA DE FALSAS ANTINOMIAS. BASTA DE HIPOCRESÍA.
BASTA DE FALSAS ANTINOMIAS. BASTA DE HIPOCRESÍA.
Lamentablemente una vez más muchos argentinos nos sentimos indignados por el discurso presidencial.
Somos firmes y acérrimos defensores de las instituciones democráticas y de nuestros representantes. Durante toda la vida de nuestra agrupación nos hemos caracterizado por respetar e impulsar los valores de democracia, igualdad, libertad, justicia. Y como estamos viviendo en un país democrático, celebramos y acompañamos las políticas de gobierno que encuadran en esos valores, pero también nos vemos obligados y con el derecho a manifestar lo que creemos que este gobierno esta haciendo mal. Y nos indignamos aun más cuando se descalifica de manera aberrante con adjetivos que no deben ser usados a la ligera a toda persona u organización que no piense de la misma forma que la coalición gobernante.
La primera pregunta: ¿No debería haber hablado por cadena nacional en la casa de gobierno?
La segunda: ¿Cómo se puede convocar al diálogo cuando se lo hace jerarquizando desde el palco oficial a aquellos que como D’ Elia siguen con su diatriba de odio social ante todos los micrófonos? ¿No debería haber cuestionado el gobierno la violencia de plaza de mayo?
El discurso presidencial no fue una convocatoria a la pacificación social sino por el contrario una herramienta utilizada para agredir verbalmente, descalificar voces opositoras, demonizar y construir un falso enemigo.
¿No hubiera sido mejor pedir “humildemente” que los argentinos nos sentemos a dialogar, sin mas? No. Fue necesario recurrir a la intolerante y poco acertada estrategia de la descalificación del “adversario”. En un claro llamado a la confrontación sectorial reforzó el escenario de la falsa antinomia: oligarcas contra “pueblo”; golpistas contra “gobierno popular” ¿A qué oligarcas se refiere, a los pequeños productores nucleados en la FAA? ¿Sabe el Gobierno cuál es el ingreso promedio de los productores de cincuenta o cien hectáreas, diferenciados por tipo de cultivo y región del país? ¿Sabe cuántos son? ¿Son golpistas los miles de estudiantes de las facultades de agronomía de todo el país que se autoconvocaron y salieron a pedir una política sustentable para el campo? ¿O son sólo “hijos de sojeros” sin derecho a protestar?
La diputada Norma Morandini dijo “Ojalá que la sensatez, la cordura y una palabra que es ajena a la política –el amor al otro, al cualquiera – sirvan para que nuestros compañeros del oficialismo desactiven esa bomba de tiempo que son los matones puestos en nombre del pueblo. No puede ser que la Justicia esté juzgando a la Triple A, de la que muchos compañeros han sido víctimas, y hoy tengamos que ver a estos matones que en nombre del pueblo no garantizan lo único que tenemos que garantizar: la democracia”.
Hubiera sido mejor centrar la calificación del reclamo en donde estuvo. Lo que fue leído por la prensa como un gesto de “flexibilización de la posición oficial” no fue más que el reconocimiento expreso de lo sucedido: un día después al discurso de Parque Norte, Cristina Fernández, reconocía que el cacerolazo sirvió para que la clase media argentina manifestara su “bronca y catarsis”. Catarsis frente a tanta prepotencia, a la soberbia y al discurso de tribuna. ¿Cuanto mas puede el gobierno seguir ocultando la escandalosa inflación? No fue solo solidaridad con el campo. Fue también hartazgo.
Este paro no hubiera tenido ninguna legitimidad sin el aporte de los pequeños productores. Ellos son los más duros en el conflicto y representan un problema para la Sociedad Rural que insiste en transar con el Gobierno, aun ante la ausencia de soluciones. Si se aplica un impuesto a un sector débil se lo pone ante la disyuntiva de entregar su propiedad a sectores más concentrados. Contra lo que dice el ministro de Economía, éste nivel de retenciones solo reconcentrará la riqueza y las tierras en aquellos pooles y grupos económicos mas poderosos. Es decir, los grandes grupos económicos que podrán resistir éste nivel de exacción impositiva, luego de la crisis saldrán al mercado para quedarse con todo y ya no habrá pequeños ni medianos. Serán solo los grandes. La riqueza se reconcentrará cada vez más a pesar de lo que diga el discurso fogoso. Se justifica discursivamente por izquierda lo que se sabe va a tener efectos por derecha
Acordamos con muchas de las “proclamas” del gobierno nacional, especialmente con su política de Derechos Humanos. Marchamos junto a los organismos de derechos humanos en cada convocatoria. Ahora, mientras la Presidenta acusaba a todos los ciudadanos que se manifestaban en su contra de estar relacionados con "conocidos defensores de Genocidas", en la misma semana, el bloque del Frente para la Victoria dejaba sin quórum la sesión especial convocada para tratar la derogación de los indultos de Menem. Y de eso ¿no hablamos?
Compartimos profundamente la “intención” de redistribuir los ingresos. Pero ¿porque no hablar de una reforma impositiva que modifique el regresivo Impuesto al Valor Agregado? ¿No seria más justo que realmente los que más tienen mas paguen? De paso, la Presidenta podría explicar el origen de los 18 millones de dólares que ella y su marido declaran como patrimonio. O el origen de los 4 millones de dólares con los que Moyano compró una Estancia en el Partido de Henderson.
Estamos convencidos que es acertada la política de gravar a los sectores con mas alta rentabilidad. Pero ¿Por qué no hacerlo a través del impuesto a las ganancias? El control de las exportaciones puede resultar acertado en cuanto no sea regresivo y diferencie a los pequeños productores. Acompañamos la afirmación de que es necesario diversificar la actividad del agro: la soja destruye nuestros campos y precariza el empleo. Sin embargo, si pretendemos que ese ingreso sirva para redistribuir los ingresos necesitamos una ley que lo regule, un congreso que controle, y un Estado Nacional que coparticipe los ingresos. Redistribuir los ingresos significa utilizar el dinero para habilitar el abandonado ramal ferroviario de todo nuestro país y no invertirlo en un tren bala que por su alto costo nadie podrá utilizar. Redistribuir significa darle recursos a las provincias para que atiendan fuertemente a sus problemáticas sociales, y no ingresar como quien es portador de premios y castigos, con anuncios de inversiones y obras en la medida de la “organicidad al proyecto nacional” del gobernador de turno.
Hoy generalizan y son todos oligarcas del campo. Ayer eran los desestabilizadores que utilizaban al Indec para especular con la inflación, los que “utilizan políticamente” las denuncias de corrupción, los que atentan contra “el gobierno popular”, lo que se resguardan en la autonomía universitaria para mantener privilegios. Basta de falsas antinomias.
Exhortamos al gobierno a convocar de una vez por todas a un dialogo franco, sin tensiones, que permita encontrar en el ejercicio del pluralismo democrático las salidas de las crisis sociales que emergen. Necesitamos un Congreso que como espacio de representación de voluntades, sus minorías y mayorías, discuta y ofrezca soluciones a esta encrucijada. La presidenta reduce en sus discursos el concepto de calidad institucional a respetar la propuesta electoral ratificada por una amplia mayoría. Su silogismo indica que respetar el resultado electoral es igual a calidad Institucional. Esta falsa afirmación encierra los peligros del autoritarismo y la hegemonía. Se pretende que a partir de la diáspora y el debilitamiento de todo lo institucionalizado se pueda comprar voluntades, dirigentes, militantes. Calidad Institucional, Sra. Presidenta, es que el Congreso discuta y debata, que los Gobernadores participen activamente y que los representantes sectoriales sean convocados a dialogar para intentar consensuar salidas.
El desabastecimiento de las góndolas tampoco aportará a la resolución del problema.
Estamos convencidos que no se puede gobernar con soberbia, que no se puede gobernar dividiendo. No se puede gobernar con discursos de tribuna. Reclamamos por el resguardo de las instituciones, por el respeto del federalismo, por una genuina redistribución de los ingresos. Tolerancia, diálogo y HONESTIDAD. No hay república sin libertades, no hay democracia sin diálogo.
Franja Morada – Regional Córdoba
Lamentablemente una vez más muchos argentinos nos sentimos indignados por el discurso presidencial.
Somos firmes y acérrimos defensores de las instituciones democráticas y de nuestros representantes. Durante toda la vida de nuestra agrupación nos hemos caracterizado por respetar e impulsar los valores de democracia, igualdad, libertad, justicia. Y como estamos viviendo en un país democrático, celebramos y acompañamos las políticas de gobierno que encuadran en esos valores, pero también nos vemos obligados y con el derecho a manifestar lo que creemos que este gobierno esta haciendo mal. Y nos indignamos aun más cuando se descalifica de manera aberrante con adjetivos que no deben ser usados a la ligera a toda persona u organización que no piense de la misma forma que la coalición gobernante.
La primera pregunta: ¿No debería haber hablado por cadena nacional en la casa de gobierno?
La segunda: ¿Cómo se puede convocar al diálogo cuando se lo hace jerarquizando desde el palco oficial a aquellos que como D’ Elia siguen con su diatriba de odio social ante todos los micrófonos? ¿No debería haber cuestionado el gobierno la violencia de plaza de mayo?
El discurso presidencial no fue una convocatoria a la pacificación social sino por el contrario una herramienta utilizada para agredir verbalmente, descalificar voces opositoras, demonizar y construir un falso enemigo.
¿No hubiera sido mejor pedir “humildemente” que los argentinos nos sentemos a dialogar, sin mas? No. Fue necesario recurrir a la intolerante y poco acertada estrategia de la descalificación del “adversario”. En un claro llamado a la confrontación sectorial reforzó el escenario de la falsa antinomia: oligarcas contra “pueblo”; golpistas contra “gobierno popular” ¿A qué oligarcas se refiere, a los pequeños productores nucleados en la FAA? ¿Sabe el Gobierno cuál es el ingreso promedio de los productores de cincuenta o cien hectáreas, diferenciados por tipo de cultivo y región del país? ¿Sabe cuántos son? ¿Son golpistas los miles de estudiantes de las facultades de agronomía de todo el país que se autoconvocaron y salieron a pedir una política sustentable para el campo? ¿O son sólo “hijos de sojeros” sin derecho a protestar?
La diputada Norma Morandini dijo “Ojalá que la sensatez, la cordura y una palabra que es ajena a la política –el amor al otro, al cualquiera – sirvan para que nuestros compañeros del oficialismo desactiven esa bomba de tiempo que son los matones puestos en nombre del pueblo. No puede ser que la Justicia esté juzgando a la Triple A, de la que muchos compañeros han sido víctimas, y hoy tengamos que ver a estos matones que en nombre del pueblo no garantizan lo único que tenemos que garantizar: la democracia”.
Hubiera sido mejor centrar la calificación del reclamo en donde estuvo. Lo que fue leído por la prensa como un gesto de “flexibilización de la posición oficial” no fue más que el reconocimiento expreso de lo sucedido: un día después al discurso de Parque Norte, Cristina Fernández, reconocía que el cacerolazo sirvió para que la clase media argentina manifestara su “bronca y catarsis”. Catarsis frente a tanta prepotencia, a la soberbia y al discurso de tribuna. ¿Cuanto mas puede el gobierno seguir ocultando la escandalosa inflación? No fue solo solidaridad con el campo. Fue también hartazgo.
Este paro no hubiera tenido ninguna legitimidad sin el aporte de los pequeños productores. Ellos son los más duros en el conflicto y representan un problema para la Sociedad Rural que insiste en transar con el Gobierno, aun ante la ausencia de soluciones. Si se aplica un impuesto a un sector débil se lo pone ante la disyuntiva de entregar su propiedad a sectores más concentrados. Contra lo que dice el ministro de Economía, éste nivel de retenciones solo reconcentrará la riqueza y las tierras en aquellos pooles y grupos económicos mas poderosos. Es decir, los grandes grupos económicos que podrán resistir éste nivel de exacción impositiva, luego de la crisis saldrán al mercado para quedarse con todo y ya no habrá pequeños ni medianos. Serán solo los grandes. La riqueza se reconcentrará cada vez más a pesar de lo que diga el discurso fogoso. Se justifica discursivamente por izquierda lo que se sabe va a tener efectos por derecha
Acordamos con muchas de las “proclamas” del gobierno nacional, especialmente con su política de Derechos Humanos. Marchamos junto a los organismos de derechos humanos en cada convocatoria. Ahora, mientras la Presidenta acusaba a todos los ciudadanos que se manifestaban en su contra de estar relacionados con "conocidos defensores de Genocidas", en la misma semana, el bloque del Frente para la Victoria dejaba sin quórum la sesión especial convocada para tratar la derogación de los indultos de Menem. Y de eso ¿no hablamos?
Compartimos profundamente la “intención” de redistribuir los ingresos. Pero ¿porque no hablar de una reforma impositiva que modifique el regresivo Impuesto al Valor Agregado? ¿No seria más justo que realmente los que más tienen mas paguen? De paso, la Presidenta podría explicar el origen de los 18 millones de dólares que ella y su marido declaran como patrimonio. O el origen de los 4 millones de dólares con los que Moyano compró una Estancia en el Partido de Henderson.
Estamos convencidos que es acertada la política de gravar a los sectores con mas alta rentabilidad. Pero ¿Por qué no hacerlo a través del impuesto a las ganancias? El control de las exportaciones puede resultar acertado en cuanto no sea regresivo y diferencie a los pequeños productores. Acompañamos la afirmación de que es necesario diversificar la actividad del agro: la soja destruye nuestros campos y precariza el empleo. Sin embargo, si pretendemos que ese ingreso sirva para redistribuir los ingresos necesitamos una ley que lo regule, un congreso que controle, y un Estado Nacional que coparticipe los ingresos. Redistribuir los ingresos significa utilizar el dinero para habilitar el abandonado ramal ferroviario de todo nuestro país y no invertirlo en un tren bala que por su alto costo nadie podrá utilizar. Redistribuir significa darle recursos a las provincias para que atiendan fuertemente a sus problemáticas sociales, y no ingresar como quien es portador de premios y castigos, con anuncios de inversiones y obras en la medida de la “organicidad al proyecto nacional” del gobernador de turno.
Hoy generalizan y son todos oligarcas del campo. Ayer eran los desestabilizadores que utilizaban al Indec para especular con la inflación, los que “utilizan políticamente” las denuncias de corrupción, los que atentan contra “el gobierno popular”, lo que se resguardan en la autonomía universitaria para mantener privilegios. Basta de falsas antinomias.
Exhortamos al gobierno a convocar de una vez por todas a un dialogo franco, sin tensiones, que permita encontrar en el ejercicio del pluralismo democrático las salidas de las crisis sociales que emergen. Necesitamos un Congreso que como espacio de representación de voluntades, sus minorías y mayorías, discuta y ofrezca soluciones a esta encrucijada. La presidenta reduce en sus discursos el concepto de calidad institucional a respetar la propuesta electoral ratificada por una amplia mayoría. Su silogismo indica que respetar el resultado electoral es igual a calidad Institucional. Esta falsa afirmación encierra los peligros del autoritarismo y la hegemonía. Se pretende que a partir de la diáspora y el debilitamiento de todo lo institucionalizado se pueda comprar voluntades, dirigentes, militantes. Calidad Institucional, Sra. Presidenta, es que el Congreso discuta y debata, que los Gobernadores participen activamente y que los representantes sectoriales sean convocados a dialogar para intentar consensuar salidas.
El desabastecimiento de las góndolas tampoco aportará a la resolución del problema.
Estamos convencidos que no se puede gobernar con soberbia, que no se puede gobernar dividiendo. No se puede gobernar con discursos de tribuna. Reclamamos por el resguardo de las instituciones, por el respeto del federalismo, por una genuina redistribución de los ingresos. Tolerancia, diálogo y HONESTIDAD. No hay república sin libertades, no hay democracia sin diálogo.
Franja Morada – Regional Córdoba
domingo 30 de marzo de 2008
Kirchner se prepara para la guerra alimentaria
Kirchner se prepara para la guerra alimentaria
El ex presidente es el abanderado de la guerra total contra el campo. Las guerras alimentarias y los testaferros para comprar tierras.
Por Silvia Mercado
Increíble, pero real, el Gobierno sólo conoce el camino de echar más leña al fuego. Y cada hora que pasa, cava un poco más la trinchera para aislarse ya no sólo de los productores agropecuarios de todos los tamaños y regiones, sino de cada vez más amplias franjas de la población que empiezan a percibir que la Presidenta que incluso muchos votaron, no tiene la voluntad de aceptar que algo realmente grave está ocurriendo en la sociedad argentina.
En la fenomenal incapacidad de Néstor Kirchner de incluir a los productores agropecuarios en su visión del mundo, se esconde mucho más que una visión retrógrada de los protagonistas del campo real o un criterio falsamente industrial de fomento. “Kirchner es como Atila, lo que no domina, lo incendia”, dijo un conocido agrónomo en un piquete a La Política Online. Y debe tener razón.
Kirchner tuvo varias etapas en su relación con el campo. Cuando era gobernador, y como no los entendía, apeló a poner al titular de Confederaciones Rurales Argentinas en su provincia al frente de la cartera agropecuaria. Ese hombre es Javier De Urquiza, productor ovino de Gregores, candidato a vicegobernador en la fórmula radical que cayó frente al Partido Justicialista, y hoy Secretario de Agricultura de la Nación.
Durante todo este tiempo, De Urquiza jamás dudó de su rol. Hace lo que Kirchner quiere, en el momento que Kirchner pretende y y usando las palabras exactas que Kirchner ordena. Cuando productores como Silvio Corti se quejan de que “hace años que nos vienen entreteniendo con promesas que nunca se cumplen”, habla básicamente del esfuerzo de De Urquiza, justamente, por distraerlos, confundirlos, enfrentarlos. “Entretenélos”, fue una orden reiterada de Kirchner a De Urquiza.
Inventando la realidad
Mientras tanto, el campo aportaba con su cosecha al disfrute personal del entonces Presidente, que se regodeaba auscultando personalmente el ingreso de divisas que ampliaba el superávit. Pero como nadie es feliz para siempre, mucho menos Kirchner, que necesita fabricarse problemas para encontrarle sentido a su vida, la suba de precios internacionales de la carne lo puso en alerta y decidió frenar abruptamente las exportaciones.
Se le dieron cantidad de opciones para aumentar la producción de carne, realizar un esquema de cortes baratos para el consumo interno y cortes caros para el consumo externo y replicar lo que hizo nuestro vecino Uruguay (que, dicho sea de paso, gracias a los dislates nacionales está superando a la Argentina en exportación de carne vacuna). Más rentable a su imagen era usar el atril y pedir carne barata para el pueblo, aún cuando se estuviera creando problemas en el futuro. El largo plazo quedaba demasiado lejos. Además, todavía no se le había ocurrido inventar su propio índice inflacionario.
Iguales problemas empezaron a padecer otras cadenas de alimentos. La leche, las hortalizas, el trigo, el maíz. Kirchner empezó a enviar a Guillermo Moreno para convencerlos con métodos extrambóticos que sus productos eran caros. Fueron meses durísimos. Moreno apretaba y en la Secretaría de Agricultura los técnicos hacían decenas de propuestas para lograr efectivamente la baja de precios internos sin provocar la caída de la producción, que traería gravísimos problemas de abastecimiento en el largo plazo. Pero en fin, también aquí el largo plazo quedaba demasiado lejos.
Ante la multiplicación de conflictos con casi todos los sectores de la producción, varios pinguinos venidos del frío para acompañar la gestión de Kirchner, llegaron al convencimiento de que “Moreno está en contra de la producción”. Uno de ellos, pingüino de purísima cepa, se trompeó con Moreno varias veces. No trascendió antes, ni publicamos su nombre ahora, porque no tendrá más remedio que negarlo. Pero todos en el sector agropecuario saben de quién estamos hablando, y lo que de verdad piensan los pinguinos de la Secretaría de Agricultura de Moreno y de las políticas para el campo que debieron implementar contra toda racionalidad agropecuaria. No tenía claro por esa época que el “loco” Moreno era, en realidad, el “loco” Kirchner.
Para dejarlo contento a Néstor, estos pinguinos agropecuarios hicieron de todo. Viajaron cien veces a Venezuela para ayudarlo a producir alimentos a su aliado Hugo Chávez. Llevaron a Gustavo Grobocopatel y decenas de industriales del campo a intentar hacer negocios en esos extraños parajes de economía recontranegra. Demoraron hasta el límite de lo indecible la promoción de los biocombustibles para no enfrentarse con Chávez. Inventaron decenas de subsidios para tranquilizar la furia controladora de Kirchner y así tenerlo tranquilo, por la domesticación que la entrega del dinero supone entre los subsidiados.
Nada alcanzó. Javier De Urquiza quiso defender la política K el año pasado en la inauguración de la Sociedad Rural, y tuvo que salir disparado ante el llamado del mismísimo Kirchner, a pesar de que había chequeado su discurso esa misma mañana. Ese día de locos, uno de los pinguinos más pinguinistas estaba decidido a renunciar. No toleraba más el delirio de su jefe irascible y sólo quería irse a su casa del sur a descansar.
La guerra alimentaria
Pero por si fuera poco, alguien lo convenció a Néstor que los alimentos se están transformando en un elemento tan estratégico como la energía, que dividirá al mundo entre “los que tienen alimentos y los que no tienen alimentos” y provocará guerras.
Esa debe ser la verdadera razón por la que Kirchner salió a comprar campos a través de testaferros (La Política Online publicó al respecto la compra de una de las estancias más grandes de Santa Cruz por parte de Lázaro Báez) y a liquidar a los pequeños y medianos productores con las retenciones para concentrar la propiedad de la tierra y las decisiones de producción, precio y exportación. Los pocos que lo rodean dicen que pasó de ignorar al campo a pretender saberlo todo y a su modo, es decir, evitando la lectura de todo manual probado por la experiencia.
Parece que Kirchner dice que los pequeños productores liderados por la Federación Agraria son “idiotas útiles” utilizados por la derecha que pretende quedarse con la producción nacional de granos para dominar la Argentina. Los que lo escuchan por estos días no saben si está loco o realmente convencido, pero la única información que escucha es la que confirma sus presunciones, y cualquiera que pretenda llevarle otra lógica se transforma en un enemigo directo al que hay que eliminar.
Mientras tanto, la población asiste a este desquicio sin creer lo que ve, y en el mundo observan su obcecación demudados. Sus propias huestes empezaron a mirarlo raro. De a poco, comienzan a alejarse, aunque sin musitar palabra. Es como un rey trastornado, del que uno podría reírse despanzurrado, sino fuera porque todo lo que está sucediendo es demasiado trágico.
Para Kirchner, el largo plazo llegó. Habrá guerras en el mundo, y tal vez empiecen en el interior de la Argentina. Si no quieren producir como él dice, no producirán nada y producirá él mismo. Ya aprendió cómo hacerlo. No es tan difícil, asegura. Y uno que lo escuchó se está preguntando si no estarán yendo demasiado lejos.
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El ex presidente es el abanderado de la guerra total contra el campo. Las guerras alimentarias y los testaferros para comprar tierras.
Por Silvia Mercado
Increíble, pero real, el Gobierno sólo conoce el camino de echar más leña al fuego. Y cada hora que pasa, cava un poco más la trinchera para aislarse ya no sólo de los productores agropecuarios de todos los tamaños y regiones, sino de cada vez más amplias franjas de la población que empiezan a percibir que la Presidenta que incluso muchos votaron, no tiene la voluntad de aceptar que algo realmente grave está ocurriendo en la sociedad argentina.
En la fenomenal incapacidad de Néstor Kirchner de incluir a los productores agropecuarios en su visión del mundo, se esconde mucho más que una visión retrógrada de los protagonistas del campo real o un criterio falsamente industrial de fomento. “Kirchner es como Atila, lo que no domina, lo incendia”, dijo un conocido agrónomo en un piquete a La Política Online. Y debe tener razón.
Kirchner tuvo varias etapas en su relación con el campo. Cuando era gobernador, y como no los entendía, apeló a poner al titular de Confederaciones Rurales Argentinas en su provincia al frente de la cartera agropecuaria. Ese hombre es Javier De Urquiza, productor ovino de Gregores, candidato a vicegobernador en la fórmula radical que cayó frente al Partido Justicialista, y hoy Secretario de Agricultura de la Nación.
Durante todo este tiempo, De Urquiza jamás dudó de su rol. Hace lo que Kirchner quiere, en el momento que Kirchner pretende y y usando las palabras exactas que Kirchner ordena. Cuando productores como Silvio Corti se quejan de que “hace años que nos vienen entreteniendo con promesas que nunca se cumplen”, habla básicamente del esfuerzo de De Urquiza, justamente, por distraerlos, confundirlos, enfrentarlos. “Entretenélos”, fue una orden reiterada de Kirchner a De Urquiza.
Inventando la realidad
Mientras tanto, el campo aportaba con su cosecha al disfrute personal del entonces Presidente, que se regodeaba auscultando personalmente el ingreso de divisas que ampliaba el superávit. Pero como nadie es feliz para siempre, mucho menos Kirchner, que necesita fabricarse problemas para encontrarle sentido a su vida, la suba de precios internacionales de la carne lo puso en alerta y decidió frenar abruptamente las exportaciones.
Se le dieron cantidad de opciones para aumentar la producción de carne, realizar un esquema de cortes baratos para el consumo interno y cortes caros para el consumo externo y replicar lo que hizo nuestro vecino Uruguay (que, dicho sea de paso, gracias a los dislates nacionales está superando a la Argentina en exportación de carne vacuna). Más rentable a su imagen era usar el atril y pedir carne barata para el pueblo, aún cuando se estuviera creando problemas en el futuro. El largo plazo quedaba demasiado lejos. Además, todavía no se le había ocurrido inventar su propio índice inflacionario.
Iguales problemas empezaron a padecer otras cadenas de alimentos. La leche, las hortalizas, el trigo, el maíz. Kirchner empezó a enviar a Guillermo Moreno para convencerlos con métodos extrambóticos que sus productos eran caros. Fueron meses durísimos. Moreno apretaba y en la Secretaría de Agricultura los técnicos hacían decenas de propuestas para lograr efectivamente la baja de precios internos sin provocar la caída de la producción, que traería gravísimos problemas de abastecimiento en el largo plazo. Pero en fin, también aquí el largo plazo quedaba demasiado lejos.
Ante la multiplicación de conflictos con casi todos los sectores de la producción, varios pinguinos venidos del frío para acompañar la gestión de Kirchner, llegaron al convencimiento de que “Moreno está en contra de la producción”. Uno de ellos, pingüino de purísima cepa, se trompeó con Moreno varias veces. No trascendió antes, ni publicamos su nombre ahora, porque no tendrá más remedio que negarlo. Pero todos en el sector agropecuario saben de quién estamos hablando, y lo que de verdad piensan los pinguinos de la Secretaría de Agricultura de Moreno y de las políticas para el campo que debieron implementar contra toda racionalidad agropecuaria. No tenía claro por esa época que el “loco” Moreno era, en realidad, el “loco” Kirchner.
Para dejarlo contento a Néstor, estos pinguinos agropecuarios hicieron de todo. Viajaron cien veces a Venezuela para ayudarlo a producir alimentos a su aliado Hugo Chávez. Llevaron a Gustavo Grobocopatel y decenas de industriales del campo a intentar hacer negocios en esos extraños parajes de economía recontranegra. Demoraron hasta el límite de lo indecible la promoción de los biocombustibles para no enfrentarse con Chávez. Inventaron decenas de subsidios para tranquilizar la furia controladora de Kirchner y así tenerlo tranquilo, por la domesticación que la entrega del dinero supone entre los subsidiados.
Nada alcanzó. Javier De Urquiza quiso defender la política K el año pasado en la inauguración de la Sociedad Rural, y tuvo que salir disparado ante el llamado del mismísimo Kirchner, a pesar de que había chequeado su discurso esa misma mañana. Ese día de locos, uno de los pinguinos más pinguinistas estaba decidido a renunciar. No toleraba más el delirio de su jefe irascible y sólo quería irse a su casa del sur a descansar.
La guerra alimentaria
Pero por si fuera poco, alguien lo convenció a Néstor que los alimentos se están transformando en un elemento tan estratégico como la energía, que dividirá al mundo entre “los que tienen alimentos y los que no tienen alimentos” y provocará guerras.
Esa debe ser la verdadera razón por la que Kirchner salió a comprar campos a través de testaferros (La Política Online publicó al respecto la compra de una de las estancias más grandes de Santa Cruz por parte de Lázaro Báez) y a liquidar a los pequeños y medianos productores con las retenciones para concentrar la propiedad de la tierra y las decisiones de producción, precio y exportación. Los pocos que lo rodean dicen que pasó de ignorar al campo a pretender saberlo todo y a su modo, es decir, evitando la lectura de todo manual probado por la experiencia.
Parece que Kirchner dice que los pequeños productores liderados por la Federación Agraria son “idiotas útiles” utilizados por la derecha que pretende quedarse con la producción nacional de granos para dominar la Argentina. Los que lo escuchan por estos días no saben si está loco o realmente convencido, pero la única información que escucha es la que confirma sus presunciones, y cualquiera que pretenda llevarle otra lógica se transforma en un enemigo directo al que hay que eliminar.
Mientras tanto, la población asiste a este desquicio sin creer lo que ve, y en el mundo observan su obcecación demudados. Sus propias huestes empezaron a mirarlo raro. De a poco, comienzan a alejarse, aunque sin musitar palabra. Es como un rey trastornado, del que uno podría reírse despanzurrado, sino fuera porque todo lo que está sucediendo es demasiado trágico.
Para Kirchner, el largo plazo llegó. Habrá guerras en el mundo, y tal vez empiecen en el interior de la Argentina. Si no quieren producir como él dice, no producirán nada y producirá él mismo. Ya aprendió cómo hacerlo. No es tan difícil, asegura. Y uno que lo escuchó se está preguntando si no estarán yendo demasiado lejos.
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Presente y futuro de la Argentina kirchnerista
Presente y futuro de la Argentina kirchnerista
Por Fernando Laborda
Domingo 30 de marzo de 2008 Publicado en la Edición impresa
Noticias de La Nación
Fueron los siete días más tensos que debieron soportar los Kirchner desde que el matrimonio presidencial aterrizó por primera vez en la Casa Rosada. Pero también pudo haber sido una semana trágica. Los próximos siete días no prometen ser mejores, pese a que frente al conflicto con el campo, el Gobierno pasó del lenguaje de los fierros , con fuerzas de choque con reminiscencias setentistas incluidas, al diálogo forzado. No debió haber sido fácil para alguien como Cristina Kirchner, formada en la teoría de que el poder se construye a partir de antagonismos antes que mediante consensos, utilizar la expresión por favor para pedirles a las organizaciones rurales que levantaran una medida de fuerza que, por cierto, lesiona por sus características el Estado de Derecho, al margen de las legítimas demandas del agro. No menos sencillo será que el Gobierno ceda demasiado en una política impositiva que representa el corazón del esquema de poder económico kirchnerista. Ni resultará fácil un diálogo con un Gobierno que no está acostumbrado a dialogar. Como quedó demostrado anteanoche, en la primera reunión que mantuvieron funcionarios gubernamentales con representantes del campo y cuyo magro saldo derivó ayer en la ratificación de la huelga agraria. En medio de críticas a quienes participaron del cacerolazo porque añorarían los tiempos de gobiernos militares, en la noche del jueves en Parque Norte, la Presidenta enfatizó: "No se puede dialogar con una pistola en la cabeza" . No fue una expresión feliz. Olvidó que no pocos testimonios dan cuenta de que el poderoso secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, recibía hasta no hace mucho con un revólver sobre su escritorio a empresarios con los cuales debía negociar. El Gobierno no tiene muchas opciones. Ya quemó los cartuchos que le ofrecieron el maestro mayor en piquetes Luis D Elía y los camioneros de Hugo Moyano. Atrincherarse junto a esas dos figuras cada vez más desacreditadas ante la opinión pública no hará más que desgastar la imagen y la autoridad de la Presidenta. Los Kirchner no son hoy tan sólo presas del daño que, sin querer, les depararon las tropelías de las fuerzas de choque que ellos contribuyeron a crear y que van en camino de asemejarse por sus métodos a la Alianza Libertadora Nacionalista que lideró Guillermo Patricio Kelly en los años 50. Lo que más debe de dolerle al matrimonio presidencial es que lo corran por izquierda o desde sectores supuestamente progresistas, como los que representa la Federación Agraria Argentina, entidad de pequeños productores rurales que hasta hace poco confesaba sus simpatías por Cristina Kirchner. Son paradójicamente sus adherentes quienes hoy llevan a efecto los más feroces cortes de rutas. El Gobierno hará lo posible, entonces, por dividir el frente agrario y cooptar a los campesinos reunidos en esa agrupación, hoy liderada por Fernando Buzzi, que nació en 1912 con el Grito de Alcorta. Al mismo tiempo, buscará seducir a los chacareros autoconvocados. Así hacen política los Kirchner. Retenciones y cajita feliz La propuesta que les formularon el viernes Alberto Fernández, Martín Lousteau y Guillermo Moreno a los dirigentes rurales no fue otra cosa que la profundización de un modelo basado en una maraña de impuestos y subsidios cruzados en la que descansa el poder kirchnerista. Pasa por mantener el aumento de las retenciones que recauda el Estado nacional, compensado por subsidios bastante imprecisos que también el Estado nacional decide discrecionalmente a quién otorgar y a quién no. El alto nivel de intervencionismo estatal aumenta las potestades de la burocracia gubernamental y también los grados de corrupción pública, y desalienta la inversión y la innovación productiva. Las retenciones a las exportaciones, un curioso impuesto sin mayores antecedentes en los países capitalistas contemporáneos, pudieron haber sido en 2002 una salida para la emergencia económica. Pero hoy son, ante todo, un instrumento de dominación política. Si las retenciones no existieran o si fueran sensiblemente menores -hoy superan el 40 por ciento para la soja-, los productores tributarían un mayor impuesto a las ganancias que, a diferencia de las retenciones, se coparticiparía con las provincias. Los recursos no irían así al gigantesco pozo Bidú que el gobierno nacional maneja con absoluta discrecionalidad y que provoca la consolidación de un Estado nacional cada vez más rico, conviviendo con provincias cada vez más acosadas por desequilibrios fiscales, además de gobernadores e intendentes que deben arrodillarse ante el poder central para no ser excluidos de los beneficios de la cajita feliz . En este contexto de unitarismo fiscal, no es casual que nadie en el gobierno nacional hable de la nueva ley de coparticipación federal que debió ser sancionada antes de 1996 por imperio de la reforma constitucional aprobada dos años antes. Todo esto se ve agravado por un Congreso que ha desistido de ejercer su facultad de crear impuestos, delegada en la Presidencia de la Nación, al igual que por los llamados superpoderes , que le han dado al Poder Ejecutivo la posibilidad de gastar en todo 2007 la friolera de 24.781 millones de pesos sin controles parlamentarios: ¡68 millones de pesos por día! Con la consigna de promover una burguesía nacional, el gobierno kirchnerista ha presionado a grupos extranjeros con concesiones de servicios públicos privatizados para que dejaran su lugar a empresarios afines a la fracción gobernante. Fue ésta la segunda fase del esquema de poder económico K. Chavistas y kirchneristas Hay una semejanza entre los proyectos chavista y kirchnerista. En la Venezuela de Hugo Chávez, los elevados ingresos recibidos por el fuerte aumento del precio del petróleo fueron aprovechados para concentrar el poder político y económico y extender entre el pueblo la idea de un Estado benefactor ilimitado. El Estado kirchnerista parecería pretender imitar ese modelo, apropiándose de la mayor parte del ingreso derivado de las exportaciones del campo. La excusa oficial es la redistribución de la riqueza. En virtud de ese objetivo, la mejor distribución del ingreso, que el jueves último proclamó Cristina Kirchner, Chávez firmó años atrás un decreto que dispuso la "recuperación" de tierras ociosas, para lo cual expropió y redistribuyó nada menos que unos dos millones de hectáreas. Campos y propiedades agroindustriales fueron ocupadas por la fuerza, al tiempo que las expropiaciones avanzaron sobre no pocas tierras de grupos extranjeros. Es, en líneas generales, el modelo que propicia D Elía para la Argentina. Pese a los mayores ingresos por las ventas de petróleo al exterior y a esta reforma agraria, el PBI per cápita en Venezuela cayó un 0,8 por ciento entre 1998 y 2005, y en los últimos años tampoco subió como se esperaba. Friedrick Hayek, intelectual austríaco y premio Nobel de Economía en 1974, advertía que los nuevos planificadores nos prometen una libertad colectiva que, en el fondo, no es otra cosa que la libertad del planificador para manejar la sociedad a su antojo, restringiendo las libertades individuales.
Por Fernando Laborda
Domingo 30 de marzo de 2008 Publicado en la Edición impresa
Noticias de La Nación
Fueron los siete días más tensos que debieron soportar los Kirchner desde que el matrimonio presidencial aterrizó por primera vez en la Casa Rosada. Pero también pudo haber sido una semana trágica. Los próximos siete días no prometen ser mejores, pese a que frente al conflicto con el campo, el Gobierno pasó del lenguaje de los fierros , con fuerzas de choque con reminiscencias setentistas incluidas, al diálogo forzado. No debió haber sido fácil para alguien como Cristina Kirchner, formada en la teoría de que el poder se construye a partir de antagonismos antes que mediante consensos, utilizar la expresión por favor para pedirles a las organizaciones rurales que levantaran una medida de fuerza que, por cierto, lesiona por sus características el Estado de Derecho, al margen de las legítimas demandas del agro. No menos sencillo será que el Gobierno ceda demasiado en una política impositiva que representa el corazón del esquema de poder económico kirchnerista. Ni resultará fácil un diálogo con un Gobierno que no está acostumbrado a dialogar. Como quedó demostrado anteanoche, en la primera reunión que mantuvieron funcionarios gubernamentales con representantes del campo y cuyo magro saldo derivó ayer en la ratificación de la huelga agraria. En medio de críticas a quienes participaron del cacerolazo porque añorarían los tiempos de gobiernos militares, en la noche del jueves en Parque Norte, la Presidenta enfatizó: "No se puede dialogar con una pistola en la cabeza" . No fue una expresión feliz. Olvidó que no pocos testimonios dan cuenta de que el poderoso secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, recibía hasta no hace mucho con un revólver sobre su escritorio a empresarios con los cuales debía negociar. El Gobierno no tiene muchas opciones. Ya quemó los cartuchos que le ofrecieron el maestro mayor en piquetes Luis D Elía y los camioneros de Hugo Moyano. Atrincherarse junto a esas dos figuras cada vez más desacreditadas ante la opinión pública no hará más que desgastar la imagen y la autoridad de la Presidenta. Los Kirchner no son hoy tan sólo presas del daño que, sin querer, les depararon las tropelías de las fuerzas de choque que ellos contribuyeron a crear y que van en camino de asemejarse por sus métodos a la Alianza Libertadora Nacionalista que lideró Guillermo Patricio Kelly en los años 50. Lo que más debe de dolerle al matrimonio presidencial es que lo corran por izquierda o desde sectores supuestamente progresistas, como los que representa la Federación Agraria Argentina, entidad de pequeños productores rurales que hasta hace poco confesaba sus simpatías por Cristina Kirchner. Son paradójicamente sus adherentes quienes hoy llevan a efecto los más feroces cortes de rutas. El Gobierno hará lo posible, entonces, por dividir el frente agrario y cooptar a los campesinos reunidos en esa agrupación, hoy liderada por Fernando Buzzi, que nació en 1912 con el Grito de Alcorta. Al mismo tiempo, buscará seducir a los chacareros autoconvocados. Así hacen política los Kirchner. Retenciones y cajita feliz La propuesta que les formularon el viernes Alberto Fernández, Martín Lousteau y Guillermo Moreno a los dirigentes rurales no fue otra cosa que la profundización de un modelo basado en una maraña de impuestos y subsidios cruzados en la que descansa el poder kirchnerista. Pasa por mantener el aumento de las retenciones que recauda el Estado nacional, compensado por subsidios bastante imprecisos que también el Estado nacional decide discrecionalmente a quién otorgar y a quién no. El alto nivel de intervencionismo estatal aumenta las potestades de la burocracia gubernamental y también los grados de corrupción pública, y desalienta la inversión y la innovación productiva. Las retenciones a las exportaciones, un curioso impuesto sin mayores antecedentes en los países capitalistas contemporáneos, pudieron haber sido en 2002 una salida para la emergencia económica. Pero hoy son, ante todo, un instrumento de dominación política. Si las retenciones no existieran o si fueran sensiblemente menores -hoy superan el 40 por ciento para la soja-, los productores tributarían un mayor impuesto a las ganancias que, a diferencia de las retenciones, se coparticiparía con las provincias. Los recursos no irían así al gigantesco pozo Bidú que el gobierno nacional maneja con absoluta discrecionalidad y que provoca la consolidación de un Estado nacional cada vez más rico, conviviendo con provincias cada vez más acosadas por desequilibrios fiscales, además de gobernadores e intendentes que deben arrodillarse ante el poder central para no ser excluidos de los beneficios de la cajita feliz . En este contexto de unitarismo fiscal, no es casual que nadie en el gobierno nacional hable de la nueva ley de coparticipación federal que debió ser sancionada antes de 1996 por imperio de la reforma constitucional aprobada dos años antes. Todo esto se ve agravado por un Congreso que ha desistido de ejercer su facultad de crear impuestos, delegada en la Presidencia de la Nación, al igual que por los llamados superpoderes , que le han dado al Poder Ejecutivo la posibilidad de gastar en todo 2007 la friolera de 24.781 millones de pesos sin controles parlamentarios: ¡68 millones de pesos por día! Con la consigna de promover una burguesía nacional, el gobierno kirchnerista ha presionado a grupos extranjeros con concesiones de servicios públicos privatizados para que dejaran su lugar a empresarios afines a la fracción gobernante. Fue ésta la segunda fase del esquema de poder económico K. Chavistas y kirchneristas Hay una semejanza entre los proyectos chavista y kirchnerista. En la Venezuela de Hugo Chávez, los elevados ingresos recibidos por el fuerte aumento del precio del petróleo fueron aprovechados para concentrar el poder político y económico y extender entre el pueblo la idea de un Estado benefactor ilimitado. El Estado kirchnerista parecería pretender imitar ese modelo, apropiándose de la mayor parte del ingreso derivado de las exportaciones del campo. La excusa oficial es la redistribución de la riqueza. En virtud de ese objetivo, la mejor distribución del ingreso, que el jueves último proclamó Cristina Kirchner, Chávez firmó años atrás un decreto que dispuso la "recuperación" de tierras ociosas, para lo cual expropió y redistribuyó nada menos que unos dos millones de hectáreas. Campos y propiedades agroindustriales fueron ocupadas por la fuerza, al tiempo que las expropiaciones avanzaron sobre no pocas tierras de grupos extranjeros. Es, en líneas generales, el modelo que propicia D Elía para la Argentina. Pese a los mayores ingresos por las ventas de petróleo al exterior y a esta reforma agraria, el PBI per cápita en Venezuela cayó un 0,8 por ciento entre 1998 y 2005, y en los últimos años tampoco subió como se esperaba. Friedrick Hayek, intelectual austríaco y premio Nobel de Economía en 1974, advertía que los nuevos planificadores nos prometen una libertad colectiva que, en el fondo, no es otra cosa que la libertad del planificador para manejar la sociedad a su antojo, restringiendo las libertades individuales.
Dura crítica de El País de España al modelo kirchnerista
Dura crítica de El País de España al modelo kirchnerista
El prestigioso diario español de centroizquierda, confirma que el conflicto con el campo esconde en realidad el agotamiento del modelo económico kirchnerista.
Muy interesante nota de el diario español El País que confirma lo anticipado en esta página hace semanas: El modelo económico kirchnerista sufre las tensiones propias de su agotamiento. Un muy duro golpe ra aCristina Kirchner ya que este matutino es el principal sostén mediático de José Luis Zapatero, uno de los pocos vínculos amistosos que mantiene la Casa Rosada con el mundo desarrollado.
Por Jorge Madirrodriga
Cuando en la noche del martes Cristina Fernández se disponía a dirigirse a los argentinos para hablar sobre la huelga de productores agropecuarios, no imaginaba que sus palabras iban a desencadenar la mayor protesta social contra la presidencia de la República desde que los Kirchner llegaran al poder en abril de 2003. En su círculo de confianza se había impuesto la tesis defendida por su marido, el ex presidente, de que la huelga en realidad era un desafío político y que fiel al estilo de gobierno iniciado por Néstor Kirchner lo mejor era seguir adelante y doblar la apuesta. "Teniendo todo a favor fueron hasta el borde del abismo", explicaba ayer el analista Alfredo Leuco.Fernández tachó de "extorsión" el paro y se burló de los todoterrenos de los huelguistas. Minutos más tarde la clase media ciudadana se unía en las calles a la protesta del campo. "Es una alianza histórica en este país", subrayaba el columnista Joaquín Morales Solá. En los dos días posteriores la presidenta siguió con su huida hacia adelante. Grupos de piqueteros emplearon la violencia contra la protesta ante la pasividad policial y el silencio de algunos medios de comunicación presionados. Hasta que en un gesto sin precedentes, Fernández pidió diálogo. La mandataria se considera víctima de una jugada política, pero lo cierto es que las cuentas económicas no cuadran pese de la constante reivindicación oficial de la gestión iniciada por Kirchner.Con las líneas de crédito internacional cerradas, una de las tasas de inversión extranjera más bajas de Latinoamérica y falta de credibilidad ante instituciones económicas internacionales desde que por orden directa del Gobierno el organismo encargado de medir los índices de inflación se salta los métodos técnicos estipulados para ello, la Administración argentina necesita la constante inyección de dinero en efectivo que suponen las retenciones a las exportaciones del campo, el 61% de exportaciones del país. Y lo necesita porque en Argentina quien controla la caja ejerce el poder.Desde los años treinta el Gobierno federal reparte a discreción fondos entre las provincias. En la práctica, los gobernadores que no quieren verse en dificultades apoyan al presidente, sea del signo que sea. El dinero sirve además para realizar las obras públicas con las que el kirchnerismo muestra su lado social, para otorgar millones de dólares anuales en ayudas sociales directas a las clases más desfavorecidas (su reserva de votos), y para presentar el dato objetivo de que por primera vez en los 200 años de vida del país se van a registrar cinco años consecutivos con superávit fiscal.Pero el coloso económico tiene los pies de barro. Para poder mantener a pleno rendimiento la máquina exportadora -y por tanto recaudatoria- es necesario que la moneda nacional, el peso, tenga poco valor. Si el Gobierno argentino no interviniera constantemente comprando dólares el peso se apreciaría de inmediato y se reducirían drásticamente las exportaciones y sus ingresos. En el sistema financiero se inyectan millones de pesos a diario, pero esto dispara la inflación, a lo que colabora el que los argentinos no ahorran en pesos, por no confiar en su moneda. La inflación que manejan las entidades bancarias gira en torno al 25%, pero el Gobierno desde hace dos años niega la mayor y la sitúa por debajo del 9%. Esta distorsión falsea muchas otras cifras de la economía. Y políticamente ha separado al kirchnerismo de la clase media urbana que ve cómo su poder adquisitivo se esfuma mientras desde el Gobierno se proclama que Argentina va mejor que nunca.El sistema necesita cada vez más dinero y a principios de mes Fernández decidió aumentar las retenciones a los ingresos por exportaciones de grano del 35% al 44%. El campo se rebeló y declaró una huelga observada de lejos desde las ciudades. Hasta que Fernández habló desde el atril.
El prestigioso diario español de centroizquierda, confirma que el conflicto con el campo esconde en realidad el agotamiento del modelo económico kirchnerista.
Muy interesante nota de el diario español El País que confirma lo anticipado en esta página hace semanas: El modelo económico kirchnerista sufre las tensiones propias de su agotamiento. Un muy duro golpe ra aCristina Kirchner ya que este matutino es el principal sostén mediático de José Luis Zapatero, uno de los pocos vínculos amistosos que mantiene la Casa Rosada con el mundo desarrollado.
Por Jorge Madirrodriga
Cuando en la noche del martes Cristina Fernández se disponía a dirigirse a los argentinos para hablar sobre la huelga de productores agropecuarios, no imaginaba que sus palabras iban a desencadenar la mayor protesta social contra la presidencia de la República desde que los Kirchner llegaran al poder en abril de 2003. En su círculo de confianza se había impuesto la tesis defendida por su marido, el ex presidente, de que la huelga en realidad era un desafío político y que fiel al estilo de gobierno iniciado por Néstor Kirchner lo mejor era seguir adelante y doblar la apuesta. "Teniendo todo a favor fueron hasta el borde del abismo", explicaba ayer el analista Alfredo Leuco.Fernández tachó de "extorsión" el paro y se burló de los todoterrenos de los huelguistas. Minutos más tarde la clase media ciudadana se unía en las calles a la protesta del campo. "Es una alianza histórica en este país", subrayaba el columnista Joaquín Morales Solá. En los dos días posteriores la presidenta siguió con su huida hacia adelante. Grupos de piqueteros emplearon la violencia contra la protesta ante la pasividad policial y el silencio de algunos medios de comunicación presionados. Hasta que en un gesto sin precedentes, Fernández pidió diálogo. La mandataria se considera víctima de una jugada política, pero lo cierto es que las cuentas económicas no cuadran pese de la constante reivindicación oficial de la gestión iniciada por Kirchner.Con las líneas de crédito internacional cerradas, una de las tasas de inversión extranjera más bajas de Latinoamérica y falta de credibilidad ante instituciones económicas internacionales desde que por orden directa del Gobierno el organismo encargado de medir los índices de inflación se salta los métodos técnicos estipulados para ello, la Administración argentina necesita la constante inyección de dinero en efectivo que suponen las retenciones a las exportaciones del campo, el 61% de exportaciones del país. Y lo necesita porque en Argentina quien controla la caja ejerce el poder.Desde los años treinta el Gobierno federal reparte a discreción fondos entre las provincias. En la práctica, los gobernadores que no quieren verse en dificultades apoyan al presidente, sea del signo que sea. El dinero sirve además para realizar las obras públicas con las que el kirchnerismo muestra su lado social, para otorgar millones de dólares anuales en ayudas sociales directas a las clases más desfavorecidas (su reserva de votos), y para presentar el dato objetivo de que por primera vez en los 200 años de vida del país se van a registrar cinco años consecutivos con superávit fiscal.Pero el coloso económico tiene los pies de barro. Para poder mantener a pleno rendimiento la máquina exportadora -y por tanto recaudatoria- es necesario que la moneda nacional, el peso, tenga poco valor. Si el Gobierno argentino no interviniera constantemente comprando dólares el peso se apreciaría de inmediato y se reducirían drásticamente las exportaciones y sus ingresos. En el sistema financiero se inyectan millones de pesos a diario, pero esto dispara la inflación, a lo que colabora el que los argentinos no ahorran en pesos, por no confiar en su moneda. La inflación que manejan las entidades bancarias gira en torno al 25%, pero el Gobierno desde hace dos años niega la mayor y la sitúa por debajo del 9%. Esta distorsión falsea muchas otras cifras de la economía. Y políticamente ha separado al kirchnerismo de la clase media urbana que ve cómo su poder adquisitivo se esfuma mientras desde el Gobierno se proclama que Argentina va mejor que nunca.El sistema necesita cada vez más dinero y a principios de mes Fernández decidió aumentar las retenciones a los ingresos por exportaciones de grano del 35% al 44%. El campo se rebeló y declaró una huelga observada de lejos desde las ciudades. Hasta que Fernández habló desde el atril.
El Gobierno es un barco a la deriva
El Gobierno es un barco a la deriva
La intimidad de la patética reunión de los ministros y los dirigentes del campo. El problema de una presidenta ausente, el doble comando y un gravísimo conflicto librado a su propia dinámica.
Por Ignacio Fidanza 19:14
Cristina y Néstor en Parque Norte.
“En que quilombo nos metieron”, abrió el diálogo intentando hacerse el simpático, el jefe de Gabinete Alberto Fernández. “Mira acá vinimos a discutir políticas para el campo, no a dar explicaciones”, lo cruzó de entrada un dirigente de la Federación Agraria. Ese fue el inicio de una reunión que empezó mal y terminó peor.
La bronca de los dirigentes tenía sus razones. El gobierno los encerró en la Sala de Situación de la Casa Rosada a las seis de la tarde y hasta las siete nadie se acercó ni siquiera para ofrecerles un vaso de agua. El maltrato de las personas ya es un rasgo compulsivo del kirchnerismo –como la soberbia que no alcanzan a disimular por más esfuerzos que hacen, cuando los hacen- que atenta contra sus propios intereses.
Finalmente las puertas se abrieron para dar paso al primer grupo Alberto Fernández, Martín Lousteau, Javier de Urquiza y el técnico de Economía Gastón Rossi, supuesto ideólogo de las retenciones móviles. Luego por si hacía falta sumar una provocación ingresó al salón Guillermo Moreno, uno de los hombres mas resistidos del sector, emblema de la destrucción del mercado de carnes y lácteos.
Durante las largas horas previas a la reunión, cuando se negoció levantar el paro, se había acordado un largo temario. Pero la sorpresa de los dirigentes del campo fue total al comprobar que Alberto Fernández se limitaba a enunciar los ítems, como ser, “el problema del costo de los fletes para los pequeños productores”, sin aportar ninguna propuesta de solución.
Así pasaban las horas, hasta que fue el titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, interrumpió a Alberto: “Mirá tenes que entender que todo el país está con las rutas cortadas, o suspendes el aumento de las retenciones por 90 días o esto no tiene solución".
“Ni en pedo lo suspendo”, fue la respuesta del jefe de los ministros. A su lado, Lousteau asentía pálido. El titular de Economía recibió en silencio toda clase de reproches por su “idea” de las retenciones móviles. Fue, por lejos, el más criticado. Guillermo Moreno feliz con la situación parecía un abuelo bonachón y se mostró amable y componedor con los dirigentes del campo, a quienes campechano, trababa de “muchachos”.
Pero lo más patético fue ver como los funcionarios abandonaban el salón, cuando la conversación llegaba a situación de definición para llamar, no a la Presidenta, sino a su marido.
Cristina Kirchner se limitó a un breve saludo protocolar y luego de encabezar un acto de entrega de viviendas en otro salón –como si el conflicto con el campo fuera un tema menor-, partió en el helicóptero.
Amores que matan
Así, en las horas críticas de la negociación, la Presidencia eligió entregar el pulso político de una negociación en la que juega gran parte de su capital y prestigio. Estrategia de ausencia que lejos de protegerla le está causando un severo daño.
Sus ministros, sin otra línea e inteligencia que la guerra total que propone Néstor Kirchner, no consiguen la paz necesaria –salvo que se piense que son absolutos incapaces- para elaborar al menos un menú básico de medidas para poner sobre la mesa.
El daño sin embargo no termina allí. Cada iniciativa de “protección” de Cristina que ensaya Néstor, termina multiplicando el rechazo a la Presidenta. Las patoteadas de Hugo Moyano y Luis D´Elía, no derivan en un descenso de la popularidad del ex presidente, sino que afectan directamente la imagen de su mujer.
Así, al entregar Cristina el nervio político de su gobierno se convierte en una víctima
–se supone involuntaria- de los dispositivos que despliega su marido, quien al parecer tiene serios problemas para manejarse en un entorno en el que no puede apretar o comprar al que no piensa como él.
Doble discurso
Que el kirchnerismo es el reino del doble discurso ya no sorprende. A esta altura más bien parecen víctimas de una extraña patología que los lleva a defender exactamente lo contrario de lo que piensan. Esto también se aplica al campo.
Mientras la Presidenta y sus funcionarios se llenan la boca defendiendo a los “pequeños productores”, lo cierto es que sus políticas han contribuido a la mayor concentración que haya conocido el sector. Y no fue un proceso ingenuo. Es el ADN del pensamiento corporativo kirchnerista, que quiere pocos actores, dependientes del poder, para administrar el país sin dar mayores explicaciones. Una breve mirada por otros rubros de la economía sirve de ejemplo. Una frustración de la Casa Rosada es que no logra concretar el mismo proceso en el heterodoxo mundo rural.
Un bienintencionado y nostálgico funcionario propuso días atrás a Guillermo Moreno recrear el viejo IAPI peronista que monopolizó las exportaciones del agro comprando a miles de productores. La respuesta del funcionario habla mucho de la concepción del poder de este Gobierno: “No, eso no funciono porque eran miles de actores, acá hay que concentrar todo en tres o cuatro y manejarse con esos”.
Un hombre que nadie puede acusar de nostálgico golpista como el cineasta Fernando “Pino” Solanas –que bien podría ir preparando una segunda parte de “Memorias del Saqueo”- sumó argumentos: “Desde que asumió Kirchner disminuyó la cantidad de pequeños productores de 450 mil a 300 mil”.
En la Federación Agraria tienen muy claro que en rigor lo que el Gobierno no tolera es esa enorme masa de productores que no están a tiro de subsidio y sólo quieren que los dejen trabajar en paz. Como sostiene el viejo dicho del liberalismo económico: “No necesito que el gobierno me dé una mano, alcanza con que me quite las dos de encima”.
El líder federado Eduardo Buzzi, desnudó la falacia: "Durante 2007, por ejemplo, un 36 por ciento de los 1500 millones de pesos que se entregaron por compensaciones, fueron a parar a Mastellone, Molino Cañuelas, Molinos Río de la Plata, Sancor y AGD –del senador y multimillonario kirchnerista Roberto Urquía-. Este tipo de reintegros nunca llega a los productores, y además ha demostrado profundiza la concentración”.
Pasión por dividir
Los líderes de las asociaciones rurales tienen muy claro que la apuesta del Gobierno es dividirlos. Para ello intentan seducir a Buzzi con una subsecretaría de Agricultura y algunas compensaciones vaporosas a los pequeños productores, para fletes y agroquímicos –nada definido-. Hasta ahora el líder de la Federación a resistido con dignidad, ya le mintieron demasiadas veces los mismos interlocutores que hoy lo cubren de halagos y guiños cómplices. Pero nunca se sabe.
También tienen claro los líderes agropecuarios que lo más parecido a un Caballo de Troya que han visto en su vida es el presidente de la asociación de cooperativas, Fernando Gioino, uno de los primeros de apoyar fuertemente la idea de levantar el paro, apenas terminó de hablar Cristina Kirchner el jueves pasado.
Las razones son evidentes: Gioino es el ejemplo de lo que quisieran los Kirchner para el agro. Este dirigente representa a Sancor, la destruida empresa láctea –entre otras cosas por el propio gobierno que no permite exportar leche a precios internacionales-, que vive de los subsidios de la Casa Rosada y las inconstantes “ayudas” económicas del venezolano Hugo Chávez.
El problema de Gioino es que el otro gran socio de Coninagro, la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), vive de la exportación de soja, y en esta pulseada se le va la vida. Por eso, el vice de la entidad que representa a ACA, Carlos Garetto, ha logrado mantenerlo a flote en la línea de combate.
Rubén Llambías de CRA es quien más trabaja hacia adentro por lograr el consenso entre las cuatro entidades, que tan buenos frutos le ha dado al campo en esta instancia clave, mientras que Luciano Miguens de la Sociedad Rural, muy lejos de la imagen demonizada del estanciero maligno que emite la Casa Rosada, es un hombre bonachón y sensato, que sencillamente encarna el hartazgo de sus representados con una política que vive del campo, pero se dedica a estigmatizarlo.
Lo que está en juego
¿Por qué se resiste de manera tan cerrada el gobierno a suspender la medida por 90 días? Muy sencillo en el norte del país ya comenzó la época de cosecha de la soja, que en abril llegará a la zona núcleo, estos es Santa Fe-Buenos Aires. Es esa cosecha la que está en discusión. Esto lo saben los chacareros y por eso no pueden ceder. Perderían el trabajo de meses, porque los costos sencillamente no les cierran con retenciones del 44 por ciento. Y eso lo sabe el Gobierno que necesita ese dinero.
Por eso, el verdadero drama es que el gobierno está atrapado –una vez más- del esquema económico que creó Néstor Kirchner. Un dispositivo que sólo puede mantener el creciente tinglado de subsidios –a la energía, el transporte, las industrias, etc- y aumentos de jubilaciones, crecimiento de la deuda y obras públicas faraónicas –que encima no se siempre concretan- con mayores necesidades de caja.
Así, las opciones son seguir aumentando la presión tributaria o comenzar a sincerar las variables lo que podría agravar el problema de la inflación. Una verdadera encerrona.
Alguna vez ese genial escritor y peronista que fue Leopoldo Marechal, dijo: “De los laberintos sólo se sale por arriba”. Bueno todo indica que el momento llegó, habra que ver si Cristina Kirchner tiene alas para desplegar un vuelo propio, que le permite abandonar el laberinto que edificó su marido.
La intimidad de la patética reunión de los ministros y los dirigentes del campo. El problema de una presidenta ausente, el doble comando y un gravísimo conflicto librado a su propia dinámica.
Por Ignacio Fidanza 19:14
Cristina y Néstor en Parque Norte.
“En que quilombo nos metieron”, abrió el diálogo intentando hacerse el simpático, el jefe de Gabinete Alberto Fernández. “Mira acá vinimos a discutir políticas para el campo, no a dar explicaciones”, lo cruzó de entrada un dirigente de la Federación Agraria. Ese fue el inicio de una reunión que empezó mal y terminó peor.
La bronca de los dirigentes tenía sus razones. El gobierno los encerró en la Sala de Situación de la Casa Rosada a las seis de la tarde y hasta las siete nadie se acercó ni siquiera para ofrecerles un vaso de agua. El maltrato de las personas ya es un rasgo compulsivo del kirchnerismo –como la soberbia que no alcanzan a disimular por más esfuerzos que hacen, cuando los hacen- que atenta contra sus propios intereses.
Finalmente las puertas se abrieron para dar paso al primer grupo Alberto Fernández, Martín Lousteau, Javier de Urquiza y el técnico de Economía Gastón Rossi, supuesto ideólogo de las retenciones móviles. Luego por si hacía falta sumar una provocación ingresó al salón Guillermo Moreno, uno de los hombres mas resistidos del sector, emblema de la destrucción del mercado de carnes y lácteos.
Durante las largas horas previas a la reunión, cuando se negoció levantar el paro, se había acordado un largo temario. Pero la sorpresa de los dirigentes del campo fue total al comprobar que Alberto Fernández se limitaba a enunciar los ítems, como ser, “el problema del costo de los fletes para los pequeños productores”, sin aportar ninguna propuesta de solución.
Así pasaban las horas, hasta que fue el titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, interrumpió a Alberto: “Mirá tenes que entender que todo el país está con las rutas cortadas, o suspendes el aumento de las retenciones por 90 días o esto no tiene solución".
“Ni en pedo lo suspendo”, fue la respuesta del jefe de los ministros. A su lado, Lousteau asentía pálido. El titular de Economía recibió en silencio toda clase de reproches por su “idea” de las retenciones móviles. Fue, por lejos, el más criticado. Guillermo Moreno feliz con la situación parecía un abuelo bonachón y se mostró amable y componedor con los dirigentes del campo, a quienes campechano, trababa de “muchachos”.
Pero lo más patético fue ver como los funcionarios abandonaban el salón, cuando la conversación llegaba a situación de definición para llamar, no a la Presidenta, sino a su marido.
Cristina Kirchner se limitó a un breve saludo protocolar y luego de encabezar un acto de entrega de viviendas en otro salón –como si el conflicto con el campo fuera un tema menor-, partió en el helicóptero.
Amores que matan
Así, en las horas críticas de la negociación, la Presidencia eligió entregar el pulso político de una negociación en la que juega gran parte de su capital y prestigio. Estrategia de ausencia que lejos de protegerla le está causando un severo daño.
Sus ministros, sin otra línea e inteligencia que la guerra total que propone Néstor Kirchner, no consiguen la paz necesaria –salvo que se piense que son absolutos incapaces- para elaborar al menos un menú básico de medidas para poner sobre la mesa.
El daño sin embargo no termina allí. Cada iniciativa de “protección” de Cristina que ensaya Néstor, termina multiplicando el rechazo a la Presidenta. Las patoteadas de Hugo Moyano y Luis D´Elía, no derivan en un descenso de la popularidad del ex presidente, sino que afectan directamente la imagen de su mujer.
Así, al entregar Cristina el nervio político de su gobierno se convierte en una víctima
–se supone involuntaria- de los dispositivos que despliega su marido, quien al parecer tiene serios problemas para manejarse en un entorno en el que no puede apretar o comprar al que no piensa como él.
Doble discurso
Que el kirchnerismo es el reino del doble discurso ya no sorprende. A esta altura más bien parecen víctimas de una extraña patología que los lleva a defender exactamente lo contrario de lo que piensan. Esto también se aplica al campo.
Mientras la Presidenta y sus funcionarios se llenan la boca defendiendo a los “pequeños productores”, lo cierto es que sus políticas han contribuido a la mayor concentración que haya conocido el sector. Y no fue un proceso ingenuo. Es el ADN del pensamiento corporativo kirchnerista, que quiere pocos actores, dependientes del poder, para administrar el país sin dar mayores explicaciones. Una breve mirada por otros rubros de la economía sirve de ejemplo. Una frustración de la Casa Rosada es que no logra concretar el mismo proceso en el heterodoxo mundo rural.
Un bienintencionado y nostálgico funcionario propuso días atrás a Guillermo Moreno recrear el viejo IAPI peronista que monopolizó las exportaciones del agro comprando a miles de productores. La respuesta del funcionario habla mucho de la concepción del poder de este Gobierno: “No, eso no funciono porque eran miles de actores, acá hay que concentrar todo en tres o cuatro y manejarse con esos”.
Un hombre que nadie puede acusar de nostálgico golpista como el cineasta Fernando “Pino” Solanas –que bien podría ir preparando una segunda parte de “Memorias del Saqueo”- sumó argumentos: “Desde que asumió Kirchner disminuyó la cantidad de pequeños productores de 450 mil a 300 mil”.
En la Federación Agraria tienen muy claro que en rigor lo que el Gobierno no tolera es esa enorme masa de productores que no están a tiro de subsidio y sólo quieren que los dejen trabajar en paz. Como sostiene el viejo dicho del liberalismo económico: “No necesito que el gobierno me dé una mano, alcanza con que me quite las dos de encima”.
El líder federado Eduardo Buzzi, desnudó la falacia: "Durante 2007, por ejemplo, un 36 por ciento de los 1500 millones de pesos que se entregaron por compensaciones, fueron a parar a Mastellone, Molino Cañuelas, Molinos Río de la Plata, Sancor y AGD –del senador y multimillonario kirchnerista Roberto Urquía-. Este tipo de reintegros nunca llega a los productores, y además ha demostrado profundiza la concentración”.
Pasión por dividir
Los líderes de las asociaciones rurales tienen muy claro que la apuesta del Gobierno es dividirlos. Para ello intentan seducir a Buzzi con una subsecretaría de Agricultura y algunas compensaciones vaporosas a los pequeños productores, para fletes y agroquímicos –nada definido-. Hasta ahora el líder de la Federación a resistido con dignidad, ya le mintieron demasiadas veces los mismos interlocutores que hoy lo cubren de halagos y guiños cómplices. Pero nunca se sabe.
También tienen claro los líderes agropecuarios que lo más parecido a un Caballo de Troya que han visto en su vida es el presidente de la asociación de cooperativas, Fernando Gioino, uno de los primeros de apoyar fuertemente la idea de levantar el paro, apenas terminó de hablar Cristina Kirchner el jueves pasado.
Las razones son evidentes: Gioino es el ejemplo de lo que quisieran los Kirchner para el agro. Este dirigente representa a Sancor, la destruida empresa láctea –entre otras cosas por el propio gobierno que no permite exportar leche a precios internacionales-, que vive de los subsidios de la Casa Rosada y las inconstantes “ayudas” económicas del venezolano Hugo Chávez.
El problema de Gioino es que el otro gran socio de Coninagro, la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), vive de la exportación de soja, y en esta pulseada se le va la vida. Por eso, el vice de la entidad que representa a ACA, Carlos Garetto, ha logrado mantenerlo a flote en la línea de combate.
Rubén Llambías de CRA es quien más trabaja hacia adentro por lograr el consenso entre las cuatro entidades, que tan buenos frutos le ha dado al campo en esta instancia clave, mientras que Luciano Miguens de la Sociedad Rural, muy lejos de la imagen demonizada del estanciero maligno que emite la Casa Rosada, es un hombre bonachón y sensato, que sencillamente encarna el hartazgo de sus representados con una política que vive del campo, pero se dedica a estigmatizarlo.
Lo que está en juego
¿Por qué se resiste de manera tan cerrada el gobierno a suspender la medida por 90 días? Muy sencillo en el norte del país ya comenzó la época de cosecha de la soja, que en abril llegará a la zona núcleo, estos es Santa Fe-Buenos Aires. Es esa cosecha la que está en discusión. Esto lo saben los chacareros y por eso no pueden ceder. Perderían el trabajo de meses, porque los costos sencillamente no les cierran con retenciones del 44 por ciento. Y eso lo sabe el Gobierno que necesita ese dinero.
Por eso, el verdadero drama es que el gobierno está atrapado –una vez más- del esquema económico que creó Néstor Kirchner. Un dispositivo que sólo puede mantener el creciente tinglado de subsidios –a la energía, el transporte, las industrias, etc- y aumentos de jubilaciones, crecimiento de la deuda y obras públicas faraónicas –que encima no se siempre concretan- con mayores necesidades de caja.
Así, las opciones son seguir aumentando la presión tributaria o comenzar a sincerar las variables lo que podría agravar el problema de la inflación. Una verdadera encerrona.
Alguna vez ese genial escritor y peronista que fue Leopoldo Marechal, dijo: “De los laberintos sólo se sale por arriba”. Bueno todo indica que el momento llegó, habra que ver si Cristina Kirchner tiene alas para desplegar un vuelo propio, que le permite abandonar el laberinto que edificó su marido.
sábado 29 de marzo de 2008
Progreso y progresistas
Opinión
Progreso y progresistas
Por Jorge R. Enríquez
Nuestro país se hizo grande bajo el signo del progreso. El espectacular crecimiento argentino ocurrido entre 1880 y 1930 tiene pocos parangones en la historia. El progreso no fue sólo económico sino social, educativo,
cultural. Generó una vasta clase media, bien educada, una sorprendente movilidad social e integración de las oleadas inmigratorias.
No era un país exento de problemas, pero había un proyecto, se avanzaba, se miraba el futuro con optimismo. El lema es brasileño, pero podría haber sido aplicado con mayor razón aquí: orden y progreso. Es que para progresar se requiere orden, no el orden de los cementerios, sino un orden que implique el respeto por las reglas de juego, las que dan un marco para el desarrollo de la creatividad y las potencialidades.
Hoy necesitamos reconstruir ese espíritu generoso, con orden y progreso. Pero para progresar hay que superar, paradójicamente, la persistente prédica de nuestros “progresistas”. Es curioso que los autores intelectuales de nuestra decadencia se llamen a sí mismos progresistas. El populismo, la demagogia, la irracionalidad, la destrucción del orden y de los valores familiares no fomentan ningún progreso: son la causa de la pobreza, la marginalidad y un destino despoblado de toda esperanza.
Estos “progresistas” son grandes diagnosticadores. Nos recuerdan a cada rato lo que sabemos de sobra: los niveles de desempleo, de personas bajo la línea de pobreza, de la falta de educación, etc. Si los problemas se solucionaran con solo exponerlos, serían además extraordinarios estadistas. Lamentablemente, no pasan del diagnóstico, y cuando pasan nos dejan en un estado peor.
¿Qué debemos hacer para ponernos en el camino del desarrollo económico? Lo primero es reconocer que no estamos en ese camino, que el repunte de los últimos cinco años es un mero rebote debido a la devaluación y a circunstancias internacionales de excepción. Pero la inversión no aumenta a las tasas que se requieren para que ese crecimiento ocasional sea sostenido.
Y para esto no es necesario devanarse los sesos: basta ver qué han hecho los países exitosos. Ninguno de ellos creció confrontando con todos los sectores de la sociedad desde las fuerzas políticas opositoras hasta las instituciones eclesiásticas, agrediendo a los empresarios, enfrentándose con ellos, vía funcionarios patoteros o mandando fuerzas de choque para amenazar a los que ponen precios que no gustan en la Casa de Gobierno, haciendo discursos para la tribuna contra el FMI o la globalización.
Ésta, nos guste o no, llegó para quedarse y no la vamos a frenar desde un micrófono o desde un atril. Seamos inteligentes y pensemos cuáles son nuestras oportunidades en este nuevo escenario.
Los países que avanzan demuestran, desde Irlanda hasta Chile, que la persistencia de reglas claras y transparentes a lo largo del tiempo, la existencia de instituciones fuertes, la creación de un clima propicio para las inversiones, la promoción del orden público, la revalorización de la educación, de la cultura del trabajo, son las claves del desarrollo.
Nosotros estamos muy lejos. Insistimos en los personalismos, ahora exacerbados como luchas de matrimonios, en lugar de construir instituciones sólidas.
Tomamos como ejemplos a Castro o Chávez, aquél un dictador estalinista que viola todos los derechos humanos que nuestros “progresistas” dicen defender; éste, el campeón de la charlatanería, un golpista que campea su egocentrismo y su verborragia vacía gracias al incremento de los precios del petróleo, que le permiten disimular su condición de tiranuelo empobrecedor.
¿Por qué no mirar más cerca, al vecino Chile, que nos muestra una coalición de demócratas cristianos y socialistas que mantiene las bases de un esquema inteligente de inserción en el mundo más allá de las diferencias que los separan?
El progreso está a la vuelta de la esquina. Sólo necesitamos derrotar a nuestros falsos progresistas. El auténtico progresismo se demuestra con políticas de apoyo a los sectores más vulnerables de la sociedad, a los más necesitados, a los chicos de la calle, a las personas sin techo, a los ancianos, la protección de la mujer jefa de hogar, la mujer y el niño víctimas de la violencia familiar, los discapacitados, es decir: una política de compromiso social, ese es el verdadero progresismo de hoy
Jrenriquez2000@yahoo.com.ar (15/02/08)
Progreso y progresistas
Por Jorge R. Enríquez
Nuestro país se hizo grande bajo el signo del progreso. El espectacular crecimiento argentino ocurrido entre 1880 y 1930 tiene pocos parangones en la historia. El progreso no fue sólo económico sino social, educativo,
cultural. Generó una vasta clase media, bien educada, una sorprendente movilidad social e integración de las oleadas inmigratorias.
No era un país exento de problemas, pero había un proyecto, se avanzaba, se miraba el futuro con optimismo. El lema es brasileño, pero podría haber sido aplicado con mayor razón aquí: orden y progreso. Es que para progresar se requiere orden, no el orden de los cementerios, sino un orden que implique el respeto por las reglas de juego, las que dan un marco para el desarrollo de la creatividad y las potencialidades.
Hoy necesitamos reconstruir ese espíritu generoso, con orden y progreso. Pero para progresar hay que superar, paradójicamente, la persistente prédica de nuestros “progresistas”. Es curioso que los autores intelectuales de nuestra decadencia se llamen a sí mismos progresistas. El populismo, la demagogia, la irracionalidad, la destrucción del orden y de los valores familiares no fomentan ningún progreso: son la causa de la pobreza, la marginalidad y un destino despoblado de toda esperanza.
Estos “progresistas” son grandes diagnosticadores. Nos recuerdan a cada rato lo que sabemos de sobra: los niveles de desempleo, de personas bajo la línea de pobreza, de la falta de educación, etc. Si los problemas se solucionaran con solo exponerlos, serían además extraordinarios estadistas. Lamentablemente, no pasan del diagnóstico, y cuando pasan nos dejan en un estado peor.
¿Qué debemos hacer para ponernos en el camino del desarrollo económico? Lo primero es reconocer que no estamos en ese camino, que el repunte de los últimos cinco años es un mero rebote debido a la devaluación y a circunstancias internacionales de excepción. Pero la inversión no aumenta a las tasas que se requieren para que ese crecimiento ocasional sea sostenido.
Y para esto no es necesario devanarse los sesos: basta ver qué han hecho los países exitosos. Ninguno de ellos creció confrontando con todos los sectores de la sociedad desde las fuerzas políticas opositoras hasta las instituciones eclesiásticas, agrediendo a los empresarios, enfrentándose con ellos, vía funcionarios patoteros o mandando fuerzas de choque para amenazar a los que ponen precios que no gustan en la Casa de Gobierno, haciendo discursos para la tribuna contra el FMI o la globalización.
Ésta, nos guste o no, llegó para quedarse y no la vamos a frenar desde un micrófono o desde un atril. Seamos inteligentes y pensemos cuáles son nuestras oportunidades en este nuevo escenario.
Los países que avanzan demuestran, desde Irlanda hasta Chile, que la persistencia de reglas claras y transparentes a lo largo del tiempo, la existencia de instituciones fuertes, la creación de un clima propicio para las inversiones, la promoción del orden público, la revalorización de la educación, de la cultura del trabajo, son las claves del desarrollo.
Nosotros estamos muy lejos. Insistimos en los personalismos, ahora exacerbados como luchas de matrimonios, en lugar de construir instituciones sólidas.
Tomamos como ejemplos a Castro o Chávez, aquél un dictador estalinista que viola todos los derechos humanos que nuestros “progresistas” dicen defender; éste, el campeón de la charlatanería, un golpista que campea su egocentrismo y su verborragia vacía gracias al incremento de los precios del petróleo, que le permiten disimular su condición de tiranuelo empobrecedor.
¿Por qué no mirar más cerca, al vecino Chile, que nos muestra una coalición de demócratas cristianos y socialistas que mantiene las bases de un esquema inteligente de inserción en el mundo más allá de las diferencias que los separan?
El progreso está a la vuelta de la esquina. Sólo necesitamos derrotar a nuestros falsos progresistas. El auténtico progresismo se demuestra con políticas de apoyo a los sectores más vulnerables de la sociedad, a los más necesitados, a los chicos de la calle, a las personas sin techo, a los ancianos, la protección de la mujer jefa de hogar, la mujer y el niño víctimas de la violencia familiar, los discapacitados, es decir: una política de compromiso social, ese es el verdadero progresismo de hoy
Jrenriquez2000@yahoo.com.ar (15/02/08)
El derecho de vivir
El derecho de vivir
Sábado 29 de marzo de 2008
Publicado en la Edición impresa Noticias de Opinión La Nación
Las comisiones de Acción Social y Salud Pública y de Legislación Penal de la Cámara de Diputados de la Nación han dado su aprobación a dos proyectos de ley que establecen de qué modo deben ejecutarse los llamados "abortos no punibles", que son -en principio- aquellos que la ley autoriza a realizar cuando se dan las condiciones previstas en el artículo 86 del Código Penal. Los textos legales propuestos, que ahora deberán ser tratados por la Cámara para su aprobación o rechazo, determinan el procedimiento que se debe observar en los siguientes casos: cuando el embarazo pone en riesgo la vida o la salud de la madre y cuando es el resultado de una violación. Se incluyen especificaciones sobre la necesidad de un asesoramiento médico que garantice la autenticidad de las razones invocadas en cada caso y se establece que los abortos autorizados o "no punibles" deben ser realizados sin cargo para la mujer embarazada en todos los establecimientos públicos de salud. Una vez más resulta imprescindible recordar que el aborto, cualquiera sea su causa o su finalidad, significa lisa y llanamente la destrucción de una vida humana. Y eso hace nacer dudas y obstáculos difíciles de superar cuando se trata de analizar el contenido de estos proyectos de ley a la luz de las disposiciones constitucionales vigentes en nuestro país. Sin entrar a considerar el problema desde el punto de vista de los principios superiores del derecho natural o de las concepciones de carácter religioso -lo que llevaría a reabrir debates históricos y culturales tan amplios como difíciles de resolver-, no cabe duda de que la práctica del aborto en nuestro país vulnera principios sustanciales del ordenamiento jerárquico normativo resultante del texto supremo de la Constitución Nacional y de los tratados internacionales sobre derechos humanos. Así lo han observado, en reiteradas oportunidades, los más sobresalientes constitucionalistas argentinos. Como otras veces lo hemos dicho desde esta columna editorial, no existe en nuestro ordenamiento jurídico un bien más trascendente y más digno de ser protegido que el derecho a la vida. En efecto: no hace falta argumentar demasiado para que se advierta que ese derecho es el presupuesto condicionante de todos los otros derechos sustanciales que la ley positiva asigna o reconoce a los individuos que integran una comunidad. Sin vida humana no hay posibilidad alguna de que sean ejercidos los derechos y las libertades naturales que están en la base de cualquier ordenamiento legal o institucional fundado en el respeto a la dignidad de las personas. Esta reflexión irrefutable, con su evidente trasfondo metafísico, resurge de manera espontánea cada vez que se pretende instalar en el debate, por una vía u otra, la problemática del aborto. De las causales que se mencionan como razones para justificar la interrupción de un embarazo, la más controvertible es, sin duda, la del caso en que la gestación de un ser humano aparece como la consecuencia de violación. Si bien la violación es un delito abominable, nada justifica que la culpa por ese acto de barbarie sea pagada por el ser inocente que la madre lleva en sus entrañas. Los textos que las comisiones han aprobado se apartan en ese punto, de lo dispuesto por el artículo 86 del Código Penal, que sólo considera aborto no punible el que pone fin al embarazo causado por la violación de "una mujer idiota o demente". Los proyectos que estamos analizando disponen, en cambio, que el aborto será no punible en todos los casos de embarazo por violación, pues incorporan la presunción de que, cuando media ese acto de violencia, existe siempre peligro para la salud de la gestante. Al eliminar la referencia a la mujer "idiota o demente", se suprime una discriminación incluida en 1922 por influencia de las teorías racistas entonces en boga que alentaban la idea de eliminar cualquier factor que conspirara, supuestamente, contra el mejoramiento de la "raza humana". Esto aparece, sin duda, como un aporte positivo, pues se elimina un distingo legislativo tan anacrónico como lamentable. Sin embargo, y más allá de ello, sigue en pie el hecho indefendible de que se destruya una vida humana por un delito al que la criatura en gestación ha sido completamente ajena. En el caso del aborto ocasionado para salvar la vida de la madre, para defender su salud, el caso es bastante más complejo y controvertible, pues si bien el aborto continúa siendo condenable en cuanto destruye una vida, en ese supuesto específico se estaría salvando, al mismo tiempo, otra vida humana: la de la madre. El tema aparece aquí, sin duda, como causa o razón de un debate de más dificultosa definición. Más allá de la suerte que corran los proyectos cuando se traten en el recinto de la Cámara, es imprescindible dejar definitivamente en claro que todo aborto implica la destrucción de una vida humana inocente, Y es necesario entender que las tendencias que periódicamente intentan promover la incorporación lisa y llana de las prácticas abortistas a nuestro sistema de costumbres son una consecuencia más del avasallante relativismo moral que en muchos casos nos envuelve y agobia. O, dicho de otro modo, forman parte de la creciente "cosificación del hombre" a que asistimos en este tiempo incierto y contradictorio. Admitir el avance de esas tendencias, significa aceptar que, en el orden de los valores y principios que presiden el desarrollo de la civilización, el ser humano está dejando de ser el sujeto de una cultura para convertirse cada vez más en un objeto. Sin vida no hay libertad, no hay derecho, no hay razón humana digna de ser abrazada o considerada. El aborto lleva, en sus entrañas, esa estremecedora capacidad destructiva. Es, en definitiva, la entronización de la nada como objetivo final de una civilización sin alma.
Sábado 29 de marzo de 2008
Publicado en la Edición impresa Noticias de Opinión La Nación
Las comisiones de Acción Social y Salud Pública y de Legislación Penal de la Cámara de Diputados de la Nación han dado su aprobación a dos proyectos de ley que establecen de qué modo deben ejecutarse los llamados "abortos no punibles", que son -en principio- aquellos que la ley autoriza a realizar cuando se dan las condiciones previstas en el artículo 86 del Código Penal. Los textos legales propuestos, que ahora deberán ser tratados por la Cámara para su aprobación o rechazo, determinan el procedimiento que se debe observar en los siguientes casos: cuando el embarazo pone en riesgo la vida o la salud de la madre y cuando es el resultado de una violación. Se incluyen especificaciones sobre la necesidad de un asesoramiento médico que garantice la autenticidad de las razones invocadas en cada caso y se establece que los abortos autorizados o "no punibles" deben ser realizados sin cargo para la mujer embarazada en todos los establecimientos públicos de salud. Una vez más resulta imprescindible recordar que el aborto, cualquiera sea su causa o su finalidad, significa lisa y llanamente la destrucción de una vida humana. Y eso hace nacer dudas y obstáculos difíciles de superar cuando se trata de analizar el contenido de estos proyectos de ley a la luz de las disposiciones constitucionales vigentes en nuestro país. Sin entrar a considerar el problema desde el punto de vista de los principios superiores del derecho natural o de las concepciones de carácter religioso -lo que llevaría a reabrir debates históricos y culturales tan amplios como difíciles de resolver-, no cabe duda de que la práctica del aborto en nuestro país vulnera principios sustanciales del ordenamiento jerárquico normativo resultante del texto supremo de la Constitución Nacional y de los tratados internacionales sobre derechos humanos. Así lo han observado, en reiteradas oportunidades, los más sobresalientes constitucionalistas argentinos. Como otras veces lo hemos dicho desde esta columna editorial, no existe en nuestro ordenamiento jurídico un bien más trascendente y más digno de ser protegido que el derecho a la vida. En efecto: no hace falta argumentar demasiado para que se advierta que ese derecho es el presupuesto condicionante de todos los otros derechos sustanciales que la ley positiva asigna o reconoce a los individuos que integran una comunidad. Sin vida humana no hay posibilidad alguna de que sean ejercidos los derechos y las libertades naturales que están en la base de cualquier ordenamiento legal o institucional fundado en el respeto a la dignidad de las personas. Esta reflexión irrefutable, con su evidente trasfondo metafísico, resurge de manera espontánea cada vez que se pretende instalar en el debate, por una vía u otra, la problemática del aborto. De las causales que se mencionan como razones para justificar la interrupción de un embarazo, la más controvertible es, sin duda, la del caso en que la gestación de un ser humano aparece como la consecuencia de violación. Si bien la violación es un delito abominable, nada justifica que la culpa por ese acto de barbarie sea pagada por el ser inocente que la madre lleva en sus entrañas. Los textos que las comisiones han aprobado se apartan en ese punto, de lo dispuesto por el artículo 86 del Código Penal, que sólo considera aborto no punible el que pone fin al embarazo causado por la violación de "una mujer idiota o demente". Los proyectos que estamos analizando disponen, en cambio, que el aborto será no punible en todos los casos de embarazo por violación, pues incorporan la presunción de que, cuando media ese acto de violencia, existe siempre peligro para la salud de la gestante. Al eliminar la referencia a la mujer "idiota o demente", se suprime una discriminación incluida en 1922 por influencia de las teorías racistas entonces en boga que alentaban la idea de eliminar cualquier factor que conspirara, supuestamente, contra el mejoramiento de la "raza humana". Esto aparece, sin duda, como un aporte positivo, pues se elimina un distingo legislativo tan anacrónico como lamentable. Sin embargo, y más allá de ello, sigue en pie el hecho indefendible de que se destruya una vida humana por un delito al que la criatura en gestación ha sido completamente ajena. En el caso del aborto ocasionado para salvar la vida de la madre, para defender su salud, el caso es bastante más complejo y controvertible, pues si bien el aborto continúa siendo condenable en cuanto destruye una vida, en ese supuesto específico se estaría salvando, al mismo tiempo, otra vida humana: la de la madre. El tema aparece aquí, sin duda, como causa o razón de un debate de más dificultosa definición. Más allá de la suerte que corran los proyectos cuando se traten en el recinto de la Cámara, es imprescindible dejar definitivamente en claro que todo aborto implica la destrucción de una vida humana inocente, Y es necesario entender que las tendencias que periódicamente intentan promover la incorporación lisa y llana de las prácticas abortistas a nuestro sistema de costumbres son una consecuencia más del avasallante relativismo moral que en muchos casos nos envuelve y agobia. O, dicho de otro modo, forman parte de la creciente "cosificación del hombre" a que asistimos en este tiempo incierto y contradictorio. Admitir el avance de esas tendencias, significa aceptar que, en el orden de los valores y principios que presiden el desarrollo de la civilización, el ser humano está dejando de ser el sujeto de una cultura para convertirse cada vez más en un objeto. Sin vida no hay libertad, no hay derecho, no hay razón humana digna de ser abrazada o considerada. El aborto lleva, en sus entrañas, esa estremecedora capacidad destructiva. Es, en definitiva, la entronización de la nada como objetivo final de una civilización sin alma.
El país se incendia
El país se incendia.
La decadencia del imperio kirchnerista
Por Ignacio Fidanza
El gobierno se sumerge en un largo descenso hacia sus peores rasgos: frivolidad, intolerancia, corrupción.
En la provincia de Buenos Aires esta noche la autoridades confirmaban más de 80 rutas cortadas, en la Capital las bandas parapoliciales de los piqueteros rentados volvían a golpear a los vecinos que se atrevían a protestar contra el Gobierno. En el interior, el escenario de piquetes, movilizaciones y cacerolazos, se repiten intermitentes, tatuando la extensa piel de la Argentina.
Las góndolas de supermercados y carnicerías exhiben el desolador espectáculo del desabastecimiento. Los precios se disparan. La bronca y la humillación de ciudadanos maltratados, bulle, agazapada, y nada bueno presagia el rencor que minuto a minuto potencia la prepotencia del poder.
Mientras la Nación vive horas críticas y la angustia del recuerdo de la fractura expuesta del 2001 crepita en el aire, una presidenta aislada de la realidad recibe, producida como para una fiesta y sonriente, al famosísimo Francis Ford Coppola. Inoportuno contraste tercermundista que ofende la trayectoria del genial director norteamericano.
Pero no es lo peor. ¿A qué dedicó la jornada el ministro de Economía, además de contestarle al ex presidente Eduardo Duhalde que no piensa renunciar? ¿En qué puso a trabajar a su equipo bajo una presión febril? ¿En elaborar una propuesta fiscal superadora de las repudiadas retenciones? ¿En buscarle una salida en la que metió al Gobierno? No, error.
Martín Lousteau dedicó toda su energía a resolver uno de los asuntos más oscuros del período kirchnerista, que tiene todo para convertirse en uno de los escándalos de corrupción más grandes de este período, con resonancias internacionales que recuerdan otras componendas como aquel pacto Roca-Runciman.
Mientras el país permanecía en vigilia y todas las miradas se centraban en el Palacio de Hacienda, el ministro se encargaba de hacer el trabajo sucio del matrimonio presidencial y buscaba los atajos para firmar los avales que comprometerán el patrimonio de la Argentina en varios miles de millones de dólares para financiar un delirante tren bala, que parece importar más por el retorno que por la ida.
Tenemos así la combinación letal: frivolidad, mas autismo, más sospechas de corrupción. ¿Suena parecido a algún período denostado por los actuales ocupantes de la Casa Rosada?
El paro del interior
La simplificación de los medios porteños –que se llaman a si mismo nacionales- ha decidido que el conflicto que cruza el territorio nacional es el paro del campo. En rigor, lo que se expresa en las rutas es un paro del interior del país. Lo que sucede es que el campo es el motor económico de la vida más allá de los grandes centros urbanos –incluso de las pocas industrias que quedan, como las de maquinaria agrícola-. Es el eje de un entramado que trasciende al chacarero o al productor.
El empleo en los pueblos, gira directa o indirectamente sobre la actividad agropecuaria, o en las regiones más atrasadas, sobre el Estado. No hay muchas opciones más. Por eso es tan injusta la caracterización del conflicto que hizo la Presidenta. Por eso, su discurso habla de estancieros millonarios y las cámaras devuelven el rostro de mujeres humildes cebando el mate junto a sus maridos, de maestras, de empleados, peones, contratistas, y todos los actores que integran la vida social de la Argentina del interior. Esa que desde el helicóptero es tan difícil de percibir.
Un tiro en el pie
La decisión de Néstor Kirchner –el resto acompaña lo que se decide en Puerto Madero- de confrontar y en lo posible destruir al campo, se parece demasiado a pegarse un tiro en el pie. A la inflación y desabastecimiento de alimentos, muy pronto se sumará un enfriamiento de la actividad económica. O sea, más desempleo y pobreza.
En la reciente Expoagro se acordaron negocios por cerca de 170 millones de dólares, la mayoría de ellos se dejaron si efecto en los últimos días. Ayer una reunión de la Asociación de Semilleros Argentinas (ASA), directivos de las principales empresas del sector coincidieron en el mismo diagnóstico: “No se vende nada”.
Inversiones millonarias en distintos proyectos agroindustriales ya se suspendieron o comenzaron a analizar otros mercados con entornos menos volátiles: Brasil y Uruguay, nuevamente agradecidos a las autoridades argentinas.
Ninguno de estos empresarios –que algún día deberán reconocer el triste papel que adoptaron y mantienen frente a un Gobierno que saben que está equivocado- va a hablar. El kirchnerismo todavía logra infundir miedo (en algunos). Poco más le queda.
El robo del siglo
Un estudio del centro económico IERAL de esta semana revela el drama político que los gobernadores toleran con sumisión. Una actitud que bien podría configurar alguna demanda por la nula voluntad que demuestran en defender los intereses de su provincia, de su gente.
El aumento de las retenciones dispuesto por Lousteau, según este estudio, llevaría la recaudación por este concepto al máximo histórico de 10.231 millones de dólares, que no son coparticipables.
¿Para qué quiere el Gobierno semejante masa de dinero? Para financiar los problemas y locuras que él mismo se inventa: trenes y energía subsidiados, combustible subsidiados, aerolíneas subsidiadas, y sigue la lista interminable que oculta un detalle: cuando se paga un subsidio se compra poder sobre el subsidiado y se accede al retorno.
Estos más de 10 mil millones de dólares los aportan básicamente seis provincias: Buenos Aires un 30%; Córdoba un 25%; Santa Fe un 21%; Entre Ríos un 8%; Santiago del Estero un 4% y Chaco un 4%. ¿Qué reciben a cambio? Promesas, promesas, promesas. Gobernadores mendigando un mandato entero en la Casa Rosada se van en el mejor de los casos con una ruta mal hecha y sobrefacturada. No mucho más.
¿Qué podrían hacer en el abandonado Chaco, hoy acuciado por una crisis financiera, con los más de 1.000 millones de pesos que aporta por año en retenciones? Pero claro, mañana Jorge Capitanich se sentará obediente junto a Néstor Kirchner en Parque Norte, mientras la Presidenta insulta al campo que le permite pagar la fiesta.
El día que los productores tomen real conciencia que el kirchnerismo les quita 10 mil millones de dólares por año para subsidiar sus aventuras y emprendimientos personales, ese día, la protesta que hoy vivimos será recordada como un juego de señoritas. Esos mismos productores viven en pueblos en su mayoría sin agua potable, con rutas de tierra, inundaciones periódicas y otros problemas que los países que invierten el dinero que recaudan –y no se lo roban- ya solucionaron hace décadas.
El fin de la ilusión
Un jubilado humilde y simpático mira por televisión los golpes que el cobarde ultra kirchnerista Luis D’Elía, le da, rodeado de matones, a un señor que está sólo y ya pasó la barrera de los 70. Pasa todo el día y la Presidente no considera que tiene nada que decir sobre la cacería de ciudadanos que se produjo bajo la ventana de su despacho. Ese señor que mira la tele, votó a Cristina y ahora se siente desilusionado.
Un padre va al mercado de la cuadra a comprar leche y bifes para sus dos hijos. No encuentra ninguna de las dos cosas. Sin embargo, no se enoja con el paro del campo, se enoja con la imagen crispada de esa mujer que no acepta dialogar.
Un profesional de Caballito, progresista, culto, ingeniero, recuerda que alguna vez leyó lo que ahora ve por las pantallas, de pronto se acuerda, “las camisas pardas” le vienen a la memoria.
Un país dividido, con altísima inflación, desabastecimiento, largas colas para comprar los pocos alimentos que llegan a los mercados, con patotas paraoficiales y medios expropiados, censurados, con ciudadanos agredidos, aislado internacionalmente, sin inversión, perdido en la retórica disociada de la realidad, repitiendo como loros viejos consignas oxidadas. Hasta hace no mucho tiempo atrás ese país era Venezuela.
La Politica on Line
La decadencia del imperio kirchnerista
Por Ignacio Fidanza
El gobierno se sumerge en un largo descenso hacia sus peores rasgos: frivolidad, intolerancia, corrupción.
En la provincia de Buenos Aires esta noche la autoridades confirmaban más de 80 rutas cortadas, en la Capital las bandas parapoliciales de los piqueteros rentados volvían a golpear a los vecinos que se atrevían a protestar contra el Gobierno. En el interior, el escenario de piquetes, movilizaciones y cacerolazos, se repiten intermitentes, tatuando la extensa piel de la Argentina.
Las góndolas de supermercados y carnicerías exhiben el desolador espectáculo del desabastecimiento. Los precios se disparan. La bronca y la humillación de ciudadanos maltratados, bulle, agazapada, y nada bueno presagia el rencor que minuto a minuto potencia la prepotencia del poder.
Mientras la Nación vive horas críticas y la angustia del recuerdo de la fractura expuesta del 2001 crepita en el aire, una presidenta aislada de la realidad recibe, producida como para una fiesta y sonriente, al famosísimo Francis Ford Coppola. Inoportuno contraste tercermundista que ofende la trayectoria del genial director norteamericano.
Pero no es lo peor. ¿A qué dedicó la jornada el ministro de Economía, además de contestarle al ex presidente Eduardo Duhalde que no piensa renunciar? ¿En qué puso a trabajar a su equipo bajo una presión febril? ¿En elaborar una propuesta fiscal superadora de las repudiadas retenciones? ¿En buscarle una salida en la que metió al Gobierno? No, error.
Martín Lousteau dedicó toda su energía a resolver uno de los asuntos más oscuros del período kirchnerista, que tiene todo para convertirse en uno de los escándalos de corrupción más grandes de este período, con resonancias internacionales que recuerdan otras componendas como aquel pacto Roca-Runciman.
Mientras el país permanecía en vigilia y todas las miradas se centraban en el Palacio de Hacienda, el ministro se encargaba de hacer el trabajo sucio del matrimonio presidencial y buscaba los atajos para firmar los avales que comprometerán el patrimonio de la Argentina en varios miles de millones de dólares para financiar un delirante tren bala, que parece importar más por el retorno que por la ida.
Tenemos así la combinación letal: frivolidad, mas autismo, más sospechas de corrupción. ¿Suena parecido a algún período denostado por los actuales ocupantes de la Casa Rosada?
El paro del interior
La simplificación de los medios porteños –que se llaman a si mismo nacionales- ha decidido que el conflicto que cruza el territorio nacional es el paro del campo. En rigor, lo que se expresa en las rutas es un paro del interior del país. Lo que sucede es que el campo es el motor económico de la vida más allá de los grandes centros urbanos –incluso de las pocas industrias que quedan, como las de maquinaria agrícola-. Es el eje de un entramado que trasciende al chacarero o al productor.
El empleo en los pueblos, gira directa o indirectamente sobre la actividad agropecuaria, o en las regiones más atrasadas, sobre el Estado. No hay muchas opciones más. Por eso es tan injusta la caracterización del conflicto que hizo la Presidenta. Por eso, su discurso habla de estancieros millonarios y las cámaras devuelven el rostro de mujeres humildes cebando el mate junto a sus maridos, de maestras, de empleados, peones, contratistas, y todos los actores que integran la vida social de la Argentina del interior. Esa que desde el helicóptero es tan difícil de percibir.
Un tiro en el pie
La decisión de Néstor Kirchner –el resto acompaña lo que se decide en Puerto Madero- de confrontar y en lo posible destruir al campo, se parece demasiado a pegarse un tiro en el pie. A la inflación y desabastecimiento de alimentos, muy pronto se sumará un enfriamiento de la actividad económica. O sea, más desempleo y pobreza.
En la reciente Expoagro se acordaron negocios por cerca de 170 millones de dólares, la mayoría de ellos se dejaron si efecto en los últimos días. Ayer una reunión de la Asociación de Semilleros Argentinas (ASA), directivos de las principales empresas del sector coincidieron en el mismo diagnóstico: “No se vende nada”.
Inversiones millonarias en distintos proyectos agroindustriales ya se suspendieron o comenzaron a analizar otros mercados con entornos menos volátiles: Brasil y Uruguay, nuevamente agradecidos a las autoridades argentinas.
Ninguno de estos empresarios –que algún día deberán reconocer el triste papel que adoptaron y mantienen frente a un Gobierno que saben que está equivocado- va a hablar. El kirchnerismo todavía logra infundir miedo (en algunos). Poco más le queda.
El robo del siglo
Un estudio del centro económico IERAL de esta semana revela el drama político que los gobernadores toleran con sumisión. Una actitud que bien podría configurar alguna demanda por la nula voluntad que demuestran en defender los intereses de su provincia, de su gente.
El aumento de las retenciones dispuesto por Lousteau, según este estudio, llevaría la recaudación por este concepto al máximo histórico de 10.231 millones de dólares, que no son coparticipables.
¿Para qué quiere el Gobierno semejante masa de dinero? Para financiar los problemas y locuras que él mismo se inventa: trenes y energía subsidiados, combustible subsidiados, aerolíneas subsidiadas, y sigue la lista interminable que oculta un detalle: cuando se paga un subsidio se compra poder sobre el subsidiado y se accede al retorno.
Estos más de 10 mil millones de dólares los aportan básicamente seis provincias: Buenos Aires un 30%; Córdoba un 25%; Santa Fe un 21%; Entre Ríos un 8%; Santiago del Estero un 4% y Chaco un 4%. ¿Qué reciben a cambio? Promesas, promesas, promesas. Gobernadores mendigando un mandato entero en la Casa Rosada se van en el mejor de los casos con una ruta mal hecha y sobrefacturada. No mucho más.
¿Qué podrían hacer en el abandonado Chaco, hoy acuciado por una crisis financiera, con los más de 1.000 millones de pesos que aporta por año en retenciones? Pero claro, mañana Jorge Capitanich se sentará obediente junto a Néstor Kirchner en Parque Norte, mientras la Presidenta insulta al campo que le permite pagar la fiesta.
El día que los productores tomen real conciencia que el kirchnerismo les quita 10 mil millones de dólares por año para subsidiar sus aventuras y emprendimientos personales, ese día, la protesta que hoy vivimos será recordada como un juego de señoritas. Esos mismos productores viven en pueblos en su mayoría sin agua potable, con rutas de tierra, inundaciones periódicas y otros problemas que los países que invierten el dinero que recaudan –y no se lo roban- ya solucionaron hace décadas.
El fin de la ilusión
Un jubilado humilde y simpático mira por televisión los golpes que el cobarde ultra kirchnerista Luis D’Elía, le da, rodeado de matones, a un señor que está sólo y ya pasó la barrera de los 70. Pasa todo el día y la Presidente no considera que tiene nada que decir sobre la cacería de ciudadanos que se produjo bajo la ventana de su despacho. Ese señor que mira la tele, votó a Cristina y ahora se siente desilusionado.
Un padre va al mercado de la cuadra a comprar leche y bifes para sus dos hijos. No encuentra ninguna de las dos cosas. Sin embargo, no se enoja con el paro del campo, se enoja con la imagen crispada de esa mujer que no acepta dialogar.
Un profesional de Caballito, progresista, culto, ingeniero, recuerda que alguna vez leyó lo que ahora ve por las pantallas, de pronto se acuerda, “las camisas pardas” le vienen a la memoria.
Un país dividido, con altísima inflación, desabastecimiento, largas colas para comprar los pocos alimentos que llegan a los mercados, con patotas paraoficiales y medios expropiados, censurados, con ciudadanos agredidos, aislado internacionalmente, sin inversión, perdido en la retórica disociada de la realidad, repitiendo como loros viejos consignas oxidadas. Hasta hace no mucho tiempo atrás ese país era Venezuela.
La Politica on Line
El hombre que vio venir la crisis
El hombre que vio venir la crisis
Por Mario Diament
Para La Nación
Sábado 29 de marzo de 2008
MIAMI.- A comienzos de 2007, cuando el gobierno exultaba de optimismo por la marcha de la economía y el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, testimoniaba ante el Congreso que la economía norteamericana tenía "la perfecta proporción de inflación, crecimiento y empleo", Charles R. Morris veía un cuadro diferente. Para él, la euforia era ilusoria y la crisis que se venía sería como "la madre de todos los quebrantos". Así se lo escribió a su editor en un correo electrónico que le envió en febrero de 2007, anticipándole que el cataclismo se precipitaría "para el verano de 2008". Por qué Morris, un abogado y ex banquero de inversiones, vio lo que los demás no vieron es una cuestión de perspectiva. Autor de una decena de libros sobre temas económicos y financieros y colaborador de publicaciones como The New York Times , The Wall Street Journal y The Atlantic Monthly , era también, para el momento en que formuló su predicción, vicepresidente de una empresa que desarrollaba software para bancos y fondos de inversión libre. Desde esa privilegiada posición podía observar la peligrosa bicicleta financiera que estaba teniendo lugar y que concluiría en la debacle del mercado de créditos subprime . El crédito subprime es un tipo de hipoteca que se ofrece a compradores de propiedades considerados riesgosos y a quienes se les aplica un interés mayor. Su bonanza era alentada desde fines de la década pasada por Wall Street, que veía la posibilidad de transformar el mercado hipotecario de un negocio local en uno donde inversores de todo el mundo podrían participar. Armado de las pruebas sobre su pronóstico, Morris se abocó a escribir un libro que acaba de aparecer, donde traza un impecable cuadro de los síntomas de la crisis y una radiografía de sus consecuencias. El libro se titula The Trillion Dollar Meltdown: Easy Money, High Rollers and the Great Credit Crash (La fusión del billón de dólares: Dinero fácil, apostadores fuertes y el gran quebranto crediticio) y, en él, Morris describe la evolución de la economía a partir de los atentados del 11 de Septiembre de 2001 y del estallido de la burbuja de los punto.com, y hasta noviembre de 2007. "La recuperación fue construida en torno de los consumidores, lo cual parece sensible, teniendo en cuenta la excesiva inversión de los años de la burbuja tecnológica", escribe Morris. Pero había dos problemas: "Los norteamericanos compran ropa, artículos del hogar, autos y repuestos y hasta la madera de sus casas en el exterior, de manera que el crecimiento del consumo correspondía a un crecimiento similar en el déficit comercial. Peor aún, el ahorro personal se encontraba en los niveles más bajos desde la Depresión de 1930, lo que no parecía preocupar al presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, en vista de que los norteamericanos tenían un enorme capital depositado en sus casas." Este capital se convirtió en la principal fuente de toma de dinero. Con bajas tasas de interés y fácil acceso al crédito, el valor de las casas y departamentos se duplicó entre el 2000 y 2005. Sobre esta base, los consumidores refinanciaron una y otra vez y la disponibilidad de dinero incrementó el consumo. Morris indentifica tres tendencias como conducentes a la crisis: primero, hacia 2006, la propensión a desregular colocó a tres cuartas partes del volumen total de préstamos fuera de la supervisión de los reguladores. En segundo lugar, el seguro sobre los créditos hizo que los prestadores originales no tuvieran ningún incentivo para evitar a los solicitantes no calificados. Finalmente, los bancos y las agencias de calificación de crédito aceptaron el principio de que todo riesgo puede compensarse con mayores intereses. A medida que la porción financiada crecía, disminuía la posibilidad de muchos propietarios de hacer frente a sus cuotas. Para el momento en que el mercado registró que el valor de las propiedades estaba inflado y los precios se precipitaron, mucha gente se encontró que no podía hacer frente a sus deudas y que sus casas ya no tenían capital excedente. Morris advierte que la crisis crediticia no se limita a las hipotecas, sino que ha infectado todo el espectro del mercado inmobiliario y financiero. "Una suposición razonable -escribe- es que las pérdidas totales en concepto de defaults, depreciaciones sobre hipotecas de todo tipo, junk bonds , tarjetas de crédito y préstamos automotrices estarán en el orden del billón de dólares." Por primera vez desde 1945, la deuda hipotecaria total de los norteamericanos excede el valor de sus propiedades. La Casa Blanca ha apostado al plan de estímulo fiscal por 168.000 millones de dólares para reanimar el consumo. Morris es menos optimista. Para él, la recuperación podría tomar una década.
Por Mario Diament
Para La Nación
Sábado 29 de marzo de 2008
MIAMI.- A comienzos de 2007, cuando el gobierno exultaba de optimismo por la marcha de la economía y el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, testimoniaba ante el Congreso que la economía norteamericana tenía "la perfecta proporción de inflación, crecimiento y empleo", Charles R. Morris veía un cuadro diferente. Para él, la euforia era ilusoria y la crisis que se venía sería como "la madre de todos los quebrantos". Así se lo escribió a su editor en un correo electrónico que le envió en febrero de 2007, anticipándole que el cataclismo se precipitaría "para el verano de 2008". Por qué Morris, un abogado y ex banquero de inversiones, vio lo que los demás no vieron es una cuestión de perspectiva. Autor de una decena de libros sobre temas económicos y financieros y colaborador de publicaciones como The New York Times , The Wall Street Journal y The Atlantic Monthly , era también, para el momento en que formuló su predicción, vicepresidente de una empresa que desarrollaba software para bancos y fondos de inversión libre. Desde esa privilegiada posición podía observar la peligrosa bicicleta financiera que estaba teniendo lugar y que concluiría en la debacle del mercado de créditos subprime . El crédito subprime es un tipo de hipoteca que se ofrece a compradores de propiedades considerados riesgosos y a quienes se les aplica un interés mayor. Su bonanza era alentada desde fines de la década pasada por Wall Street, que veía la posibilidad de transformar el mercado hipotecario de un negocio local en uno donde inversores de todo el mundo podrían participar. Armado de las pruebas sobre su pronóstico, Morris se abocó a escribir un libro que acaba de aparecer, donde traza un impecable cuadro de los síntomas de la crisis y una radiografía de sus consecuencias. El libro se titula The Trillion Dollar Meltdown: Easy Money, High Rollers and the Great Credit Crash (La fusión del billón de dólares: Dinero fácil, apostadores fuertes y el gran quebranto crediticio) y, en él, Morris describe la evolución de la economía a partir de los atentados del 11 de Septiembre de 2001 y del estallido de la burbuja de los punto.com, y hasta noviembre de 2007. "La recuperación fue construida en torno de los consumidores, lo cual parece sensible, teniendo en cuenta la excesiva inversión de los años de la burbuja tecnológica", escribe Morris. Pero había dos problemas: "Los norteamericanos compran ropa, artículos del hogar, autos y repuestos y hasta la madera de sus casas en el exterior, de manera que el crecimiento del consumo correspondía a un crecimiento similar en el déficit comercial. Peor aún, el ahorro personal se encontraba en los niveles más bajos desde la Depresión de 1930, lo que no parecía preocupar al presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, en vista de que los norteamericanos tenían un enorme capital depositado en sus casas." Este capital se convirtió en la principal fuente de toma de dinero. Con bajas tasas de interés y fácil acceso al crédito, el valor de las casas y departamentos se duplicó entre el 2000 y 2005. Sobre esta base, los consumidores refinanciaron una y otra vez y la disponibilidad de dinero incrementó el consumo. Morris indentifica tres tendencias como conducentes a la crisis: primero, hacia 2006, la propensión a desregular colocó a tres cuartas partes del volumen total de préstamos fuera de la supervisión de los reguladores. En segundo lugar, el seguro sobre los créditos hizo que los prestadores originales no tuvieran ningún incentivo para evitar a los solicitantes no calificados. Finalmente, los bancos y las agencias de calificación de crédito aceptaron el principio de que todo riesgo puede compensarse con mayores intereses. A medida que la porción financiada crecía, disminuía la posibilidad de muchos propietarios de hacer frente a sus cuotas. Para el momento en que el mercado registró que el valor de las propiedades estaba inflado y los precios se precipitaron, mucha gente se encontró que no podía hacer frente a sus deudas y que sus casas ya no tenían capital excedente. Morris advierte que la crisis crediticia no se limita a las hipotecas, sino que ha infectado todo el espectro del mercado inmobiliario y financiero. "Una suposición razonable -escribe- es que las pérdidas totales en concepto de defaults, depreciaciones sobre hipotecas de todo tipo, junk bonds , tarjetas de crédito y préstamos automotrices estarán en el orden del billón de dólares." Por primera vez desde 1945, la deuda hipotecaria total de los norteamericanos excede el valor de sus propiedades. La Casa Blanca ha apostado al plan de estímulo fiscal por 168.000 millones de dólares para reanimar el consumo. Morris es menos optimista. Para él, la recuperación podría tomar una década.
El campo y su dignidad; el gobierno y su soberbia
El campo y su dignidad; el gobierno y su soberbia.
Por Jorge R. Enríquez
El campo se puso de pie sobre su dignidad y el gobierno se paró sobre la soberbia.
Los pseudo-progresistas que nos gobiernan atrasan tantas décadas en su pensamiento que siguen creyendo que el campo es el culpable de nuestras desgracias y que los productores rurales son oligarcas que viven, en castillos parisinos, de las rentas que les dan las vacas, que engordan solas. Hasta deben creer que viajan a Europa en suntuosos transatlánticos, llevando estos nobles animales para que les den leche fresca durante la travesía. Esa visión, además de ofensiva para las familias que trabajan de sol a sol en nuestros campos, es producto de una supina ignorancia. Quienes más sufren las arbitrarias retenciones a las exportaciones no son los grandes empresarios, sino los pequeños. Son ellos, los que viven de su trabajo, los que han dicho basta. Este progresismo a la violeta debería agradecerle al campo. Sin él, sin la tecnificación que tuvo en las últimas décadas, no se habrían podido aprovechar las excepcionales circunstancias económicas del mundo actual, signadas por un aumento extraordinario de los precios de las materias primas. Lo inteligente, cuando se tiene una ventaja competitiva tan grande, es sacarle provecho. Si hay altos precios, mucho mejor. Es la señal para que se invierta en ese sector y se multiplique la producción, lo que a su turno se traduce en mayores puestos de trabajo, más riqueza y mayores recursos fiscales por la simple aplicación de los tributos ordinarios. Nuestros cráneos progresistas -o, hablando en términos rigurosos, retardatarios- obraron al revés. Penalizaron al campo por ser eficiente, producir mucho y, para colmo, querer ganar dinero. La consecuencia ya se ve en el mercado de las carnes. En un par de años empezaremos a importar carnes del Uruguay y otros países. Sí, leyó bien: la Argentina, el país de la carne, tendrá que importarla. El populismo mira sólo el día siguiente. Quiere mantener bajos precios, para que aún los ricos puedan comer un lomo a valores insignificantes. Mientras los países exitosos del mundo incentivan la exportación, nosotros la tratamos como si fuera un delito. Se intenta justificar estos abusos con la idea de mantener el precio bajo para el consumo local. Pero ya se les cayó la careta: al subir las retenciones de la soja, que se exporta íntegramente porque no se consume en nuestro país, han revelado la finalidad sólo fiscalista de la medida. Un fiscalismo, además, perverso, porque esos recursos no son coparticipables, es decir, engrosan la caja central del matrimonio gobernante, esa que les sirve para salir de compras y adquirir gobernadores, intendentes, etc. Contra lo que repiten en estos días los voceros del oficialismo, el campo nada le debe a este gobierno. En efecto: 1) La devaluación fue dispuesta por Duhalde, contra la opinión de Kirchner, que aún a principios de 2002 sostenía que había que mantener el 1 a 1. Sí, esto es así, pero no se lo van a decir los medios anestesiados por el gobierno; 2) Los precios de las materias primas subieron espectacularmente en los últimos años. Esos precios se determinan por condiciones de oferta y demanda en el mundo. Los Kirchner en nada inciden en ellos; 3) A su vez, esos precios a una tasa de cambio conveniente pudieron ser aprovechados por la modernización y tecnificación del campo en los años anteriores. Nuevamente, el matrimonio presidencial no tuvo la menor influencia en el aumento de la producción del campo. Si la tuvo, en cambio, en el hecho de que esa producción no fuera aún mayor. Fueron las retenciones, las prohibiciones de exportación y es ahora la desbocada inflación los factores limitativos del incremento de la producción. Frente al ahogo fiscal, los hombres y las mujeres del campo vienen intentando dialogar con las autoridades. Es inútil. El ministro de Economía se niega a recibirlos. No será por falta de tiempo, ya que es común verlo en estadios de tenis o de fútbol, o en acontecimientos sociales, en los que agita su cabellera al ritmo de la música hasta la madrugada). Entonces, apelaron al método largamente legitimado por este gobierno: el corte de rutas y los piquetes. Estoy en contra de los cortes de rutas. Lo dije siempre y lo reitero ahora, pese a la simpatía que tengo por la causa de los productores rurales. No es un método admisible en un estado de derecho. Pero si hay alguien que no puede decir una sola palabra en contra de él, es precisamente el gobierno, que toleró y aún impulsó piquetes, siempre -claro- que fueran piquetes oficialistas. Da risa escuchar a los funcionarios oficiales protestar contra la restricción a la libre circulación. ¿Y qué han hecho ahora, cuando los cortes no son hechos por sus aliados? Lo peor que podía imaginarse. Lo mandaron al Ministro de Piquetes, Hugo Moyano, a disolver aquellos que no les gustan. Es decir, transformaron a un sindicato en un grupo parapolicial. Si todavía no pasó nada grave es por la prudencia de los productores rurales. Pero se viven momentos de tensión que el gobierno, lejos de contribuir a pacificar, atiza. La sorprendente movilización de los porteños y de los habitantes de otros grandes centros urbanos en solidaridad con los argentinos que trabajan en el campo resultó conmovedora. No se reclamaba por un interés propio, sino contra el autoritarismo, la soberbia, la prepotencia, el matonismo. En definitiva, se pedía ni más ni menos que la vigencia del estado de derecho. Las palabras de la Sra. Presidente, largamente esperadas, fueron de una torpeza difícil de imaginar en alguien de su investidura. No hay tal "abundancia" en las mujeres y los hombres que esforzadamente laboran nuestra tierra. En cualquier caso, el capital que algunos de ellos hayan reunido tiene un origen legítimo y transparente. No todos pueden decir lo mismo. El oficialismo reaccionó frente a una manifestación pacífica y familiar de la peor manera posible: liberó la zona de Plaza de Mayo y envió a sembrar el terror a sus fuerzas de choque, conducidas por el asaltante de comisarías, Luis D´Elía. En lugar de pacificar y de llamar a la concordia, encendieron una mecha de odio que no será fácil apagar. El hastío de vastos sectores sociales es ya evidente. Falta aún canalizarlo de manera constructiva, para que nuestros hijos adviertan que hay un camino distinto que el patoterismo y la corrupción.
jrenriquez2000@yahoo.com.ar
Por Jorge R. Enríquez
El campo se puso de pie sobre su dignidad y el gobierno se paró sobre la soberbia.
Los pseudo-progresistas que nos gobiernan atrasan tantas décadas en su pensamiento que siguen creyendo que el campo es el culpable de nuestras desgracias y que los productores rurales son oligarcas que viven, en castillos parisinos, de las rentas que les dan las vacas, que engordan solas. Hasta deben creer que viajan a Europa en suntuosos transatlánticos, llevando estos nobles animales para que les den leche fresca durante la travesía. Esa visión, además de ofensiva para las familias que trabajan de sol a sol en nuestros campos, es producto de una supina ignorancia. Quienes más sufren las arbitrarias retenciones a las exportaciones no son los grandes empresarios, sino los pequeños. Son ellos, los que viven de su trabajo, los que han dicho basta. Este progresismo a la violeta debería agradecerle al campo. Sin él, sin la tecnificación que tuvo en las últimas décadas, no se habrían podido aprovechar las excepcionales circunstancias económicas del mundo actual, signadas por un aumento extraordinario de los precios de las materias primas. Lo inteligente, cuando se tiene una ventaja competitiva tan grande, es sacarle provecho. Si hay altos precios, mucho mejor. Es la señal para que se invierta en ese sector y se multiplique la producción, lo que a su turno se traduce en mayores puestos de trabajo, más riqueza y mayores recursos fiscales por la simple aplicación de los tributos ordinarios. Nuestros cráneos progresistas -o, hablando en términos rigurosos, retardatarios- obraron al revés. Penalizaron al campo por ser eficiente, producir mucho y, para colmo, querer ganar dinero. La consecuencia ya se ve en el mercado de las carnes. En un par de años empezaremos a importar carnes del Uruguay y otros países. Sí, leyó bien: la Argentina, el país de la carne, tendrá que importarla. El populismo mira sólo el día siguiente. Quiere mantener bajos precios, para que aún los ricos puedan comer un lomo a valores insignificantes. Mientras los países exitosos del mundo incentivan la exportación, nosotros la tratamos como si fuera un delito. Se intenta justificar estos abusos con la idea de mantener el precio bajo para el consumo local. Pero ya se les cayó la careta: al subir las retenciones de la soja, que se exporta íntegramente porque no se consume en nuestro país, han revelado la finalidad sólo fiscalista de la medida. Un fiscalismo, además, perverso, porque esos recursos no son coparticipables, es decir, engrosan la caja central del matrimonio gobernante, esa que les sirve para salir de compras y adquirir gobernadores, intendentes, etc. Contra lo que repiten en estos días los voceros del oficialismo, el campo nada le debe a este gobierno. En efecto: 1) La devaluación fue dispuesta por Duhalde, contra la opinión de Kirchner, que aún a principios de 2002 sostenía que había que mantener el 1 a 1. Sí, esto es así, pero no se lo van a decir los medios anestesiados por el gobierno; 2) Los precios de las materias primas subieron espectacularmente en los últimos años. Esos precios se determinan por condiciones de oferta y demanda en el mundo. Los Kirchner en nada inciden en ellos; 3) A su vez, esos precios a una tasa de cambio conveniente pudieron ser aprovechados por la modernización y tecnificación del campo en los años anteriores. Nuevamente, el matrimonio presidencial no tuvo la menor influencia en el aumento de la producción del campo. Si la tuvo, en cambio, en el hecho de que esa producción no fuera aún mayor. Fueron las retenciones, las prohibiciones de exportación y es ahora la desbocada inflación los factores limitativos del incremento de la producción. Frente al ahogo fiscal, los hombres y las mujeres del campo vienen intentando dialogar con las autoridades. Es inútil. El ministro de Economía se niega a recibirlos. No será por falta de tiempo, ya que es común verlo en estadios de tenis o de fútbol, o en acontecimientos sociales, en los que agita su cabellera al ritmo de la música hasta la madrugada). Entonces, apelaron al método largamente legitimado por este gobierno: el corte de rutas y los piquetes. Estoy en contra de los cortes de rutas. Lo dije siempre y lo reitero ahora, pese a la simpatía que tengo por la causa de los productores rurales. No es un método admisible en un estado de derecho. Pero si hay alguien que no puede decir una sola palabra en contra de él, es precisamente el gobierno, que toleró y aún impulsó piquetes, siempre -claro- que fueran piquetes oficialistas. Da risa escuchar a los funcionarios oficiales protestar contra la restricción a la libre circulación. ¿Y qué han hecho ahora, cuando los cortes no son hechos por sus aliados? Lo peor que podía imaginarse. Lo mandaron al Ministro de Piquetes, Hugo Moyano, a disolver aquellos que no les gustan. Es decir, transformaron a un sindicato en un grupo parapolicial. Si todavía no pasó nada grave es por la prudencia de los productores rurales. Pero se viven momentos de tensión que el gobierno, lejos de contribuir a pacificar, atiza. La sorprendente movilización de los porteños y de los habitantes de otros grandes centros urbanos en solidaridad con los argentinos que trabajan en el campo resultó conmovedora. No se reclamaba por un interés propio, sino contra el autoritarismo, la soberbia, la prepotencia, el matonismo. En definitiva, se pedía ni más ni menos que la vigencia del estado de derecho. Las palabras de la Sra. Presidente, largamente esperadas, fueron de una torpeza difícil de imaginar en alguien de su investidura. No hay tal "abundancia" en las mujeres y los hombres que esforzadamente laboran nuestra tierra. En cualquier caso, el capital que algunos de ellos hayan reunido tiene un origen legítimo y transparente. No todos pueden decir lo mismo. El oficialismo reaccionó frente a una manifestación pacífica y familiar de la peor manera posible: liberó la zona de Plaza de Mayo y envió a sembrar el terror a sus fuerzas de choque, conducidas por el asaltante de comisarías, Luis D´Elía. En lugar de pacificar y de llamar a la concordia, encendieron una mecha de odio que no será fácil apagar. El hastío de vastos sectores sociales es ya evidente. Falta aún canalizarlo de manera constructiva, para que nuestros hijos adviertan que hay un camino distinto que el patoterismo y la corrupción.
jrenriquez2000@yahoo.com.ar
Un giro hacia la prehistoria económica
Un giro hacia la prehistoria económica
Los sucesivos gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner no parecen tener en mente a Deng Xiaoping, sino a Perón.
Llama mucho la atención que el joven ministro de Economía argentino, Martín Lousteau, graduado en prestigiosas universidades de EE.UU., esté tan embarcado en complacer la equivocada senda elegida por el matrimonio Kirchner. Lousteau era visto como la persona que daría cierta racionalidad y modernidad a la conducción económica. El nuevo esquema mundial, con China e India demandando alimentos y materias primas, es una oportunidad única para países tan ricos en productos como Argentina, salvo si insisten en aferrarse a esquemas arcaicos de control estatal y proteccionismo. Mientras China se especializa en productos manufacturados que exporta, India ha optado por el área de los servicios y destaca en la alta tecnología computacional. Y ambos gigantes necesitan importar enormes cantidades de materias primas y productos agropecuarios. Pero los sucesivos gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner no parecen tener en mente a Deng Xiaoping, sino a Perón, quien planteaba bajos precios artificiales para mantener contento al pueblo y compensar la ineficiencia de las industrias nacionales. Su lema era agrandar el Estado y proteger la industria, aunque no fuera competitiva. Pocos piensan hoy así. Pero todo indica que los Kirchner siguen admirando ese anticuado modelo de ganar votos con precios artificiales. Justo al revés de lo que conviene a Argentina: desarrollar una industria agropecuaria cada vez más competitiva. Los Kirchner parecen querer revivir también las prácticas del ex jefe de la Cepal Raúl Prebisch, otro argentino equivocado como Perón, que convenció a muchos latinoamericanos de aplicar un modelo proteccionista y de sustitución de importaciones, que mantuvo a la región por años en el atraso. El sistema de retenciones (impuestos) sobre las exportaciones agropecuarias lo inició el ex Presidente Duhalde para compensar la devaluación del peso, en un momento límite de Argentina. No hubo tanta resistencia del sector agrícola, porque se comprendía lo excepcional del momento. Pero después, el Presidente Kirchner aumentó el gasto público y lo financió con aún mayores impuestos a las exportaciones. Primero al trigo y la carne, y después vino el zarpazo a la soja, en la que se habían refugiado los productores agrícolas. Ambos gobiernos Kirchner han tratado de encubrir así una inflación muy superior a la reconocida oficialmente. Las centrales agropecuarias se han unido en protesta contra un gobierno que aumentó el gasto público en un 60% durante el 2007, y que quiere preservar el superávit con vetustos métodos.
Fuente: El Mercurio (Chile)
Los sucesivos gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner no parecen tener en mente a Deng Xiaoping, sino a Perón.
Llama mucho la atención que el joven ministro de Economía argentino, Martín Lousteau, graduado en prestigiosas universidades de EE.UU., esté tan embarcado en complacer la equivocada senda elegida por el matrimonio Kirchner. Lousteau era visto como la persona que daría cierta racionalidad y modernidad a la conducción económica. El nuevo esquema mundial, con China e India demandando alimentos y materias primas, es una oportunidad única para países tan ricos en productos como Argentina, salvo si insisten en aferrarse a esquemas arcaicos de control estatal y proteccionismo. Mientras China se especializa en productos manufacturados que exporta, India ha optado por el área de los servicios y destaca en la alta tecnología computacional. Y ambos gigantes necesitan importar enormes cantidades de materias primas y productos agropecuarios. Pero los sucesivos gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner no parecen tener en mente a Deng Xiaoping, sino a Perón, quien planteaba bajos precios artificiales para mantener contento al pueblo y compensar la ineficiencia de las industrias nacionales. Su lema era agrandar el Estado y proteger la industria, aunque no fuera competitiva. Pocos piensan hoy así. Pero todo indica que los Kirchner siguen admirando ese anticuado modelo de ganar votos con precios artificiales. Justo al revés de lo que conviene a Argentina: desarrollar una industria agropecuaria cada vez más competitiva. Los Kirchner parecen querer revivir también las prácticas del ex jefe de la Cepal Raúl Prebisch, otro argentino equivocado como Perón, que convenció a muchos latinoamericanos de aplicar un modelo proteccionista y de sustitución de importaciones, que mantuvo a la región por años en el atraso. El sistema de retenciones (impuestos) sobre las exportaciones agropecuarias lo inició el ex Presidente Duhalde para compensar la devaluación del peso, en un momento límite de Argentina. No hubo tanta resistencia del sector agrícola, porque se comprendía lo excepcional del momento. Pero después, el Presidente Kirchner aumentó el gasto público y lo financió con aún mayores impuestos a las exportaciones. Primero al trigo y la carne, y después vino el zarpazo a la soja, en la que se habían refugiado los productores agrícolas. Ambos gobiernos Kirchner han tratado de encubrir así una inflación muy superior a la reconocida oficialmente. Las centrales agropecuarias se han unido en protesta contra un gobierno que aumentó el gasto público en un 60% durante el 2007, y que quiere preservar el superávit con vetustos métodos.
Fuente: El Mercurio (Chile)
CÓMO NOS VA POR SER “VIVOS”.
CÓMO NOS VA POR SER “VIVOS”.
Por Alberto Asseff
Aunque lo disimulemos, todos alardeamos de nuestra "viveza". Algunos, hoscamente. Con chabacanería. Otros, más recatadamente. Con embozo. Empero, campea esa condición de que somos gente "viva". Ingeniosa, pero no tanto para innovar, solucionar, progresar, sino para transgredir, sacar ventaja, saltear reglas. Para acomodarse, trepando. Para sortear los pasos del mérito y de la carrera. Para ganar abruptamente, aun dejando a la vera del camino algunas cabezas y muchas sanas esperanzas de los congéneres.
Lo comprobamos en todos lados. Sea en la actividad laboral, sea en la calle, sea en un espectáculo, sea manipulando el Indec. Todavía no hemos sido capaces de instaurar la carrera administrativa en serio en la Administración pública. En los 2000 municipios se entra por influencia, amiguismo o liso y llano acomodo. Prácticamente lo mismo acaece en las 24 jurisdicciones federales y en el mismísimo Estado nacional. Ciertamente, casi por milagro, disponemos de jefes de departamento y sus equivalentes que saben de los arcanos burocráticos y tienen acreditado avezamiento. Pero la regla es que la mano amiga o influyente franquea el pórtico del Estado. El primer resultado es que la Administración es espantosamente pesada, ineficiente, nada servicial, muy distraída, irritantemente burocrática, mediocre, carente de iniciativa. Es, en síntesis, un sitio para vegetar con paga asegurada. Es la consecuencia de la "viveza" del acomodo como sistema. Análogamente, a pesar de los formales esfuerzos de los Consejos de la Magistratura, está plagado de jueces que arribaron por la mano mágica del amigo y no por el concurso de sapiencia y por el curriculum. El efecto es la Justicia que poseemos, con sus pasmosas morosidades y con su denunciada falta de vendas para fallar sin parcialidad y con absoluta ética. Hemos judicializado la calle como herramienta para obtener nuestros reclamos. El piquete es el nuevo juez sin nombramiento. Somos tan "vivos" que no permitimos que los otros vivan y trabajen en paz. Somos tan "vivos" que tenemos más médicos por habitantes que Suecia. Hay veinte por cuadra en el Barrio Norte porteño, pero ni uno en 100 km a la redonda en El Impenetrable o en la Puna. Padecemos de la cultura de la ilegalidad. Violar leyes es hasta un deporte aburrido a esta altura. La derivación devastadora es que nos saqueamos con total impunidad. La Justicia está abarrotada de procesos penales por hechos menores, pero los asuntos elefantescos gambetean la punición con habilidad mágica. O se llenan de fojas hasta alcanzar la meta de la prescripción -es decir el cese de la pretensión punitiva del Estado- o nunca llegan al expediente, diluyéndose por el arte del poder que todo lo logra. El ser quebrantadores de la ley nos inhabilita para conformar una convivencia elemental. Si dejamos todo librado al mercado es un viva la Pepa. Si intentamos regular las cosas, también. Otro resultado de nuestra viveza. Como somos “vivos” hemos traducido a letra muerta el mandato federal de nuestra Constitución. Hoy nuestro unitarismo real transforma a Rivadavia en un adalid del federalismo. Esa viveza obtiene el milagro de que se le saque a las provincias miles de millones de pesos y después se las “ayude” con anuncios desde el atril del Salón Blanco. Si partimos de nuestros ámbitos urbanos para gozar del oxígeno, del paisaje y de la novedad, compartiéndolo con la familia, corremos el riesgo cada vez más atormentante de que devenga en una tragedia. No sabemos si el vehículo que va a nuestro lado está técnicamente apto, ignoramos si el chofer del ómnibus o del camión se dio una festichola de alcohol y carne o si ha dormido lo suficiente. Como somos "vivos" todo esto es una lotería, no un orden establecido. Como somos "vivos" precisamente estamos embarullados en el desorden. No vaya a ser que se nos enrostre fascismo por aludir al orden. Los "vivos" prosperan en el berenjenal y en el barro, no en las reglas. Zonzos son los suecos o los suizos que tediosamente viven con arreglo a las normas. Nosotros somos "vivos". Por eso no hay paseo público ni patrimonio común que soporte a nosotros, los "vivos". Las langostas en banda tienen más respeto que una recua de "vivos" con botella y pizza en mano. Y algún aerosol para dejar la marca del paso por el espacio público. La posteridad deberá saber de nuestra "viva" presencia. Nuestra "viveza" nos ha conducido a reabrir el pasado en vez de dejar que entierre a sus muertos. Estos "vivos" del Sur estamos envueltos y revueltos por infaustos hechos de hace 35 años. Mientras, el futuro está ahí, incierto, sin labradores que lo vayan construyendo. Recreamos, seguramente por ser tan "vivos", los debates arcaicos de índole ideológica, esos que hasta Mongolia sepultó. De ahí el frenesí con el que nos aferramos a las antinomias. Hasta el punto de hacer de un chacarero un oligarca. Somos tan "avivados" que reprendemos verbalmente y castigamos al bolsillo de los creadores de riqueza y a los emprendedores en lugar de ponerles sólo el coto del bien general, pero siempre en el marco de estímulos. Así, los "vivos" hace tiempo que repartimos pobreza. En algún momento esta cultura de la "viveza" promovió un proceso aciago de deseducación. El que era el país más señorial del hemisferio sur por su educación se ha venido tribalizando. Lo que eran ciudadanos se van asemejando a turbas. Duele porque son nuestros hermanos argentinos. La política está saturada de "vivos". Lo mismo los sindicatos, el comercio, el deporte profesional. Todo. Así nos va. El amor a una camiseta puede amparar las negociaciones más espurias. La deslealtad comercial puede ser moneda corriente. La política y los sindicatos fuentes inagotables de riqueza sin la santidad del trabajo digno y lícito. Así, en lugar de servidores públicos, nos laceran codiciosos sin límites, dedicados a poner parches a los problemas colectivos y bienes en sus arcas personales. Como somos "vivos" no se nos ocurre planificar, con cierto sacrificio, algunas estrategias de mediano plazo, tales como un plan demográfico para evitar la desequilibrante concentración de la población en algunas áreas o, más ambicioso en sus miras, un verdadero programa de desarrollo integral. Los "vivos" sobreviven en el día a día. Es de "zonzos" pensar en el futuro. Que los que sobrevengan se las arreglen como puedan. Para eso está nuestro legado de "viveza", transmitido de generación en generación. El colofón es muy simple y conlleva un clamor: para poder vivir como colectivo nacional es hora de apearse definitivamente de ser "vivos". La esperanza esta en los millones de argentinos que viven sin ser “vivos”. Por ahora, los protagonistas casi monopólicos son los otros, los “vivos”. Los resultados de la "viveza" son demoledores. Es tiempo de experimentar el modo antitético, es decir vivir en la ley, el trabajo, el esfuerzo, el mérito y los valores. Nos va a ir muchísimo mejor.
Por Alberto Asseff
Aunque lo disimulemos, todos alardeamos de nuestra "viveza". Algunos, hoscamente. Con chabacanería. Otros, más recatadamente. Con embozo. Empero, campea esa condición de que somos gente "viva". Ingeniosa, pero no tanto para innovar, solucionar, progresar, sino para transgredir, sacar ventaja, saltear reglas. Para acomodarse, trepando. Para sortear los pasos del mérito y de la carrera. Para ganar abruptamente, aun dejando a la vera del camino algunas cabezas y muchas sanas esperanzas de los congéneres.
Lo comprobamos en todos lados. Sea en la actividad laboral, sea en la calle, sea en un espectáculo, sea manipulando el Indec. Todavía no hemos sido capaces de instaurar la carrera administrativa en serio en la Administración pública. En los 2000 municipios se entra por influencia, amiguismo o liso y llano acomodo. Prácticamente lo mismo acaece en las 24 jurisdicciones federales y en el mismísimo Estado nacional. Ciertamente, casi por milagro, disponemos de jefes de departamento y sus equivalentes que saben de los arcanos burocráticos y tienen acreditado avezamiento. Pero la regla es que la mano amiga o influyente franquea el pórtico del Estado. El primer resultado es que la Administración es espantosamente pesada, ineficiente, nada servicial, muy distraída, irritantemente burocrática, mediocre, carente de iniciativa. Es, en síntesis, un sitio para vegetar con paga asegurada. Es la consecuencia de la "viveza" del acomodo como sistema. Análogamente, a pesar de los formales esfuerzos de los Consejos de la Magistratura, está plagado de jueces que arribaron por la mano mágica del amigo y no por el concurso de sapiencia y por el curriculum. El efecto es la Justicia que poseemos, con sus pasmosas morosidades y con su denunciada falta de vendas para fallar sin parcialidad y con absoluta ética. Hemos judicializado la calle como herramienta para obtener nuestros reclamos. El piquete es el nuevo juez sin nombramiento. Somos tan "vivos" que no permitimos que los otros vivan y trabajen en paz. Somos tan "vivos" que tenemos más médicos por habitantes que Suecia. Hay veinte por cuadra en el Barrio Norte porteño, pero ni uno en 100 km a la redonda en El Impenetrable o en la Puna. Padecemos de la cultura de la ilegalidad. Violar leyes es hasta un deporte aburrido a esta altura. La derivación devastadora es que nos saqueamos con total impunidad. La Justicia está abarrotada de procesos penales por hechos menores, pero los asuntos elefantescos gambetean la punición con habilidad mágica. O se llenan de fojas hasta alcanzar la meta de la prescripción -es decir el cese de la pretensión punitiva del Estado- o nunca llegan al expediente, diluyéndose por el arte del poder que todo lo logra. El ser quebrantadores de la ley nos inhabilita para conformar una convivencia elemental. Si dejamos todo librado al mercado es un viva la Pepa. Si intentamos regular las cosas, también. Otro resultado de nuestra viveza. Como somos “vivos” hemos traducido a letra muerta el mandato federal de nuestra Constitución. Hoy nuestro unitarismo real transforma a Rivadavia en un adalid del federalismo. Esa viveza obtiene el milagro de que se le saque a las provincias miles de millones de pesos y después se las “ayude” con anuncios desde el atril del Salón Blanco. Si partimos de nuestros ámbitos urbanos para gozar del oxígeno, del paisaje y de la novedad, compartiéndolo con la familia, corremos el riesgo cada vez más atormentante de que devenga en una tragedia. No sabemos si el vehículo que va a nuestro lado está técnicamente apto, ignoramos si el chofer del ómnibus o del camión se dio una festichola de alcohol y carne o si ha dormido lo suficiente. Como somos "vivos" todo esto es una lotería, no un orden establecido. Como somos "vivos" precisamente estamos embarullados en el desorden. No vaya a ser que se nos enrostre fascismo por aludir al orden. Los "vivos" prosperan en el berenjenal y en el barro, no en las reglas. Zonzos son los suecos o los suizos que tediosamente viven con arreglo a las normas. Nosotros somos "vivos". Por eso no hay paseo público ni patrimonio común que soporte a nosotros, los "vivos". Las langostas en banda tienen más respeto que una recua de "vivos" con botella y pizza en mano. Y algún aerosol para dejar la marca del paso por el espacio público. La posteridad deberá saber de nuestra "viva" presencia. Nuestra "viveza" nos ha conducido a reabrir el pasado en vez de dejar que entierre a sus muertos. Estos "vivos" del Sur estamos envueltos y revueltos por infaustos hechos de hace 35 años. Mientras, el futuro está ahí, incierto, sin labradores que lo vayan construyendo. Recreamos, seguramente por ser tan "vivos", los debates arcaicos de índole ideológica, esos que hasta Mongolia sepultó. De ahí el frenesí con el que nos aferramos a las antinomias. Hasta el punto de hacer de un chacarero un oligarca. Somos tan "avivados" que reprendemos verbalmente y castigamos al bolsillo de los creadores de riqueza y a los emprendedores en lugar de ponerles sólo el coto del bien general, pero siempre en el marco de estímulos. Así, los "vivos" hace tiempo que repartimos pobreza. En algún momento esta cultura de la "viveza" promovió un proceso aciago de deseducación. El que era el país más señorial del hemisferio sur por su educación se ha venido tribalizando. Lo que eran ciudadanos se van asemejando a turbas. Duele porque son nuestros hermanos argentinos. La política está saturada de "vivos". Lo mismo los sindicatos, el comercio, el deporte profesional. Todo. Así nos va. El amor a una camiseta puede amparar las negociaciones más espurias. La deslealtad comercial puede ser moneda corriente. La política y los sindicatos fuentes inagotables de riqueza sin la santidad del trabajo digno y lícito. Así, en lugar de servidores públicos, nos laceran codiciosos sin límites, dedicados a poner parches a los problemas colectivos y bienes en sus arcas personales. Como somos "vivos" no se nos ocurre planificar, con cierto sacrificio, algunas estrategias de mediano plazo, tales como un plan demográfico para evitar la desequilibrante concentración de la población en algunas áreas o, más ambicioso en sus miras, un verdadero programa de desarrollo integral. Los "vivos" sobreviven en el día a día. Es de "zonzos" pensar en el futuro. Que los que sobrevengan se las arreglen como puedan. Para eso está nuestro legado de "viveza", transmitido de generación en generación. El colofón es muy simple y conlleva un clamor: para poder vivir como colectivo nacional es hora de apearse definitivamente de ser "vivos". La esperanza esta en los millones de argentinos que viven sin ser “vivos”. Por ahora, los protagonistas casi monopólicos son los otros, los “vivos”. Los resultados de la "viveza" son demoledores. Es tiempo de experimentar el modo antitético, es decir vivir en la ley, el trabajo, el esfuerzo, el mérito y los valores. Nos va a ir muchísimo mejor.
viernes 28 de marzo de 2008
El Gobierno de la Ineficiencia
EL GOBIERNO DE LA INEFICIENCIA
Ciudad Autónoma de Buenos Aires Marzo de 2008
Sra. Presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner:
S---------------------/----------------------D
Señora Presidenta, me dirijo a Ud.. con el fin de manifestarle mi rechazo (Similar al de un sector importante de los argentinos) a muchas medidas, adoptadas por funcionarios en gestión-, por considerar que muchas de ellas son contrarias- al beneficio y los intereses de la ciudadanía. La violación de los derechos más elementales de los ciudadanos, es, en nuestros días, la regla. Ya no llama la atención y casi pareciera no provocar malestar ni sorpresa-¿debemos los argentinos entender que sólo cabe la resignación ante los abusos, mentiras e incumplimiento de los funcionarios y del gobierno en general??? El pago de los impuestos, en los países civilizados-ES- un contrato entre la ciudadanía y los gobernantes. Pagar, es una responsabilidad ineludible para todos los ciudadanos, es que se trata en concreto de una cuestión de índole moral que convierte a quien elude esta obligación en un individuo marginal, casi un ser despreciable, pero para quien cumple lo convierte en acreedor a los servicios de educación, salud, justicia, seguridad y todo lo inherente a la —cumplida y merecida— seguridad social. En nuestro país, en cambio, la recaudación impositiva, es PARTE DEL BOTÍN ELECTORAL, quien domina un territorio, busca al mejor recaudador, emplea los métodos que cree más efectivos así se tenga que llegar a la extorsión o a medidas anticonstitucionales para someter a quien no se deje estafar. (Santiago Montoya moroso incobrable con deuda de más de u$d. 300.000 al Banco de la Provincia de Buenos Aires ). Seguramente, Ud. entenderá que estoy abogando por los evasores, nada más lejano a la realidad, simplemente, quiero decir que nadie puede exigir comportamientos éticos y morales cuando desde el mismísimo poder conferido a nuestros “representantes” para gobernar, administrar el patrimonio y las vidas de todos los argentinos, se actúa con inmoralidad, excesos, desprejuicio y el abuso en forma cotidiana. El derecho a recaudar, viene acompañado de obligaciones, se trata de un contrato implícito como manifestara “ut supra”. El ciudadano paga sus impuestos; el Estado, provee al ciudadano de los servicios esenciales para el desarrollo de una vida en sociedad: SALUD, EDUCACIÓN, SEGURIDAD, JUSTICIA, Y LA ASISTENCIA SOCIAL NECESARIA. El incumplimiento total o parcial de un contrato en la actividad privada, este delito, se caratula como INCUMPLIMIENTO DE CONTRATO y está penado por la ley. La reiteración de este delito, es DEFRAUDACIÓN. Si entiendo que la educación estatal —ha llegado a ser— pésima, ¿debo educar a mi hijo en colegios privado? Si la salud de mi familia y la mía propia no pueden ser resguardadas por el sistema estatal ¿debo inexorablemente recurrir al sistema de salud privado? ...Capítulo aparte merece el tema de la justicia, no puedo reemplazar a la justicia por un servicio privado, precisamente (Valga la paradoja) porque un vasto sector de los argentinos hace años que vivimos privados de la justicia, en estado de absoluta indefensión jurídica e inseguridad pública o Sea en un Mercado del Conflicto-. ¿Debemos resignarnos y admitir que no nos corresponde? entonces la pregunta natural que cada argentino se hace es: ¿Para que pago mis impuestos?
Sra. Presidente, su discurso del martes 25 de Marzo dejó al descubierto muchas falencias , de su gabinete y propias, errores de todo tipo, y calibre, con una soberbia poco recomendable en un momento tan delicado y mucho menos para un gobernante que se presume democrático. Habla de no dejarse extorsionar y manda los “Camisas Negras del subdesarrollo” para ser más claros, sus milicias populares pagadas con los dineros de todos los argentinos a golpear a vecinos auto convocados sin organización alguna y en actitud totalmente legítima aunque a Ud. no le guste, ni le convenga, son las reglas de juego de la democracia y Ud. es la primera en no respetarlas, las imágenes de nuestro país que hoy está conociendo el mundo entero, reflejan una realidad que hasta hoy la prensa corrupta, silenciada a fuerza de dádivas, ocultaba, hoy, el planeta entero incorpora a nuestro país, como uno de los lugares donde no se puede invertir, ni vivir, hoy Sra. Presidente, sus “Ángeles Protectores” y Ud. misma terminaron de instalarnos entre las republiquetas indignas del respeto y la consideración de los países civilizados. Además de sentir vergüenza ajena por la prepotencia de su discurso , ver luego la imagen de Luis D’Elía asegurando que los vecinos lo habían golpeado, roto la camisa, y no les permitían pasar a ellos que venían pacíficamente, fue indignante, acusó a la gente allí auto convocada de ser los dueños de grandes extensiones de tierra y tratarse de la oligarquía argentina que estaba en la Plaza de Mayo intentando dar un golpe de estado. Algo similar a la toma de la Comisaría 26 , el mundo contra los pobres piqueteros. Sra. Presidenta, Ud. repudia y con válida razón a las “Triple A” que funcionaban bajo el amparo de un gobierno democrático, presidido por una mujer la Sra. María Estela Martínez de Perón, trate Ud. de no repetir aquella desgraciada experiencia. Se sabe con certeza, que el nombrado D’Elía lidera una fuerza de más de 300 hombres que posee armamento de guerra, con las correspondientes portaciones otorgadas por el RENAR, y que en éste momento, como quedó evidenciado, son su fuerza de choque, los hechos de violencia de éste grupo de tarea, podrían ser el inicio de un tipo de “TERRORISMO DE ESTADO” recuerde también, que en la década del 70 , antes del golpe del 24 de Marzo de 1976 los “Jóvenes idealistas” tenían en su haber más de 1200 muertes secuestros y torturas, a mi entender, aquella orgía de sangre fue el principal motivo que disparó aquella represión que hoy repudiamos todos los argentinos. Con vuestra actitud de intolerancia y provocación constante, sólo va a lograr reeditar aquella guerra civil. La compra sistemática por el poder político, a través de muy distintos medios de extorsión, prebendas y amenazas para sumir a los miembros del poder judicial . La sumisión del sistema judicial de nuestro país es inédita en un período promocionado hasta el hartazgo como democrático. La capitulación de jueces y fiscales ante los apremios de la clase dirigente llega a ser alarmante, si bien éste problema es de larga data y no comienza con la “Era Kirchner”, fue en este período cuando se acrecentó el sometimiento. La seguridad de los argentinos, hace rato que está seriamente vulnerada. Las causas son varias, pero la clase política no se hace cargo de su responsabilidad en el tema. Desde el principio de la “Era K”el “exceso de garantizmo”, sumado a la denigración continua y sistemática- a todos los integrantes de fuerzas armadas y de seguridad sigue profundizando la desintegración institucional y social argentina aumentando a términos insoportables la pérdida de identidad y soberanía individual, de grupo y nacional. Se nota claramente la intención de instalar la idea de que “todos somos responsables” de la situación, esa mentira, está acompañada de una prédica ideológica que pretende hacernos creer que los responsables de la degradación de nuestra sociedad, es culpa de todos los argentinos, -en la jerga ya instalada se llama Política de la inclusión y Política del Reflejo- pretendiendo a su vez exculpar a quienes desde hace años, con su corrupción, desaciertos y permisividad a problemas tan graves como la droga -y el delito institucional económico-, nos –llevó a la pérdida- y degradación- de generaciones enteras. Vuestra prepotencia, con una marcada negación de justicia, está llevando a la sociedad Argentina a límites y conductas “sin retorno” hacia una balcanización de la cual ustedes, políticos en funciones son los únicos culpables. Reemplazar el diálogo y la negociación por los atropellos que comete día a día su funcionario estrella Guillermo Moreno, nos aleja cada vez más de las soluciones reales. Los “acuerdos” logrados por vía de la extorsión, sólo sirvieron para el anuncio periodístico: casi nadie pudo comprar a los precios publicitados, con el agravante de que los consumidores pagamos las consecuencias de las “revanchas empresariales” motivo principal del desabastecimiento y aumento de precios desmedidos. La muestra más clara es el “Paro Agropecuario” que padecemos en nuestros días. Es injusto tratar de esquilmar a quienes por generaciones enteras se sacrificaron para lograr lo que tienen; cuando el sector pasó malos momentos, sequías, granizo o pestes que los arruinó económicamente, el estado siempre estuvo ausente, nadie –se solidarizó con ellos. Hoy, porque atraviesan un buen momento, contrariamente a los países civilizados que subsidian su agro, “nuestro” gobierno, cual sanguijuela, pretende castigarlos aplicándoles los impuestos más confiscatorios del planeta. Señora Presidenta; no se puede llevar adelante un país con la prepotencia como método y la extorsión como principal herramienta.. El hecho concreto de tener la mayoría en ambas cámaras legislativas, que además compiten en subordinación con el poder judicial, si bien sirve para facilitar la gestión de su gobierno, es inmoral , usarlo como herramienta para legalizar lo ilegítimo (Superpoderes ), no es bueno para la ciudadanía, espero que entienda Ud. que esto no es lo más digno ni justo para ningún sistema de gobierno Republicano y Democrático. Como podrá apreciar Sra. Presidenta, con el largo tiempo transcurrido desde la toma del control absoluto del oficialismo también en el Consejo de la Magistratura, no existe motivo alguno para alimentar la mínima esperanza de mejora, tanto en el plano moral como en el judicial. Sobre todo si se analiza la situación actual de nuestro sistema judicial, que por su corrupción estructural y sometimiento al Poder Ejecutivo se encuentra ubicado en segundo lugar entre países los de habla Hispana siendo superado en corrupción solo por Ecuador según estudios realizados por organismos internacionales, y aceptado en silencio por los mismos magistrados de nuestro país . Quien no se somete a la justicia y no cree en ella, no está facultado ni es digno de impartirla, sin embargo, el Dr. Norberto Oyarbide, con varias causas graves sin aclarar, habiendo estado en rebeldía, tiene en sus indignas manos, la facultad de “perdonar o condenar” según el mandato político para con amigos o adversarios. conferida por políticos tan corruptos como él que lo rescataron de un juicio político que con seguridad lo hubiera enviado a la cárcel. Quizás, desde su investidura, Sra. Presidente, pueda juzgar que la presente no sea adecuada e incluso, un tanto atrevida e impertinente, tratando de no ser irrespetuoso Sra. Le recuerdo que el respeto, al igual que el desprecio, se cimientan desde el ejemplo, por eso, quienes como Ud. han ganado legítimamente el derecho a gobernarnos, tienen forzosamente que aceptar tanto los privilegios como las obligaciones propios de la investidura que ostentan, los primeros, los usufructúan en toda su plenitud, pero en las obligaciones existen fallas muy importantes además de las ya mencionadas, como el manejo indiscriminado y sometimiento de los poderes legislativos y judicial, podemos agregar el engaño a la ciudadanía Ejemplo: El ex Presidente Néstor Kirchner aseguró a la ciudadanía que ya habían sido repatriados y se encontraban en el país los polémicos Fondos de la Provincia de Santa Cruz, los argentinos hace unos días nos enteramos que el ex Presidente nos mintió nos engañó con el consenso de todo su entorno y que Ud. Sra. Presidente como esposa, referente y sucesora política lo acompañó en su mentira , porque convengamos que por su cercanía no podía Ud. de ninguna manera ignorar que se nos estaba mintiendo. De la falta de consideración y las falsedades en las que incurre este gobierno, podríamos escribir un tratado, pero sólo voy a referirme al INDEC y la manipulación de los índices inflacionarios, si bien es obligación, darlos a conocer mensualmente, por una cuestión de respeto a la ciudadanía, no se debería anunciar con bombos y platillos índices del 0,5 % mensual, mientras padecemos una inflación que no nos permite y me refiero a TODOS los ciudadanos que trabajamos en la Argentina- tener una mesa digna. Para un pueblo es muy duro ser sometido, pero lo es mucho más, si a través del engaño, se le falta la consideración a la inteligencia y se pretende tomar a todos por tontos. Señora Presidenta con la presente quiero peticionar a Ud. el cese de las intromisiones y las presiones de los políticos de su órbita, en los trámites de causas judiciales, sobre todo las referidas a hechos de corrupción, lo cual resulta más que evidente. También, solicito a Ud. que terminen de ocultar como secreto de estado información y documentación que son de sumo interés e indispensables para otorgar transparencia y seguridad, a los actos de gobierno, por ejemplo no puede continuar siendo un secreto quienes fueron indemnizados por sufrir exilio o pérdida de familiares durante la última dictadura , por la sencilla razón que se los indemnizó con fondos públicos y existen casos puntuales sobre los que pesan serias dudas de legitimidad. De similar tratamiento debería ser toda la información concerniente a las declaraciones juradas como también lo referido a la formación profesional o cualquier estudio o capacitación, no debería ser un misterio que permita albergar la menor duda acerca de la validez del título que se obtuvo legalmente, tanto para un dirigente político como el del médico que cuida mi salud o el ingeniero que construye el edificio que alojará mi familia y está comprobado, que el único documento que verdaderamente legitima en forma fehaciente es el certificado analítico, ya que existen sobradas pruebas sobre el otorgamiento de títulos que si bien son de factura legal, son ilegítimos por haber sido concedido en forma irregular. En su caso personal, me enteré que un periodista llamado Christian Sanz, intentó averiguar sobre sus estudios y el otorgamiento del título de abogada en la Universidad de La Plata y se encontró con todo tipo de negativas de parte de los directivos de dicha casa de estudios, preservan como si se tratara de un secreto de estado, algo que tendría que estar al alcance de cualquier ciudadano que lo requiriera. Este periodista, inició un trámite judicial para conocer los detalles de sus estudios en la carrera de abogacía, la causa tramita (casualmente ) en el Juzgado Federal Nª 5 del Dr Norberto Oyarbide, entiéndase que a cargo de la investigación está el juez ( Como manifestara con anterioridad) con menos autoridad moral de la muy depreciada justicia argentina, quien pretendió archivar el expediente, negando en todo momento cualquier posibilidad a la parte denunciante. Hoy el expediente, duerme el sueño de los justos en la sala 1ª de la cámara de apelaciones, y “el rumor”,” insinuación de ilegitimidad y de título profesional”, etc. hoy es corroborado por la falta del honorífico Dra. que sin distinciones hacen los medios de comunicación al referirse a Usted como: “Cristina·”, “Sra. Presidente”, etc. SIN el honorífico que identifica a los egresados de las facultades de derecho y que indefectiblemente todo otro Presidente Argentino ha llevado por derecho propio e investidura. Sra. Presidente, sería de gran utilidad, para aventar cualquier rumor malintencionado que Ud. personalmente ordenara la publicación en Internet a manera de declaración jurada de cuanto dato se requiera de su persona, todo aquello que fuera de interés público o que pudiera incidir en la acción de gobierno, siempre sin llegar a afectar su intimidad. Igual medida deberían adoptar todos los funcionarios con poder de decisión, que tienen en sus manos el manejo de la cosa pública, de los cuales se conoce muy poco y sus disposiciones son gravitantes en nuestras vidas, no se trata de una chicana política, sino de poder ejercer el derecho ciudadano tan elemental como el de conocer mejor a quienes nos gobiernan. Sin otro particular saludo a Usted con mi consideración más distinguida.
Carlos Alberto Morán Hidalgo
DNI 7.836.240
Ciudad Autónoma de Buenos Aires Marzo de 2008
Sra. Presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner:
S---------------------/----------------------D
Señora Presidenta, me dirijo a Ud.. con el fin de manifestarle mi rechazo (Similar al de un sector importante de los argentinos) a muchas medidas, adoptadas por funcionarios en gestión-, por considerar que muchas de ellas son contrarias- al beneficio y los intereses de la ciudadanía. La violación de los derechos más elementales de los ciudadanos, es, en nuestros días, la regla. Ya no llama la atención y casi pareciera no provocar malestar ni sorpresa-¿debemos los argentinos entender que sólo cabe la resignación ante los abusos, mentiras e incumplimiento de los funcionarios y del gobierno en general??? El pago de los impuestos, en los países civilizados-ES- un contrato entre la ciudadanía y los gobernantes. Pagar, es una responsabilidad ineludible para todos los ciudadanos, es que se trata en concreto de una cuestión de índole moral que convierte a quien elude esta obligación en un individuo marginal, casi un ser despreciable, pero para quien cumple lo convierte en acreedor a los servicios de educación, salud, justicia, seguridad y todo lo inherente a la —cumplida y merecida— seguridad social. En nuestro país, en cambio, la recaudación impositiva, es PARTE DEL BOTÍN ELECTORAL, quien domina un territorio, busca al mejor recaudador, emplea los métodos que cree más efectivos así se tenga que llegar a la extorsión o a medidas anticonstitucionales para someter a quien no se deje estafar. (Santiago Montoya moroso incobrable con deuda de más de u$d. 300.000 al Banco de la Provincia de Buenos Aires ). Seguramente, Ud. entenderá que estoy abogando por los evasores, nada más lejano a la realidad, simplemente, quiero decir que nadie puede exigir comportamientos éticos y morales cuando desde el mismísimo poder conferido a nuestros “representantes” para gobernar, administrar el patrimonio y las vidas de todos los argentinos, se actúa con inmoralidad, excesos, desprejuicio y el abuso en forma cotidiana. El derecho a recaudar, viene acompañado de obligaciones, se trata de un contrato implícito como manifestara “ut supra”. El ciudadano paga sus impuestos; el Estado, provee al ciudadano de los servicios esenciales para el desarrollo de una vida en sociedad: SALUD, EDUCACIÓN, SEGURIDAD, JUSTICIA, Y LA ASISTENCIA SOCIAL NECESARIA. El incumplimiento total o parcial de un contrato en la actividad privada, este delito, se caratula como INCUMPLIMIENTO DE CONTRATO y está penado por la ley. La reiteración de este delito, es DEFRAUDACIÓN. Si entiendo que la educación estatal —ha llegado a ser— pésima, ¿debo educar a mi hijo en colegios privado? Si la salud de mi familia y la mía propia no pueden ser resguardadas por el sistema estatal ¿debo inexorablemente recurrir al sistema de salud privado? ...Capítulo aparte merece el tema de la justicia, no puedo reemplazar a la justicia por un servicio privado, precisamente (Valga la paradoja) porque un vasto sector de los argentinos hace años que vivimos privados de la justicia, en estado de absoluta indefensión jurídica e inseguridad pública o Sea en un Mercado del Conflicto-. ¿Debemos resignarnos y admitir que no nos corresponde? entonces la pregunta natural que cada argentino se hace es: ¿Para que pago mis impuestos?
Sra. Presidente, su discurso del martes 25 de Marzo dejó al descubierto muchas falencias , de su gabinete y propias, errores de todo tipo, y calibre, con una soberbia poco recomendable en un momento tan delicado y mucho menos para un gobernante que se presume democrático. Habla de no dejarse extorsionar y manda los “Camisas Negras del subdesarrollo” para ser más claros, sus milicias populares pagadas con los dineros de todos los argentinos a golpear a vecinos auto convocados sin organización alguna y en actitud totalmente legítima aunque a Ud. no le guste, ni le convenga, son las reglas de juego de la democracia y Ud. es la primera en no respetarlas, las imágenes de nuestro país que hoy está conociendo el mundo entero, reflejan una realidad que hasta hoy la prensa corrupta, silenciada a fuerza de dádivas, ocultaba, hoy, el planeta entero incorpora a nuestro país, como uno de los lugares donde no se puede invertir, ni vivir, hoy Sra. Presidente, sus “Ángeles Protectores” y Ud. misma terminaron de instalarnos entre las republiquetas indignas del respeto y la consideración de los países civilizados. Además de sentir vergüenza ajena por la prepotencia de su discurso , ver luego la imagen de Luis D’Elía asegurando que los vecinos lo habían golpeado, roto la camisa, y no les permitían pasar a ellos que venían pacíficamente, fue indignante, acusó a la gente allí auto convocada de ser los dueños de grandes extensiones de tierra y tratarse de la oligarquía argentina que estaba en la Plaza de Mayo intentando dar un golpe de estado. Algo similar a la toma de la Comisaría 26 , el mundo contra los pobres piqueteros. Sra. Presidenta, Ud. repudia y con válida razón a las “Triple A” que funcionaban bajo el amparo de un gobierno democrático, presidido por una mujer la Sra. María Estela Martínez de Perón, trate Ud. de no repetir aquella desgraciada experiencia. Se sabe con certeza, que el nombrado D’Elía lidera una fuerza de más de 300 hombres que posee armamento de guerra, con las correspondientes portaciones otorgadas por el RENAR, y que en éste momento, como quedó evidenciado, son su fuerza de choque, los hechos de violencia de éste grupo de tarea, podrían ser el inicio de un tipo de “TERRORISMO DE ESTADO” recuerde también, que en la década del 70 , antes del golpe del 24 de Marzo de 1976 los “Jóvenes idealistas” tenían en su haber más de 1200 muertes secuestros y torturas, a mi entender, aquella orgía de sangre fue el principal motivo que disparó aquella represión que hoy repudiamos todos los argentinos. Con vuestra actitud de intolerancia y provocación constante, sólo va a lograr reeditar aquella guerra civil. La compra sistemática por el poder político, a través de muy distintos medios de extorsión, prebendas y amenazas para sumir a los miembros del poder judicial . La sumisión del sistema judicial de nuestro país es inédita en un período promocionado hasta el hartazgo como democrático. La capitulación de jueces y fiscales ante los apremios de la clase dirigente llega a ser alarmante, si bien éste problema es de larga data y no comienza con la “Era Kirchner”, fue en este período cuando se acrecentó el sometimiento. La seguridad de los argentinos, hace rato que está seriamente vulnerada. Las causas son varias, pero la clase política no se hace cargo de su responsabilidad en el tema. Desde el principio de la “Era K”el “exceso de garantizmo”, sumado a la denigración continua y sistemática- a todos los integrantes de fuerzas armadas y de seguridad sigue profundizando la desintegración institucional y social argentina aumentando a términos insoportables la pérdida de identidad y soberanía individual, de grupo y nacional. Se nota claramente la intención de instalar la idea de que “todos somos responsables” de la situación, esa mentira, está acompañada de una prédica ideológica que pretende hacernos creer que los responsables de la degradación de nuestra sociedad, es culpa de todos los argentinos, -en la jerga ya instalada se llama Política de la inclusión y Política del Reflejo- pretendiendo a su vez exculpar a quienes desde hace años, con su corrupción, desaciertos y permisividad a problemas tan graves como la droga -y el delito institucional económico-, nos –llevó a la pérdida- y degradación- de generaciones enteras. Vuestra prepotencia, con una marcada negación de justicia, está llevando a la sociedad Argentina a límites y conductas “sin retorno” hacia una balcanización de la cual ustedes, políticos en funciones son los únicos culpables. Reemplazar el diálogo y la negociación por los atropellos que comete día a día su funcionario estrella Guillermo Moreno, nos aleja cada vez más de las soluciones reales. Los “acuerdos” logrados por vía de la extorsión, sólo sirvieron para el anuncio periodístico: casi nadie pudo comprar a los precios publicitados, con el agravante de que los consumidores pagamos las consecuencias de las “revanchas empresariales” motivo principal del desabastecimiento y aumento de precios desmedidos. La muestra más clara es el “Paro Agropecuario” que padecemos en nuestros días. Es injusto tratar de esquilmar a quienes por generaciones enteras se sacrificaron para lograr lo que tienen; cuando el sector pasó malos momentos, sequías, granizo o pestes que los arruinó económicamente, el estado siempre estuvo ausente, nadie –se solidarizó con ellos. Hoy, porque atraviesan un buen momento, contrariamente a los países civilizados que subsidian su agro, “nuestro” gobierno, cual sanguijuela, pretende castigarlos aplicándoles los impuestos más confiscatorios del planeta. Señora Presidenta; no se puede llevar adelante un país con la prepotencia como método y la extorsión como principal herramienta.. El hecho concreto de tener la mayoría en ambas cámaras legislativas, que además compiten en subordinación con el poder judicial, si bien sirve para facilitar la gestión de su gobierno, es inmoral , usarlo como herramienta para legalizar lo ilegítimo (Superpoderes ), no es bueno para la ciudadanía, espero que entienda Ud. que esto no es lo más digno ni justo para ningún sistema de gobierno Republicano y Democrático. Como podrá apreciar Sra. Presidenta, con el largo tiempo transcurrido desde la toma del control absoluto del oficialismo también en el Consejo de la Magistratura, no existe motivo alguno para alimentar la mínima esperanza de mejora, tanto en el plano moral como en el judicial. Sobre todo si se analiza la situación actual de nuestro sistema judicial, que por su corrupción estructural y sometimiento al Poder Ejecutivo se encuentra ubicado en segundo lugar entre países los de habla Hispana siendo superado en corrupción solo por Ecuador según estudios realizados por organismos internacionales, y aceptado en silencio por los mismos magistrados de nuestro país . Quien no se somete a la justicia y no cree en ella, no está facultado ni es digno de impartirla, sin embargo, el Dr. Norberto Oyarbide, con varias causas graves sin aclarar, habiendo estado en rebeldía, tiene en sus indignas manos, la facultad de “perdonar o condenar” según el mandato político para con amigos o adversarios. conferida por políticos tan corruptos como él que lo rescataron de un juicio político que con seguridad lo hubiera enviado a la cárcel. Quizás, desde su investidura, Sra. Presidente, pueda juzgar que la presente no sea adecuada e incluso, un tanto atrevida e impertinente, tratando de no ser irrespetuoso Sra. Le recuerdo que el respeto, al igual que el desprecio, se cimientan desde el ejemplo, por eso, quienes como Ud. han ganado legítimamente el derecho a gobernarnos, tienen forzosamente que aceptar tanto los privilegios como las obligaciones propios de la investidura que ostentan, los primeros, los usufructúan en toda su plenitud, pero en las obligaciones existen fallas muy importantes además de las ya mencionadas, como el manejo indiscriminado y sometimiento de los poderes legislativos y judicial, podemos agregar el engaño a la ciudadanía Ejemplo: El ex Presidente Néstor Kirchner aseguró a la ciudadanía que ya habían sido repatriados y se encontraban en el país los polémicos Fondos de la Provincia de Santa Cruz, los argentinos hace unos días nos enteramos que el ex Presidente nos mintió nos engañó con el consenso de todo su entorno y que Ud. Sra. Presidente como esposa, referente y sucesora política lo acompañó en su mentira , porque convengamos que por su cercanía no podía Ud. de ninguna manera ignorar que se nos estaba mintiendo. De la falta de consideración y las falsedades en las que incurre este gobierno, podríamos escribir un tratado, pero sólo voy a referirme al INDEC y la manipulación de los índices inflacionarios, si bien es obligación, darlos a conocer mensualmente, por una cuestión de respeto a la ciudadanía, no se debería anunciar con bombos y platillos índices del 0,5 % mensual, mientras padecemos una inflación que no nos permite y me refiero a TODOS los ciudadanos que trabajamos en la Argentina- tener una mesa digna. Para un pueblo es muy duro ser sometido, pero lo es mucho más, si a través del engaño, se le falta la consideración a la inteligencia y se pretende tomar a todos por tontos. Señora Presidenta con la presente quiero peticionar a Ud. el cese de las intromisiones y las presiones de los políticos de su órbita, en los trámites de causas judiciales, sobre todo las referidas a hechos de corrupción, lo cual resulta más que evidente. También, solicito a Ud. que terminen de ocultar como secreto de estado información y documentación que son de sumo interés e indispensables para otorgar transparencia y seguridad, a los actos de gobierno, por ejemplo no puede continuar siendo un secreto quienes fueron indemnizados por sufrir exilio o pérdida de familiares durante la última dictadura , por la sencilla razón que se los indemnizó con fondos públicos y existen casos puntuales sobre los que pesan serias dudas de legitimidad. De similar tratamiento debería ser toda la información concerniente a las declaraciones juradas como también lo referido a la formación profesional o cualquier estudio o capacitación, no debería ser un misterio que permita albergar la menor duda acerca de la validez del título que se obtuvo legalmente, tanto para un dirigente político como el del médico que cuida mi salud o el ingeniero que construye el edificio que alojará mi familia y está comprobado, que el único documento que verdaderamente legitima en forma fehaciente es el certificado analítico, ya que existen sobradas pruebas sobre el otorgamiento de títulos que si bien son de factura legal, son ilegítimos por haber sido concedido en forma irregular. En su caso personal, me enteré que un periodista llamado Christian Sanz, intentó averiguar sobre sus estudios y el otorgamiento del título de abogada en la Universidad de La Plata y se encontró con todo tipo de negativas de parte de los directivos de dicha casa de estudios, preservan como si se tratara de un secreto de estado, algo que tendría que estar al alcance de cualquier ciudadano que lo requiriera. Este periodista, inició un trámite judicial para conocer los detalles de sus estudios en la carrera de abogacía, la causa tramita (casualmente ) en el Juzgado Federal Nª 5 del Dr Norberto Oyarbide, entiéndase que a cargo de la investigación está el juez ( Como manifestara con anterioridad) con menos autoridad moral de la muy depreciada justicia argentina, quien pretendió archivar el expediente, negando en todo momento cualquier posibilidad a la parte denunciante. Hoy el expediente, duerme el sueño de los justos en la sala 1ª de la cámara de apelaciones, y “el rumor”,” insinuación de ilegitimidad y de título profesional”, etc. hoy es corroborado por la falta del honorífico Dra. que sin distinciones hacen los medios de comunicación al referirse a Usted como: “Cristina·”, “Sra. Presidente”, etc. SIN el honorífico que identifica a los egresados de las facultades de derecho y que indefectiblemente todo otro Presidente Argentino ha llevado por derecho propio e investidura. Sra. Presidente, sería de gran utilidad, para aventar cualquier rumor malintencionado que Ud. personalmente ordenara la publicación en Internet a manera de declaración jurada de cuanto dato se requiera de su persona, todo aquello que fuera de interés público o que pudiera incidir en la acción de gobierno, siempre sin llegar a afectar su intimidad. Igual medida deberían adoptar todos los funcionarios con poder de decisión, que tienen en sus manos el manejo de la cosa pública, de los cuales se conoce muy poco y sus disposiciones son gravitantes en nuestras vidas, no se trata de una chicana política, sino de poder ejercer el derecho ciudadano tan elemental como el de conocer mejor a quienes nos gobiernan. Sin otro particular saludo a Usted con mi consideración más distinguida.
Carlos Alberto Morán Hidalgo
DNI 7.836.240
Desabastecimiento
Desabastecimiento
Edición impresa Economía Nota
La Voz del Interior 28.03.2008
Apuestan al fin de semana En almacenes, despensas y panaderías señalan como frontera del desabastecimiento total el próximo fin de semana. Aunque se siente cada vez más la falta de insumos como harinas, aceite, azúcar y lácteos, todavía hay provisiones como para seguir teniendo productos en los próximos dos días. En todos los comercios hay proveedores que anunciaron que ya no tienen mercaderías para entregar. Por caso, la fábrica de pastas Ottonello suspendió la producción por falta de materia prima. Su gerente de compras, Juan Ottonello, dijo que teme que en los próximos días los precios de los insumos aumenten. Policía evita saqueos En las últimas 48 horas hubo dos intentos de saqueo a supermercados de la ciudad de Córdoba. Según voceros policiales, ayer, "clientes" del Cor-Diez de Vucetich y Hertz, barrio Ituzaingó, superaron las cajas con los changuitos cargados y huyeron a la calle. Todo sucedió durante el discurso de la presidenta Cristina Fernández y obligó a intervenir a un patrullero que logró que los carros fueran abandonados a tres cuadras, con toda su carga. En tanto, el miércoles, cerca de las 24, la Guardia de Infantería debió apostarse toda la madrugada en un súper de Villa El Libertador por la reiterada presencia de vecinos en torno al local. Comidas rápidas Muchos comercios de comidas rápidas han tenido que dejar de vender algunos de sus productos, según los insumos que no hayan podido reponer. En la calle Buchardo, una pizzería no toma pedidos de empanadas hasta nuevo aviso por falta de carne. El Noble Repulgue está viendo resentidos los productos que llevan queso o carne. Del resto sólo queda el stock que alcanza para dos o tres días. En la rotisería El Gourmet, de Alta Córdoba, explicaron que, por ejemplo, han tenido que usar bife de chorizo para la producción de lomitos. Como consecuencia, han decidido absorver el aumento de costos para evitar trasladarlo al precio final. Poca carne La mayoría de las carnicerías de barrio han tenido que cerrar sus puertas o recurrir a alternativas como el pollo o a la venta de unos pocos cortes envasados y de mayor costo. En los supermercados, las góndolas que vendían los cortes de más circulación no están habilitadas. En los comercios grandes sólo quedaban unos pocos kilos de productos envasados. En consecuencia, los clientes optaron por comprar hamburguesas y salchichas, que disminuyeron su stock. Lácteos limitados Ya no quedan sachés de leche ni en los grandes supermercados ni en los pequeños comercios de barrio. Las leches líquidas larga vida en envases de cartón se vende de manera restringida. En algunos lugares, la limitación incluye también a las leches maternizadas. En los supermercados todavía quedan en góndola los últimos yogures, cremas y otros derivados de la leche aunque los distribuidores anunciaron que no repondrán esos productos hasta tanto no se levanten los cortes. El queso cremoso empezaba a faltar en los grandes comercios. En los almacenes y despensas, ya casi no quedan derivados lácteos. Pan para hoy... Sólo las panaderías más grandes, que tienen capacidad de almacenar insumos, y aquellas que lograron proveerse de la materia prima antes de los cortes pueden enfrentar los faltantes de harinas, aceites, grasas, margarinas, leche y azúcar. En una panadería de la calle 24 de septiembre, sólo se vendían productos a despensas y almacanes a precio de consumidor final. Mariela, de El Pan del Pueblo, reconoció que no toman pedidos grandes de pan de lomos o hamburguesas y que es más grave la falta de harina y leche que la de huevos y azúcar. “La gente está preocupada, pregunta si va a faltar pan, si va a haber aumentos”, contó. En los vuelos no servirán comida Las principales aerolíneas que operan en la Argentina deberán suspender a partir del sábado el servicio de cátering en los vuelos que partan de Ezeiza y Aeroparque como consecuencia del paro del campo. Delta Airlines, Alitalia, Iberia, TAM, Lan Argentina y TACA recibieron ayer un comunicado de la empresa Gate Gourmet, que les provee el catering para los vuelos, que confirma el cese temporario del servicio. La empresa señaló que ya comenzó a sentir la falta de productos básicos como leche, yogures y demás derivados de lácteos, jugos naturales y otros alimentos de primera necesidad y que los precios aumentaron hasta 50 por ciento.
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La Voz del Interior 28.03.2008
Apuestan al fin de semana En almacenes, despensas y panaderías señalan como frontera del desabastecimiento total el próximo fin de semana. Aunque se siente cada vez más la falta de insumos como harinas, aceite, azúcar y lácteos, todavía hay provisiones como para seguir teniendo productos en los próximos dos días. En todos los comercios hay proveedores que anunciaron que ya no tienen mercaderías para entregar. Por caso, la fábrica de pastas Ottonello suspendió la producción por falta de materia prima. Su gerente de compras, Juan Ottonello, dijo que teme que en los próximos días los precios de los insumos aumenten. Policía evita saqueos En las últimas 48 horas hubo dos intentos de saqueo a supermercados de la ciudad de Córdoba. Según voceros policiales, ayer, "clientes" del Cor-Diez de Vucetich y Hertz, barrio Ituzaingó, superaron las cajas con los changuitos cargados y huyeron a la calle. Todo sucedió durante el discurso de la presidenta Cristina Fernández y obligó a intervenir a un patrullero que logró que los carros fueran abandonados a tres cuadras, con toda su carga. En tanto, el miércoles, cerca de las 24, la Guardia de Infantería debió apostarse toda la madrugada en un súper de Villa El Libertador por la reiterada presencia de vecinos en torno al local. Comidas rápidas Muchos comercios de comidas rápidas han tenido que dejar de vender algunos de sus productos, según los insumos que no hayan podido reponer. En la calle Buchardo, una pizzería no toma pedidos de empanadas hasta nuevo aviso por falta de carne. El Noble Repulgue está viendo resentidos los productos que llevan queso o carne. Del resto sólo queda el stock que alcanza para dos o tres días. En la rotisería El Gourmet, de Alta Córdoba, explicaron que, por ejemplo, han tenido que usar bife de chorizo para la producción de lomitos. Como consecuencia, han decidido absorver el aumento de costos para evitar trasladarlo al precio final. Poca carne La mayoría de las carnicerías de barrio han tenido que cerrar sus puertas o recurrir a alternativas como el pollo o a la venta de unos pocos cortes envasados y de mayor costo. En los supermercados, las góndolas que vendían los cortes de más circulación no están habilitadas. En los comercios grandes sólo quedaban unos pocos kilos de productos envasados. En consecuencia, los clientes optaron por comprar hamburguesas y salchichas, que disminuyeron su stock. Lácteos limitados Ya no quedan sachés de leche ni en los grandes supermercados ni en los pequeños comercios de barrio. Las leches líquidas larga vida en envases de cartón se vende de manera restringida. En algunos lugares, la limitación incluye también a las leches maternizadas. En los supermercados todavía quedan en góndola los últimos yogures, cremas y otros derivados de la leche aunque los distribuidores anunciaron que no repondrán esos productos hasta tanto no se levanten los cortes. El queso cremoso empezaba a faltar en los grandes comercios. En los almacenes y despensas, ya casi no quedan derivados lácteos. Pan para hoy... Sólo las panaderías más grandes, que tienen capacidad de almacenar insumos, y aquellas que lograron proveerse de la materia prima antes de los cortes pueden enfrentar los faltantes de harinas, aceites, grasas, margarinas, leche y azúcar. En una panadería de la calle 24 de septiembre, sólo se vendían productos a despensas y almacanes a precio de consumidor final. Mariela, de El Pan del Pueblo, reconoció que no toman pedidos grandes de pan de lomos o hamburguesas y que es más grave la falta de harina y leche que la de huevos y azúcar. “La gente está preocupada, pregunta si va a faltar pan, si va a haber aumentos”, contó. En los vuelos no servirán comida Las principales aerolíneas que operan en la Argentina deberán suspender a partir del sábado el servicio de cátering en los vuelos que partan de Ezeiza y Aeroparque como consecuencia del paro del campo. Delta Airlines, Alitalia, Iberia, TAM, Lan Argentina y TACA recibieron ayer un comunicado de la empresa Gate Gourmet, que les provee el catering para los vuelos, que confirma el cese temporario del servicio. La empresa señaló que ya comenzó a sentir la falta de productos básicos como leche, yogures y demás derivados de lácteos, jugos naturales y otros alimentos de primera necesidad y que los precios aumentaron hasta 50 por ciento.
Crispación.
Crispación.
Editorial de "La Nueva provincia", de Bahía Blanca
La Nueva Provincia 28/3/200814:27hs
El segundo discurso presidencial en menos de 48 horas confirmó la sospecha que, respecto del mismo, teníamos todos. Una vez más, como si nada hubiese ocurrido en estos dos días, Cristina Fernández redobló la apuesta con respecto a la política de retenciones. Por momentos cursi, por momentos henchida de soberbia, pero siempre al borde de la crispación, la presidenta pareció ignorar el verdadero problema que enfrenta el país y confundir a propósito una medida de fuerza por una suerte de confabulación contra su gobierno. La alocución de ayer debió haber sido más humilde, más conciliadora. Fue falaz y arbitraria. Está visto que el kirchnerismo no va a moverse de la posición que ha adoptado, aunque arda el país; que no modificará la política vigente y que así como malgastó 40 mil millones de dólares recaudados en cuatro años por efecto de las retenciones, anhela disponer discrecionalmente de otro tanto hasta 2011. Ahora, la respuesta la tienen los miles y miles de hombres de campo apostados en las rutas. ¿Están dispuestos a ceder en sus demandas?
Editorial de "La Nueva provincia", de Bahía Blanca
La Nueva Provincia 28/3/200814:27hs
El segundo discurso presidencial en menos de 48 horas confirmó la sospecha que, respecto del mismo, teníamos todos. Una vez más, como si nada hubiese ocurrido en estos dos días, Cristina Fernández redobló la apuesta con respecto a la política de retenciones. Por momentos cursi, por momentos henchida de soberbia, pero siempre al borde de la crispación, la presidenta pareció ignorar el verdadero problema que enfrenta el país y confundir a propósito una medida de fuerza por una suerte de confabulación contra su gobierno. La alocución de ayer debió haber sido más humilde, más conciliadora. Fue falaz y arbitraria. Está visto que el kirchnerismo no va a moverse de la posición que ha adoptado, aunque arda el país; que no modificará la política vigente y que así como malgastó 40 mil millones de dólares recaudados en cuatro años por efecto de las retenciones, anhela disponer discrecionalmente de otro tanto hasta 2011. Ahora, la respuesta la tienen los miles y miles de hombres de campo apostados en las rutas. ¿Están dispuestos a ceder en sus demandas?
Retrogrado gobierno K: Nos retrasa un siglo reviviendo antinomias que estaban sepultadas
Campo vs. Industria; Clase Media vs. Sectores Obreros; Interior vs. Capital; Oligarcas vs. Trabajadores; Peronismo vs. Antiperonismo.
No quiero extenderme porque la gente común, que es sensata, ya ha comprendido la gravedad patética de la situación creada por el autoritarismo y la soberbia del gobierno K. Empero, es necesario expresar nuestro visceral rechazo a la recreación demencial y desquiciante de las viejas antinomias que estaban sepultadas.
En el PNCUNIR creemos que el detonante máximo de los cacerolazos y multitudinarias protestas chacareras en toda la Argentina agrícola radica en el hartazgo de la gente del interior ante la voracidad del centralismo.
Por Alberto Asseff
Entre Santa Fe y Córdoba este aumento de las retenciones significa casi mil millones de dólares más que se le sacan a las provincias y que van a parar al manejo discrecional de la billetera de la Casa Rosada –tal como lo denunciara hace casi dos años la Convención Nacional del PNCUNIR en una declaración que todavía repercute, titulada "Esperábamos la nueva política pero apareció sólo la billetera".
Los caminos, los puertos, los ferrocarriles, las obras antiinundación, los canales de riego, los créditos para mejorar la tecnología, diversificar la producción, posibilidad la rotación de los suelos y tantas otras cosas que necesita el interior quedan demorados o postergados sine die porque es la Casa Rosada la que maneja discrecionalmente los recursos del país mientras el federalismo pasa a ser definitivamente una caricatura.
Quiero reivindicar a los ruralistas pequeños y medianos. Es la Argentina profunda chacarera que es una de las que conserva la vieja moral del trabajo, del esfuerzo, del temple, del amor por la tierra nuestra. Los ruralistas son una cultura como un modo de vida. Prestan un mayúsculo servicio a nuestra patria: además de producir y generar riqueza, retienen la población en las áreas interiores del país, evitando así que siga desequilibrándose la distribución poblacional, engrosando las megalópolis deformantes y generadoras de muchísimas lacras que castigan a nuestra sociedad.
Para los que dicen que el campo no derrama bienestar, salvo enriquecer a los productores, vale dar un ejemplo: en Pergamino se están construyendo más de 20 edificios de altos se proyectan dos de 31 pisos. ¿eso no da trabajo? Nada menos que el gremio de la construcción que se multiplica por 50 ó más actividades reciben el derrame del campo. Y además hay que decirlo con todas las letras: EL CMAPO DEJA LA PLATA ACA, NO LA MANDA A SUIZA.
Una cosa son los chacareros y otra los grandes grupos económicos terratenientes, como Soros, Ledesma, Bemberg. ¡Es increíble que no sepan distinguir entre los pequeños productores rurales y los grandes grupos económicos que han recalado en el campo! ¿No sabrán en el gobierno K que las decisiones políticas pueden ser selectivas y diferenciar a los grandes beneficiarios de los esforzados productores?
Inhumar viejas antinomias es exactamente el modo contrario al de un buen gobernante. Gobernar la Argentina moderna es básicamente unirla en un proyecto común. Dividirla como hace el gobierno K es un descomunal retroceso y además muy peligroso para la paz entre los argentinos.
No quiero extenderme porque la gente común, que es sensata, ya ha comprendido la gravedad patética de la situación creada por el autoritarismo y la soberbia del gobierno K. Empero, es necesario expresar nuestro visceral rechazo a la recreación demencial y desquiciante de las viejas antinomias que estaban sepultadas.
En el PNCUNIR creemos que el detonante máximo de los cacerolazos y multitudinarias protestas chacareras en toda la Argentina agrícola radica en el hartazgo de la gente del interior ante la voracidad del centralismo.
Por Alberto Asseff
Entre Santa Fe y Córdoba este aumento de las retenciones significa casi mil millones de dólares más que se le sacan a las provincias y que van a parar al manejo discrecional de la billetera de la Casa Rosada –tal como lo denunciara hace casi dos años la Convención Nacional del PNCUNIR en una declaración que todavía repercute, titulada "Esperábamos la nueva política pero apareció sólo la billetera".
Los caminos, los puertos, los ferrocarriles, las obras antiinundación, los canales de riego, los créditos para mejorar la tecnología, diversificar la producción, posibilidad la rotación de los suelos y tantas otras cosas que necesita el interior quedan demorados o postergados sine die porque es la Casa Rosada la que maneja discrecionalmente los recursos del país mientras el federalismo pasa a ser definitivamente una caricatura.
Quiero reivindicar a los ruralistas pequeños y medianos. Es la Argentina profunda chacarera que es una de las que conserva la vieja moral del trabajo, del esfuerzo, del temple, del amor por la tierra nuestra. Los ruralistas son una cultura como un modo de vida. Prestan un mayúsculo servicio a nuestra patria: además de producir y generar riqueza, retienen la población en las áreas interiores del país, evitando así que siga desequilibrándose la distribución poblacional, engrosando las megalópolis deformantes y generadoras de muchísimas lacras que castigan a nuestra sociedad.
Para los que dicen que el campo no derrama bienestar, salvo enriquecer a los productores, vale dar un ejemplo: en Pergamino se están construyendo más de 20 edificios de altos se proyectan dos de 31 pisos. ¿eso no da trabajo? Nada menos que el gremio de la construcción que se multiplica por 50 ó más actividades reciben el derrame del campo. Y además hay que decirlo con todas las letras: EL CMAPO DEJA LA PLATA ACA, NO LA MANDA A SUIZA.
Una cosa son los chacareros y otra los grandes grupos económicos terratenientes, como Soros, Ledesma, Bemberg. ¡Es increíble que no sepan distinguir entre los pequeños productores rurales y los grandes grupos económicos que han recalado en el campo! ¿No sabrán en el gobierno K que las decisiones políticas pueden ser selectivas y diferenciar a los grandes beneficiarios de los esforzados productores?
Inhumar viejas antinomias es exactamente el modo contrario al de un buen gobernante. Gobernar la Argentina moderna es básicamente unirla en un proyecto común. Dividirla como hace el gobierno K es un descomunal retroceso y además muy peligroso para la paz entre los argentinos.
La madre de las contradicciones
La madre de las contradicciones
La autocrítica es, probablemente, una de las mayores virtudes de la especie humana. Mucho hablamos de ella, pero las más de las veces buscamos responsables fuera de nosotros, cuando en buena parte de los casos tenemos bastante que ver con lo que nos pasa.
En la cuestión política, como en tantas otras, vivimos quejándonos de lo que nos sucede, dando rienda suelta a ideas que nos hablan de conspiraciones algo paranoicas, donde algunos se han confabulado contra nosotros, poniéndose de acuerdo para perjudicarnos.
Claro, eso nos desresponsabiliza. Después de todo, ellos, los malos, los poderosos, los codiciosos y egoístas, desarrollan su plan sin límites para que nosotros, los buenos seamos las víctimas de sus más perversos objetivos.
Suena muy cómodo, pero bastante alejado de la realidad. La gente, el pueblo, los ciudadanos, no somos necesariamente las víctimas en esta historia, sino los ingenuos constructores de una ideología que ha avanzado en el mundo y que da pasos todos los días, con nuestra anuencia obviamente.
Cuando los políticos del presente razonan de una determinada manera, justificando lo injustificable, tenemos la obligación de preguntarnos si en definitiva no son el reflejo de la sociedad toda. La respuesta es un aplastante SI. La ideología que nos gobierna es la que en su mayoría, la gente expresa, al menos, la que recita.
Nuestra dirigencia actual es estatista, intervencionista, cree en el rol de árbitro del Estado y de sus omnipresentes políticas activas. Todos los partidos políticos abonan esta teoría en más o en menos. Sólo ofrecen matices de una misma manera de pensar. Se dividen en intervencionistas, o menos intervencionistas, pero en definitiva comulgan con esa visión.
Creen que regular el mercado es una decisión sabia y han construido la utopía de ese Estado perfecto que puede ser justo, inteligente y eficiente. Olvidan estos intelectuales el carácter imperfecto de la esencia humana. No están dispuestos a entender que lo importante es lograr un sistema que interprete al ser humano y no que lo convierta en lo que no es.
Esa premisa equivocada nos ha llevado a recorrer durante siglos políticas sinuosas, que con el desarrollo del conocimiento, sólo se han ido complejizando, sin perder en ningún momento su hilo conductor.
En este proceso, algunos intelectuales inmorales, han visualizado una oportunidad y han enriquecido las teorías que permiten sostener esta ideología durante más tiempo, sacándole provecho personal a esa mirada que les da supervivencia y grandes beneficios personales.
La humanidad, ha caído en muchos países, en esta trampa de abonar esta forma de ver la vida, alimentándola y reclamando MAS ESTADO, comprando la ilusión del Estado justo, moral e inteligente.
Por eso cuando ciertos sectores confrontan contra el gobierno de turno por tal o cual medida cabe preguntarse, ¿quién alimentó a esos dirigentes ? ¿Quiénes les otorgaron esos poderes absolutos para decidir sobre los destinos de la gente, disponiendo de sus bienes y vidas, apropiándose del fruto de su trabajo?
Los que hoy se quejan se sienten las víctimas de este presente, y de alguna manera lo son. Pero no hay que olvidar que son los mismos que defendieron y defienden las políticas activas del Estado, los que siempre justificaron la necesidad de un omnipresente sector público que interviniera en la economía y diera justa distribución a la riqueza.
Ellos le entregaron el poder a los energúmenos de turno. Sin duda alguna, que existen responsabilidades del lado del gobierno, de sus dirigentes, de los inmorales de siempre y cuanto podamos decir de ellos, pero cabe hacerse alguna autocrítica al respecto como sociedad.
Alguien los colocó en sus cómodas sillas, y no sólo cuando los eligió en el proceso democrático, sino mucho antes, cuando avalando estrategias intervencionistas le pedimos al Estado que nos socorra.
Al Estado no hay que pedirle que intervenga a favor de un sector o en contra de otro. No se trata de falsas opciones como las de la Argentina actual, de campo o industria. Esa simplificación nos trajo hasta acá y no nos ha ido nada bien por cierto. Al Estado hay que reclamarle que se corra, que se vaya, que permita a los seres humanos crear su propio destino, controlar sus vidas y hasta equivocarse. Después de todo, de eso se trata, no tenemos dueños, y somos los verdaderos propietarios del fruto de nuestro trabajo.
Aquel que quiera vivir de nuestro esfuerzo, se llame como se llame, mas vale que vaya pensando en buscarse algo útil para ofrecer a su comunidad, y deje de intentar decidir por cada uno de nosotros. Individualmente no tenemos ninguna garantía de acertar en las decisiones respecto de nuestras vidas, pero es preferible equivocarse por sí mismo que delegar a un "supuesto iluminado" el control de nuestras vidas, y mucho menos aún permitirle la administración de los bienes que provienen del fruto de nuestro trabajo.
Para ello hay que resistir a la tentación de intervenir en las vidas ajenas y dejar de lado esas prácticas que nos llevan a decir en nuestra cotidianeidad que el ESTADO debe hacerse cargo de tal o cual cosa. Es tiempo de que asumamos nuestras propias responsabilidades y si no tenemos el coraje de hacerlo, pues no se lo pidamos a otros, mucho menos otorgándole poderes ilimitados para que algún día, esos mismos poderes se vuelvan en nuestra contra.
Esa es la madre de las contradicciones de esta sociedad que quiere que OTROS se ocupen de las injusticias y para eso delega poderes que luego son usados para terminar siendo ajusticiados por esos seres iluminados que pusimos a gobernar a partir de estas ideologías intervencionistas que hoy predominan en buena parte del planeta. Cuando seamos capaces de hacernos cargo de nuestro destino, sin pedir que la mano del Estado se ocupe de nuestras propias limitaciones, tendremos entonces si, una posibilidad concreta de ser libres y artífices de nuestro propio destino.
Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina
La autocrítica es, probablemente, una de las mayores virtudes de la especie humana. Mucho hablamos de ella, pero las más de las veces buscamos responsables fuera de nosotros, cuando en buena parte de los casos tenemos bastante que ver con lo que nos pasa.
En la cuestión política, como en tantas otras, vivimos quejándonos de lo que nos sucede, dando rienda suelta a ideas que nos hablan de conspiraciones algo paranoicas, donde algunos se han confabulado contra nosotros, poniéndose de acuerdo para perjudicarnos.
Claro, eso nos desresponsabiliza. Después de todo, ellos, los malos, los poderosos, los codiciosos y egoístas, desarrollan su plan sin límites para que nosotros, los buenos seamos las víctimas de sus más perversos objetivos.
Suena muy cómodo, pero bastante alejado de la realidad. La gente, el pueblo, los ciudadanos, no somos necesariamente las víctimas en esta historia, sino los ingenuos constructores de una ideología que ha avanzado en el mundo y que da pasos todos los días, con nuestra anuencia obviamente.
Cuando los políticos del presente razonan de una determinada manera, justificando lo injustificable, tenemos la obligación de preguntarnos si en definitiva no son el reflejo de la sociedad toda. La respuesta es un aplastante SI. La ideología que nos gobierna es la que en su mayoría, la gente expresa, al menos, la que recita.
Nuestra dirigencia actual es estatista, intervencionista, cree en el rol de árbitro del Estado y de sus omnipresentes políticas activas. Todos los partidos políticos abonan esta teoría en más o en menos. Sólo ofrecen matices de una misma manera de pensar. Se dividen en intervencionistas, o menos intervencionistas, pero en definitiva comulgan con esa visión.
Creen que regular el mercado es una decisión sabia y han construido la utopía de ese Estado perfecto que puede ser justo, inteligente y eficiente. Olvidan estos intelectuales el carácter imperfecto de la esencia humana. No están dispuestos a entender que lo importante es lograr un sistema que interprete al ser humano y no que lo convierta en lo que no es.
Esa premisa equivocada nos ha llevado a recorrer durante siglos políticas sinuosas, que con el desarrollo del conocimiento, sólo se han ido complejizando, sin perder en ningún momento su hilo conductor.
En este proceso, algunos intelectuales inmorales, han visualizado una oportunidad y han enriquecido las teorías que permiten sostener esta ideología durante más tiempo, sacándole provecho personal a esa mirada que les da supervivencia y grandes beneficios personales.
La humanidad, ha caído en muchos países, en esta trampa de abonar esta forma de ver la vida, alimentándola y reclamando MAS ESTADO, comprando la ilusión del Estado justo, moral e inteligente.
Por eso cuando ciertos sectores confrontan contra el gobierno de turno por tal o cual medida cabe preguntarse, ¿quién alimentó a esos dirigentes ? ¿Quiénes les otorgaron esos poderes absolutos para decidir sobre los destinos de la gente, disponiendo de sus bienes y vidas, apropiándose del fruto de su trabajo?
Los que hoy se quejan se sienten las víctimas de este presente, y de alguna manera lo son. Pero no hay que olvidar que son los mismos que defendieron y defienden las políticas activas del Estado, los que siempre justificaron la necesidad de un omnipresente sector público que interviniera en la economía y diera justa distribución a la riqueza.
Ellos le entregaron el poder a los energúmenos de turno. Sin duda alguna, que existen responsabilidades del lado del gobierno, de sus dirigentes, de los inmorales de siempre y cuanto podamos decir de ellos, pero cabe hacerse alguna autocrítica al respecto como sociedad.
Alguien los colocó en sus cómodas sillas, y no sólo cuando los eligió en el proceso democrático, sino mucho antes, cuando avalando estrategias intervencionistas le pedimos al Estado que nos socorra.
Al Estado no hay que pedirle que intervenga a favor de un sector o en contra de otro. No se trata de falsas opciones como las de la Argentina actual, de campo o industria. Esa simplificación nos trajo hasta acá y no nos ha ido nada bien por cierto. Al Estado hay que reclamarle que se corra, que se vaya, que permita a los seres humanos crear su propio destino, controlar sus vidas y hasta equivocarse. Después de todo, de eso se trata, no tenemos dueños, y somos los verdaderos propietarios del fruto de nuestro trabajo.
Aquel que quiera vivir de nuestro esfuerzo, se llame como se llame, mas vale que vaya pensando en buscarse algo útil para ofrecer a su comunidad, y deje de intentar decidir por cada uno de nosotros. Individualmente no tenemos ninguna garantía de acertar en las decisiones respecto de nuestras vidas, pero es preferible equivocarse por sí mismo que delegar a un "supuesto iluminado" el control de nuestras vidas, y mucho menos aún permitirle la administración de los bienes que provienen del fruto de nuestro trabajo.
Para ello hay que resistir a la tentación de intervenir en las vidas ajenas y dejar de lado esas prácticas que nos llevan a decir en nuestra cotidianeidad que el ESTADO debe hacerse cargo de tal o cual cosa. Es tiempo de que asumamos nuestras propias responsabilidades y si no tenemos el coraje de hacerlo, pues no se lo pidamos a otros, mucho menos otorgándole poderes ilimitados para que algún día, esos mismos poderes se vuelvan en nuestra contra.
Esa es la madre de las contradicciones de esta sociedad que quiere que OTROS se ocupen de las injusticias y para eso delega poderes que luego son usados para terminar siendo ajusticiados por esos seres iluminados que pusimos a gobernar a partir de estas ideologías intervencionistas que hoy predominan en buena parte del planeta. Cuando seamos capaces de hacernos cargo de nuestro destino, sin pedir que la mano del Estado se ocupe de nuestras propias limitaciones, tendremos entonces si, una posibilidad concreta de ser libres y artífices de nuestro propio destino.
Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783-15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina
Las enseñanzas de la autoridad
Entre las enseñanzas de la autoridad y la finitud de las desgracias con suerte
Por Gabriela Pousa
Entre las enseñanzas de la autoridad y la finitud de las desgracias con suerte
El gobierno nacional debería sentirse orgulloso de sus alumnos: el paro y los cortes de rutas protagonizados por los trabajadores del campo demuestran que la sociedad argentina ha comprendido que el único modo de expresarse y ser escuchado es recurrir a la violencia.
“Al maestro, con cariño.”Una dedicatoria del campo al matrimonio presidencial.
Nadie puede cuestionar que el kirchnerismo asumió el poder acompañado de varios factores que le han sido propicios. Como ejemplos basta citar el precio de las commodities y el escenario internacional. De ahí en más, hubo un azar favorable que es prácticamente imposible de negar. La suerte estuvo del lado del oficialismo. Esa misma suerte les permitió perpetuarse sin necesidad, siquiera, de dar explicaciones contundentes respecto de los innumerables errores cometidos. La oposición no facturó costos políticos con eficiencia y tampoco la sociedad se preocupó en demasía por marcar límites, por el contrario, ha tolerado más de lo saludable. Y ahí están… entre Puerto Madero, Olivos, Balcarce 50 y El Calafate, haciendo y deshaciendo a su antojo lo que alguna vez fuera el granero del mundo. Néstor Kirchner tuvo una estrategia definida para afianzar un poder que le llegó con poca previsibilidad. Sin Eduardo Duhalde, ¿hubiera llegado donde está hoy? Cada uno puede creer lo que quiera, si bien no hay modo de negar que el aparato justicialista ha sido el sostén de este modus operandi de gobernar tan peculiar que ha tenido el matrimonio presidencial desde el comienzo hasta esta continuidad con cambio de género y nada más. Se sorteó, así, un sinfín de desgracias con suerte. Sin embargo, éstas no son perennes en tiempo y espacio. No suelen durar demasiado. Una, dos, tres veces se puede confiar en la destreza para arrojar la taba. Pero, salvo que esté cargada, si no se hace nada más para prevenir infortunios es dable esperar que en algún momento la desgracia venga sola y no acompañada. No me atrevería a decir que es éste el instante en que la gota cae en la clepsidra, aunque es un “ahora” interesante para poder prever lo que sigue porque la suerte está comenzando a escasear y el mundo ya nos ha tomado el tiempo. La ventura no durará mucho más. Es menester contar con otras herramientas menos furtivas, con planificación política y económica, y algún dejo de sabiduría para prevenir mayores o menores hecatombes. La suerte se termina y los adversarios se van agotando. Fuerzas Armadas, empresariado, clero, “kelpers” porteños que “no saben votar”, países vecinos que no entendieron que la propuesta era canjear gas o electricidad por corderito patagónico o una visita al glaciar, mandatarios internacionales, Fondo Monetario Internacional, organizaciones no gubernamentales que osaron cuestionar alguna desprolijidad, jueces, fiscales, en fin… nadie quedó fuera de la nómina de enemigos que el kirchnerismo eligió caprichosamente para entablar vanas batallas con el único fin de poder mostrarse vencedor de alguna epopeya o campaña. De lo contrario, no hubiera habido nada para mostrar. Sin enemigos inventados, no hubieran hallado el modo de erigirse, mediáticamente al menos, en triunfadores o de posar para la foto torciendo el brazo de supuestos adversarios. Podríamos decir, sin eufemismos, que estamos frente al poder de la fuerza y, quizás, ése es el “valor" de Guillermo Moreno en este terreno. ¿Qué otro mérito tiene, si no, el secretario de Comercio Interior? Ahora bien, el kirchnerismo es quien ha elegido esta metodología de entablar guerras inútiles y dividir bandos que ni sabían que estaban enfrentados, menos aún que habitaban un escenario donde la consigna sería el todos contra todos. Paradójicamente o no, nadie estaba preparado para agitar recelos, reabrir heridas y remover odios. Sin embargo, Kirchner lo hizo y así estamos. Nada es casual. Hoy, los argentinos no tenemos idea de quiénes son los buenos y quiénes los malos. Si el uniformado está para velar por la seguridad o para atentar contra ella, si los magistrados administran justicia o fallan según la conveniencia política, si los fiscales defienden al pueblo o a los funcionarios, si el campo nos proporciona alimentos y fuentes de trabajo o nos desabastece de carne y lácteos, si los empresarios aumentan los precios en forma indiscriminada y Moreno es el paladín de la equidad social o si el empresariado está también amenazado, si el sindicalismo brega por los derechos de los trabajadores o se vale de quienes trabajan para apretar al Gobierno y ganar espacio, si la clase media urbana está más cerca o más lejos de los centros paupérrimos que de los lujosos barrios privados… No hay referencia que valga. No sabemos dónde estamos parados. Los piquetes fueron oficializados en Balcarce 50. Los primeros invitados al Salón Blanco fueron los detractores de la Constitución Nacional que, en nombre de una extraña “Federación de Tierra y Vivienda” o de una “Corriente Clasista y Combativa”, se abrazaban con el ex mandatario y, gracias a la insurrección oficialmente festejada, alcanzaban altos cargos. Tomando comisarías hubo quien logró un interesante despacho en la Casa Rosada, otros se ubicaron en la gobernación de Buenos Aires y aumentaron sus patrimonios sin que se sepa a ciencia cierta cuál fue el mérito para la adquisición de sus nuevas riquezas. Lo que sí quedó en evidencia es que la insurrección y la violación de artículos preclaros de la Carta Magna son los escalones para trepar a lo más alto de la pirámide del poder político en esta Argentina. Posiblemente ya nadie recuerde a un tal Emilio Alí saqueando supermercados y condenado por “coacción y extorsión” por sus influencias, que fue luego llevado en andas como un héroe nacional y terminó apadrinado por Luis D’Elía, el emblemático funcionario oficial. La pregunta esencial –hoy que el debate pasa por la culpabilidad o no del campo, más acosado por resentimiento que por necesidad de equilibrar la distribución de ingresos o cuidar el bolsillo del ciudadano– apunta a desentrañar por qué otro medio se iban a manifestar los productores agrícola-ganaderos, si el matrimonio presidencial ha enseñado desde el vamos que los métodos más eficaces para triunfar son el piquete, el corte de rutas, la lucha entre pares, la falta de diálogo, la resistencia combativa y el desdén hacia la Constitución Nacional. Lo que se hereda, no se hurta. El modelo está y es sabido que el ejemplo lo debe dar la máxima autoridad. © www.economiaparatodos.com.ar
El gobierno nacional debería sentirse orgulloso de sus alumnos: el paro y los cortes de rutas protagonizados por los trabajadores del campo demuestran que la sociedad argentina ha comprendido que el único modo de expresarse y ser escuchado es recurrir a la violencia.
“Al maestro, con cariño.”Una dedicatoria del campo al matrimonio presidencial.
Nadie puede cuestionar que el kirchnerismo asumió el poder acompañado de varios factores que le han sido propicios. Como ejemplos basta citar el precio de las commodities y el escenario internacional. De ahí en más, hubo un azar favorable que es prácticamente imposible de negar. La suerte estuvo del lado del oficialismo. Esa misma suerte les permitió perpetuarse sin necesidad, siquiera, de dar explicaciones contundentes respecto de los innumerables errores cometidos. La oposición no facturó costos políticos con eficiencia y tampoco la sociedad se preocupó en demasía por marcar límites, por el contrario, ha tolerado más de lo saludable. Y ahí están… entre Puerto Madero, Olivos, Balcarce 50 y El Calafate, haciendo y deshaciendo a su antojo lo que alguna vez fuera el granero del mundo. Néstor Kirchner tuvo una estrategia definida para afianzar un poder que le llegó con poca previsibilidad. Sin Eduardo Duhalde, ¿hubiera llegado donde está hoy? Cada uno puede creer lo que quiera, si bien no hay modo de negar que el aparato justicialista ha sido el sostén de este modus operandi de gobernar tan peculiar que ha tenido el matrimonio presidencial desde el comienzo hasta esta continuidad con cambio de género y nada más. Se sorteó, así, un sinfín de desgracias con suerte. Sin embargo, éstas no son perennes en tiempo y espacio. No suelen durar demasiado. Una, dos, tres veces se puede confiar en la destreza para arrojar la taba. Pero, salvo que esté cargada, si no se hace nada más para prevenir infortunios es dable esperar que en algún momento la desgracia venga sola y no acompañada. No me atrevería a decir que es éste el instante en que la gota cae en la clepsidra, aunque es un “ahora” interesante para poder prever lo que sigue porque la suerte está comenzando a escasear y el mundo ya nos ha tomado el tiempo. La ventura no durará mucho más. Es menester contar con otras herramientas menos furtivas, con planificación política y económica, y algún dejo de sabiduría para prevenir mayores o menores hecatombes. La suerte se termina y los adversarios se van agotando. Fuerzas Armadas, empresariado, clero, “kelpers” porteños que “no saben votar”, países vecinos que no entendieron que la propuesta era canjear gas o electricidad por corderito patagónico o una visita al glaciar, mandatarios internacionales, Fondo Monetario Internacional, organizaciones no gubernamentales que osaron cuestionar alguna desprolijidad, jueces, fiscales, en fin… nadie quedó fuera de la nómina de enemigos que el kirchnerismo eligió caprichosamente para entablar vanas batallas con el único fin de poder mostrarse vencedor de alguna epopeya o campaña. De lo contrario, no hubiera habido nada para mostrar. Sin enemigos inventados, no hubieran hallado el modo de erigirse, mediáticamente al menos, en triunfadores o de posar para la foto torciendo el brazo de supuestos adversarios. Podríamos decir, sin eufemismos, que estamos frente al poder de la fuerza y, quizás, ése es el “valor" de Guillermo Moreno en este terreno. ¿Qué otro mérito tiene, si no, el secretario de Comercio Interior? Ahora bien, el kirchnerismo es quien ha elegido esta metodología de entablar guerras inútiles y dividir bandos que ni sabían que estaban enfrentados, menos aún que habitaban un escenario donde la consigna sería el todos contra todos. Paradójicamente o no, nadie estaba preparado para agitar recelos, reabrir heridas y remover odios. Sin embargo, Kirchner lo hizo y así estamos. Nada es casual. Hoy, los argentinos no tenemos idea de quiénes son los buenos y quiénes los malos. Si el uniformado está para velar por la seguridad o para atentar contra ella, si los magistrados administran justicia o fallan según la conveniencia política, si los fiscales defienden al pueblo o a los funcionarios, si el campo nos proporciona alimentos y fuentes de trabajo o nos desabastece de carne y lácteos, si los empresarios aumentan los precios en forma indiscriminada y Moreno es el paladín de la equidad social o si el empresariado está también amenazado, si el sindicalismo brega por los derechos de los trabajadores o se vale de quienes trabajan para apretar al Gobierno y ganar espacio, si la clase media urbana está más cerca o más lejos de los centros paupérrimos que de los lujosos barrios privados… No hay referencia que valga. No sabemos dónde estamos parados. Los piquetes fueron oficializados en Balcarce 50. Los primeros invitados al Salón Blanco fueron los detractores de la Constitución Nacional que, en nombre de una extraña “Federación de Tierra y Vivienda” o de una “Corriente Clasista y Combativa”, se abrazaban con el ex mandatario y, gracias a la insurrección oficialmente festejada, alcanzaban altos cargos. Tomando comisarías hubo quien logró un interesante despacho en la Casa Rosada, otros se ubicaron en la gobernación de Buenos Aires y aumentaron sus patrimonios sin que se sepa a ciencia cierta cuál fue el mérito para la adquisición de sus nuevas riquezas. Lo que sí quedó en evidencia es que la insurrección y la violación de artículos preclaros de la Carta Magna son los escalones para trepar a lo más alto de la pirámide del poder político en esta Argentina. Posiblemente ya nadie recuerde a un tal Emilio Alí saqueando supermercados y condenado por “coacción y extorsión” por sus influencias, que fue luego llevado en andas como un héroe nacional y terminó apadrinado por Luis D’Elía, el emblemático funcionario oficial. La pregunta esencial –hoy que el debate pasa por la culpabilidad o no del campo, más acosado por resentimiento que por necesidad de equilibrar la distribución de ingresos o cuidar el bolsillo del ciudadano– apunta a desentrañar por qué otro medio se iban a manifestar los productores agrícola-ganaderos, si el matrimonio presidencial ha enseñado desde el vamos que los métodos más eficaces para triunfar son el piquete, el corte de rutas, la lucha entre pares, la falta de diálogo, la resistencia combativa y el desdén hacia la Constitución Nacional. Lo que se hereda, no se hurta. El modelo está y es sabido que el ejemplo lo debe dar la máxima autoridad.
© www.economiaparatodos.com.ar
Por Gabriela Pousa
Entre las enseñanzas de la autoridad y la finitud de las desgracias con suerte
El gobierno nacional debería sentirse orgulloso de sus alumnos: el paro y los cortes de rutas protagonizados por los trabajadores del campo demuestran que la sociedad argentina ha comprendido que el único modo de expresarse y ser escuchado es recurrir a la violencia.
“Al maestro, con cariño.”Una dedicatoria del campo al matrimonio presidencial.
Nadie puede cuestionar que el kirchnerismo asumió el poder acompañado de varios factores que le han sido propicios. Como ejemplos basta citar el precio de las commodities y el escenario internacional. De ahí en más, hubo un azar favorable que es prácticamente imposible de negar. La suerte estuvo del lado del oficialismo. Esa misma suerte les permitió perpetuarse sin necesidad, siquiera, de dar explicaciones contundentes respecto de los innumerables errores cometidos. La oposición no facturó costos políticos con eficiencia y tampoco la sociedad se preocupó en demasía por marcar límites, por el contrario, ha tolerado más de lo saludable. Y ahí están… entre Puerto Madero, Olivos, Balcarce 50 y El Calafate, haciendo y deshaciendo a su antojo lo que alguna vez fuera el granero del mundo. Néstor Kirchner tuvo una estrategia definida para afianzar un poder que le llegó con poca previsibilidad. Sin Eduardo Duhalde, ¿hubiera llegado donde está hoy? Cada uno puede creer lo que quiera, si bien no hay modo de negar que el aparato justicialista ha sido el sostén de este modus operandi de gobernar tan peculiar que ha tenido el matrimonio presidencial desde el comienzo hasta esta continuidad con cambio de género y nada más. Se sorteó, así, un sinfín de desgracias con suerte. Sin embargo, éstas no son perennes en tiempo y espacio. No suelen durar demasiado. Una, dos, tres veces se puede confiar en la destreza para arrojar la taba. Pero, salvo que esté cargada, si no se hace nada más para prevenir infortunios es dable esperar que en algún momento la desgracia venga sola y no acompañada. No me atrevería a decir que es éste el instante en que la gota cae en la clepsidra, aunque es un “ahora” interesante para poder prever lo que sigue porque la suerte está comenzando a escasear y el mundo ya nos ha tomado el tiempo. La ventura no durará mucho más. Es menester contar con otras herramientas menos furtivas, con planificación política y económica, y algún dejo de sabiduría para prevenir mayores o menores hecatombes. La suerte se termina y los adversarios se van agotando. Fuerzas Armadas, empresariado, clero, “kelpers” porteños que “no saben votar”, países vecinos que no entendieron que la propuesta era canjear gas o electricidad por corderito patagónico o una visita al glaciar, mandatarios internacionales, Fondo Monetario Internacional, organizaciones no gubernamentales que osaron cuestionar alguna desprolijidad, jueces, fiscales, en fin… nadie quedó fuera de la nómina de enemigos que el kirchnerismo eligió caprichosamente para entablar vanas batallas con el único fin de poder mostrarse vencedor de alguna epopeya o campaña. De lo contrario, no hubiera habido nada para mostrar. Sin enemigos inventados, no hubieran hallado el modo de erigirse, mediáticamente al menos, en triunfadores o de posar para la foto torciendo el brazo de supuestos adversarios. Podríamos decir, sin eufemismos, que estamos frente al poder de la fuerza y, quizás, ése es el “valor" de Guillermo Moreno en este terreno. ¿Qué otro mérito tiene, si no, el secretario de Comercio Interior? Ahora bien, el kirchnerismo es quien ha elegido esta metodología de entablar guerras inútiles y dividir bandos que ni sabían que estaban enfrentados, menos aún que habitaban un escenario donde la consigna sería el todos contra todos. Paradójicamente o no, nadie estaba preparado para agitar recelos, reabrir heridas y remover odios. Sin embargo, Kirchner lo hizo y así estamos. Nada es casual. Hoy, los argentinos no tenemos idea de quiénes son los buenos y quiénes los malos. Si el uniformado está para velar por la seguridad o para atentar contra ella, si los magistrados administran justicia o fallan según la conveniencia política, si los fiscales defienden al pueblo o a los funcionarios, si el campo nos proporciona alimentos y fuentes de trabajo o nos desabastece de carne y lácteos, si los empresarios aumentan los precios en forma indiscriminada y Moreno es el paladín de la equidad social o si el empresariado está también amenazado, si el sindicalismo brega por los derechos de los trabajadores o se vale de quienes trabajan para apretar al Gobierno y ganar espacio, si la clase media urbana está más cerca o más lejos de los centros paupérrimos que de los lujosos barrios privados… No hay referencia que valga. No sabemos dónde estamos parados. Los piquetes fueron oficializados en Balcarce 50. Los primeros invitados al Salón Blanco fueron los detractores de la Constitución Nacional que, en nombre de una extraña “Federación de Tierra y Vivienda” o de una “Corriente Clasista y Combativa”, se abrazaban con el ex mandatario y, gracias a la insurrección oficialmente festejada, alcanzaban altos cargos. Tomando comisarías hubo quien logró un interesante despacho en la Casa Rosada, otros se ubicaron en la gobernación de Buenos Aires y aumentaron sus patrimonios sin que se sepa a ciencia cierta cuál fue el mérito para la adquisición de sus nuevas riquezas. Lo que sí quedó en evidencia es que la insurrección y la violación de artículos preclaros de la Carta Magna son los escalones para trepar a lo más alto de la pirámide del poder político en esta Argentina. Posiblemente ya nadie recuerde a un tal Emilio Alí saqueando supermercados y condenado por “coacción y extorsión” por sus influencias, que fue luego llevado en andas como un héroe nacional y terminó apadrinado por Luis D’Elía, el emblemático funcionario oficial. La pregunta esencial –hoy que el debate pasa por la culpabilidad o no del campo, más acosado por resentimiento que por necesidad de equilibrar la distribución de ingresos o cuidar el bolsillo del ciudadano– apunta a desentrañar por qué otro medio se iban a manifestar los productores agrícola-ganaderos, si el matrimonio presidencial ha enseñado desde el vamos que los métodos más eficaces para triunfar son el piquete, el corte de rutas, la lucha entre pares, la falta de diálogo, la resistencia combativa y el desdén hacia la Constitución Nacional. Lo que se hereda, no se hurta. El modelo está y es sabido que el ejemplo lo debe dar la máxima autoridad. © www.economiaparatodos.com.ar
El gobierno nacional debería sentirse orgulloso de sus alumnos: el paro y los cortes de rutas protagonizados por los trabajadores del campo demuestran que la sociedad argentina ha comprendido que el único modo de expresarse y ser escuchado es recurrir a la violencia.
“Al maestro, con cariño.”Una dedicatoria del campo al matrimonio presidencial.
Nadie puede cuestionar que el kirchnerismo asumió el poder acompañado de varios factores que le han sido propicios. Como ejemplos basta citar el precio de las commodities y el escenario internacional. De ahí en más, hubo un azar favorable que es prácticamente imposible de negar. La suerte estuvo del lado del oficialismo. Esa misma suerte les permitió perpetuarse sin necesidad, siquiera, de dar explicaciones contundentes respecto de los innumerables errores cometidos. La oposición no facturó costos políticos con eficiencia y tampoco la sociedad se preocupó en demasía por marcar límites, por el contrario, ha tolerado más de lo saludable. Y ahí están… entre Puerto Madero, Olivos, Balcarce 50 y El Calafate, haciendo y deshaciendo a su antojo lo que alguna vez fuera el granero del mundo. Néstor Kirchner tuvo una estrategia definida para afianzar un poder que le llegó con poca previsibilidad. Sin Eduardo Duhalde, ¿hubiera llegado donde está hoy? Cada uno puede creer lo que quiera, si bien no hay modo de negar que el aparato justicialista ha sido el sostén de este modus operandi de gobernar tan peculiar que ha tenido el matrimonio presidencial desde el comienzo hasta esta continuidad con cambio de género y nada más. Se sorteó, así, un sinfín de desgracias con suerte. Sin embargo, éstas no son perennes en tiempo y espacio. No suelen durar demasiado. Una, dos, tres veces se puede confiar en la destreza para arrojar la taba. Pero, salvo que esté cargada, si no se hace nada más para prevenir infortunios es dable esperar que en algún momento la desgracia venga sola y no acompañada. No me atrevería a decir que es éste el instante en que la gota cae en la clepsidra, aunque es un “ahora” interesante para poder prever lo que sigue porque la suerte está comenzando a escasear y el mundo ya nos ha tomado el tiempo. La ventura no durará mucho más. Es menester contar con otras herramientas menos furtivas, con planificación política y económica, y algún dejo de sabiduría para prevenir mayores o menores hecatombes. La suerte se termina y los adversarios se van agotando. Fuerzas Armadas, empresariado, clero, “kelpers” porteños que “no saben votar”, países vecinos que no entendieron que la propuesta era canjear gas o electricidad por corderito patagónico o una visita al glaciar, mandatarios internacionales, Fondo Monetario Internacional, organizaciones no gubernamentales que osaron cuestionar alguna desprolijidad, jueces, fiscales, en fin… nadie quedó fuera de la nómina de enemigos que el kirchnerismo eligió caprichosamente para entablar vanas batallas con el único fin de poder mostrarse vencedor de alguna epopeya o campaña. De lo contrario, no hubiera habido nada para mostrar. Sin enemigos inventados, no hubieran hallado el modo de erigirse, mediáticamente al menos, en triunfadores o de posar para la foto torciendo el brazo de supuestos adversarios. Podríamos decir, sin eufemismos, que estamos frente al poder de la fuerza y, quizás, ése es el “valor" de Guillermo Moreno en este terreno. ¿Qué otro mérito tiene, si no, el secretario de Comercio Interior? Ahora bien, el kirchnerismo es quien ha elegido esta metodología de entablar guerras inútiles y dividir bandos que ni sabían que estaban enfrentados, menos aún que habitaban un escenario donde la consigna sería el todos contra todos. Paradójicamente o no, nadie estaba preparado para agitar recelos, reabrir heridas y remover odios. Sin embargo, Kirchner lo hizo y así estamos. Nada es casual. Hoy, los argentinos no tenemos idea de quiénes son los buenos y quiénes los malos. Si el uniformado está para velar por la seguridad o para atentar contra ella, si los magistrados administran justicia o fallan según la conveniencia política, si los fiscales defienden al pueblo o a los funcionarios, si el campo nos proporciona alimentos y fuentes de trabajo o nos desabastece de carne y lácteos, si los empresarios aumentan los precios en forma indiscriminada y Moreno es el paladín de la equidad social o si el empresariado está también amenazado, si el sindicalismo brega por los derechos de los trabajadores o se vale de quienes trabajan para apretar al Gobierno y ganar espacio, si la clase media urbana está más cerca o más lejos de los centros paupérrimos que de los lujosos barrios privados… No hay referencia que valga. No sabemos dónde estamos parados. Los piquetes fueron oficializados en Balcarce 50. Los primeros invitados al Salón Blanco fueron los detractores de la Constitución Nacional que, en nombre de una extraña “Federación de Tierra y Vivienda” o de una “Corriente Clasista y Combativa”, se abrazaban con el ex mandatario y, gracias a la insurrección oficialmente festejada, alcanzaban altos cargos. Tomando comisarías hubo quien logró un interesante despacho en la Casa Rosada, otros se ubicaron en la gobernación de Buenos Aires y aumentaron sus patrimonios sin que se sepa a ciencia cierta cuál fue el mérito para la adquisición de sus nuevas riquezas. Lo que sí quedó en evidencia es que la insurrección y la violación de artículos preclaros de la Carta Magna son los escalones para trepar a lo más alto de la pirámide del poder político en esta Argentina. Posiblemente ya nadie recuerde a un tal Emilio Alí saqueando supermercados y condenado por “coacción y extorsión” por sus influencias, que fue luego llevado en andas como un héroe nacional y terminó apadrinado por Luis D’Elía, el emblemático funcionario oficial. La pregunta esencial –hoy que el debate pasa por la culpabilidad o no del campo, más acosado por resentimiento que por necesidad de equilibrar la distribución de ingresos o cuidar el bolsillo del ciudadano– apunta a desentrañar por qué otro medio se iban a manifestar los productores agrícola-ganaderos, si el matrimonio presidencial ha enseñado desde el vamos que los métodos más eficaces para triunfar son el piquete, el corte de rutas, la lucha entre pares, la falta de diálogo, la resistencia combativa y el desdén hacia la Constitución Nacional. Lo que se hereda, no se hurta. El modelo está y es sabido que el ejemplo lo debe dar la máxima autoridad.
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Si nos va tan bien, ¿ para qué aumentan los impuestos?
Si nos va tan bien, ¿para qué aumentan los impuestos?
Por Roberto Cachanosky
La suba de las retenciones al campo demuestra que el INDEC y el Gobierno no dicen la verdad cuando afirman que la Argentina crece a pasos agigantados, la inflación no existe y el fantasma de la pobreza está quedando atrás.
En varias oportunidades sostuve que esta política económica sólo cierra con fuga de capitales. Esta afirmación, que parece una ironía, acaba de ser confirmada por el mismo ministro de Economía, Martín Lousteau, quien afirmó, refiriéndose al aumento de los impuestos a las exportaciones agropecuarias, que “si entraran al mercado todos esos dólares de exportaciones, el dólar se desplomaría y queremos mantener la competitividad de nuestra industria”. Lo que significan estas palabras es que lo peor que nos puede pasar en la Argentina es que aquellos que invierten en el país, exportan y tienen ganancias ingresen capitales. ¡Todo un descubrimiento de las políticas heterodoxas que el kirchnerismo le enseña al joven economista! No menos feliz fue otra de las afirmaciones del joven economista que todos los días va al Ministerio de Economía a ocupar el sillón de ministro. Lousteau calificó a la protesta del campo como: “piquete patronal que pone en riesgo el abastecimiento de alimentos”. Sería interesante que formulara las mismas acusaciones cuando el sindicalista Hugo Moyano, aliado del Gobierno, hace piquetes en las empresas para que los que trabajan allí se pasen a su gremio. ¿O acaso el kirchnerista Moyano no obliga a pasarse a su gremio hasta a los empleados que andan en bicicleta? Con una visión tan parcializada de la realidad, se hace difícil imaginar que el ministro tenga la suficiente ecuanimidad al momento de adoptar medidas económicas. Otra más del joven economista respecto al campo: “Se beneficia del tipo de cambio alto y del gasoil barato”. He recorrido el país en varias oportunidades y, cuando converso con los productores, la primera pregunta que les formulo es: “¿Consigue gasoil para trabajar?”. La respuesta que obtengo es: “Sí, pero a $ 2,20 el litro y no todo el que queremos”. Esto significa que $ 2,20 no es precio de equilibrio. Evidentemente, Lousteau se ha quedado con los datos que le pasa Guillermo Moreno sobre el precio del gasoil (todavía no llovió gasoil en el interior como habían prometido) y los economistas sabemos que con la información distorsionada uno puede llegar a decir cualquier barrabasada si la toma como cierta. Sobre el tema del tipo de cambio, el joven economista se olvidó de decir que un dólar a $ 3,16 les conviene a las arcas públicas porque así se recaudan más pesos por cada dólar exportado. De manera que el primer beneficiado con el dólar alto, que ya no es tan alto por la inflación, es el Estado. Quisiera ver cómo hace el Gobierno para sostener el aumento del gasto público con un tipo de cambio de, digamos, $ 2,50. Por último, el ministro sostuvo que los productores quieren quedarse con el precio pleno internacional de la soja. Si así fuera, ¿cuál es el problema? ¿Qué pecado están cometiendo? ¿Qué acto ilícito es obtener utilidades en base a las reglas del mercado? Personalmente, me preocuparía más por los costos de las obras públicas, el manejo indiscriminado de los fondos fiduciarios o las valijas que vienen desde Venezuela que por la rentabilidad del campo. En síntesis, recurriendo a la típica demagogia, se sostiene que el campo tiene que ser solidario con sus ganancias para paliar la pobreza de los sectores más desprotegidos. La verdad es que no entiendo nada. Por un lado, el INDEC nos dice que la inflación está bajo control, que la desocupación bajó sustancialmente, que la pobreza y la indigencia se desplomaron y que el país crece a tasas chinas. Si nos va tan bien y cada vez hay menos pobres, indigentes y desocupados, ¿para qué subir las retenciones? Siguiendo el panorama tan alentador que nos presenta el Gobierno sobre la marcha de la economía, las retenciones deberían bajar en lugar de subir porque cada vez se necesitarían menos subsidios dado que la gente está cada vez mejor. Pero, si el mensaje que nos dan es que hay que subir las retenciones para ayudar a los pobres, entonces quiere decir que las cosas no marchan como nos muestran los indicadores del INDEC o los discursos del kirchnerismo. Desde que el kirchnerismo llegó al poder, la carga tributaria aumentó en forma fenomenal y cada vez se recauda más. Los derechos de exportación representan, actualmente, el 12% del total de los ingresos por impuestos. Con tantos nuevos ingresos tributarios que tiene el Estado, ¿tenemos mejor educación, salud pública, seguridad o justicia? ¿Para qué quiere el Estado más recursos si con los que ya ha agregado la educación sigue siendo una lágrima, la inseguridad es un drama y la salud pública un desastre, mientras la Villa 31 –por dar sólo un ejemplo– se expande día a día al borde la de autopista Illia con casas que ya tienen tres pisos? En una economía de mercado, el sector privado obtiene sus ingresos ganándose el favor del consumidor. Para lograrlo tiene que estimar precios, costos, calidad de los productos, cambios tecnológicos y demás variables que pueden influir en su negocio. A diferencia del sector privado, el sector público obtiene sus ingresos en forma compulsiva, evaluando qué tipo de resistencia oponen los contribuyentes y viendo a quiénes puede quitarles más ingresos sin perder poder político. A lo largo de la historia económica mundial, pueden encontrarse muchos errores de cálculo por parte de los reyes al momento de estimar la carga tributaria que podían imponerles a sus súbditos. La revolución norteamericana que llevó a ese país a la independencia, la inglesa que estableció el “no taxation without representation” o francesa son sólo tres de los ejemplos que pueden darse sobre cómo, aun los monarcas más absolutistas, perdieron el poder o sus colonias por su ambición desmedida al momento de explotar a los contribuyentes. En la Argentina, no es solamente el campo el que está siendo exprimido como un limón con más impuestos. El impuesto inflacionario se extiende a toda la sociedad y afecta a millones de personas. Y si bien las rebeliones fiscales hoy no son tan cruentas como las que había en la época de los monarcas, los cacerolazos pueden causar estragos políticos. Salvo, claro está, que las huestes piqueteras adictas al Gobierno salgan a la calle y lleven al país a un enfrentamiento civil de consecuencias imprevisibles.
© www.economiaparatodos.com.ar
Por Roberto Cachanosky
La suba de las retenciones al campo demuestra que el INDEC y el Gobierno no dicen la verdad cuando afirman que la Argentina crece a pasos agigantados, la inflación no existe y el fantasma de la pobreza está quedando atrás.
En varias oportunidades sostuve que esta política económica sólo cierra con fuga de capitales. Esta afirmación, que parece una ironía, acaba de ser confirmada por el mismo ministro de Economía, Martín Lousteau, quien afirmó, refiriéndose al aumento de los impuestos a las exportaciones agropecuarias, que “si entraran al mercado todos esos dólares de exportaciones, el dólar se desplomaría y queremos mantener la competitividad de nuestra industria”. Lo que significan estas palabras es que lo peor que nos puede pasar en la Argentina es que aquellos que invierten en el país, exportan y tienen ganancias ingresen capitales. ¡Todo un descubrimiento de las políticas heterodoxas que el kirchnerismo le enseña al joven economista! No menos feliz fue otra de las afirmaciones del joven economista que todos los días va al Ministerio de Economía a ocupar el sillón de ministro. Lousteau calificó a la protesta del campo como: “piquete patronal que pone en riesgo el abastecimiento de alimentos”. Sería interesante que formulara las mismas acusaciones cuando el sindicalista Hugo Moyano, aliado del Gobierno, hace piquetes en las empresas para que los que trabajan allí se pasen a su gremio. ¿O acaso el kirchnerista Moyano no obliga a pasarse a su gremio hasta a los empleados que andan en bicicleta? Con una visión tan parcializada de la realidad, se hace difícil imaginar que el ministro tenga la suficiente ecuanimidad al momento de adoptar medidas económicas. Otra más del joven economista respecto al campo: “Se beneficia del tipo de cambio alto y del gasoil barato”. He recorrido el país en varias oportunidades y, cuando converso con los productores, la primera pregunta que les formulo es: “¿Consigue gasoil para trabajar?”. La respuesta que obtengo es: “Sí, pero a $ 2,20 el litro y no todo el que queremos”. Esto significa que $ 2,20 no es precio de equilibrio. Evidentemente, Lousteau se ha quedado con los datos que le pasa Guillermo Moreno sobre el precio del gasoil (todavía no llovió gasoil en el interior como habían prometido) y los economistas sabemos que con la información distorsionada uno puede llegar a decir cualquier barrabasada si la toma como cierta. Sobre el tema del tipo de cambio, el joven economista se olvidó de decir que un dólar a $ 3,16 les conviene a las arcas públicas porque así se recaudan más pesos por cada dólar exportado. De manera que el primer beneficiado con el dólar alto, que ya no es tan alto por la inflación, es el Estado. Quisiera ver cómo hace el Gobierno para sostener el aumento del gasto público con un tipo de cambio de, digamos, $ 2,50. Por último, el ministro sostuvo que los productores quieren quedarse con el precio pleno internacional de la soja. Si así fuera, ¿cuál es el problema? ¿Qué pecado están cometiendo? ¿Qué acto ilícito es obtener utilidades en base a las reglas del mercado? Personalmente, me preocuparía más por los costos de las obras públicas, el manejo indiscriminado de los fondos fiduciarios o las valijas que vienen desde Venezuela que por la rentabilidad del campo. En síntesis, recurriendo a la típica demagogia, se sostiene que el campo tiene que ser solidario con sus ganancias para paliar la pobreza de los sectores más desprotegidos. La verdad es que no entiendo nada. Por un lado, el INDEC nos dice que la inflación está bajo control, que la desocupación bajó sustancialmente, que la pobreza y la indigencia se desplomaron y que el país crece a tasas chinas. Si nos va tan bien y cada vez hay menos pobres, indigentes y desocupados, ¿para qué subir las retenciones? Siguiendo el panorama tan alentador que nos presenta el Gobierno sobre la marcha de la economía, las retenciones deberían bajar en lugar de subir porque cada vez se necesitarían menos subsidios dado que la gente está cada vez mejor. Pero, si el mensaje que nos dan es que hay que subir las retenciones para ayudar a los pobres, entonces quiere decir que las cosas no marchan como nos muestran los indicadores del INDEC o los discursos del kirchnerismo. Desde que el kirchnerismo llegó al poder, la carga tributaria aumentó en forma fenomenal y cada vez se recauda más. Los derechos de exportación representan, actualmente, el 12% del total de los ingresos por impuestos. Con tantos nuevos ingresos tributarios que tiene el Estado, ¿tenemos mejor educación, salud pública, seguridad o justicia? ¿Para qué quiere el Estado más recursos si con los que ya ha agregado la educación sigue siendo una lágrima, la inseguridad es un drama y la salud pública un desastre, mientras la Villa 31 –por dar sólo un ejemplo– se expande día a día al borde la de autopista Illia con casas que ya tienen tres pisos? En una economía de mercado, el sector privado obtiene sus ingresos ganándose el favor del consumidor. Para lograrlo tiene que estimar precios, costos, calidad de los productos, cambios tecnológicos y demás variables que pueden influir en su negocio. A diferencia del sector privado, el sector público obtiene sus ingresos en forma compulsiva, evaluando qué tipo de resistencia oponen los contribuyentes y viendo a quiénes puede quitarles más ingresos sin perder poder político. A lo largo de la historia económica mundial, pueden encontrarse muchos errores de cálculo por parte de los reyes al momento de estimar la carga tributaria que podían imponerles a sus súbditos. La revolución norteamericana que llevó a ese país a la independencia, la inglesa que estableció el “no taxation without representation” o francesa son sólo tres de los ejemplos que pueden darse sobre cómo, aun los monarcas más absolutistas, perdieron el poder o sus colonias por su ambición desmedida al momento de explotar a los contribuyentes. En la Argentina, no es solamente el campo el que está siendo exprimido como un limón con más impuestos. El impuesto inflacionario se extiende a toda la sociedad y afecta a millones de personas. Y si bien las rebeliones fiscales hoy no son tan cruentas como las que había en la época de los monarcas, los cacerolazos pueden causar estragos políticos. Salvo, claro está, que las huestes piqueteras adictas al Gobierno salgan a la calle y lleven al país a un enfrentamiento civil de consecuencias imprevisibles.
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El verdadero mensaje de las cacerolas.
El verdadero mensaje de las cacerolas.
Por Joaquín Morales Solá
Habían olvidado el miedo. Ese miedo que las cacerolas habían instalado en los gobernantes desde fines de 2001 hasta bien entrado el gobierno de Néstor Kirchner, cuando ya transcurría el 2004. Las cacerolas volvieron anteanoche, sorpresivas y autónomas, y, seguramente, también volvió el miedo en la cima que alberga a los que gobiernan. Las cacerolas son temibles en la Casa de Gobierno, pero lo son más aún cuando golpean las puertas de Olivos. Ocurrieron ambas cosas.
La Nación 27/3/200816:57hs
Sólo ese miedo probable y la soledad política pueden explicar, al mismo tiempo, que el Gobierno le haya ordenado a Luís D’Elía salir con su fuerza de choque para enfrentar la rebelión de las cacerolas. D’Elía no haría nunca lo que hizo –ir de la provocación de las palabras a la violencia de los hechos– sin una indicación precisa del vértice mismo del poder. Pero la imagen del líder piquetero que daba puñetazos de ciego, con el pecho descubierto, fue también una imagen patética de la soledad política del Gobierno. La administración carecerá siempre de aliados posibles, políticos o sociales, si sus defensores son D’Elía y el jefe cegetista, Hugo Moyano. Y los dos han rodeado al Gobierno en los últimos días para protegerlo de la mayor sublevación social que haya vivido el poder desde la Navidad de 2001. ¿Qué llevó a la gente común a salir a la calle? ¿Acaso sólo la adhesión a la protesta de los productores por el inconsulto y vasto aumento de las retenciones a las exportaciones? ¿Fue la oligarquía argentina la que se congregó en Villa Crespo, en la provincia de Misiones o en el Monumento a la Bandera, en Rosario? ¿Pertenecen a ese exclusivo club los campesinos que llevaron sus tractores a las rutas? La lectura de lo que está sucediendo merece una mirada más fina y penetrante que la que surge de las opiniones públicas de los gobernantes. El Gobierno cometería un error político imperdonable si buscara líderes o guías del fenómeno de las cacerolas en la calle. No se puede negar, por otro lado, que los dirigentes rurales están desbordados. También lo están muchos gobernadores, presionados a su vez por los intendentes de sus provincias, que son, al fin y al cabo, los que conviven todos los días con los productores indisciplinados. Una suerte de decapitación colectiva sucedió en el interior e involucra tanto a funcionarios políticos como a dirigentes sociales. El malhumor de los centros urbanos encontró -es cierto- un eje en la protesta del campo, el único sector social en condiciones de sublevarse a un gobierno que hizo de la obediencia política un dogma. Pero aquel malhumor no se había fundado en las retenciones a las exportaciones. Reconoce otras razones: la inflación, las mentiras sobre la inflación, el incipiente desabastecimiento, la inseguridad colectiva y, acaso lo más novedoso, el rechazo a un método arrogante de gobernar, agravado por el atropello y la prepotencia de las últimas horas. También pudo haber influido la noción, tal vez inscripta en el inconsciente social, de que desde el campo se construyó la Argentina y que los campesinos reconstruyeron el país cada vez que éste fue destruido. Es lo que sucedió tras la gran crisis de principios de siglo. Sin partidos y casi sin instituciones, la política ha edificado, en síntesis, una sociedad de partisanos. No es bueno que esto le suceda a un gobierno con apenas cien días de vida. Pero es también la previsible consecuencia de una forma de gobernar, que no ha cambiado entre Néstor y Cristina Kirchner. Esa forma consiste, simplemente, en el gobierno de unos pocos. Sobran los dedos de una mano para contarlos. Ni siquiera todos los ministros acceden a ese estrecho círculo. Es el matrimonio presidencial y un par de funcionarios más. Ese grupo hermético, encerrado, seguro de sus convicciones, construyó finalmente un gobierno seriamente aislado del resto del universo político y social. Hay, además, rasgos particulares de la Presidenta. Cristina Kirchner viene insistiendo en que nadie le faltará el respeto por ser ella una mujer. A estas alturas, esa aclaración carece de valor y de vigencia. Sin embargo, el preconcepto la condiciona para tender la mano y convocar al diálogo. Supone que podrían ser gestos entendidos como actos de debilidad. Por el contrario, y si se pensara con más prudencia, la tolerancia y la búsqueda del consenso serían ahora bien recibidos por amplios sectores sociales. Cristina Kirchner frecuenta la deducción intelectual de la política, tan legítima como la deducción de cualquiera. Ese perfil se convierte en problema cuando la deducción pasa a ser rápidamente un hecho debidamente probado y, sobre todo, cuando se gobierna en nombre de esos hechos supuestos. Las conclusiones sirven para escribir libros, pero no para gobernar. La supuesta división entre ricos y pobres, o entre el interior y los centros urbanos, que viboreó durante su discurso de escándalo, estuvo respaldada en una deducción. Esa deducción no había incorporado el dato crucial de la insatisfacción en vastos sectores sociales. La luna de miel de la sociedad con Cristina Kirchner se ha roto, si es que hubo luna de miel. Gran parte del conflicto político de la Presidenta consiste en que su gobierno es mirado como una perfecta continuidad de la administración de su esposo. Algunas cosas que fueron ya no pueden seguir siendo, porque resultaron gastadas por el uso y por el tiempo. El atril es desde el martes, por ejemplo, un anacronismo que ha caducado. Al final de ese estilo de monólogos desde el poder han contribuido tanto el tono soberbio de la Presidenta como su consecuencia más inmediata y palpable: la prepotencia de D Elía. El Gobierno quedó, así, ubicado en el peor lugar. Soberbia y prepotencia sólo pueden buscar instalar un régimen de terror, aunque sea demasiado tarde para ir en busca de ese método. No hay explicación política posible para el riesgo que corrió el Gobierno cuando sacó a la calle su fuerza de choque. Nadie puede prever nunca cómo terminarán esas cosas. Prueba: la golpiza que recibió el periodista Jorge Fontevecchia no estaba prevista por el Gobierno, pero no por eso es menos salvaje ni menos deplorable. Coloca en estado de indefensión, además, a muchos argentinos que no comulgan con el gobierno de los Kirchner. Néstor Kirchner hará hoy un acto con los barones del conurbano bonaerense. Ellos son los únicos que lo pueden acompañar; los intendentes del interior están más cerca de la protesta que del poder. El acto en sí mismo y el previsible discurso de antagonismos y de crispaciones son otra huida hacia ninguna parte. El Gobierno acusa a los dirigentes rurales de no contener a sus bases. Los productores son seres esquivos, solitarios, que muy pocas veces recurren a sus dirigentes. "Los chacareros son individualistas y duros", ha dicho un peronista que los conoce. Pero, ¿qué dirigentes podrían contener a sus bases si a éstas les han sacado una parte enorme de su renta? Es fácil contener a las bases cuando se es Moyano y cuando se puede, como él, anunciarle a su gremio un aumento salarial del 20 por ciento cuatro meses antes de que concluya el actual convenio salarial. Los productores rurales deberían observar, a su vez, que el desabastecimiento de insumos diarios de la sociedad podría terminar inclinando a ésta en contra de ellos. La desigualdad de trato se extiende. La Presidenta habló de la protesta de los que tienen camionetas 4x4. ¿Acaso el Gobierno debe decidir cuál es la renta justa y quiénes deben ganar más? No se oyó ninguna voz oficial que reclamara contra las camionetas 4x4 de los empresarios vinculados con las obras públicas. El caso argentino merece también una mirada más amplia e internacional. El mundo vive una situación de extrema inestabilidad económica y financiera. Estados Unidos vacila entre la desaceleración y la recesión. Europa se frena con una moneda sobrevaluada que permite todas las importaciones y pocas exportaciones. China espolea a los norteamericanos y a los europeos con sus exportaciones. Las exportaciones han pasado a ser la clave de la salvación en el complicado mundo de ahora. "La crisis llegará a las economías emergentes", acaba de presagiar el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick. La Argentina es una economía emergente. Pero la Argentina parece vivir en un planeta que no es éste. O grava las exportaciones o directamente las prohíbe. Aquí ha sucedido un conflicto innecesario, provocado por el estupor de decisiones equivocadas. El consecuente debate en el que se hundió la nación política es, además, extemporáneo y rancio, demasiado viejo.
Por Joaquín Morales Solá
Habían olvidado el miedo. Ese miedo que las cacerolas habían instalado en los gobernantes desde fines de 2001 hasta bien entrado el gobierno de Néstor Kirchner, cuando ya transcurría el 2004. Las cacerolas volvieron anteanoche, sorpresivas y autónomas, y, seguramente, también volvió el miedo en la cima que alberga a los que gobiernan. Las cacerolas son temibles en la Casa de Gobierno, pero lo son más aún cuando golpean las puertas de Olivos. Ocurrieron ambas cosas.
La Nación 27/3/200816:57hs
Sólo ese miedo probable y la soledad política pueden explicar, al mismo tiempo, que el Gobierno le haya ordenado a Luís D’Elía salir con su fuerza de choque para enfrentar la rebelión de las cacerolas. D’Elía no haría nunca lo que hizo –ir de la provocación de las palabras a la violencia de los hechos– sin una indicación precisa del vértice mismo del poder. Pero la imagen del líder piquetero que daba puñetazos de ciego, con el pecho descubierto, fue también una imagen patética de la soledad política del Gobierno. La administración carecerá siempre de aliados posibles, políticos o sociales, si sus defensores son D’Elía y el jefe cegetista, Hugo Moyano. Y los dos han rodeado al Gobierno en los últimos días para protegerlo de la mayor sublevación social que haya vivido el poder desde la Navidad de 2001. ¿Qué llevó a la gente común a salir a la calle? ¿Acaso sólo la adhesión a la protesta de los productores por el inconsulto y vasto aumento de las retenciones a las exportaciones? ¿Fue la oligarquía argentina la que se congregó en Villa Crespo, en la provincia de Misiones o en el Monumento a la Bandera, en Rosario? ¿Pertenecen a ese exclusivo club los campesinos que llevaron sus tractores a las rutas? La lectura de lo que está sucediendo merece una mirada más fina y penetrante que la que surge de las opiniones públicas de los gobernantes. El Gobierno cometería un error político imperdonable si buscara líderes o guías del fenómeno de las cacerolas en la calle. No se puede negar, por otro lado, que los dirigentes rurales están desbordados. También lo están muchos gobernadores, presionados a su vez por los intendentes de sus provincias, que son, al fin y al cabo, los que conviven todos los días con los productores indisciplinados. Una suerte de decapitación colectiva sucedió en el interior e involucra tanto a funcionarios políticos como a dirigentes sociales. El malhumor de los centros urbanos encontró -es cierto- un eje en la protesta del campo, el único sector social en condiciones de sublevarse a un gobierno que hizo de la obediencia política un dogma. Pero aquel malhumor no se había fundado en las retenciones a las exportaciones. Reconoce otras razones: la inflación, las mentiras sobre la inflación, el incipiente desabastecimiento, la inseguridad colectiva y, acaso lo más novedoso, el rechazo a un método arrogante de gobernar, agravado por el atropello y la prepotencia de las últimas horas. También pudo haber influido la noción, tal vez inscripta en el inconsciente social, de que desde el campo se construyó la Argentina y que los campesinos reconstruyeron el país cada vez que éste fue destruido. Es lo que sucedió tras la gran crisis de principios de siglo. Sin partidos y casi sin instituciones, la política ha edificado, en síntesis, una sociedad de partisanos. No es bueno que esto le suceda a un gobierno con apenas cien días de vida. Pero es también la previsible consecuencia de una forma de gobernar, que no ha cambiado entre Néstor y Cristina Kirchner. Esa forma consiste, simplemente, en el gobierno de unos pocos. Sobran los dedos de una mano para contarlos. Ni siquiera todos los ministros acceden a ese estrecho círculo. Es el matrimonio presidencial y un par de funcionarios más. Ese grupo hermético, encerrado, seguro de sus convicciones, construyó finalmente un gobierno seriamente aislado del resto del universo político y social. Hay, además, rasgos particulares de la Presidenta. Cristina Kirchner viene insistiendo en que nadie le faltará el respeto por ser ella una mujer. A estas alturas, esa aclaración carece de valor y de vigencia. Sin embargo, el preconcepto la condiciona para tender la mano y convocar al diálogo. Supone que podrían ser gestos entendidos como actos de debilidad. Por el contrario, y si se pensara con más prudencia, la tolerancia y la búsqueda del consenso serían ahora bien recibidos por amplios sectores sociales. Cristina Kirchner frecuenta la deducción intelectual de la política, tan legítima como la deducción de cualquiera. Ese perfil se convierte en problema cuando la deducción pasa a ser rápidamente un hecho debidamente probado y, sobre todo, cuando se gobierna en nombre de esos hechos supuestos. Las conclusiones sirven para escribir libros, pero no para gobernar. La supuesta división entre ricos y pobres, o entre el interior y los centros urbanos, que viboreó durante su discurso de escándalo, estuvo respaldada en una deducción. Esa deducción no había incorporado el dato crucial de la insatisfacción en vastos sectores sociales. La luna de miel de la sociedad con Cristina Kirchner se ha roto, si es que hubo luna de miel. Gran parte del conflicto político de la Presidenta consiste en que su gobierno es mirado como una perfecta continuidad de la administración de su esposo. Algunas cosas que fueron ya no pueden seguir siendo, porque resultaron gastadas por el uso y por el tiempo. El atril es desde el martes, por ejemplo, un anacronismo que ha caducado. Al final de ese estilo de monólogos desde el poder han contribuido tanto el tono soberbio de la Presidenta como su consecuencia más inmediata y palpable: la prepotencia de D Elía. El Gobierno quedó, así, ubicado en el peor lugar. Soberbia y prepotencia sólo pueden buscar instalar un régimen de terror, aunque sea demasiado tarde para ir en busca de ese método. No hay explicación política posible para el riesgo que corrió el Gobierno cuando sacó a la calle su fuerza de choque. Nadie puede prever nunca cómo terminarán esas cosas. Prueba: la golpiza que recibió el periodista Jorge Fontevecchia no estaba prevista por el Gobierno, pero no por eso es menos salvaje ni menos deplorable. Coloca en estado de indefensión, además, a muchos argentinos que no comulgan con el gobierno de los Kirchner. Néstor Kirchner hará hoy un acto con los barones del conurbano bonaerense. Ellos son los únicos que lo pueden acompañar; los intendentes del interior están más cerca de la protesta que del poder. El acto en sí mismo y el previsible discurso de antagonismos y de crispaciones son otra huida hacia ninguna parte. El Gobierno acusa a los dirigentes rurales de no contener a sus bases. Los productores son seres esquivos, solitarios, que muy pocas veces recurren a sus dirigentes. "Los chacareros son individualistas y duros", ha dicho un peronista que los conoce. Pero, ¿qué dirigentes podrían contener a sus bases si a éstas les han sacado una parte enorme de su renta? Es fácil contener a las bases cuando se es Moyano y cuando se puede, como él, anunciarle a su gremio un aumento salarial del 20 por ciento cuatro meses antes de que concluya el actual convenio salarial. Los productores rurales deberían observar, a su vez, que el desabastecimiento de insumos diarios de la sociedad podría terminar inclinando a ésta en contra de ellos. La desigualdad de trato se extiende. La Presidenta habló de la protesta de los que tienen camionetas 4x4. ¿Acaso el Gobierno debe decidir cuál es la renta justa y quiénes deben ganar más? No se oyó ninguna voz oficial que reclamara contra las camionetas 4x4 de los empresarios vinculados con las obras públicas. El caso argentino merece también una mirada más amplia e internacional. El mundo vive una situación de extrema inestabilidad económica y financiera. Estados Unidos vacila entre la desaceleración y la recesión. Europa se frena con una moneda sobrevaluada que permite todas las importaciones y pocas exportaciones. China espolea a los norteamericanos y a los europeos con sus exportaciones. Las exportaciones han pasado a ser la clave de la salvación en el complicado mundo de ahora. "La crisis llegará a las economías emergentes", acaba de presagiar el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick. La Argentina es una economía emergente. Pero la Argentina parece vivir en un planeta que no es éste. O grava las exportaciones o directamente las prohíbe. Aquí ha sucedido un conflicto innecesario, provocado por el estupor de decisiones equivocadas. El consecuente debate en el que se hundió la nación política es, además, extemporáneo y rancio, demasiado viejo.
Escalada
ESCALADA: El análisis político-económico de los Dres. Vicente Massot y Agustín Monteverde
Hasta ayer a la tarde las posturas en las que se habían plantado el gobierno, por un lado, y los hombres del campo, por el otro, no habían variado substancialmente respecto de lo que había sucedido en el curso de los últimos 14 días.
Massot/Monteverde& asociados 27/3/200817:5hs
Las cuatro organizaciones rurales —cortado todo dialogo con el kirchnerismo— ratificaban la continuación del paro por tiempo indeterminado. Desde la Casa Rosada la orden fue que hablara primero el ministro de Justicia, Aníbal Fernández, quien se encargó de decirles a sus opugnadores que, en tanto y en cuanto no depusieran las medidas de fuerza, era imposible sentarse a negociar. De alguna manera los dos contendientes enarbolaban posiciones lógicas aunque irreconciliables: mientras unos pedían la anulación del aumento de las retenciones establecido hace menos de un mes, los otros les exigían que depusieran el lock-out como condición necesaria para reestablecer el dialogo. Así las cosas, un mensaje que debió ser conciliador —aún cuando fuese firme— modificó el panorama de cabo a rabo. Las palabras, henchidas de soberbia, que pronunció la Presidente al caer la tarde dispararon un cacerolazo que se extendió a buena parte del país. La espontaneidad de la reacción al, por momentos, desafortunado mensaje de Cristina Fernández, hizo recordar a los que en otras circunstancias, mucho más dramáticas por cierto, se enderezaron contra Fernando De la Rúa. Miles de personas ganaron las calles, no solo de la capital, para expresar su descontento ante un gobierno que por boca de su cabeza —formal, al menos— transparentaba una soberbia insoportable. Ya no era la gente de campo sino extensas franjas de la población las que hacían causa común con un reclamo que hasta ese entonces era sectorial, más allá de su legitimidad. Lo que había comenzado como un plan de lucha orquestado por CRA, La Rural, Coninagro y la Federación Agraria —entidades históricamente enfrentadas en más de una ocasión no sólo por razones tácticas sino también ideológicas de peso— se transformaba el martes a la noche en una expresión de claro repudio al gobierno. El kirchnerismo, ante la magnitud que tomaba la crisis, reaccionó de una forma desacostumbrada si se la compara con los reflejos demostrados cuando irrumpió en escena Juan Carlos Blumberg. En lugar de enfrentarlo, Kirchner en ese entonces decidió cooptarlo y, en principio, su estrategia dio resultado. Recién después de dos años de su aparición en la escena política, poco más o menos, Blumberg decidió tomar distancias de la administración central que lo había cortejado como a pocos. Ayer, en cambio, Kirchner optó por instrumentar frente a las familias que pacíficamente habían llegado a Plaza de Mayo, una política de choque. Las huestes del piquetero Luís D`Elía no se hubiesen movido sin una orden expresa del santacruceño. Si lo hicieron, retomando el control de la Plaza historia y desalojando, no sin violencia, a los manifestantes del cacerolazo, es porque alguien les dio luz verde. El primer indicio de que algo así podía ocurrir fue un reportaje de Marcelo Longobardi a Alberto Fernández a las diez de la noche. Preguntando el jefe de gabinete que le parecía la amenaza de D`Elía de avanzar sobre la Plaza de Mayo, contestó que cuando un grupo decide manifestarse en la forma que lo habían hecho los ruralistas, era natural que hubiese una reacción contraria. Cualquiera con un mínimo de sentido común podía entender y anticipar lo que se avecinaba. El avance piquetero, los cantos que entonaron sus huestes y el salvajismo que pusieron en evidencia, debe haber horrorizado a gente que hasta ayer no tenía partido tomado en la disputa. Seguramente el kirchnerismo perdió anoche a casi toda la clase media que seguía apoyándolo y a la totalidad de los votantes que viven directa o indirectamente del campo. No es poco. La imagen de una parte del país enredada en una pelea contra otra, con la particular coincidencia de que el campo se expresó sin violencia alguna y recibió de parte del gobierno tamaña respuesta, ha ensombrecido como nunca antes desde mayo del 2003 —cuando asumió Néstor Kirchner la presidencia— el futuro inmediato de la Argentina. Ha quedado en evidencia que el gobierno no trepidara en los tiempos por venir en apelar a las bandas paraestatales que le responden para intimidar a quienes no comulgan con sus ideas. El paso que en ese sentido dio el santacruceño plantea un escenario de índole distinta del que existía el martes a la mañana. No se trata ahora de saber tan sólo como seguirá la disputa con el campo —que, por supuesto sigue siendo de singular importancia— sino esperar el movimiento siguiente del antikirchnerismo sociológico. Si el mandamás del país creyó que un libreto soberbio y desfachatado como el que lanzó su mujer, era la mejor forma de reafirmar la autoridad presidencial, se equivocó de medio a medio. Pero infinitamente más torpe e irresponsable fue la decisión de escalar la contienda sacándola de su cauce natural a través de la orden impartida a Luis D’Elía. En la Argentina comienza a recortarse la sombra ominosa de una violencia política que considerábamos desaparecida. Afortunadamente ayer nadie resultó muerto. Desgraciadamente no está lejos el día —si la crisis continua creciendo— que debamos lamentar una o más víctimas fatales. Claro que si ello ocurriese sería, por distintas razones, el principio del fin de un matrimonio que frente a crisis que no sabe resolver o bien se refugia en Santa Cruz o bien manda a sus grupos de choque al ataque. El escenario futuro más probable es que la crisis escale sin tremendismos. El principal riesgo, que se halla a la vuelta de la esquina, es el desabastecimiento. Si se hiciese notar y golpease de lleno a vastos sectores de la sociedad, el gobierno —que no está dispuesto a dar marcha atrás en el tema de las retenciones— deberá apelar a la fuerza pública. Las consecuencias, en tal caso, serían impredecibles porque el campo, luego de lo que sucedió anoche y de los apoyos que ha recibido, tampoco está dispuesto a retroceder. No hay, pues, soluciones definitivas a la vista. ¿Puede haber un acuerdo provisorio? Esta es hoy la pregunta del millón. Que un conjunto de políticos juegue con fósforos es siempre arriesgado. Sobre todo si detenta el poder. Hasta la semana próxima.
Vicente Massot
Hasta ayer a la tarde las posturas en las que se habían plantado el gobierno, por un lado, y los hombres del campo, por el otro, no habían variado substancialmente respecto de lo que había sucedido en el curso de los últimos 14 días.
Massot/Monteverde& asociados 27/3/200817:5hs
Las cuatro organizaciones rurales —cortado todo dialogo con el kirchnerismo— ratificaban la continuación del paro por tiempo indeterminado. Desde la Casa Rosada la orden fue que hablara primero el ministro de Justicia, Aníbal Fernández, quien se encargó de decirles a sus opugnadores que, en tanto y en cuanto no depusieran las medidas de fuerza, era imposible sentarse a negociar. De alguna manera los dos contendientes enarbolaban posiciones lógicas aunque irreconciliables: mientras unos pedían la anulación del aumento de las retenciones establecido hace menos de un mes, los otros les exigían que depusieran el lock-out como condición necesaria para reestablecer el dialogo. Así las cosas, un mensaje que debió ser conciliador —aún cuando fuese firme— modificó el panorama de cabo a rabo. Las palabras, henchidas de soberbia, que pronunció la Presidente al caer la tarde dispararon un cacerolazo que se extendió a buena parte del país. La espontaneidad de la reacción al, por momentos, desafortunado mensaje de Cristina Fernández, hizo recordar a los que en otras circunstancias, mucho más dramáticas por cierto, se enderezaron contra Fernando De la Rúa. Miles de personas ganaron las calles, no solo de la capital, para expresar su descontento ante un gobierno que por boca de su cabeza —formal, al menos— transparentaba una soberbia insoportable. Ya no era la gente de campo sino extensas franjas de la población las que hacían causa común con un reclamo que hasta ese entonces era sectorial, más allá de su legitimidad. Lo que había comenzado como un plan de lucha orquestado por CRA, La Rural, Coninagro y la Federación Agraria —entidades históricamente enfrentadas en más de una ocasión no sólo por razones tácticas sino también ideológicas de peso— se transformaba el martes a la noche en una expresión de claro repudio al gobierno. El kirchnerismo, ante la magnitud que tomaba la crisis, reaccionó de una forma desacostumbrada si se la compara con los reflejos demostrados cuando irrumpió en escena Juan Carlos Blumberg. En lugar de enfrentarlo, Kirchner en ese entonces decidió cooptarlo y, en principio, su estrategia dio resultado. Recién después de dos años de su aparición en la escena política, poco más o menos, Blumberg decidió tomar distancias de la administración central que lo había cortejado como a pocos. Ayer, en cambio, Kirchner optó por instrumentar frente a las familias que pacíficamente habían llegado a Plaza de Mayo, una política de choque. Las huestes del piquetero Luís D`Elía no se hubiesen movido sin una orden expresa del santacruceño. Si lo hicieron, retomando el control de la Plaza historia y desalojando, no sin violencia, a los manifestantes del cacerolazo, es porque alguien les dio luz verde. El primer indicio de que algo así podía ocurrir fue un reportaje de Marcelo Longobardi a Alberto Fernández a las diez de la noche. Preguntando el jefe de gabinete que le parecía la amenaza de D`Elía de avanzar sobre la Plaza de Mayo, contestó que cuando un grupo decide manifestarse en la forma que lo habían hecho los ruralistas, era natural que hubiese una reacción contraria. Cualquiera con un mínimo de sentido común podía entender y anticipar lo que se avecinaba. El avance piquetero, los cantos que entonaron sus huestes y el salvajismo que pusieron en evidencia, debe haber horrorizado a gente que hasta ayer no tenía partido tomado en la disputa. Seguramente el kirchnerismo perdió anoche a casi toda la clase media que seguía apoyándolo y a la totalidad de los votantes que viven directa o indirectamente del campo. No es poco. La imagen de una parte del país enredada en una pelea contra otra, con la particular coincidencia de que el campo se expresó sin violencia alguna y recibió de parte del gobierno tamaña respuesta, ha ensombrecido como nunca antes desde mayo del 2003 —cuando asumió Néstor Kirchner la presidencia— el futuro inmediato de la Argentina. Ha quedado en evidencia que el gobierno no trepidara en los tiempos por venir en apelar a las bandas paraestatales que le responden para intimidar a quienes no comulgan con sus ideas. El paso que en ese sentido dio el santacruceño plantea un escenario de índole distinta del que existía el martes a la mañana. No se trata ahora de saber tan sólo como seguirá la disputa con el campo —que, por supuesto sigue siendo de singular importancia— sino esperar el movimiento siguiente del antikirchnerismo sociológico. Si el mandamás del país creyó que un libreto soberbio y desfachatado como el que lanzó su mujer, era la mejor forma de reafirmar la autoridad presidencial, se equivocó de medio a medio. Pero infinitamente más torpe e irresponsable fue la decisión de escalar la contienda sacándola de su cauce natural a través de la orden impartida a Luis D’Elía. En la Argentina comienza a recortarse la sombra ominosa de una violencia política que considerábamos desaparecida. Afortunadamente ayer nadie resultó muerto. Desgraciadamente no está lejos el día —si la crisis continua creciendo— que debamos lamentar una o más víctimas fatales. Claro que si ello ocurriese sería, por distintas razones, el principio del fin de un matrimonio que frente a crisis que no sabe resolver o bien se refugia en Santa Cruz o bien manda a sus grupos de choque al ataque. El escenario futuro más probable es que la crisis escale sin tremendismos. El principal riesgo, que se halla a la vuelta de la esquina, es el desabastecimiento. Si se hiciese notar y golpease de lleno a vastos sectores de la sociedad, el gobierno —que no está dispuesto a dar marcha atrás en el tema de las retenciones— deberá apelar a la fuerza pública. Las consecuencias, en tal caso, serían impredecibles porque el campo, luego de lo que sucedió anoche y de los apoyos que ha recibido, tampoco está dispuesto a retroceder. No hay, pues, soluciones definitivas a la vista. ¿Puede haber un acuerdo provisorio? Esta es hoy la pregunta del millón. Que un conjunto de políticos juegue con fósforos es siempre arriesgado. Sobre todo si detenta el poder. Hasta la semana próxima.
Vicente Massot
APOCALÍPTICO
APOCALÍPTICO
El vocablo "apocalipsis" es griego y se traduce por "revelación" que significa "quitar el velo", mostrar algo que está escondido.
El dirigente piquetero (filo-montonero) Luis D´Elía corrió el velo de la verdadera naturaleza del espíritu que “mueve a éste gobierno”. No es más que el odio, el profundo resentimiento de clases que inauguró Perón, de la mano de su inefable mujer: Eva. Pero los argentinos, ingenuamente creímos que ésta filosofía que dividió durante tantos años a nuestro país, había ya quedado enterrada. Creíamos que todo aquello era parte de una pesadilla superada. Sin embargo, el piquetero D’ Elia, subido al palco oficial de Kristina K, en momentos en donde se esperaba que ésta diera señales conciliatorias -por el contrario, avalando sus actitudes mafiosas patoteriles - lo sentó a su derecha. Y no colocó a cualquiera, sino al energúmeno que a trompadas sacó de Plaza de Mayo a un grupo que se manifestaba pacíficamente a favor de sus derechos, confiscados por éste gobierno de pacotilla. El mismo, quién haciendo gala de un sentimiento de impunidad inaudito (del que sacó ventajas cuando incendió aquella comisaría) manifestó a viva voz no tener problemas en "matar a todos" los miembros de "la puta oligarquía". "Lo único que me mueve es el odio contra la puta oligarquía", explicó y, enseguida, remató: "No tengo problemas en matarlos a todos". D'Elía, en un tono que delataba desborde, dijo a la radio FM Metro: "Tengo un odio visceral contra los blancos de barrio norte, sépanlo de mi boca" y justificó ese sentimiento en que "ustedes piensan que nosotros somos inmundicia, escoria, barbarie". "Tengo el mismo odio que nos tienen ustedes los del norte a nosotros. Lo único que me mueve es el odio contra ustedes", insistió. ¡¿Cómo es posible que un hombre de tal calaña, profeta del odio y de la venganza, sea premiado por la Presidenta de “todos los argentinos”, haciéndolo subir a su palco, en momentos que está por ofrecer el discurso más importante de su vida.?! ¡¿ Acaso debemos considerar que coincide con la prédica del líder de su fuerza de choque.?!...entonces estimados amigos, la cosa se ha puesto verdaderamente complicada. Tengan en cuenta que ni el Bolivariano Chavez ha salido a apoyar el manejo de la situación de la presidenta. ¿Acaso porque ve claramente que el desaguisado que armó Kristina y su comparsa no tendrá buen final?. Ni el propio Perón, en su peor momento, se animó a expresar tanto sentimiento de odio visceral contra las clases cultas o pudientes del país. Las máscaras caen, el velo se corre para mostrar el rostro del monstruo kirchnerista. ¡Si señores/sras, ese engendro que vocifera palabras destempladas, cubiertas por una soberbia sin límites, es la presidenta que supimos conseguir. “He creído que cuatro son las condiciones que caracterizan al ser humano. Racionalidad, sinceridad, sensibilidad, responsabilidad".manifestó la presidenta. Pues parece que es la única que no se ha percatado que su accionar es absolutamente irracional e irresponsable y que demuestra claramente una ausencia total de sinceridad y sensibilidad. Vuelve a arremeter contra las señoras de Barrio Norte que adhirieron al apoyo agrario con un discurso cargado de bilis. Y cerró cualquier diálogo con los ruralistas a quienes pretende torcer el brazo: ¡primero Uds. , después ya veré…! Sin duda es el segundo peor discurso dicho por un presidente en la historia del país, sólo superado por aquél inolvidable del día martes… Lo único bueno de todo esto es que ya nadie tiene dudas en Argentina: se está de un lado o del otro. Se han cerrado las puertas de la posible creación de una posición intermedia. Los últimos cimientos de la racionalidad han caído: debemos abrigarnos, ya que se aproxima un largo y frío invierno…
ESCIPIÓN (de Barrio Norte)
El vocablo "apocalipsis" es griego y se traduce por "revelación" que significa "quitar el velo", mostrar algo que está escondido.
El dirigente piquetero (filo-montonero) Luis D´Elía corrió el velo de la verdadera naturaleza del espíritu que “mueve a éste gobierno”. No es más que el odio, el profundo resentimiento de clases que inauguró Perón, de la mano de su inefable mujer: Eva. Pero los argentinos, ingenuamente creímos que ésta filosofía que dividió durante tantos años a nuestro país, había ya quedado enterrada. Creíamos que todo aquello era parte de una pesadilla superada. Sin embargo, el piquetero D’ Elia, subido al palco oficial de Kristina K, en momentos en donde se esperaba que ésta diera señales conciliatorias -por el contrario, avalando sus actitudes mafiosas patoteriles - lo sentó a su derecha. Y no colocó a cualquiera, sino al energúmeno que a trompadas sacó de Plaza de Mayo a un grupo que se manifestaba pacíficamente a favor de sus derechos, confiscados por éste gobierno de pacotilla. El mismo, quién haciendo gala de un sentimiento de impunidad inaudito (del que sacó ventajas cuando incendió aquella comisaría) manifestó a viva voz no tener problemas en "matar a todos" los miembros de "la puta oligarquía". "Lo único que me mueve es el odio contra la puta oligarquía", explicó y, enseguida, remató: "No tengo problemas en matarlos a todos". D'Elía, en un tono que delataba desborde, dijo a la radio FM Metro: "Tengo un odio visceral contra los blancos de barrio norte, sépanlo de mi boca" y justificó ese sentimiento en que "ustedes piensan que nosotros somos inmundicia, escoria, barbarie". "Tengo el mismo odio que nos tienen ustedes los del norte a nosotros. Lo único que me mueve es el odio contra ustedes", insistió. ¡¿Cómo es posible que un hombre de tal calaña, profeta del odio y de la venganza, sea premiado por la Presidenta de “todos los argentinos”, haciéndolo subir a su palco, en momentos que está por ofrecer el discurso más importante de su vida.?! ¡¿ Acaso debemos considerar que coincide con la prédica del líder de su fuerza de choque.?!...entonces estimados amigos, la cosa se ha puesto verdaderamente complicada. Tengan en cuenta que ni el Bolivariano Chavez ha salido a apoyar el manejo de la situación de la presidenta. ¿Acaso porque ve claramente que el desaguisado que armó Kristina y su comparsa no tendrá buen final?. Ni el propio Perón, en su peor momento, se animó a expresar tanto sentimiento de odio visceral contra las clases cultas o pudientes del país. Las máscaras caen, el velo se corre para mostrar el rostro del monstruo kirchnerista. ¡Si señores/sras, ese engendro que vocifera palabras destempladas, cubiertas por una soberbia sin límites, es la presidenta que supimos conseguir. “He creído que cuatro son las condiciones que caracterizan al ser humano. Racionalidad, sinceridad, sensibilidad, responsabilidad".manifestó la presidenta. Pues parece que es la única que no se ha percatado que su accionar es absolutamente irracional e irresponsable y que demuestra claramente una ausencia total de sinceridad y sensibilidad. Vuelve a arremeter contra las señoras de Barrio Norte que adhirieron al apoyo agrario con un discurso cargado de bilis. Y cerró cualquier diálogo con los ruralistas a quienes pretende torcer el brazo: ¡primero Uds. , después ya veré…! Sin duda es el segundo peor discurso dicho por un presidente en la historia del país, sólo superado por aquél inolvidable del día martes… Lo único bueno de todo esto es que ya nadie tiene dudas en Argentina: se está de un lado o del otro. Se han cerrado las puertas de la posible creación de una posición intermedia. Los últimos cimientos de la racionalidad han caído: debemos abrigarnos, ya que se aproxima un largo y frío invierno…
ESCIPIÓN (de Barrio Norte)
jueves 27 de marzo de 2008
Cuenta regresiva para el matrimonio Kirchner
Cuenta regresiva para el matrimonio Kirchner
Por Pablo López Herrera (1)
"Podemos observar en la república de los perros que todo el Estado disfruta de la paz más absoluta después de una comida abundante, y que surgen entre ellos contiendas civiles tan pronto como un hueso grande viene a caer en poder de algún perro principal, el cual lo reparte con unos pocos, estableciendo una oligarquía, o lo conserva para sí, estableciendo una tiranía." Jonathan Swift
Lo que está sucediendo en estos días en la Argentina, marca un punto de inflexión en el poder del matrimonio reinante, sea cual fuere el resultado del movimiento que esta llevando al cabo el campo, apoyado por vastas capas de la población de las ciudades. Aunque no puede decirse cuál va a ser el resultado final del movimiento del agro, ya nada será como hasta aquí. De ahora en más, lo que les queda a los Kirchner por delante es el desgaste, y la pérdida de autoridad y de respeto a que los llevaron una mezcla de complejo de persecución que los hace ver un enemigo en todo aquel que no sea un genuflexo, con el agregado de una megalomanía enfermiza que les confiere una temeraria seguridad en sí mismos.
Debe recordarse que los análisis realizados ya a fines del año pasado por los economistas mostraban que el superávit fiscal proyectado para este año no alcanzaba para "cerrar" el 2008 holgadamente, ni mucho menos, por lo que ya podía preverse que el matrimonio real, celoso antes que nada de la caja, iba a apuntar más a aumentar la recaudación que a disminuir el gasto.
Llevados Néstor y Cristina por un enfoque simplista y perezoso, y por ese espíritu de ave de rapiña del que hicieron uso y abuso y que hasta ahora les dio resultados satisfactorios en su trepada a la montaña del poder, no dudaron en llevar las retenciones al agro a un nivel expropiatorio que puso a los pequeños y medianos productores con sus cuentas en rojo. Lo hicieron además con los campos sembrados y las decisiones de inversión tomadas, de modo que el costo de no cosechar normalmente será lo suficientemente alto como para que quién haya sembrado estará obligado a cosechar y vender, por lo menos para intentar cubrir sus costos.
La noble ira del campo se origina entonces en el manifiesto abuso de poder, y en la forma taimada y artera de lanzar las nuevas medidas, sin dialogo previo y sin consulta con los sectores interesados. Y como la cereza del postre, el meditado discurso-reto-desafío de Cristina, seguramente rumiado en el círculo áulico "Calafateño" durante la Semana Santa, llamada "fin de semana largo" por una Presidente súbitamente atacada de laicismo militante.
Agregando el insulto a la injuria, la primera dama compara demagógica y despectivamente los piquetes del campo, que llama de la abundancia, con los de los desposeídos del principio de la década.
En un discurso de elegido tono mesurado pero de neto contenido setentista y de violencia insinuada, acusa implícitamente a todos los agricultores de querer socializar las pérdidas y capitalizar las ganancias, lo que siempre fue más propio de los grandes empresarios socios del poder, que fueron quienes presionaron por la devaluación y obtuvieron la pesificación asimétrica que -justo es decirlo- fue obra de Duhalde y no de Kircher.
Luego se refiere con presumible mala fe al "tipo de cambio competitivo" como si hubiera sido una dádiva o un regalo, cuando la razón de mantener alto el valor del dólar estuvo basada simplemente en el objetivo del gobierno de disponer de una caja en dólares como margen de maniobra, contra un presupuesto de gastos mayoritariamente compuesto de sueldos en pesos.
Pasa enseguida a enrostrar al agro los subsidios al gasoil, que fueron más el fruto de una disparatada política energética que castiga a la producción local con precios fuera de toda lógica de mercado, mientras paga generosamente el combustible importado.
Empuja a los argentinos al resentimiento al mencionar los bajos sueldos del campo y al sugerir que si no fuera por las retenciones, los argentinos no podrían comer ni pollo, ni carne ni leche, afirmando que con el paro "los ruralistas no amenazan al gobierno sino a la sociedad toda con el desabastecimiento".
Para terminar, la amenaza velada. A mi deber, "lo pienso ejercer con todos los instrumentos que la ley, la Constitución y el voto popular me han conferido". ¿Imaginará que todos los instrumentos que utiliza son los que le permite la ley, la Constitución y el voto popular? ¿Habrá tenido en mente los "aprietes" de "Lassie" al referirse a los instrumentos del poder, o los de las "organizaciones sociales" amigas?
Por desgracia, y quizás confiada en esa memoria de alumna aplicada de la que hace gala al hablar en público, se olvidó de hablar la Presidente de lo difícil que es llevar adelante una actividad económica en el medio de una permanente imprevisibilidad y de una precariedad de las reglas del juego a la que son sometidas las empresas en general, y el campo en particular.
En el caso del campo, esos manejos incluyeron desde la quita de los reintegros, la implantación y aumento de retenciones, la limitación o prohibición de exportaciones como medio para incentivar las ventas internas, el cierre arbitrario de registros de exportación, los cupos administrados, las a veces sospechadas cuotas, los "acuerdos" de precios, las limitaciones al peso de faena, y un esquema retorcido de subsidios y compensaciones, todo en lugar de la simple libertad de comercio.
Si se le agrega a lo enunciado el efecto cruzado de una presión impositiva general complicada y asfixiante para quién intente ser un aplicado cumplidor de sus obligaciones, se tendrá en cuenta el ánimo con el que luego del anuncio de las retenciones, recibió el agro el reto de la señora ...
Debería recordar el empecinado matrimonio reinante, que la revolución francesa tuvo entre otras causas el agotamiento provocado por la presión impositiva, sumada a la contemplación del derroche, del fausto y del boato real, combinado con el descontento de las clases más bajas. Pero también deberían recordar todos los argentinos que no configuran aún una oposición organizada, el deber cada vez más imperioso de generar una fuerza que pueda estar en condiciones de jugar el deber de su hora con grandeza y sin egoísmos.
(1) Miembro del Comité Consultivo de Atlas 1853 – plopezherrera@hotmail.com
Por Pablo López Herrera (1)
"Podemos observar en la república de los perros que todo el Estado disfruta de la paz más absoluta después de una comida abundante, y que surgen entre ellos contiendas civiles tan pronto como un hueso grande viene a caer en poder de algún perro principal, el cual lo reparte con unos pocos, estableciendo una oligarquía, o lo conserva para sí, estableciendo una tiranía." Jonathan Swift
Lo que está sucediendo en estos días en la Argentina, marca un punto de inflexión en el poder del matrimonio reinante, sea cual fuere el resultado del movimiento que esta llevando al cabo el campo, apoyado por vastas capas de la población de las ciudades. Aunque no puede decirse cuál va a ser el resultado final del movimiento del agro, ya nada será como hasta aquí. De ahora en más, lo que les queda a los Kirchner por delante es el desgaste, y la pérdida de autoridad y de respeto a que los llevaron una mezcla de complejo de persecución que los hace ver un enemigo en todo aquel que no sea un genuflexo, con el agregado de una megalomanía enfermiza que les confiere una temeraria seguridad en sí mismos.
Debe recordarse que los análisis realizados ya a fines del año pasado por los economistas mostraban que el superávit fiscal proyectado para este año no alcanzaba para "cerrar" el 2008 holgadamente, ni mucho menos, por lo que ya podía preverse que el matrimonio real, celoso antes que nada de la caja, iba a apuntar más a aumentar la recaudación que a disminuir el gasto.
Llevados Néstor y Cristina por un enfoque simplista y perezoso, y por ese espíritu de ave de rapiña del que hicieron uso y abuso y que hasta ahora les dio resultados satisfactorios en su trepada a la montaña del poder, no dudaron en llevar las retenciones al agro a un nivel expropiatorio que puso a los pequeños y medianos productores con sus cuentas en rojo. Lo hicieron además con los campos sembrados y las decisiones de inversión tomadas, de modo que el costo de no cosechar normalmente será lo suficientemente alto como para que quién haya sembrado estará obligado a cosechar y vender, por lo menos para intentar cubrir sus costos.
La noble ira del campo se origina entonces en el manifiesto abuso de poder, y en la forma taimada y artera de lanzar las nuevas medidas, sin dialogo previo y sin consulta con los sectores interesados. Y como la cereza del postre, el meditado discurso-reto-desafío de Cristina, seguramente rumiado en el círculo áulico "Calafateño" durante la Semana Santa, llamada "fin de semana largo" por una Presidente súbitamente atacada de laicismo militante.
Agregando el insulto a la injuria, la primera dama compara demagógica y despectivamente los piquetes del campo, que llama de la abundancia, con los de los desposeídos del principio de la década.
En un discurso de elegido tono mesurado pero de neto contenido setentista y de violencia insinuada, acusa implícitamente a todos los agricultores de querer socializar las pérdidas y capitalizar las ganancias, lo que siempre fue más propio de los grandes empresarios socios del poder, que fueron quienes presionaron por la devaluación y obtuvieron la pesificación asimétrica que -justo es decirlo- fue obra de Duhalde y no de Kircher.
Luego se refiere con presumible mala fe al "tipo de cambio competitivo" como si hubiera sido una dádiva o un regalo, cuando la razón de mantener alto el valor del dólar estuvo basada simplemente en el objetivo del gobierno de disponer de una caja en dólares como margen de maniobra, contra un presupuesto de gastos mayoritariamente compuesto de sueldos en pesos.
Pasa enseguida a enrostrar al agro los subsidios al gasoil, que fueron más el fruto de una disparatada política energética que castiga a la producción local con precios fuera de toda lógica de mercado, mientras paga generosamente el combustible importado.
Empuja a los argentinos al resentimiento al mencionar los bajos sueldos del campo y al sugerir que si no fuera por las retenciones, los argentinos no podrían comer ni pollo, ni carne ni leche, afirmando que con el paro "los ruralistas no amenazan al gobierno sino a la sociedad toda con el desabastecimiento".
Para terminar, la amenaza velada. A mi deber, "lo pienso ejercer con todos los instrumentos que la ley, la Constitución y el voto popular me han conferido". ¿Imaginará que todos los instrumentos que utiliza son los que le permite la ley, la Constitución y el voto popular? ¿Habrá tenido en mente los "aprietes" de "Lassie" al referirse a los instrumentos del poder, o los de las "organizaciones sociales" amigas?
Por desgracia, y quizás confiada en esa memoria de alumna aplicada de la que hace gala al hablar en público, se olvidó de hablar la Presidente de lo difícil que es llevar adelante una actividad económica en el medio de una permanente imprevisibilidad y de una precariedad de las reglas del juego a la que son sometidas las empresas en general, y el campo en particular.
En el caso del campo, esos manejos incluyeron desde la quita de los reintegros, la implantación y aumento de retenciones, la limitación o prohibición de exportaciones como medio para incentivar las ventas internas, el cierre arbitrario de registros de exportación, los cupos administrados, las a veces sospechadas cuotas, los "acuerdos" de precios, las limitaciones al peso de faena, y un esquema retorcido de subsidios y compensaciones, todo en lugar de la simple libertad de comercio.
Si se le agrega a lo enunciado el efecto cruzado de una presión impositiva general complicada y asfixiante para quién intente ser un aplicado cumplidor de sus obligaciones, se tendrá en cuenta el ánimo con el que luego del anuncio de las retenciones, recibió el agro el reto de la señora ...
Debería recordar el empecinado matrimonio reinante, que la revolución francesa tuvo entre otras causas el agotamiento provocado por la presión impositiva, sumada a la contemplación del derroche, del fausto y del boato real, combinado con el descontento de las clases más bajas. Pero también deberían recordar todos los argentinos que no configuran aún una oposición organizada, el deber cada vez más imperioso de generar una fuerza que pueda estar en condiciones de jugar el deber de su hora con grandeza y sin egoísmos.
(1) Miembro del Comité Consultivo de Atlas 1853 – plopezherrera@hotmail.com
" La sociedad de los poetas muertos
26 de Marzo 2008
Amigos y amigas,
"LA SOCIEDAD DE LOS POETAS MUERTOS... ¡ESTÁ VIVA!"
Mucha gente se acostó preocupada. Otra, más audaz, ocupó las plazas de los pueblos que parecían dormidos. Fui FELIZ. Porque presencié la RESURECCIÓN: en lugar de brazos cruzados vi cacerolas, me convencí que no estamos muertos de apatía y desinterés, que somos capaces de luchar por otros, no solo por nosotros. Y mi felicidad fue completa cuando la Señora y el Señor, mandaron a la Plaza de Mayo al inmostrable Luis D´Elía y sus barrasbravas que son los sicarios o custodios de ÉL y de ELLA. Así mostraban sus uñas. Por televisión, vi como el "guapo" D´Elía le pegaba un trompazo a Alejandro Gahan, productor agropecuario de Gualeguaychú que defendía sus ideales. Y el prófugo de la Justicia, el mismo que había tomado una comisaría y lo premiaron nombrándolo Secretario de Estado, quería masacrarlo por pensar distinto. D ´Elía representa más que nadie, el puño cerrado del Néstor y la Cristina. Tengo grabado el puñetazo de D´Elía; algún abogado que lo quiera llevar a la justicia, por favor.El estanciero Moyano, con algún miedo interno, apostó camiones en la ruta, pero no alma.Y lo más maravilloso de esa jornada histórica inolvidable, fue que las ciudades y los pueblos y la histórica Plaza de Mayo, anunciaron que los jóvenes habían despertado a la Patria. Me refregaba los ojos, viendo chicas y chicos de 20 a 30 años, saliendo a dar la cara. ¿No habrá que buscar en el campo la nueva generación política?. Pero a la que hay que agradecerle hasta el infinito, este paso de los habitantes a ciudadanos, este crecimiento humano, esta necesidad de SER SOCIEDAD, es a nuestra queridísima señora Presidenta. Su furioso discurso nos convocó. Su resentimiento inexplicable, su soberbia de la nada. Ofuscada con los "PIQUETES DE LA ABUNDANCIA" y mortificada como siempre por las 4x4 que tienen algunos chacareros para trabajar, mientras LA PAREJA con la plata de ESE CAMPESINO tienen 3 aviones y 2 helicópteros para cumplir su misión sagrada de dividir a los argentinos, crisparlos, desprestigiarlos.El discurso de la señora PresidenTA salió de la cabeza de Horacio Verbitsky. Fue el liderazgo que necesitábamos. Había leído lo mismo el domingo en su columna de Página 12: "si le ganamos al campo, nos quedamos con el país". EL MATRIMONIO odia a las Fuerzas Armadas. A algunos periodistas no comprables. A Estados Unidos. A la Iglesia. Desprestigia a la policía y le quita poder. Son adictos a la corrupción (pasó el martes y la plata de Santa Cruz no volvió), no se aguantan entre ellos dos y se vengan con la gente. Transformaron al campo en su enemigo preferido. "SE METIERON CON UN MANSO" y perdieron. ¿Les costará mucho arrodillarse y pedirles perdón a los argentinos que ganan plata trabajando? ¿O que tienen una 4x4 para andar por campos que no tienen los caminos que prometieron ELLOS? Le cambio una 4x4, por su cartera Vuitton, su reloj Rolex, el último vestido de Channel y ese anillo de oro y esmeralda que alguien le habrá regalado seguramente "por su pasión" por los pobres. Mientras ella ironiza con la 4x4 de un hombre de campo, estoy mirando el Mini Cooper de 40.000 dólares que la Señora le regaló a su hija Florencia de 17 años, más caro que una 4x4 para el trabajo.Estoy pensando en "mamá Cristina Fernández", ¿tratará a sus hijos como trata al pueblo? ¿Los cacheteará? ¿Cuando se portan mal, les mandará a D´Elía y a Moyano? Cuando se escriba la historia - y no por el mentiroso Felipe Pigna - el 25 de marzo de 2008 desde las 7 de la tarde, tendrá que ser declarado feriado. El "Día del Renacimiento".Me estoy afeitando para salir prolijo, leo el programa de lo que me espera si me gustara el rock: Rata Blanca - Carajo - La vela puerca - Intoxicados - Los piojos - Las pelotas - Ratones Paranoicos - No te va a gustar - Guasones - Divididos - Masacre. Todos en River desde el 30 de marzo al 6 de abril. Una propuesta musical de paz y amor digna del país de los Kirchner. Decaemos por segundos.Miro el cielo y veo desaparecer una estrella: Horacio Verbitsky el envenenador intelectual de este MATRIMONIO ARTERO que en lugar de un paso de comedia quiere transformar a la Argentina en un paso de tragedia.Belicosa mía: con custodios como Moyano, Moreno, EL CUATRERO SAMID (que reapareció en televisión para defenderla cuando esta buscado por la justicia) y Luisito D ´ Elía el represor que trabaja en el gobierno... no irá muy lejos. ¿Vio SEÑORA que nadie llevó a la gente en camiones, o en colectivos. Como dice el campo "lo que más bronca les da es que el pueblo fue solo".Si yo fuera la PresidenTA me miraría en el espejo de Alfonsina Storni. Suave. Etérea, entrando al mar... mójese la cabeza y por ahí sale con las ideas cambiadas. ¡OJALÁ!.Padre nuestro que estás en los cielos...ÚLTIMO MOMENTO: La Señora les ordenó a la pareja Fernández - Lousteau: "que no va a cambiar un ápice la política de retenciones". Me la imagino, mirándose al espejo y susurrando fuerte: ¡LAS RETENCIONES SON MÍAS, MÍAS, MÍAS! Póngase contento, perdieron la seguridad. Nunca más harán lo que se les de la gana.Bernardo NeustadtPost data: Habitantes de ayer, ciudadanos de hoy. GRACIAS, se terminó el miedo. La clase media recuperó su estirpe. Los amigos del poder amanecieron pálidos. El campo se hizo frente y se fueron a guardar. La SEÑORA no usó el helicóptero, lo dejó en el techo de la Casa de Gobierno. Son símbolos... Yo sé que ahora vendrán caras extrañas.... y se retobará más de uno de los gobernadores cobardes. Se pudo cantar el Himno Nacional en la plazas.
Faltaba un grito: "EL REY Y LA REINA ESTÁN DESNUDOS".
Bernardo Neustand
Amigos y amigas,
"LA SOCIEDAD DE LOS POETAS MUERTOS... ¡ESTÁ VIVA!"
Mucha gente se acostó preocupada. Otra, más audaz, ocupó las plazas de los pueblos que parecían dormidos. Fui FELIZ. Porque presencié la RESURECCIÓN: en lugar de brazos cruzados vi cacerolas, me convencí que no estamos muertos de apatía y desinterés, que somos capaces de luchar por otros, no solo por nosotros. Y mi felicidad fue completa cuando la Señora y el Señor, mandaron a la Plaza de Mayo al inmostrable Luis D´Elía y sus barrasbravas que son los sicarios o custodios de ÉL y de ELLA. Así mostraban sus uñas. Por televisión, vi como el "guapo" D´Elía le pegaba un trompazo a Alejandro Gahan, productor agropecuario de Gualeguaychú que defendía sus ideales. Y el prófugo de la Justicia, el mismo que había tomado una comisaría y lo premiaron nombrándolo Secretario de Estado, quería masacrarlo por pensar distinto. D ´Elía representa más que nadie, el puño cerrado del Néstor y la Cristina. Tengo grabado el puñetazo de D´Elía; algún abogado que lo quiera llevar a la justicia, por favor.El estanciero Moyano, con algún miedo interno, apostó camiones en la ruta, pero no alma.Y lo más maravilloso de esa jornada histórica inolvidable, fue que las ciudades y los pueblos y la histórica Plaza de Mayo, anunciaron que los jóvenes habían despertado a la Patria. Me refregaba los ojos, viendo chicas y chicos de 20 a 30 años, saliendo a dar la cara. ¿No habrá que buscar en el campo la nueva generación política?. Pero a la que hay que agradecerle hasta el infinito, este paso de los habitantes a ciudadanos, este crecimiento humano, esta necesidad de SER SOCIEDAD, es a nuestra queridísima señora Presidenta. Su furioso discurso nos convocó. Su resentimiento inexplicable, su soberbia de la nada. Ofuscada con los "PIQUETES DE LA ABUNDANCIA" y mortificada como siempre por las 4x4 que tienen algunos chacareros para trabajar, mientras LA PAREJA con la plata de ESE CAMPESINO tienen 3 aviones y 2 helicópteros para cumplir su misión sagrada de dividir a los argentinos, crisparlos, desprestigiarlos.El discurso de la señora PresidenTA salió de la cabeza de Horacio Verbitsky. Fue el liderazgo que necesitábamos. Había leído lo mismo el domingo en su columna de Página 12: "si le ganamos al campo, nos quedamos con el país". EL MATRIMONIO odia a las Fuerzas Armadas. A algunos periodistas no comprables. A Estados Unidos. A la Iglesia. Desprestigia a la policía y le quita poder. Son adictos a la corrupción (pasó el martes y la plata de Santa Cruz no volvió), no se aguantan entre ellos dos y se vengan con la gente. Transformaron al campo en su enemigo preferido. "SE METIERON CON UN MANSO" y perdieron. ¿Les costará mucho arrodillarse y pedirles perdón a los argentinos que ganan plata trabajando? ¿O que tienen una 4x4 para andar por campos que no tienen los caminos que prometieron ELLOS? Le cambio una 4x4, por su cartera Vuitton, su reloj Rolex, el último vestido de Channel y ese anillo de oro y esmeralda que alguien le habrá regalado seguramente "por su pasión" por los pobres. Mientras ella ironiza con la 4x4 de un hombre de campo, estoy mirando el Mini Cooper de 40.000 dólares que la Señora le regaló a su hija Florencia de 17 años, más caro que una 4x4 para el trabajo.Estoy pensando en "mamá Cristina Fernández", ¿tratará a sus hijos como trata al pueblo? ¿Los cacheteará? ¿Cuando se portan mal, les mandará a D´Elía y a Moyano? Cuando se escriba la historia - y no por el mentiroso Felipe Pigna - el 25 de marzo de 2008 desde las 7 de la tarde, tendrá que ser declarado feriado. El "Día del Renacimiento".Me estoy afeitando para salir prolijo, leo el programa de lo que me espera si me gustara el rock: Rata Blanca - Carajo - La vela puerca - Intoxicados - Los piojos - Las pelotas - Ratones Paranoicos - No te va a gustar - Guasones - Divididos - Masacre. Todos en River desde el 30 de marzo al 6 de abril. Una propuesta musical de paz y amor digna del país de los Kirchner. Decaemos por segundos.Miro el cielo y veo desaparecer una estrella: Horacio Verbitsky el envenenador intelectual de este MATRIMONIO ARTERO que en lugar de un paso de comedia quiere transformar a la Argentina en un paso de tragedia.Belicosa mía: con custodios como Moyano, Moreno, EL CUATRERO SAMID (que reapareció en televisión para defenderla cuando esta buscado por la justicia) y Luisito D ´ Elía el represor que trabaja en el gobierno... no irá muy lejos. ¿Vio SEÑORA que nadie llevó a la gente en camiones, o en colectivos. Como dice el campo "lo que más bronca les da es que el pueblo fue solo".Si yo fuera la PresidenTA me miraría en el espejo de Alfonsina Storni. Suave. Etérea, entrando al mar... mójese la cabeza y por ahí sale con las ideas cambiadas. ¡OJALÁ!.Padre nuestro que estás en los cielos...ÚLTIMO MOMENTO: La Señora les ordenó a la pareja Fernández - Lousteau: "que no va a cambiar un ápice la política de retenciones". Me la imagino, mirándose al espejo y susurrando fuerte: ¡LAS RETENCIONES SON MÍAS, MÍAS, MÍAS! Póngase contento, perdieron la seguridad. Nunca más harán lo que se les de la gana.Bernardo NeustadtPost data: Habitantes de ayer, ciudadanos de hoy. GRACIAS, se terminó el miedo. La clase media recuperó su estirpe. Los amigos del poder amanecieron pálidos. El campo se hizo frente y se fueron a guardar. La SEÑORA no usó el helicóptero, lo dejó en el techo de la Casa de Gobierno. Son símbolos... Yo sé que ahora vendrán caras extrañas.... y se retobará más de uno de los gobernadores cobardes. Se pudo cantar el Himno Nacional en la plazas.
Faltaba un grito: "EL REY Y LA REINA ESTÁN DESNUDOS".
Bernardo Neustand
"Para querer al país hay que pensarlo en el largo plazo"
"Para querer al país hay que pensarlo en el largo plazo"
Por Carmen María Ramos
Para LA NACION
Miércoles 26 de marzo de 2008
Para la fotógrafa Sara Facio, los múltiples problemas que arrastra el país tienen un origen común: la falta de educación, las dificultades para trabajar en equipo, para pensar en el largo plazo, para dialogar, para respetar jerarquías y trayectorias. "Querer al país es pensar en su futuro", sostiene. Una brillante carrera de casi medio siglo se vio coronada en estos días con la exhibición de una muestra antológica de sus fotografías. Recorrer esas imágenes es repasar los grandes hitos de su labor individual, pero es también acceder a un importante registro de la realidad, con sus grandes protagonistas del último medio siglo. El trabajo de Sara Facio trasunta su alma de pionera. ¿Qué otra cosa puede decirse de una mujer nacida en 1932 y que desde el ya lejano 1957 decidió dedicarse profesionalmente a la fotografía, cuando casi ninguna mujer lo hacía ni la fotografía era considerada una profesión? Ella abrió un camino incluso para sus colegas del sexo masculino. Desde La Azotea, que fundó en 1973 y que aún dirige, ha realizado una obra monumental y ha editado libros, ensayos fotográficos y series de retratos que son reflejo de su vocación. En 1985 creó la Fotogalería del Teatro General San Martín, y en 1995 creó en el Museo Nacional de Bellas Artes la primera Colección Fotográfica del Patrimonio Nacional, sobre la base de donaciones privadas. Allí continúa como curadora. Sus libros y fotografías se encuentran en la Biblioteca Nacional de París, en la Biblioteca del Congreso de Washington, en el Museo de Arte Moderno de San Pablo, Brasil, entre otras instituciones, y en colecciones privadas. Desde 1965 el Correo Argentino ilustra estampillas con sus fotografías. La última fue la conmemoración de los cien años del nacimiento de Jorge Luis Borges. -¿Por qué la Argentina es un país con gente destacada, pero a la que le cuesta mucho funcionar colectivamente? -Eso siempre lo he notado. Muchas personas valiosas se fueron al extranjero y pudieron trabajar, formar equipos y desarrollarse plenamente. Un caso es el de Jorge Lavelli, que en Francia llegó a dirigir incluso teatros oficiales, pero hay cientos de ejemplos. Acá todo es muy conflictivo, todo resulta más difícil. Queremos imponer nuestra forma de pensar sin aceptar demasiado las diferencias. Hay poco diálogo, poco debate. Yo lo viví en el Museo Nacional de Bellas Artes. En la gestión anterior se hizo una comisión para acompañar al director, y era una comisión fantasma: no se la veía, no convocaban a nadie, decidían sin pedir asesoramiento. En el área de mi competencia aceptaban o rechazaban fotógrafos sin pedirme opinión. Es una cosa muy arbitraria, en algunos casos hasta humillante, y que no favorece a nadie. -¿Por qué ocurre? -Porque la gente en la Argentina no sabe trabajar en equipo. Eso hace que no haya diálogo, que no haya intercambio ni enriquecimiento, que se iguale hacia abajo. Falta humildad, conciencia de los propios límites. Si yo no entiendo de un tema, si no es de mi competencia directa, debo asesorarme. El problema es que algunos quieren cargos para figurar, para viajar, para tener un chofer. Es una mirada muy pequeña, muy mezquina, y así nos va. La verdadera política que se hace aquí es la de desalentar a la gente valiosa. -¿Qué nos frena? -Hay falta de educación y de buenos ejemplos, y esa carencia baja desde las más altas esferas. La sociedad asiste impasible a la actitud agresiva de los ministros y ex ministros o del ex presidente, humillando a mucha gente. La consecuencia es que los mejores tienden a replegarse, se concentran en lo suyo y abandonan toda vocación por lo público. Lo público pasa a ser una expresión de la política, a la que se ve como un espacio condenado a la mediocridad, a la pobreza de miras, cuando no al delito. -Pensar en la Argentina ¿qué sentimientos le provoca? -Como ya dije, me siento muy patriota. En mi casa se festejaba más el 25 de Mayo que la Navidad. Pero reconozco que pensar hoy en la Argentina me produce una profunda tristeza, porque creo que me voy a morir sin ver a este país encaminado. Al punto de que ahora me conformaría con ver a mi ciudad encaminada. Cómo no voy a sentir desesperanza si a pocos días de comenzar las clases los diarios informan que recién ahora se van a empezar a arreglar las escuelas... ¿Qué hicieron los que tenían que ocuparse de esto desde que terminaron las clases del año pasado? -Desde los tiempos de sus retratos de figuras como Victoria Ocampo, Luis Federico Leloir, Borges y Cortázar, ¿qué cambios advierte en la calidad de nuestras figuras relevantes? -En líneas generales, veo una degradación, que se debe, en parte, a la valoración que hacemos de lo que significa ser exitoso. Antes el éxito era un camino esforzado; hoy es el deseo de figurar. Otros países echan bases más firmes. Lo vemos en estas primarias en los Estados Unidos. Me producen una sana envidia. Se habla de ideas, se habla del país, de lo que los Estados Unidos necesitan. Los candidatos quieren a los Estados Unidos, se preocupan por su futuro. Pensemos en nuestro próximo Bicentenario. Hay una orfandad de ideas y de acciones. No se trata de pensar sólo en los festejos: pensar en el Bicentenario es pensar en un modelo de país en todas las áreas. Para eso aquí debería haber funcionarios trabajando en el tema desde hace 20 o 30 años. Querer al país es pensar en el futuro del país, pensar con mentalidad de largo plazo. -¿Qué oposición le gustaría ver en la Argentina? -A mí me gusta el estilo de oposición que ejerce Elisa Carrió. Es una dirigente decente, valiente, preparada, educada, que se sale de sus carriles cuando la sacan. Y lo hace con bastante humor, que es un signo de inteligencia.
Por Carmen María Ramos
Para LA NACION
Miércoles 26 de marzo de 2008
Para la fotógrafa Sara Facio, los múltiples problemas que arrastra el país tienen un origen común: la falta de educación, las dificultades para trabajar en equipo, para pensar en el largo plazo, para dialogar, para respetar jerarquías y trayectorias. "Querer al país es pensar en su futuro", sostiene. Una brillante carrera de casi medio siglo se vio coronada en estos días con la exhibición de una muestra antológica de sus fotografías. Recorrer esas imágenes es repasar los grandes hitos de su labor individual, pero es también acceder a un importante registro de la realidad, con sus grandes protagonistas del último medio siglo. El trabajo de Sara Facio trasunta su alma de pionera. ¿Qué otra cosa puede decirse de una mujer nacida en 1932 y que desde el ya lejano 1957 decidió dedicarse profesionalmente a la fotografía, cuando casi ninguna mujer lo hacía ni la fotografía era considerada una profesión? Ella abrió un camino incluso para sus colegas del sexo masculino. Desde La Azotea, que fundó en 1973 y que aún dirige, ha realizado una obra monumental y ha editado libros, ensayos fotográficos y series de retratos que son reflejo de su vocación. En 1985 creó la Fotogalería del Teatro General San Martín, y en 1995 creó en el Museo Nacional de Bellas Artes la primera Colección Fotográfica del Patrimonio Nacional, sobre la base de donaciones privadas. Allí continúa como curadora. Sus libros y fotografías se encuentran en la Biblioteca Nacional de París, en la Biblioteca del Congreso de Washington, en el Museo de Arte Moderno de San Pablo, Brasil, entre otras instituciones, y en colecciones privadas. Desde 1965 el Correo Argentino ilustra estampillas con sus fotografías. La última fue la conmemoración de los cien años del nacimiento de Jorge Luis Borges. -¿Por qué la Argentina es un país con gente destacada, pero a la que le cuesta mucho funcionar colectivamente? -Eso siempre lo he notado. Muchas personas valiosas se fueron al extranjero y pudieron trabajar, formar equipos y desarrollarse plenamente. Un caso es el de Jorge Lavelli, que en Francia llegó a dirigir incluso teatros oficiales, pero hay cientos de ejemplos. Acá todo es muy conflictivo, todo resulta más difícil. Queremos imponer nuestra forma de pensar sin aceptar demasiado las diferencias. Hay poco diálogo, poco debate. Yo lo viví en el Museo Nacional de Bellas Artes. En la gestión anterior se hizo una comisión para acompañar al director, y era una comisión fantasma: no se la veía, no convocaban a nadie, decidían sin pedir asesoramiento. En el área de mi competencia aceptaban o rechazaban fotógrafos sin pedirme opinión. Es una cosa muy arbitraria, en algunos casos hasta humillante, y que no favorece a nadie. -¿Por qué ocurre? -Porque la gente en la Argentina no sabe trabajar en equipo. Eso hace que no haya diálogo, que no haya intercambio ni enriquecimiento, que se iguale hacia abajo. Falta humildad, conciencia de los propios límites. Si yo no entiendo de un tema, si no es de mi competencia directa, debo asesorarme. El problema es que algunos quieren cargos para figurar, para viajar, para tener un chofer. Es una mirada muy pequeña, muy mezquina, y así nos va. La verdadera política que se hace aquí es la de desalentar a la gente valiosa. -¿Qué nos frena? -Hay falta de educación y de buenos ejemplos, y esa carencia baja desde las más altas esferas. La sociedad asiste impasible a la actitud agresiva de los ministros y ex ministros o del ex presidente, humillando a mucha gente. La consecuencia es que los mejores tienden a replegarse, se concentran en lo suyo y abandonan toda vocación por lo público. Lo público pasa a ser una expresión de la política, a la que se ve como un espacio condenado a la mediocridad, a la pobreza de miras, cuando no al delito. -Pensar en la Argentina ¿qué sentimientos le provoca? -Como ya dije, me siento muy patriota. En mi casa se festejaba más el 25 de Mayo que la Navidad. Pero reconozco que pensar hoy en la Argentina me produce una profunda tristeza, porque creo que me voy a morir sin ver a este país encaminado. Al punto de que ahora me conformaría con ver a mi ciudad encaminada. Cómo no voy a sentir desesperanza si a pocos días de comenzar las clases los diarios informan que recién ahora se van a empezar a arreglar las escuelas... ¿Qué hicieron los que tenían que ocuparse de esto desde que terminaron las clases del año pasado? -Desde los tiempos de sus retratos de figuras como Victoria Ocampo, Luis Federico Leloir, Borges y Cortázar, ¿qué cambios advierte en la calidad de nuestras figuras relevantes? -En líneas generales, veo una degradación, que se debe, en parte, a la valoración que hacemos de lo que significa ser exitoso. Antes el éxito era un camino esforzado; hoy es el deseo de figurar. Otros países echan bases más firmes. Lo vemos en estas primarias en los Estados Unidos. Me producen una sana envidia. Se habla de ideas, se habla del país, de lo que los Estados Unidos necesitan. Los candidatos quieren a los Estados Unidos, se preocupan por su futuro. Pensemos en nuestro próximo Bicentenario. Hay una orfandad de ideas y de acciones. No se trata de pensar sólo en los festejos: pensar en el Bicentenario es pensar en un modelo de país en todas las áreas. Para eso aquí debería haber funcionarios trabajando en el tema desde hace 20 o 30 años. Querer al país es pensar en el futuro del país, pensar con mentalidad de largo plazo. -¿Qué oposición le gustaría ver en la Argentina? -A mí me gusta el estilo de oposición que ejerce Elisa Carrió. Es una dirigente decente, valiente, preparada, educada, que se sale de sus carriles cuando la sacan. Y lo hace con bastante humor, que es un signo de inteligencia.
El paro del campo
El paro del campo
Editorial I
La Nación
Miércoles 26 de marzo de 2008
Es una estimable señal de progreso en las prácticas ciudadanas que algunos de los sectores y de los protagonistas que más se han regocijado en los últimos años por la afectación periódica del orden público hayan expresado su queja airada por los cortes de rutas producidos de manera simultánea con el paro agropecuario. Tiene importancia relativa si en esta oportunidad quienes han vulnerado el derecho de libre tránsito y otros derechos constitucionales, como el de trabajo y el de comercio, lo han hecho desprovistos de palos y de otros elementos intimidatorios que suelen anonadar en las calles a los porteños desprevenidos. O si aquellos manifestantes han prescindido del enmascaramiento que, por otra parte, es de acompañamiento habitual en la comisión de delitos de grave entidad o en el actuar natural de gente del hampa. Lo esencial ha de ser siempre el concepto de que ninguna protesta, por fundada que esté, puede afectar el desenvolvimiento ordinario de la sociedad. Se hace aun más necesario que nunca dejar constancia de lo que ello importa sobre todo cuando el Estado lleva años desentendiéndose del ejercicio de responsabilidades en tan delicada materia. Así las cosas, véase en que punto han quedado las relaciones del país con el Uruguay a raíz de la movilización permanente de grupos ciudadanos. No sólo cortan periódicamente puentes y rutas. Desoyen, de un tiempo a esta parte, requerimientos oficiales para que desistan de aquél despropósito después de haber sido alentados –y usados- en otra dirección por el gobierno. No juzgamos aquí el fondo de la cuestión por las papeleras, sino los procedimientos que no han hecho más que exasperar los vínculos históricos con nuestros hermanos del Plata y actúan como antecedente activo de lo que ha estado ocurriendo ahora. Toda protesta se encuentra, en principio, amparada por el derecho a la libertad de expresión. Pero en este caso en particular ha sido provocada, además, por una política tributaria de insólita magnitud en el despojo. Es más: al dejar atada cualquiera suba de los precios agrícolas a nuevas intromisiones del Estado en la rentabilidad empresaria, esa política ha borrado hasta la ilusión –por modesta que pudiera haber sido- de que las fluctuaciones de la economía mundial tal vez permitirían a los productores agropecuarios recuperar parte de sus pérdidas y no poco de su libertad frente al Estado. Un Estado voraz e insaciable, que hace pagar al campo el costo de sus arbitrariedades, mientras sigue aumentando la deuda pública y crecen la inflación y el número de personas remuneradas por la administración nacional. La legitimidad de la protesta, la fuerza moral que la asiste, debe abrir paso a un clamor por el diálogo, por esa misma búsqueda de la conciliación y el consenso al que el gobierno se ha negado con la oposición y con la Iglesia, muchas veces hasta a hacer de aquella renuencia una absurda política de Estado. Ningún derecho de terceros, ninguna libertad individual ni bienes inmateriales o materiales a disposición de los miembros de una sociedad encuadrada según la Constitución Nacional en una democracia republicana, pueden ser lastimados por la protesta. Por lo que anoche se vivió en esta ciudad y en muchas otras del interior del país esta es la hora de la palabra inclusiva, conciliadora, y no la de la palabra que suscite, más allá de la intención con que se la formule, más enfrentamientos de los que hay entre argentinos. Nada justifica que los ánimos se solivianten hasta la violencia o impidan cumplir con lo que manda el respeto por el orden público. Nada. Ni el desafío abierto por provocadores profesionales. Ni el cinismo crítico con el que se presentan en esta hora algunos de los que no saben producir sin políticas prebendarias del Estado o sin subsidios llamados a neutralizar una inveterada ineficencia. Ni el desprecio con el que se ha tratado al sector de la economía que genera más riquezas para todos y ha demostrado ser el más dinámico de la producción nacional, el más abierto a incorporarse a la sociedad del conocimiento. La legitimidad de la protesta agropecuaria se ha objetivado de múltiples maneras. El hecho de que ya ha sido a esta altura la más importante que se recuerde en el historial del campo argentino se explica, entre otras razones, por la conjunción de voluntades de todas las gamas de la producción agropecuaria del país: municipio tras municipio, provincia tras provincia, con simpatías que penetran en las bases mismas del frente oficialista. También por la llamativa espontaneidad con la cual productores autoconvocados han realizado actos, marchas y cortes de caminos y rutas fuera de la agenda de las entidades que ayer extendieron las medidas por tiempo indefinido. Nada de eso, con todo lo de excepcional que cabe reconocerle, alcanza para que en estas columnas de opinión se decline de una invariable posición de respeto por el derecho de todos. Es ésta, por lo demás, una oportunidad propicia para insistir en que la democracia moderna, nacida bajo el reclamo de que no puede haber tributos sin acuerdo expreso de los representantes del pueblo, mal puede regir a contramano de los orígenes en que se funda.
Editorial I
La Nación
Miércoles 26 de marzo de 2008
Es una estimable señal de progreso en las prácticas ciudadanas que algunos de los sectores y de los protagonistas que más se han regocijado en los últimos años por la afectación periódica del orden público hayan expresado su queja airada por los cortes de rutas producidos de manera simultánea con el paro agropecuario. Tiene importancia relativa si en esta oportunidad quienes han vulnerado el derecho de libre tránsito y otros derechos constitucionales, como el de trabajo y el de comercio, lo han hecho desprovistos de palos y de otros elementos intimidatorios que suelen anonadar en las calles a los porteños desprevenidos. O si aquellos manifestantes han prescindido del enmascaramiento que, por otra parte, es de acompañamiento habitual en la comisión de delitos de grave entidad o en el actuar natural de gente del hampa. Lo esencial ha de ser siempre el concepto de que ninguna protesta, por fundada que esté, puede afectar el desenvolvimiento ordinario de la sociedad. Se hace aun más necesario que nunca dejar constancia de lo que ello importa sobre todo cuando el Estado lleva años desentendiéndose del ejercicio de responsabilidades en tan delicada materia. Así las cosas, véase en que punto han quedado las relaciones del país con el Uruguay a raíz de la movilización permanente de grupos ciudadanos. No sólo cortan periódicamente puentes y rutas. Desoyen, de un tiempo a esta parte, requerimientos oficiales para que desistan de aquél despropósito después de haber sido alentados –y usados- en otra dirección por el gobierno. No juzgamos aquí el fondo de la cuestión por las papeleras, sino los procedimientos que no han hecho más que exasperar los vínculos históricos con nuestros hermanos del Plata y actúan como antecedente activo de lo que ha estado ocurriendo ahora. Toda protesta se encuentra, en principio, amparada por el derecho a la libertad de expresión. Pero en este caso en particular ha sido provocada, además, por una política tributaria de insólita magnitud en el despojo. Es más: al dejar atada cualquiera suba de los precios agrícolas a nuevas intromisiones del Estado en la rentabilidad empresaria, esa política ha borrado hasta la ilusión –por modesta que pudiera haber sido- de que las fluctuaciones de la economía mundial tal vez permitirían a los productores agropecuarios recuperar parte de sus pérdidas y no poco de su libertad frente al Estado. Un Estado voraz e insaciable, que hace pagar al campo el costo de sus arbitrariedades, mientras sigue aumentando la deuda pública y crecen la inflación y el número de personas remuneradas por la administración nacional. La legitimidad de la protesta, la fuerza moral que la asiste, debe abrir paso a un clamor por el diálogo, por esa misma búsqueda de la conciliación y el consenso al que el gobierno se ha negado con la oposición y con la Iglesia, muchas veces hasta a hacer de aquella renuencia una absurda política de Estado. Ningún derecho de terceros, ninguna libertad individual ni bienes inmateriales o materiales a disposición de los miembros de una sociedad encuadrada según la Constitución Nacional en una democracia republicana, pueden ser lastimados por la protesta. Por lo que anoche se vivió en esta ciudad y en muchas otras del interior del país esta es la hora de la palabra inclusiva, conciliadora, y no la de la palabra que suscite, más allá de la intención con que se la formule, más enfrentamientos de los que hay entre argentinos. Nada justifica que los ánimos se solivianten hasta la violencia o impidan cumplir con lo que manda el respeto por el orden público. Nada. Ni el desafío abierto por provocadores profesionales. Ni el cinismo crítico con el que se presentan en esta hora algunos de los que no saben producir sin políticas prebendarias del Estado o sin subsidios llamados a neutralizar una inveterada ineficencia. Ni el desprecio con el que se ha tratado al sector de la economía que genera más riquezas para todos y ha demostrado ser el más dinámico de la producción nacional, el más abierto a incorporarse a la sociedad del conocimiento. La legitimidad de la protesta agropecuaria se ha objetivado de múltiples maneras. El hecho de que ya ha sido a esta altura la más importante que se recuerde en el historial del campo argentino se explica, entre otras razones, por la conjunción de voluntades de todas las gamas de la producción agropecuaria del país: municipio tras municipio, provincia tras provincia, con simpatías que penetran en las bases mismas del frente oficialista. También por la llamativa espontaneidad con la cual productores autoconvocados han realizado actos, marchas y cortes de caminos y rutas fuera de la agenda de las entidades que ayer extendieron las medidas por tiempo indefinido. Nada de eso, con todo lo de excepcional que cabe reconocerle, alcanza para que en estas columnas de opinión se decline de una invariable posición de respeto por el derecho de todos. Es ésta, por lo demás, una oportunidad propicia para insistir en que la democracia moderna, nacida bajo el reclamo de que no puede haber tributos sin acuerdo expreso de los representantes del pueblo, mal puede regir a contramano de los orígenes en que se funda.
miércoles 26 de marzo de 2008
Cristina, Kelsen y las retenciones
Opinión
Cristina, Kelsen y las retenciones
Por Ricardo Lafferriere
¿Qué diría Techint si el gobierno decidiera "retenerle" el 44 % del precio total que cobra por un trabajo exportado, con el argumento de que está lucrando con la pesificación asimétrica que le permite pagar salarios retrasados?
¿Qué diría el inefable Cristiano Ratazzi, presidente de FIAT, si del precio de cada automóvil que exporta –fabricado en el país con combustible subsidiado, energía subsidiada y salarios subsidiados- se le restuviera el 44 % de su valor?
¿Por qué lo que parece justo en un caso provocaría una generalizada repulsa en los otros? ¿Por qué al campo se le puede robar, y a los industriales no?
La dura polémica a la que asiste el país entre el gobierno y los hombres de campo está tensando la convivencia nacional a un extremo que se acerca peligrosamente al desborde y al caos. La utilización de una "guardia pretoriana" para enfrentar a ciudadanos que protestan de una forma que el propio gobierno incitó durante todos estos años a que utilizaran los distintos sectores desconformes por distintas cosas al tolerar y amañar los cortes, los bloqueos, los "escraches" y todas las formas violentas de resolver desconformidades, está llegando al borde de un caos generalizado.
La pasividad de la administración muestra, una vez más, que el país ha andado en estos años por sí mismo, y que el único mérito del gobierno ha sido acompañar sin gestionar, por lo que ante el primer riesgo de tener que tomar decisiones porque la situación se torna desfavorable, la reacción instintiva es correr a refugiarse al Calafate. "Irse a la estancia", como en el viejo chiste de la viuda rica al enterarse que podía llega el comunismo...
Esta vez se les fue la mano. Y la presidenta, que no es iletrada, lo sabe.
Ella, que invocó su convicción kelseniana en oportunidad de su último discurso en el Congreso, sabe que en la pirámide jurídica la prelación normativa suprema radica en la Constitución. Luego, las leyes.
Por último, los decretos del Poder Ejecutivo, en el marco de las leyes. Y tanto las leyes como los decretos son válidos sólo en cuanto se dicten en armonía con las normas constitucionales. Sabe que las retenciones son inconstitucionales, y que en un debate abierto como el que han desatado con su codicia no hay forma de defenderlas.
La Constitución tiene un artículo, el 14, que establece la inviolabilidad de la propiedad. No puede ni Moreno, ni Lousteau, ni ella misma, tocar esa propiedad si no hay una ley previa que la declare sujeta a expropiación, un juicio con derecho a defensa y un pago previo. Nada de eso existe en el caso de las "retenciones", inconstitucionales, ilegales y antijurídicas: el gobierno resuelve quedarse con ingreso que es propiedad de sus dueños pasando por encima de sus derechos constitucionales.
Aunque se disfracen de impuestos aduaneros, que deben también discutirse en el Congreso y no pueden ser confiscatorios. Se usa para justificarlas una "ley" de Onganía, disfrazándolas de impuestos a la exportación. La Corte ha dicho que los impuestos no pueden absorber más del 35 % del valor de un producto, porque serían confiscatorios.
Las retenciones son inconstitucionales, su legalidad emana sólo de una "ley" originada en un gobierno dictatorial, y su monto supera ampliamente lo permitido por la justicia. En conjunto, entre las retenciones (44 %), el impuesto a las ganancias (35 %), el IVA no deducible, los impuestos provinciales, las tasas municipales y las contribuciones patronales, el peso impositivo sobre la producción agraria oscila en alrededor del 65 %, llegando en algunos casos al 90 %. Son, en la visión de la filosofía del derecho a la que adhiere la presidenta, sencillamente ilegales.
Peo no sólo son ilegales. Económicamente son la expresión de una visión retrógrada, fuertemente conservadora, con las que se financia la conformación del bloque de poder clientelista y subordinado que comenzó Duhalde y prosigue su gestión.
Esta lucha está mostrando la puja de dos países.
El futuro de crecimiento en un país abierto al mundo, competitivo e inclusivo, protagonista de la globalización sin enconos ni complejos, asentado en la potencia creadora de sus hombres y mujeres trabajando con imaginación y tesón, o el pasado de un país cerrado y clientelista, prebendario y corrupto, en el que los ciudadanos son objetos de las trasnochadas veleidades políticas o ideológicas –destinadas al "zonzaje"- por parte de la vergonzosa asociación ilícita que se está quedando con el país.
Se trata de la lucha del país del pasado por sacarle a los hombres de campo el fruto de su trabajo, su riesgo y su inversión, y de éstos para defenderlo, sencillamente porque es de ellos.
De cualquier forma, es interesante reflexionar sobre los dos caminos que se debaten sobre el destino de los ingresos de los productores agropecuarios. Se respeta el estado de derecho y quedan en sus manos; o se les roba para que sea la administración "K-K" la que diga que se hace con ese dinero extraído a sus dueños.
En manos de los productores ese ingreso circula hacia varias corrientes importantes:
1. hacia las empresas fabricantes de maquinarias agrícolas, tractores, cosechadoras, sembradoras;
2. de éstas hacia sus trabajadores, técnicos, distribuidores, fabricantes de sus partes –pequeñas metalúrgicas, tornerías y talleres locales-,
3. nuevamente desde estas últimas a los trabajadores del sector, los comerciantes y proveedores de los pueblos, (con sus empleados),
4. hacia los municipios a los que les abonan los impuestos, y desde allí hasta los trabajadores municipales, las obras públicas locales, el florecimiento de los pueblos del interior mejorando su calidad de vida.
5. hacia el conjunto de impuestos locales, con los cuales se refuerzan las finanzas de provincias y pueblos: mejora la educación, la salud pública, las obras públicas locales.
6. Otra corriente va hacia los proveedores de siembra, fabricantes y proveedores de semillas, fertilizantes, agroquímicos y demás insumos agropecuarios, profesionales agronómicos, veterinarios, técnicos.
7. Y es posible que, como es tradicional, el excedente que hubiere se invierta en la explotación ganadera, la "caja de ahorros" del hombre de campo, incrementando la producción de carne, con sus derivados –veterinarios, peones de campo, proveedores de genética, medicamentos, etc-.
¿Dónde van, por el contrario, las retenciones administradas por la gestión "K-K"?
No mencionaremos "la valija de Micheli", ni las coimas de Skanska, los sobreprecios de los gasoductos o el pago a precios exorbitantes del gas importado de Bolivia. Sólo hablaremos de las corrientes de gastos más evidentes, la mayoría de los cuales no surgen de un debate parlamentario sino que están utilizados con la discrecionalidad de quien maneja un almacén propio. ¿Hacia dónde va la recaudación de las retenciones administradas por el gobierno?
1. hacia las prebendas al Sindicato de Moyano, utilizado como fuerza de choque estilo "camisa negra" seudo fascista.
2. hacia las transferencias a las empresas transportistas de colectivos, con fuertes "devoluciones", a las aéreas, y a las ferroviarias, a las que se les garantiza una renta sin competencia desestimulando su inversión en equipamiento.
3. a empresas fantasmas, como ENARSA, o la propia LAFSA, creada por Dualde y continuada por Kirchner, que sigue pagando sueldos de 10.000 pesos mensuales y más a personal que no hace nada, porque no tiene aviones, ni vuela.
4. a los subsidios a empresas deficitarias amigas del gobierno.
5. a reforzar las "sugerencias" y presiones a los gobernadores, Intendentes, Jueces y periodistas en la nueva "cadena de la felicidad" que tanto éxito le dio al menemismo en sus diez años de gestión;
6. hacia la utilización política para alinear sindicatos, repartiendo fondos a las obras sociales de los sindicalistas que acepten a Moyano como su jefe.
7. hacia las transferencias a los empresarios bonaerenses golpistas del 2001 que heredaron del duhaldismo.
8. hacia la construcción clientelista de poder a través de los municipios del conurbano, el pago a personas convertidas en "carne de cañón" de movilizaciones amañadas y aplaudidoras acarreadas en los actos de apoyo a las internas políticas o sindicales del esquema oficial.
9. hacia la construcción amañada de la reorganización del peronismo, nuevojuguete del ex presidente formal desde la Casa de Gobierno de Puerto Madero.
La diferencia es nítida
Por el primer camino el país tomaría la senda homologable de contruir un futuro integrado, federal, apoyado en el potencial creador de sus ciudadanos más dinámicos, sostenido en un sistema político en el que la base última es la reflexión y decisión de ciudadanos libres.
Por el segundo, se profundizarán las distorsiones republicanas propias del país corporativo, estancado y envejecido, de espaldas al mundo en el que, a pesar de la oportunidad internacional, se están desperdiciando alternativas que difícilmente se repitan en el corto plazo. Un país que, en pleno auge y "optimismo", ha girado al exterior en el segundo semestre del 2007 nada menos que USD 8.622 millones de dólares, más que los que expulsó durante la crisis del Tequila, en el primer semestre de 1995 (USD 5.787 millones) o los emigrados en el segundo semestre del 2001, cuando todo se caía (USD 6.491 millones).
Un país cuyos funcionarios no dudan en perjudicar a sus productores y beneficiar a sus competidores del exterior, regalando mercados que costaron décadas conquistar, a la capacidad exportadora de Brasil, Uruguay, Paraguay y los propios "farmers" norteamericanos, felices de las decisiones de la administración "K-K", como lo menciona Jorge Castro en su nota de Clarin del 22 de marzo.
Los hombres de campo, como lo han hecho tantas veces en la historia, están abriendo un camino y mostrando un ejemplo. Bastante han tolerado hasta ahora el desprecio y la soberbia. En todo caso, la política –gran ausente de éste y de todos los debates importantes desde el 2001- debiera tomar nota para que no se extienda en todo el país un nuevo y potente grito de que "se vayan todos".
ricardo.lafferriere@gmail.com
Cristina, Kelsen y las retenciones
Por Ricardo Lafferriere
¿Qué diría Techint si el gobierno decidiera "retenerle" el 44 % del precio total que cobra por un trabajo exportado, con el argumento de que está lucrando con la pesificación asimétrica que le permite pagar salarios retrasados?
¿Qué diría el inefable Cristiano Ratazzi, presidente de FIAT, si del precio de cada automóvil que exporta –fabricado en el país con combustible subsidiado, energía subsidiada y salarios subsidiados- se le restuviera el 44 % de su valor?
¿Por qué lo que parece justo en un caso provocaría una generalizada repulsa en los otros? ¿Por qué al campo se le puede robar, y a los industriales no?
La dura polémica a la que asiste el país entre el gobierno y los hombres de campo está tensando la convivencia nacional a un extremo que se acerca peligrosamente al desborde y al caos. La utilización de una "guardia pretoriana" para enfrentar a ciudadanos que protestan de una forma que el propio gobierno incitó durante todos estos años a que utilizaran los distintos sectores desconformes por distintas cosas al tolerar y amañar los cortes, los bloqueos, los "escraches" y todas las formas violentas de resolver desconformidades, está llegando al borde de un caos generalizado.
La pasividad de la administración muestra, una vez más, que el país ha andado en estos años por sí mismo, y que el único mérito del gobierno ha sido acompañar sin gestionar, por lo que ante el primer riesgo de tener que tomar decisiones porque la situación se torna desfavorable, la reacción instintiva es correr a refugiarse al Calafate. "Irse a la estancia", como en el viejo chiste de la viuda rica al enterarse que podía llega el comunismo...
Esta vez se les fue la mano. Y la presidenta, que no es iletrada, lo sabe.
Ella, que invocó su convicción kelseniana en oportunidad de su último discurso en el Congreso, sabe que en la pirámide jurídica la prelación normativa suprema radica en la Constitución. Luego, las leyes.
Por último, los decretos del Poder Ejecutivo, en el marco de las leyes. Y tanto las leyes como los decretos son válidos sólo en cuanto se dicten en armonía con las normas constitucionales. Sabe que las retenciones son inconstitucionales, y que en un debate abierto como el que han desatado con su codicia no hay forma de defenderlas.
La Constitución tiene un artículo, el 14, que establece la inviolabilidad de la propiedad. No puede ni Moreno, ni Lousteau, ni ella misma, tocar esa propiedad si no hay una ley previa que la declare sujeta a expropiación, un juicio con derecho a defensa y un pago previo. Nada de eso existe en el caso de las "retenciones", inconstitucionales, ilegales y antijurídicas: el gobierno resuelve quedarse con ingreso que es propiedad de sus dueños pasando por encima de sus derechos constitucionales.
Aunque se disfracen de impuestos aduaneros, que deben también discutirse en el Congreso y no pueden ser confiscatorios. Se usa para justificarlas una "ley" de Onganía, disfrazándolas de impuestos a la exportación. La Corte ha dicho que los impuestos no pueden absorber más del 35 % del valor de un producto, porque serían confiscatorios.
Las retenciones son inconstitucionales, su legalidad emana sólo de una "ley" originada en un gobierno dictatorial, y su monto supera ampliamente lo permitido por la justicia. En conjunto, entre las retenciones (44 %), el impuesto a las ganancias (35 %), el IVA no deducible, los impuestos provinciales, las tasas municipales y las contribuciones patronales, el peso impositivo sobre la producción agraria oscila en alrededor del 65 %, llegando en algunos casos al 90 %. Son, en la visión de la filosofía del derecho a la que adhiere la presidenta, sencillamente ilegales.
Peo no sólo son ilegales. Económicamente son la expresión de una visión retrógrada, fuertemente conservadora, con las que se financia la conformación del bloque de poder clientelista y subordinado que comenzó Duhalde y prosigue su gestión.
Esta lucha está mostrando la puja de dos países.
El futuro de crecimiento en un país abierto al mundo, competitivo e inclusivo, protagonista de la globalización sin enconos ni complejos, asentado en la potencia creadora de sus hombres y mujeres trabajando con imaginación y tesón, o el pasado de un país cerrado y clientelista, prebendario y corrupto, en el que los ciudadanos son objetos de las trasnochadas veleidades políticas o ideológicas –destinadas al "zonzaje"- por parte de la vergonzosa asociación ilícita que se está quedando con el país.
Se trata de la lucha del país del pasado por sacarle a los hombres de campo el fruto de su trabajo, su riesgo y su inversión, y de éstos para defenderlo, sencillamente porque es de ellos.
De cualquier forma, es interesante reflexionar sobre los dos caminos que se debaten sobre el destino de los ingresos de los productores agropecuarios. Se respeta el estado de derecho y quedan en sus manos; o se les roba para que sea la administración "K-K" la que diga que se hace con ese dinero extraído a sus dueños.
En manos de los productores ese ingreso circula hacia varias corrientes importantes:
1. hacia las empresas fabricantes de maquinarias agrícolas, tractores, cosechadoras, sembradoras;
2. de éstas hacia sus trabajadores, técnicos, distribuidores, fabricantes de sus partes –pequeñas metalúrgicas, tornerías y talleres locales-,
3. nuevamente desde estas últimas a los trabajadores del sector, los comerciantes y proveedores de los pueblos, (con sus empleados),
4. hacia los municipios a los que les abonan los impuestos, y desde allí hasta los trabajadores municipales, las obras públicas locales, el florecimiento de los pueblos del interior mejorando su calidad de vida.
5. hacia el conjunto de impuestos locales, con los cuales se refuerzan las finanzas de provincias y pueblos: mejora la educación, la salud pública, las obras públicas locales.
6. Otra corriente va hacia los proveedores de siembra, fabricantes y proveedores de semillas, fertilizantes, agroquímicos y demás insumos agropecuarios, profesionales agronómicos, veterinarios, técnicos.
7. Y es posible que, como es tradicional, el excedente que hubiere se invierta en la explotación ganadera, la "caja de ahorros" del hombre de campo, incrementando la producción de carne, con sus derivados –veterinarios, peones de campo, proveedores de genética, medicamentos, etc-.
¿Dónde van, por el contrario, las retenciones administradas por la gestión "K-K"?
No mencionaremos "la valija de Micheli", ni las coimas de Skanska, los sobreprecios de los gasoductos o el pago a precios exorbitantes del gas importado de Bolivia. Sólo hablaremos de las corrientes de gastos más evidentes, la mayoría de los cuales no surgen de un debate parlamentario sino que están utilizados con la discrecionalidad de quien maneja un almacén propio. ¿Hacia dónde va la recaudación de las retenciones administradas por el gobierno?
1. hacia las prebendas al Sindicato de Moyano, utilizado como fuerza de choque estilo "camisa negra" seudo fascista.
2. hacia las transferencias a las empresas transportistas de colectivos, con fuertes "devoluciones", a las aéreas, y a las ferroviarias, a las que se les garantiza una renta sin competencia desestimulando su inversión en equipamiento.
3. a empresas fantasmas, como ENARSA, o la propia LAFSA, creada por Dualde y continuada por Kirchner, que sigue pagando sueldos de 10.000 pesos mensuales y más a personal que no hace nada, porque no tiene aviones, ni vuela.
4. a los subsidios a empresas deficitarias amigas del gobierno.
5. a reforzar las "sugerencias" y presiones a los gobernadores, Intendentes, Jueces y periodistas en la nueva "cadena de la felicidad" que tanto éxito le dio al menemismo en sus diez años de gestión;
6. hacia la utilización política para alinear sindicatos, repartiendo fondos a las obras sociales de los sindicalistas que acepten a Moyano como su jefe.
7. hacia las transferencias a los empresarios bonaerenses golpistas del 2001 que heredaron del duhaldismo.
8. hacia la construcción clientelista de poder a través de los municipios del conurbano, el pago a personas convertidas en "carne de cañón" de movilizaciones amañadas y aplaudidoras acarreadas en los actos de apoyo a las internas políticas o sindicales del esquema oficial.
9. hacia la construcción amañada de la reorganización del peronismo, nuevojuguete del ex presidente formal desde la Casa de Gobierno de Puerto Madero.
La diferencia es nítida
Por el primer camino el país tomaría la senda homologable de contruir un futuro integrado, federal, apoyado en el potencial creador de sus ciudadanos más dinámicos, sostenido en un sistema político en el que la base última es la reflexión y decisión de ciudadanos libres.
Por el segundo, se profundizarán las distorsiones republicanas propias del país corporativo, estancado y envejecido, de espaldas al mundo en el que, a pesar de la oportunidad internacional, se están desperdiciando alternativas que difícilmente se repitan en el corto plazo. Un país que, en pleno auge y "optimismo", ha girado al exterior en el segundo semestre del 2007 nada menos que USD 8.622 millones de dólares, más que los que expulsó durante la crisis del Tequila, en el primer semestre de 1995 (USD 5.787 millones) o los emigrados en el segundo semestre del 2001, cuando todo se caía (USD 6.491 millones).
Un país cuyos funcionarios no dudan en perjudicar a sus productores y beneficiar a sus competidores del exterior, regalando mercados que costaron décadas conquistar, a la capacidad exportadora de Brasil, Uruguay, Paraguay y los propios "farmers" norteamericanos, felices de las decisiones de la administración "K-K", como lo menciona Jorge Castro en su nota de Clarin del 22 de marzo.
Los hombres de campo, como lo han hecho tantas veces en la historia, están abriendo un camino y mostrando un ejemplo. Bastante han tolerado hasta ahora el desprecio y la soberbia. En todo caso, la política –gran ausente de éste y de todos los debates importantes desde el 2001- debiera tomar nota para que no se extienda en todo el país un nuevo y potente grito de que "se vayan todos".
ricardo.lafferriere@gmail.com
martes 25 de marzo de 2008
Un país al borde del abismo
Un país al borde del abismo.
Por Luz García HamiltonEl momento más difícil del matrimonio "K". Ya no son solamente los gremios los que protestan. Los agricultores dijeron basta y la sociedad salió a apoyarlos sin condicionamientos. El día de la memoria. ¿Memoria? Es lo que parecería faltarle a nuestro actual gobierno. Los argentinos añoran la democracia, esa forma de gobierno de la que se jactan pero que al parecer desconoce el Poder Central.
Periodismo de Verdad 25/3/200817:30hs
Ni Néstor ni Kristina habrán soñado jamás que a tan sólo 100 días de cogobierno, la Argentina les diría BASTA. Para ser reelectos usaron el poderoso aparato estatal y algunos otros dudosos fondos que llegaron en avión y dentro de una valija según aseguran especialistas en la materia, pero no se dieron cuenta de que así como pueden comprar voluntades a diestra y siniestra y exigir obediencia debida a sus sub alternos, sean éstos el Ministro de Economía, los Gobernadores provinciales, el parlamento ó los punteros políticos, hay cosas que no tienen precio y con las que no se negocia gracias a Dios. La dignidad es una de ellas. Y la gente se hartó. Se hartó de trabajar con ahinco para que el Estado pretenda llevarse sus ganancias ó gran parte de ella porque creen que trabajar en este país es una mala palabra. Parecería que acá se premia a los corruptos y a los obsecuentes para quienes “todo vale”. Parecería también que se fomenta la cultura de la dádiva y los bolsones con los que lejos de ayudar a los más necesitados en la mayoría de las veces se pagan “favores políticos”. Parecería que se quiere poner freno a la producción haciendo ojos ciegos a la realidad de que el campo mueve en gran parte la economía del país, dando trabajo a millones de personas de manera directa y a otras tantas indirectamente, pero claro, es preferible que no trabajen así necesiten las migajas que “les tiran” en alguna caja a cambio de un voto ó de un aplauso comprado que los regocija como si fuera espontáneo. La gente se hartó de la injusticia y del autoritarismo reinante. Se cansó de la prepotencia, de la arbitrariedad y de que no se respeten sus derechos ni sus garantías. En el “reino del revés”, como parecería ser Argentina, se habla de represión, de derechos humanos, de respeto, de genocidio, de crímenes de lesa humanidad…pero justamente los que se jactan de todo eso son quienes lo practican hoy abiertamente haciendo gala de ser funcionarios de un gobierno democrático y constitucional.!!!!! El día de la memoria Ayer en la Argentina el oficialismo tuvo la desfachatez de celebrar el “día de la memoria” en un feriado absurdo que sólo pone en evidencia eso: mejor no trabajar, mejor no producir, mejor seguir sembrando odio y revolviendo un pasado triste que en nada nos ayuda a la reconciliación de los argentinos. ¿Memoria?, MEMORIA parecería ser la que les falta a ellos cuando hablan con tanta ligereza de derechos humanos y se dicen defensores de la vida. Porque si entendieran de qué se tratan los derechos humanos seguramente no estarían condenando lo que ellos no practican. Y si defendieran la vida no estarían intentando aprobar la ley del aborto que es aberrante desde todo punto de vista. Pero es fácil hacer demagogia y pararse en un palco a despotricar contra los militares a quienes acusan de “genocidas” sin darse cuenta que genocidas en todo caso son aquellos que pretenden interrumpir arbitrariamente la vida de alguien que no tiene como defenderse porque está en el vientre de su madre aunque haya sido concebido por accidente. Esa personita no tiene culpa de nada y tiene todo el derecho a nacer y a tener la oportunidad de vivir ¿queda claro?. Y no se confundan, en “Periodismo de Verdad” no estamos avalando la tortura ni los excesos en ninguna de sus manifestaciones, pero si pensamos que hay que decir las cosas como son y no hacer politiquería barata engañando a la gente y sembrando más cizaña. En Argentina hubo una guerra cruel y atroz lamentablemente y aunque muchos parezcan no recordar nada. ¿Memoria?...sí, seguramente todos los que tienen memoria recordarán el caos y la anarquía reinantes en los años setenta donde el comunismo encarnado “en algunos jóvenes idealistas” pugnaba por adueñarse de nuestro país. La violencia había copado las calles y las bombas y atentados se habían cobrado varias vidas, muchísimas de ellas inocentes aunque no lo quieran recordar estos que ayer celebraban “el día de la memoria” y que se olvidaron de María Cristina Viola por ejemplo por sólo citar a la más chiquita e inocente de los muertos brutalmente por la subversión. Pero todos aquellos que sí tienen MEMORIA, mientras ayer la tensión aumentaba a lo largo y a lo ancho del país porque desde el Gobierno habían mandado a los gendarmes a “reprimir” a los agricultores ó cuando los camioneros acaso respondiendo algún pedido también hacían su contramarcha desafiantes y sembrando miedo, no podían dejar de pensar en aquel 24 de marzo que se rememoraba, día en que el Ejército Argentino tuvo que salir a poner orden mientras MILLONES DE ARGENTINOS aplaudían y los vivaban en las plazas ¿Recuerdan?...bueno, claro, si es que tienen memoria…y en más de una rueda familiar o de café se rumoreó que la situación de caos hacía recordar los viejos tiempos con la sola diferencia de que hoy no había un Ejército capaz de salir a restablecer el orden porque había sido diezmado y porque salvo honrosas excepciones que por suerte todavía quedan, hoy los oficiales y soldados estaban reducidos a meros aduladores del Poder Central, sea por miedo, por presión ó por necesidad, para el caso lo mismo da. Lo cierto es que las FFAA ya no son las de antes ni tienen el menor interés en defender nuestra paz porque tampoco pueden hacerlo. El deseo de los argentinos Pero claro, nadie quiere hoy un golpe militar, acá los argentinos sólo quieren, añoran y exigen un gobierno democrático capaz de escuchar y de dialogar. Un gobierno que sepa respetar a las instituciones y garantizar el derecho a circular libremente, a manifestarse, a protestar pacíficamente, a trabajar con dignidad y sin presiones, a expresarse ó a informar libremente, es decir, un gobierno que respete la ley y la Constitución siempre. Por eso es que en la semana más conflictiva y problemática del matrimonio “K”, deberán pensar fríamente qué actitud tomar. La dignidad repetimos no se compra ni se vende y es por eso que los argentinos en su mayoría salieron a respaldar al agro sin importar ideologías o banderías políticas. La izquierda y la derecha así como el centro se unieron para protestar y reclamarle al gobierno que deje trabajar en paz y que permita a los agricultores ver el fruto de sus cosechas porque si al campo le va bien, miles de personas más tendrán trabajo y podrán educar a sus hijos así como todos los ámbitos de la economía se verán favorecidos. Ahora si el gobierno sigue con su intransigencia incitando al odio, cobrando retenciones que no le corresponden y haciendo gala de su mal llamada fuerza, puede ser entonces que la reina Kristina y su príncipe consorte caigan estrepitosamente al vacío y pasen a ser parte de la historia nefasta de la Argentina, de esa Argentina a la que con todo su potencial humano y las riquezas de sus tierras se le impidió caprichosamente crecer. Quizás la caída de los Kirchner, los Fernández, los Alperovich y tantos otros podría ser festejada por millones de argentinos que hoy se sienten defraudados y estafados. Sin embargo cualquier argentino de bien quiere y espera que el matrimonio K recapacite, de marcha atrás y tenga la grandeza de reconocer un error que los enfrentó con el empresariado, con los agricultores, con los trabajadores del campo y con la sociedad toda. Los argentinos esperan y hasta le suplican a su clase dirigente, que sea capaz de revertir una situación que puede ser lamentable para todos. Porque los argentinos bien nacidos señores, sean kirchneristas ó profundamente opositores quieren vivir en un país democrático en donde el Presidente que haya sido electo por la mayoría cumpla su mandato exitosamente para el bien del país, pero saben también que para eso, el respeto, los derechos y las garantías de todos los ciudadanos DEBEN SER RESPETADOS. Y si no no habrá marcha atrás. La dignidad decíamos en este editorial, no tiene precio.
Luz García Hamilton Periodista, licenciada en Comunicación Social
Por Luz García HamiltonEl momento más difícil del matrimonio "K". Ya no son solamente los gremios los que protestan. Los agricultores dijeron basta y la sociedad salió a apoyarlos sin condicionamientos. El día de la memoria. ¿Memoria? Es lo que parecería faltarle a nuestro actual gobierno. Los argentinos añoran la democracia, esa forma de gobierno de la que se jactan pero que al parecer desconoce el Poder Central.
Periodismo de Verdad 25/3/200817:30hs
Ni Néstor ni Kristina habrán soñado jamás que a tan sólo 100 días de cogobierno, la Argentina les diría BASTA. Para ser reelectos usaron el poderoso aparato estatal y algunos otros dudosos fondos que llegaron en avión y dentro de una valija según aseguran especialistas en la materia, pero no se dieron cuenta de que así como pueden comprar voluntades a diestra y siniestra y exigir obediencia debida a sus sub alternos, sean éstos el Ministro de Economía, los Gobernadores provinciales, el parlamento ó los punteros políticos, hay cosas que no tienen precio y con las que no se negocia gracias a Dios. La dignidad es una de ellas. Y la gente se hartó. Se hartó de trabajar con ahinco para que el Estado pretenda llevarse sus ganancias ó gran parte de ella porque creen que trabajar en este país es una mala palabra. Parecería que acá se premia a los corruptos y a los obsecuentes para quienes “todo vale”. Parecería también que se fomenta la cultura de la dádiva y los bolsones con los que lejos de ayudar a los más necesitados en la mayoría de las veces se pagan “favores políticos”. Parecería que se quiere poner freno a la producción haciendo ojos ciegos a la realidad de que el campo mueve en gran parte la economía del país, dando trabajo a millones de personas de manera directa y a otras tantas indirectamente, pero claro, es preferible que no trabajen así necesiten las migajas que “les tiran” en alguna caja a cambio de un voto ó de un aplauso comprado que los regocija como si fuera espontáneo. La gente se hartó de la injusticia y del autoritarismo reinante. Se cansó de la prepotencia, de la arbitrariedad y de que no se respeten sus derechos ni sus garantías. En el “reino del revés”, como parecería ser Argentina, se habla de represión, de derechos humanos, de respeto, de genocidio, de crímenes de lesa humanidad…pero justamente los que se jactan de todo eso son quienes lo practican hoy abiertamente haciendo gala de ser funcionarios de un gobierno democrático y constitucional.!!!!! El día de la memoria Ayer en la Argentina el oficialismo tuvo la desfachatez de celebrar el “día de la memoria” en un feriado absurdo que sólo pone en evidencia eso: mejor no trabajar, mejor no producir, mejor seguir sembrando odio y revolviendo un pasado triste que en nada nos ayuda a la reconciliación de los argentinos. ¿Memoria?, MEMORIA parecería ser la que les falta a ellos cuando hablan con tanta ligereza de derechos humanos y se dicen defensores de la vida. Porque si entendieran de qué se tratan los derechos humanos seguramente no estarían condenando lo que ellos no practican. Y si defendieran la vida no estarían intentando aprobar la ley del aborto que es aberrante desde todo punto de vista. Pero es fácil hacer demagogia y pararse en un palco a despotricar contra los militares a quienes acusan de “genocidas” sin darse cuenta que genocidas en todo caso son aquellos que pretenden interrumpir arbitrariamente la vida de alguien que no tiene como defenderse porque está en el vientre de su madre aunque haya sido concebido por accidente. Esa personita no tiene culpa de nada y tiene todo el derecho a nacer y a tener la oportunidad de vivir ¿queda claro?. Y no se confundan, en “Periodismo de Verdad” no estamos avalando la tortura ni los excesos en ninguna de sus manifestaciones, pero si pensamos que hay que decir las cosas como son y no hacer politiquería barata engañando a la gente y sembrando más cizaña. En Argentina hubo una guerra cruel y atroz lamentablemente y aunque muchos parezcan no recordar nada. ¿Memoria?...sí, seguramente todos los que tienen memoria recordarán el caos y la anarquía reinantes en los años setenta donde el comunismo encarnado “en algunos jóvenes idealistas” pugnaba por adueñarse de nuestro país. La violencia había copado las calles y las bombas y atentados se habían cobrado varias vidas, muchísimas de ellas inocentes aunque no lo quieran recordar estos que ayer celebraban “el día de la memoria” y que se olvidaron de María Cristina Viola por ejemplo por sólo citar a la más chiquita e inocente de los muertos brutalmente por la subversión. Pero todos aquellos que sí tienen MEMORIA, mientras ayer la tensión aumentaba a lo largo y a lo ancho del país porque desde el Gobierno habían mandado a los gendarmes a “reprimir” a los agricultores ó cuando los camioneros acaso respondiendo algún pedido también hacían su contramarcha desafiantes y sembrando miedo, no podían dejar de pensar en aquel 24 de marzo que se rememoraba, día en que el Ejército Argentino tuvo que salir a poner orden mientras MILLONES DE ARGENTINOS aplaudían y los vivaban en las plazas ¿Recuerdan?...bueno, claro, si es que tienen memoria…y en más de una rueda familiar o de café se rumoreó que la situación de caos hacía recordar los viejos tiempos con la sola diferencia de que hoy no había un Ejército capaz de salir a restablecer el orden porque había sido diezmado y porque salvo honrosas excepciones que por suerte todavía quedan, hoy los oficiales y soldados estaban reducidos a meros aduladores del Poder Central, sea por miedo, por presión ó por necesidad, para el caso lo mismo da. Lo cierto es que las FFAA ya no son las de antes ni tienen el menor interés en defender nuestra paz porque tampoco pueden hacerlo. El deseo de los argentinos Pero claro, nadie quiere hoy un golpe militar, acá los argentinos sólo quieren, añoran y exigen un gobierno democrático capaz de escuchar y de dialogar. Un gobierno que sepa respetar a las instituciones y garantizar el derecho a circular libremente, a manifestarse, a protestar pacíficamente, a trabajar con dignidad y sin presiones, a expresarse ó a informar libremente, es decir, un gobierno que respete la ley y la Constitución siempre. Por eso es que en la semana más conflictiva y problemática del matrimonio “K”, deberán pensar fríamente qué actitud tomar. La dignidad repetimos no se compra ni se vende y es por eso que los argentinos en su mayoría salieron a respaldar al agro sin importar ideologías o banderías políticas. La izquierda y la derecha así como el centro se unieron para protestar y reclamarle al gobierno que deje trabajar en paz y que permita a los agricultores ver el fruto de sus cosechas porque si al campo le va bien, miles de personas más tendrán trabajo y podrán educar a sus hijos así como todos los ámbitos de la economía se verán favorecidos. Ahora si el gobierno sigue con su intransigencia incitando al odio, cobrando retenciones que no le corresponden y haciendo gala de su mal llamada fuerza, puede ser entonces que la reina Kristina y su príncipe consorte caigan estrepitosamente al vacío y pasen a ser parte de la historia nefasta de la Argentina, de esa Argentina a la que con todo su potencial humano y las riquezas de sus tierras se le impidió caprichosamente crecer. Quizás la caída de los Kirchner, los Fernández, los Alperovich y tantos otros podría ser festejada por millones de argentinos que hoy se sienten defraudados y estafados. Sin embargo cualquier argentino de bien quiere y espera que el matrimonio K recapacite, de marcha atrás y tenga la grandeza de reconocer un error que los enfrentó con el empresariado, con los agricultores, con los trabajadores del campo y con la sociedad toda. Los argentinos esperan y hasta le suplican a su clase dirigente, que sea capaz de revertir una situación que puede ser lamentable para todos. Porque los argentinos bien nacidos señores, sean kirchneristas ó profundamente opositores quieren vivir en un país democrático en donde el Presidente que haya sido electo por la mayoría cumpla su mandato exitosamente para el bien del país, pero saben también que para eso, el respeto, los derechos y las garantías de todos los ciudadanos DEBEN SER RESPETADOS. Y si no no habrá marcha atrás. La dignidad decíamos en este editorial, no tiene precio.
Luz García Hamilton Periodista, licenciada en Comunicación Social
lunes 24 de marzo de 2008
CON EL DETONANTE NO SE JUEGA
CON EL DETONANTE NO SE JUEGA
El peligro de agarrarle la cola al tigre, por más manso que este sea, siempre representa un peligro inminente. Mucho mayor, si después de esto se lo sigue incitando a que reaccione y saque a relucir su poder natural que le otorga el instinto de conservación. El problema no es tan grave agarrarle por la cola, el problema es después, ..¿..que haces con el tigre….?.
Por Ovidio Zanzero
Este fenómeno sucede no solamente con este majestuoso felino, sino que una agresión y más aún cuando es permanente, obtiene como resultado una respuesta de igual importancia ; o generalmente descontrolada que la hace de imprevisibles resultados en la totalidad de los seres vivos. Claro está, para ello el Señor en la creación del ser humano lo proveyó de razón, es decir que sus actos se deben caracterizar por la total razonabilidad; lo que en definitiva nos lleva a la conclusión de que es ella, la razón, lo que nos distingue a las personas de los animales, dotándonos de capacidad para pensar o discurrir, permitiéndonos elaborar juicios, ideas y conceptos. Así mismo no debemos desconocer ni olvidar que también los dotó del libre albedrío. Para que pongan los limites y sepan racionalmente decir basta. Pero como esto es innegable, también no lo es menos, que todo ser humano sometido a toda clase de presiones, de medidas inconsultas, de injusticias, atropellos, viendo sus bienes jurídicos dañados y el futuro de los suyos en peligro, cuando la ocasión se transforma insostenible, enfrenta la causa o los causantes de su estado, psicológicamente irritado, en forma de protesta primero, enervando sus procedimientos violentos en crecimiento hasta llegar a resultados insospechados, descargando su odio y rencor acumulados por el tiempo, la resistencia y la injusticia, la forma de agresión y el mal trato, por nombrar solo algunos de los formatos de atropello instituidos desde el estado. Lo expuesto me llevan a la necesidad de aplicar este breve y conciso comentario a una situación de características lamentables por la que atraviesa nuestra sufrida sociedad, que en definitiva es nuestro pueblo, en el ámbito especifico de los productores agropecuarios, ese sector que desde el anonimato tantas veces fue factor preponderante en las soluciones políticas económicas en las muchas crisis a que se nos ha sometido a la totalidad de los argentinos. Estas personas, con las que me siento identificado, sin tener ningún tipo de relación comercial, de orden económica ni profesional, salvo el haber nacido entre ellas y pasar mi niñez y parte de mi juventud entre las mismas y atento a ese imborrable recuerdo que sin lugar a dudas es uno de los que más valoro, es que me solidarizo con todos esos integrantes que hoy luchan para que no se les continúe despojando de lo que con dignidad, responsabilidad y legítimamente han ganado y que pareciera que una máquina del tiempo nos retrotrajera a los impuestos del ‘medio evo’ cuando el señor feudal a sus sometidos le quitaban una de las dos vacas que habían criado, pero siempre era la más gorda. Por ello, y entendiendo que la gente del campo no son los esclavos del feudo, ni tampoco se puede aceptar que se los despoje de lo suyo, ya que retenciones, y/o gravámenes desmedidos, no son otra cosa que confiscaciones y así lo dice la jurisprudencia pese a la desinformación por parte del Estado que se preocupa por afirmar que no se trata de impuestos, se lo mire como se lo mire, esto se parece mucho a un delito. Por tanto; si se parece mucho a un delito, veamos la tendencias y tipología de los autores con estas características para llevar a cabo este proceder. Dentro de los ocho (8) tipos criminológicos que describe SEELIG E. (Tratado de Criminología; Ed. Instituto de Estudios Políticos. Madrid 1958) encontramos dos (2) que por su procedimiento combinado entre lo ‘disposicional’ y lo ‘actual’ son personalidades predispuestas a este tipo de delito, a saber: a).- Delincuentes contra el patrimonio por escasa fuerza de resistencia; (segundo grupo de la escala) Se trata de personas que cumplen una misión y que hasta pueden frecuentemente ser descriptos incluso como trabajadores voluntariosos. Sin embargo carecen frente a los estímulos criminógenos de su mundo circundante, en particular frente a las posibilidades que su profesión les ofrece para apropiarse de lo ajeno, de las necesarias inhibiciones frente a tales seductoras oportunidades; les falta la fuerza de resistencia precisa que posee el “hombre honrado” de esta forma cometen fuertes apropiaciones indebidas. No se advierten caracterológicamente ninguna peculiaridad. Pertenecen a este grupo: 1)- Empleado ladrón; 2)- Cajero infiel; 3)- Funcionario venal; 4)- Comerciante egoísta; 5)- Estafadores ocasionales y los que se apropian de todo objeto a mano. b).- Delincuente por convicción; (séptimo grupo de la escala) Es el que cree que está obligado a realizar el hecho por un mandato reconocido por su conciencia. La motivación del acto recibe el impulso por la convicción de que debe cometer el hecho de acuerdo con un orden normativo, al que valora más altamente que al derecho vigente. Son principalmente de naturaleza política, religiosa, de seudo honor, de seudo ética profesional o de seudo ética general (gran confusión entre lo seudo y lo real). La mayor parte de las veces se trata de personas esquizotímicas con tendencia a ideales extremos que los conduce a una super-valoración de ciertas ideas. Pertenecen a este grupo: 1)- Autor de atentados políticos; 2)- Delincuentes contra la seguridad interior; 3)- Sectario religioso; 4)- Duelistas. Es de lamentar profundamente que estos acontecimientos con los productores del campo deban de producirse porque una caterva de personalidades tal vez con alguna de las características descriptas por Seelig, impidan el desarrollo armonioso entre partes, por un rencor acumulado por el odio y la barbarie de los seudos jóvenes idealistas, que piensan que la Republica comienza con ellos y que tienen derecho al uso y abuso de los bienes de personas honradas de paz y de trabajo.-
El peligro de agarrarle la cola al tigre, por más manso que este sea, siempre representa un peligro inminente. Mucho mayor, si después de esto se lo sigue incitando a que reaccione y saque a relucir su poder natural que le otorga el instinto de conservación. El problema no es tan grave agarrarle por la cola, el problema es después, ..¿..que haces con el tigre….?.
Por Ovidio Zanzero
Este fenómeno sucede no solamente con este majestuoso felino, sino que una agresión y más aún cuando es permanente, obtiene como resultado una respuesta de igual importancia ; o generalmente descontrolada que la hace de imprevisibles resultados en la totalidad de los seres vivos. Claro está, para ello el Señor en la creación del ser humano lo proveyó de razón, es decir que sus actos se deben caracterizar por la total razonabilidad; lo que en definitiva nos lleva a la conclusión de que es ella, la razón, lo que nos distingue a las personas de los animales, dotándonos de capacidad para pensar o discurrir, permitiéndonos elaborar juicios, ideas y conceptos. Así mismo no debemos desconocer ni olvidar que también los dotó del libre albedrío. Para que pongan los limites y sepan racionalmente decir basta. Pero como esto es innegable, también no lo es menos, que todo ser humano sometido a toda clase de presiones, de medidas inconsultas, de injusticias, atropellos, viendo sus bienes jurídicos dañados y el futuro de los suyos en peligro, cuando la ocasión se transforma insostenible, enfrenta la causa o los causantes de su estado, psicológicamente irritado, en forma de protesta primero, enervando sus procedimientos violentos en crecimiento hasta llegar a resultados insospechados, descargando su odio y rencor acumulados por el tiempo, la resistencia y la injusticia, la forma de agresión y el mal trato, por nombrar solo algunos de los formatos de atropello instituidos desde el estado. Lo expuesto me llevan a la necesidad de aplicar este breve y conciso comentario a una situación de características lamentables por la que atraviesa nuestra sufrida sociedad, que en definitiva es nuestro pueblo, en el ámbito especifico de los productores agropecuarios, ese sector que desde el anonimato tantas veces fue factor preponderante en las soluciones políticas económicas en las muchas crisis a que se nos ha sometido a la totalidad de los argentinos. Estas personas, con las que me siento identificado, sin tener ningún tipo de relación comercial, de orden económica ni profesional, salvo el haber nacido entre ellas y pasar mi niñez y parte de mi juventud entre las mismas y atento a ese imborrable recuerdo que sin lugar a dudas es uno de los que más valoro, es que me solidarizo con todos esos integrantes que hoy luchan para que no se les continúe despojando de lo que con dignidad, responsabilidad y legítimamente han ganado y que pareciera que una máquina del tiempo nos retrotrajera a los impuestos del ‘medio evo’ cuando el señor feudal a sus sometidos le quitaban una de las dos vacas que habían criado, pero siempre era la más gorda. Por ello, y entendiendo que la gente del campo no son los esclavos del feudo, ni tampoco se puede aceptar que se los despoje de lo suyo, ya que retenciones, y/o gravámenes desmedidos, no son otra cosa que confiscaciones y así lo dice la jurisprudencia pese a la desinformación por parte del Estado que se preocupa por afirmar que no se trata de impuestos, se lo mire como se lo mire, esto se parece mucho a un delito. Por tanto; si se parece mucho a un delito, veamos la tendencias y tipología de los autores con estas características para llevar a cabo este proceder. Dentro de los ocho (8) tipos criminológicos que describe SEELIG E. (Tratado de Criminología; Ed. Instituto de Estudios Políticos. Madrid 1958) encontramos dos (2) que por su procedimiento combinado entre lo ‘disposicional’ y lo ‘actual’ son personalidades predispuestas a este tipo de delito, a saber: a).- Delincuentes contra el patrimonio por escasa fuerza de resistencia; (segundo grupo de la escala) Se trata de personas que cumplen una misión y que hasta pueden frecuentemente ser descriptos incluso como trabajadores voluntariosos. Sin embargo carecen frente a los estímulos criminógenos de su mundo circundante, en particular frente a las posibilidades que su profesión les ofrece para apropiarse de lo ajeno, de las necesarias inhibiciones frente a tales seductoras oportunidades; les falta la fuerza de resistencia precisa que posee el “hombre honrado” de esta forma cometen fuertes apropiaciones indebidas. No se advierten caracterológicamente ninguna peculiaridad. Pertenecen a este grupo: 1)- Empleado ladrón; 2)- Cajero infiel; 3)- Funcionario venal; 4)- Comerciante egoísta; 5)- Estafadores ocasionales y los que se apropian de todo objeto a mano. b).- Delincuente por convicción; (séptimo grupo de la escala) Es el que cree que está obligado a realizar el hecho por un mandato reconocido por su conciencia. La motivación del acto recibe el impulso por la convicción de que debe cometer el hecho de acuerdo con un orden normativo, al que valora más altamente que al derecho vigente. Son principalmente de naturaleza política, religiosa, de seudo honor, de seudo ética profesional o de seudo ética general (gran confusión entre lo seudo y lo real). La mayor parte de las veces se trata de personas esquizotímicas con tendencia a ideales extremos que los conduce a una super-valoración de ciertas ideas. Pertenecen a este grupo: 1)- Autor de atentados políticos; 2)- Delincuentes contra la seguridad interior; 3)- Sectario religioso; 4)- Duelistas. Es de lamentar profundamente que estos acontecimientos con los productores del campo deban de producirse porque una caterva de personalidades tal vez con alguna de las características descriptas por Seelig, impidan el desarrollo armonioso entre partes, por un rencor acumulado por el odio y la barbarie de los seudos jóvenes idealistas, que piensan que la Republica comienza con ellos y que tienen derecho al uso y abuso de los bienes de personas honradas de paz y de trabajo.-
Gobernadores le piden a Cristina que dialogue con los ruralistas para evitar nuevos piquetes
Gobernadores le piden a Cristina que dialogue con los ruralistas para evitar nuevos piquetes
El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, se convirtió hoy en el primer mandatario provincial justicialista en adoptar públicamente un tono conciliador en el conflicto rural, al pedir al Gobierno nacional y a los productores agropecuarios que inicien "en forma inmediata un diálogo sin condicionamientos".
Minuto Uno 24/3/200821:19hs
Después de 12 días de protesta, Schiaretti se convirtió en el primer peronista en pedirle a la presidenta Cristina Fernández que abra un canal de discusión con las entidades rurales, y lo hizo a través de un breve comunicado de la Dirección de Prensa de la Gobernación. Córdoba es una de las provincias más perjudicadas por las retenciones, ya que por cada peso que recibe de coparticipación federal de impuestos de la Nación, paga 1,8 en derechos de exportación, según cálculos de la Fundación Mediterránea. El mandatario mediterráneo se sumó así a los movimientos que lleva adelante el socialista de Santa Fe, Hermes Binner, quien desde el inicio de su administración está embarcado en mejorar la relación entre los productores y la Nación. En ese sentido, el intendente de Rosario, Miguel Lifschitz, al ser consultado sobre el paro de los productores agropecuario consideró que el gobierno "debe bajar el tono a la disputa y llamar a una mesa de diálogo". Lifschitz agregó qe "es evidente que hay una mayor responsabilidad de parte del Gobierno nacional, además la protesta del campo tiene cierta legitimidad, el fondo de la cuestión es que los productores no se sienten escuchados ni considerados". El ex ministro de Economía y ex candidato presidencial Roberto Lavagna también aconsejó a la presidenta Cristina Fernández que "convoque al diálogo" a los dirigentes del campo y reconozca que se trata de un sector "vital", para buscar una solución al largo conflicto y que sea ella quien "pare la pelota" de la crisis. Por otra parte, cuestionó "las formas" en que se llevaron a cabo las medidas para el agro y advirtió sobre el riesgo de que la industria, como lo hizo a través del titular de la UIA, Juan Carlos Lascurain al pedir el fin del paro, se enfrente al campo, por lo que sugirió a sus dirigentes que "no se deben dejar atrapar en un conflicto industria-campo". Lavagna dijo que "alguien tiene que parar la pelota" y ante una consulta sobre si debía ser Cristina Kirchner, respondió que "creo que un llamado al diálogo hecho por la presidenta, que para que tenga éxito tiene que incluir alguna coparticipación parcial y un plan a largo plazo, reconociendo que (el campo) es un sector vital, me parece que vendría muy bien". Por su parte, la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, advirtió que los camioneros que se apostaron para contrarrestar las protestas de productores rurales, son "la respuesta parapolicial del Gobierno" a los reclamos del campo. Carrió pidió a la gente de la ciudad a "acompañar al campo" en esta "lucha por la dignidad" porque, dijo, "el campo nos permitió ir a la escuela y a la universidad, y nos permitirá crecer los próximos quince años". La dirigente pidió además "evitar la confrontación" pero recordó que el dinero que el gobierno recauda en concepto de retenciones "no va a las provincias, no va a la salud o la educación, sino que va a las arcas del Estado y del ministro más corrupto de este gobierno que es (el titular de Planificación, Julio) De Vido, y a Néstor Kirchner". Por su parte, el demoprogresista Alberto Natale, afirmó que "este es un gobierno reaccionario que lo único que piensa es en hacer negocios con sus amigos". El ex legislador le pidió al gobierno que convoque a los ruralistas al diálogo a fin de destrabar el conflicto. "El campo promueve la protesta más grande que se recuerde, a causa de la confiscación de sus producciones y la respuesta no ha sido el diálogo, sino la amenaza paraestatal del sindicalismo adicto, promovida por el mismo gobierno", aseguró Natale.
DyN
El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, se convirtió hoy en el primer mandatario provincial justicialista en adoptar públicamente un tono conciliador en el conflicto rural, al pedir al Gobierno nacional y a los productores agropecuarios que inicien "en forma inmediata un diálogo sin condicionamientos".
Minuto Uno 24/3/200821:19hs
Después de 12 días de protesta, Schiaretti se convirtió en el primer peronista en pedirle a la presidenta Cristina Fernández que abra un canal de discusión con las entidades rurales, y lo hizo a través de un breve comunicado de la Dirección de Prensa de la Gobernación. Córdoba es una de las provincias más perjudicadas por las retenciones, ya que por cada peso que recibe de coparticipación federal de impuestos de la Nación, paga 1,8 en derechos de exportación, según cálculos de la Fundación Mediterránea. El mandatario mediterráneo se sumó así a los movimientos que lleva adelante el socialista de Santa Fe, Hermes Binner, quien desde el inicio de su administración está embarcado en mejorar la relación entre los productores y la Nación. En ese sentido, el intendente de Rosario, Miguel Lifschitz, al ser consultado sobre el paro de los productores agropecuario consideró que el gobierno "debe bajar el tono a la disputa y llamar a una mesa de diálogo". Lifschitz agregó qe "es evidente que hay una mayor responsabilidad de parte del Gobierno nacional, además la protesta del campo tiene cierta legitimidad, el fondo de la cuestión es que los productores no se sienten escuchados ni considerados". El ex ministro de Economía y ex candidato presidencial Roberto Lavagna también aconsejó a la presidenta Cristina Fernández que "convoque al diálogo" a los dirigentes del campo y reconozca que se trata de un sector "vital", para buscar una solución al largo conflicto y que sea ella quien "pare la pelota" de la crisis. Por otra parte, cuestionó "las formas" en que se llevaron a cabo las medidas para el agro y advirtió sobre el riesgo de que la industria, como lo hizo a través del titular de la UIA, Juan Carlos Lascurain al pedir el fin del paro, se enfrente al campo, por lo que sugirió a sus dirigentes que "no se deben dejar atrapar en un conflicto industria-campo". Lavagna dijo que "alguien tiene que parar la pelota" y ante una consulta sobre si debía ser Cristina Kirchner, respondió que "creo que un llamado al diálogo hecho por la presidenta, que para que tenga éxito tiene que incluir alguna coparticipación parcial y un plan a largo plazo, reconociendo que (el campo) es un sector vital, me parece que vendría muy bien". Por su parte, la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, advirtió que los camioneros que se apostaron para contrarrestar las protestas de productores rurales, son "la respuesta parapolicial del Gobierno" a los reclamos del campo. Carrió pidió a la gente de la ciudad a "acompañar al campo" en esta "lucha por la dignidad" porque, dijo, "el campo nos permitió ir a la escuela y a la universidad, y nos permitirá crecer los próximos quince años". La dirigente pidió además "evitar la confrontación" pero recordó que el dinero que el gobierno recauda en concepto de retenciones "no va a las provincias, no va a la salud o la educación, sino que va a las arcas del Estado y del ministro más corrupto de este gobierno que es (el titular de Planificación, Julio) De Vido, y a Néstor Kirchner". Por su parte, el demoprogresista Alberto Natale, afirmó que "este es un gobierno reaccionario que lo único que piensa es en hacer negocios con sus amigos". El ex legislador le pidió al gobierno que convoque a los ruralistas al diálogo a fin de destrabar el conflicto. "El campo promueve la protesta más grande que se recuerde, a causa de la confiscación de sus producciones y la respuesta no ha sido el diálogo, sino la amenaza paraestatal del sindicalismo adicto, promovida por el mismo gobierno", aseguró Natale.
DyN
Estalló el modelo
Estalló el modelo
La protesta del campo es un acontecimiento histórico que deja en evidencia las profundas grietas del andamio oficial. El gobierno apela a viejas recetas que se muestran impotentes para enfrentar un hecho social que empieza a mostrar puntos de contacto con la crisis del 2001.
Por Ignacio Fidanza
Lo que está pasando con el campo es un acontecimiento histórico que como suele suceder cuando las cosas ocurren en la cara, es muy difícil de mesurar. La primer reacción, inexorable, es quitarle entidad, minimizarlo y asimilarlo a episodios familiares y conocidos.
Lo mismo sucedió en diciembre del 2001 y terminó como terminó. La gran diferencia es que entones se trató de una propuesta con epicentro en la Capital Federal lo que permitió el efecto amplificador de los granes medios transmitiendo en tiempo real. La situación ahora es distinta, la protesta esta atomizada en la inmensa geografía nacional, lo que dificulta aún más su captación, sobre todo por los medios y los gobernantes que se guían por los climas mediáticos, más que por un conocimiento real de lo que sucede.
La comparación con el 2001 no significa aventurar para el gobierno de Cristina Kirchner un final como el que sufrió Fernando de la Rúa, pero si se vincula con la irrupción de un actor social al que los políticos le temen más que al fuego: el pueblo, o la gente como se prefiere nombrar ahora.
Como en la época del “que se vayan todos”, los productores agropecuarios lideran hoy un movimiento espontáneo que se ha fijado su propia agenda –la eliminación lisa y llana del aumento a las retenciones que anunció entre risas Martín Lousteau-. Reclamo que desbordó a la dirigencia de las cuatro entidades rurales a las que sólo les queda acompañar, muy concientes que ante la mínima percepción de una negociación no autorizada con el poder, pasarán a encabezar la lista de los enemigos.
No saben que hacer
En este medio ya se anticipó que el eje real que domina la acción oficial es el desconcierto. Primero intentaron ignorar la protesta “hasta que se les pase”. Como no se les pasó, lo mandaron a Martín Lousteau a ratificar las medidas; como esto agigantó los reclamos, amenazaron con cerrar las exportaciones de carne; pero como esto tampoco funcionó filtraron a La Nación un inconsistente “plan” de subsidios a productores chicos. Finalmente, como la propuesta no sedujo a los rebeldes, lo mandaron a patotear a Hugo Moyano y sus hijos. Y para terminar, reprimieron con la Gendarmería.
Si se mira, la secuencia tiene su lógica, cuando el poder se queda sin argumentos se desenmascara, y hasta el más simple penalista sabe que la razón última que sostiene el poder es la violencia. Pero se trata esta de una verdad que el kirchnerismo en sus largos cinco años de ejercicio del poder intentó disimular.
Por eso, la represión que las tropas de Aníbal Fernández descargaron sobre los manifestantes del puente subfluvial que une Paraná con Santa Fe, lastima severamente al discurso oficial. ¿Cómo es posible que se toleren cortes de pasos internacionales, que camioneros y piqueteros –aún los de más nimia representación- traumaticen sistemáticamente rutas, peajes, avenidas, pero que no se acepte una verdadera expresión de protesta como la que encarnan los productores?
Si en el gobierno existiera algún funcionario que releyera la historia, entenderían que lo que les sucede no es novedoso. Varias de las revoluciones más radicales se dispararon cuando la gente entendió que el poder les estaba quitando demasiado, cuando la carga de los impuestos se volvió inaguantable. Ahí está la película sobre María Antonieta de Sofía Coppola, por si quieren repasar un caso sin tener que molestarse en la lectura, y de paso deleitarse con el costosísimo vestuario de la nobleza de la época. Cualquier comparación con la actualidad es exclusiva responsabilidad de los lectores.
Cómo destruir un sector
Primero destruyeron el sector de la carne, después el lácteo y no conformes con ello ahora van por la soja, el único rubro del campo al que le quedaba rentabilidad. Es tan torpe la política oficial en esta área que parece un plan perfecto diseñado por algún enemigo astuto del kirchnerismo.
Tan simple como entender que si los productores no ganan haciendo carne ni leche, aún a costa de elecciones personales y tradiciones familiares, terminarán pasándose a la soja.
Cuando la carne y la leche empezaron a subir –sencillamente porque el mundo demanda más de ambos alimentos y reconoce la calidad de los productos argentinos-, el Gobierno intervino y manipuló ambos mercados. ¿Y qué logró? Agudizar el problema: Ahora hay menos carne y leche; y la Argentina se perdió una oportunidad histórica de conquistar nuevos países para sus productos.
Productores de Santa Fe aún recuerdan con frustración la visita que recibieron el año pasado de empresarios de Nueva Zelanda. Esa isla es una potencia láctea mundial y vinieron a analizar en el terreno el futuro de la cuenca lechera más grande de Latinoamérica, que intuían podía plantearles una dura competencia a nivel global. ¿La conclusión? Partieron convencidos que las regulaciones del gobierno iban a destruir el sector y les ahorrarían el trabajo de una competencia, que se avizoraba muy dura.
Estalló el modelo
Desde el refugio de El Calafate, los Kirchner en comunicación con su asesor privilegiado Alberto Fernández, luego de notables zigzagueos ofrecieron a través de La Nación la mejor propuesta negociadora que se les ocurre en caso de conflicto: Subsidios. Ni siquiera fue considerada por los productores.
Aquí lo que empieza a estar en entredicho y a plena luz del sol es la globalidad de un modelo de los más centralistas que recuerde la Argentina. Los subsidios son la cara buena del dispositivo de dominación que instauró el kirchnerismo a través de la mayor concentración fiscal –a costas de las provincias- que haya gozado una Presidencia.
Las retenciones no se coparticipan, todo va a la caja del tesoro nacional. Así sentado sobre esa fortuna ajena, que encima promocionan cada mes anunciando récord de recaudación, el kirchnerismo se divierte domesticando liderazgos políticos, sindicales y empresariales, a cambio de la promesa de invitarlos al banquete.
Concentración fiscal y política, son las dos caras de un proyecto que nunca tuvo la capacidad de construir desde el consenso y la dignidad propia y del otro. Un proyecto que sólo entiende de jefes y empleados, de propios y enemigos. Un maquiavelismo retrógrado que se pierde las sutilezas políticas de las democracias más avanzadas, y embrutece a sus propios dirigentes, rebajados al rol de loros del libreto oficial.
Con este paro el campo le está diciendo no a las cadenas del subsidio, no a la concentración fiscal, no a la acumulación de poder, no a demolición del ideal de un país federal y articulado horizontalmente. Y ese decálogo contiene mucho más que el reclamo de un sector y por eso conmueve, porque se vislumbra allí algo más profundo que unos productores enojados por un impuesto.
El modelo de una economía subsidiada y precios “administrados” ya no funciona. Tan simple como eso. Y el síntoma de este fracaso es la inflación. Se expropia la rentabilidad de los sectores más competitivos para evitar una disparada de los precios y el resultado es: destrucción de riqueza y más inflación.
Ya no se pueden subsidiar todas las tarifas, todos los productos, todas las actividades. No hay inversión privada ni acceso al crédito internacional, asi no hay plata que alcance y entonces se vuelve al campo, que esta vez dijo basta.
Fuga de capitales
Es ocioso discutir si es la política la que condiciona la economía o al revés. Se trata de distinciones del saber que hacen los hombres y la realidad se encarga de sintetizar. Hoy el conflicto se originó por una medida económica y el costo ya empieza a ser político. Gobernadores como Daniel Scioli, Hermes Binner, Sergio Urribarri, Juan Schiaretti y José Alperovich, comenzaron a recibir la bronca de los productores.
Si no reaccionan y se mantienen en un vergonzante apoyo –o silencio cómplice- con las medidas de Martín Lousteau, su capital político, como sucedió con otros liderazgos en convulsiones sociales no tan lejanas, puede evaporarse antes de que entiendan que les pasó. Es su territorio el que está cruzado por el conflicto. Allí se contarán los heridos de eventuales enfrentamientos y las consecuencias económicas de la decisión del ministro de Economía.
En estas horas críticas, como nunca, el gobierno aparece preso de su propia lógica. Lo más sencillo, ante el notable repudio popular, sería dejar sin efecto el aumento de las retenciones y si esto provoca la renuncia del ministro de Economía, que renuncie, para eso sirven los ministros. Para que el agua nunca llegue al despacho presidencial.
Pero fueron demasiados años acostumbrados a ganar todas las apuestas, a doblegar, a imponerse. Y entonces el Gobierno hace lo que siempre hizo: fuga hacia delante con los Moyano, D´Elía y compañía. Un coro que a esta altura sólo contribuye a intensificar el descrédito que el kirchnerismo ya acusa en las encuestas.
Así las cosas, la situación ofrece a Cristina Kirchner una oportunidad: la posibilidad de dar el tan esperado golpe de timón, de ser la artífice de la reinvención del ADN político del kirchnerismo, sumando a su capacidad de conducción la plasticidad del cambio. A veces para ganar hay que perder.
La protesta del campo es un acontecimiento histórico que deja en evidencia las profundas grietas del andamio oficial. El gobierno apela a viejas recetas que se muestran impotentes para enfrentar un hecho social que empieza a mostrar puntos de contacto con la crisis del 2001.
Por Ignacio Fidanza
Lo que está pasando con el campo es un acontecimiento histórico que como suele suceder cuando las cosas ocurren en la cara, es muy difícil de mesurar. La primer reacción, inexorable, es quitarle entidad, minimizarlo y asimilarlo a episodios familiares y conocidos.
Lo mismo sucedió en diciembre del 2001 y terminó como terminó. La gran diferencia es que entones se trató de una propuesta con epicentro en la Capital Federal lo que permitió el efecto amplificador de los granes medios transmitiendo en tiempo real. La situación ahora es distinta, la protesta esta atomizada en la inmensa geografía nacional, lo que dificulta aún más su captación, sobre todo por los medios y los gobernantes que se guían por los climas mediáticos, más que por un conocimiento real de lo que sucede.
La comparación con el 2001 no significa aventurar para el gobierno de Cristina Kirchner un final como el que sufrió Fernando de la Rúa, pero si se vincula con la irrupción de un actor social al que los políticos le temen más que al fuego: el pueblo, o la gente como se prefiere nombrar ahora.
Como en la época del “que se vayan todos”, los productores agropecuarios lideran hoy un movimiento espontáneo que se ha fijado su propia agenda –la eliminación lisa y llana del aumento a las retenciones que anunció entre risas Martín Lousteau-. Reclamo que desbordó a la dirigencia de las cuatro entidades rurales a las que sólo les queda acompañar, muy concientes que ante la mínima percepción de una negociación no autorizada con el poder, pasarán a encabezar la lista de los enemigos.
No saben que hacer
En este medio ya se anticipó que el eje real que domina la acción oficial es el desconcierto. Primero intentaron ignorar la protesta “hasta que se les pase”. Como no se les pasó, lo mandaron a Martín Lousteau a ratificar las medidas; como esto agigantó los reclamos, amenazaron con cerrar las exportaciones de carne; pero como esto tampoco funcionó filtraron a La Nación un inconsistente “plan” de subsidios a productores chicos. Finalmente, como la propuesta no sedujo a los rebeldes, lo mandaron a patotear a Hugo Moyano y sus hijos. Y para terminar, reprimieron con la Gendarmería.
Si se mira, la secuencia tiene su lógica, cuando el poder se queda sin argumentos se desenmascara, y hasta el más simple penalista sabe que la razón última que sostiene el poder es la violencia. Pero se trata esta de una verdad que el kirchnerismo en sus largos cinco años de ejercicio del poder intentó disimular.
Por eso, la represión que las tropas de Aníbal Fernández descargaron sobre los manifestantes del puente subfluvial que une Paraná con Santa Fe, lastima severamente al discurso oficial. ¿Cómo es posible que se toleren cortes de pasos internacionales, que camioneros y piqueteros –aún los de más nimia representación- traumaticen sistemáticamente rutas, peajes, avenidas, pero que no se acepte una verdadera expresión de protesta como la que encarnan los productores?
Si en el gobierno existiera algún funcionario que releyera la historia, entenderían que lo que les sucede no es novedoso. Varias de las revoluciones más radicales se dispararon cuando la gente entendió que el poder les estaba quitando demasiado, cuando la carga de los impuestos se volvió inaguantable. Ahí está la película sobre María Antonieta de Sofía Coppola, por si quieren repasar un caso sin tener que molestarse en la lectura, y de paso deleitarse con el costosísimo vestuario de la nobleza de la época. Cualquier comparación con la actualidad es exclusiva responsabilidad de los lectores.
Cómo destruir un sector
Primero destruyeron el sector de la carne, después el lácteo y no conformes con ello ahora van por la soja, el único rubro del campo al que le quedaba rentabilidad. Es tan torpe la política oficial en esta área que parece un plan perfecto diseñado por algún enemigo astuto del kirchnerismo.
Tan simple como entender que si los productores no ganan haciendo carne ni leche, aún a costa de elecciones personales y tradiciones familiares, terminarán pasándose a la soja.
Cuando la carne y la leche empezaron a subir –sencillamente porque el mundo demanda más de ambos alimentos y reconoce la calidad de los productos argentinos-, el Gobierno intervino y manipuló ambos mercados. ¿Y qué logró? Agudizar el problema: Ahora hay menos carne y leche; y la Argentina se perdió una oportunidad histórica de conquistar nuevos países para sus productos.
Productores de Santa Fe aún recuerdan con frustración la visita que recibieron el año pasado de empresarios de Nueva Zelanda. Esa isla es una potencia láctea mundial y vinieron a analizar en el terreno el futuro de la cuenca lechera más grande de Latinoamérica, que intuían podía plantearles una dura competencia a nivel global. ¿La conclusión? Partieron convencidos que las regulaciones del gobierno iban a destruir el sector y les ahorrarían el trabajo de una competencia, que se avizoraba muy dura.
Estalló el modelo
Desde el refugio de El Calafate, los Kirchner en comunicación con su asesor privilegiado Alberto Fernández, luego de notables zigzagueos ofrecieron a través de La Nación la mejor propuesta negociadora que se les ocurre en caso de conflicto: Subsidios. Ni siquiera fue considerada por los productores.
Aquí lo que empieza a estar en entredicho y a plena luz del sol es la globalidad de un modelo de los más centralistas que recuerde la Argentina. Los subsidios son la cara buena del dispositivo de dominación que instauró el kirchnerismo a través de la mayor concentración fiscal –a costas de las provincias- que haya gozado una Presidencia.
Las retenciones no se coparticipan, todo va a la caja del tesoro nacional. Así sentado sobre esa fortuna ajena, que encima promocionan cada mes anunciando récord de recaudación, el kirchnerismo se divierte domesticando liderazgos políticos, sindicales y empresariales, a cambio de la promesa de invitarlos al banquete.
Concentración fiscal y política, son las dos caras de un proyecto que nunca tuvo la capacidad de construir desde el consenso y la dignidad propia y del otro. Un proyecto que sólo entiende de jefes y empleados, de propios y enemigos. Un maquiavelismo retrógrado que se pierde las sutilezas políticas de las democracias más avanzadas, y embrutece a sus propios dirigentes, rebajados al rol de loros del libreto oficial.
Con este paro el campo le está diciendo no a las cadenas del subsidio, no a la concentración fiscal, no a la acumulación de poder, no a demolición del ideal de un país federal y articulado horizontalmente. Y ese decálogo contiene mucho más que el reclamo de un sector y por eso conmueve, porque se vislumbra allí algo más profundo que unos productores enojados por un impuesto.
El modelo de una economía subsidiada y precios “administrados” ya no funciona. Tan simple como eso. Y el síntoma de este fracaso es la inflación. Se expropia la rentabilidad de los sectores más competitivos para evitar una disparada de los precios y el resultado es: destrucción de riqueza y más inflación.
Ya no se pueden subsidiar todas las tarifas, todos los productos, todas las actividades. No hay inversión privada ni acceso al crédito internacional, asi no hay plata que alcance y entonces se vuelve al campo, que esta vez dijo basta.
Fuga de capitales
Es ocioso discutir si es la política la que condiciona la economía o al revés. Se trata de distinciones del saber que hacen los hombres y la realidad se encarga de sintetizar. Hoy el conflicto se originó por una medida económica y el costo ya empieza a ser político. Gobernadores como Daniel Scioli, Hermes Binner, Sergio Urribarri, Juan Schiaretti y José Alperovich, comenzaron a recibir la bronca de los productores.
Si no reaccionan y se mantienen en un vergonzante apoyo –o silencio cómplice- con las medidas de Martín Lousteau, su capital político, como sucedió con otros liderazgos en convulsiones sociales no tan lejanas, puede evaporarse antes de que entiendan que les pasó. Es su territorio el que está cruzado por el conflicto. Allí se contarán los heridos de eventuales enfrentamientos y las consecuencias económicas de la decisión del ministro de Economía.
En estas horas críticas, como nunca, el gobierno aparece preso de su propia lógica. Lo más sencillo, ante el notable repudio popular, sería dejar sin efecto el aumento de las retenciones y si esto provoca la renuncia del ministro de Economía, que renuncie, para eso sirven los ministros. Para que el agua nunca llegue al despacho presidencial.
Pero fueron demasiados años acostumbrados a ganar todas las apuestas, a doblegar, a imponerse. Y entonces el Gobierno hace lo que siempre hizo: fuga hacia delante con los Moyano, D´Elía y compañía. Un coro que a esta altura sólo contribuye a intensificar el descrédito que el kirchnerismo ya acusa en las encuestas.
Así las cosas, la situación ofrece a Cristina Kirchner una oportunidad: la posibilidad de dar el tan esperado golpe de timón, de ser la artífice de la reinvención del ADN político del kirchnerismo, sumando a su capacidad de conducción la plasticidad del cambio. A veces para ganar hay que perder.
Estalló el modelo
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La protesta del campo es un acontecimiento histórico que deja en evidencia las profundas grietas del andamio oficial. El gobierno apela a viejas recetas que se muestran impotentes para enfrentar un hecho social que empieza a mostrar puntos de contacto con la crisis del 2001.
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Mapa nacional del paro del campo, que arrincona a los gobernadores
Cristina evalúa hablar por cadena: El Gobierno no sabe que hacer
Frente de tormenta
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Lo que está pasando con el campo es un acontecimiento histórico que como suele suceder cuando las cosas ocurren en la cara, es muy difícil de mesurar. La primer reacción, inexorable, es quitarle entidad, minimizarlo y asimilarlo a episodios familiares y conocidos.
Lo mismo sucedió en diciembre del 2001 y terminó como terminó. La gran diferencia es que entones se trató de una propuesta con epicentro en la Capital Federal lo que permitió el efecto amplificador de los granes medios transmitiendo en tiempo real. La situación ahora es distinta, la protesta esta atomizada en la inmensa geografía nacional, lo que dificulta aún más su captación, sobre todo por los medios y los gobernantes que se guían por los climas mediáticos, más que por un conocimiento real de lo que sucede.
La comparación con el 2001 no significa aventurar para el gobierno de Cristina Kirchner un final como el que sufrió Fernando de la Rúa, pero si se vincula con la irrupción de un actor social al que los políticos le temen más que al fuego: el pueblo, o la gente como se prefiere nombrar ahora.
Como en la época del “que se vayan todos”, los productores agropecuarios lideran hoy un movimiento espontáneo que se ha fijado su propia agenda –la eliminación lisa y llana del aumento a las retenciones que anunció entre risas Martín Lousteau-. Reclamo que desbordó a la dirigencia de las cuatro entidades rurales a las que sólo les queda acompañar, muy concientes que ante la mínima percepción de una negociación no autorizada con el poder, pasarán a encabezar la lista de los enemigos.
No saben que hacer
En este medio ya se anticipó que el eje real que domina la acción oficial es el desconcierto. Primero intentaron ignorar la protesta “hasta que se les pase”. Como no se les pasó, lo mandaron a Martín Lousteau a ratificar las medidas; como esto agigantó los reclamos, amenazaron con cerrar las exportaciones de carne; pero como esto tampoco funcionó filtraron a La Nación un inconsistente “plan” de subsidios a productores chicos. Finalmente, como la propuesta no sedujo a los rebeldes, lo mandaron a patotear a Hugo Moyano y sus hijos. Y para terminar, reprimieron con la Gendarmería.
Si se mira, la secuencia tiene su lógica, cuando el poder se queda sin argumentos se desenmascara, y hasta el más simple penalista sabe que la razón última que sostiene el poder es la violencia. Pero se trata ésta de una verdad que el kirchnerismo en sus largos cinco años de ejercicio del poder intentó disimular.
Por eso, la represión que las tropas de Aníbal Fernández descargaron sobre los manifestantes del puente subfluvial que une Paraná con Santa Fe, lastima severamente al discurso oficial. ¿Cómo es posible que se toleren cortes de pasos internacionales, que camioneros y piqueteros –aún los de más nimia representación- traumaticen sistemáticamente rutas, peajes, avenidas, pero que no se acepte una verdadera expresión de protesta como la que encarnan los productores?
Si en el gobierno existiera algún funcionario que releyera la historia, entenderían que lo que les sucede no es novedoso. Varias de las revoluciones más radicales se dispararon cuando la gente entendió que el poder les estaba quitando demasiado, cuando la carga de los impuestos se volvió inaguantable. Ahí está la película sobre María Antonieta de Sofía Coppola, por si quieren repasar un caso sin tener que molestarse en la lectura, y de paso deleitarse con el costosísimo vestuario de la nobleza de la época. Cualquier comparación con la actualidad es exclusiva responsabilidad de los lectores.
Cómo destruir un sector
Primero destruyeron el sector de la carne, después el lácteo y no conformes con ello ahora van por la soja, el único rubro del campo al que le quedaba rentabilidad. Es tan torpe la política oficial en esta área que parece un plan perfecto diseñado por algún enemigo astuto del kirchnerismo.
Tan simple como entender que si los productores no ganan haciendo carne ni leche, aún a costa de elecciones personales y tradiciones familiares, terminarán pasándose a la soja.
Cuando la carne y la leche empezaron a subir –sencillamente porque el mundo demanda más de ambos alimentos y reconoce la calidad de los productos argentinos-, el Gobierno intervino y manipuló ambos mercados. ¿Y qué logró? Agudizar el problema: Ahora hay menos carne y leche; y la Argentina se perdió una oportunidad histórica de conquistar nuevos países para sus productos.
Productores de Santa Fe aún recuerdan con frustración la visita que recibieron el año pasado de empresarios de Nueva Zelanda. Esa isla es una potencia láctea mundial y vinieron a analizar en el terreno el futuro de la cuenca lechera más grande de Latinoamérica, que intuían podía plantearles una dura competencia a nivel global. ¿La conclusión? Partieron convencidos que las regulaciones del gobierno iban a destruir el sector y les ahorrarían el trabajo de una competencia, que se avizoraba muy dura.
Estalló el modelo
Desde el refugio de El Calafate, los Kirchner en comunicación con su asesor privilegiado Alberto Fernández, luego de notables zigzagueos ofrecieron a través de La Nación la mejor propuesta negociadora que se les ocurre en caso de conflicto: Subsidios. Ni siquiera fue considerada por los productores.
Aquí lo que empieza a estar en entredicho y a plena luz del sol es la globalidad de un modelo de los más centralistas que recuerde la Argentina. Los subsidios son la cara buena del dispositivo de dominación que instauró el kirchnerismo a través de la mayor concentración fiscal –a costas de las provincias- que haya gozado una Presidencia.
Las retenciones no se coparticipan, todo va a la caja del tesoro nacional. Así sentado sobre esa fortuna ajena, que encima promocionan cada mes anunciando récord de recaudación, el kirchnerismo se divierte domesticando liderazgos políticos, sindicales y empresariales, a cambio de la promesa de invitarlos al banquete.
Concentración fiscal y política, son las dos caras de un proyecto que nunca tuvo la capacidad de construir desde el consenso y la dignidad propia y del otro. Un proyecto que sólo entiende de jefes y empleados, de propios y enemigos. Un maquiavelismo retrógrado que se pierde las sutilezas políticas de las democracias más avanzadas, y embrutece a sus propios dirigentes, rebajados al rol de loros del libreto oficial.
Con este paro el campo le está diciendo no a las cadenas del subsidio, no a la concentración fiscal, no a la acumulación de poder, no a demolición del ideal de un país federal y articulado horizontalmente. Y ese decálogo contiene mucho más que el reclamo de un sector y por eso conmueve, porque se vislumbra allí algo más profundo que unos productores enojados por un impuesto.
El modelo de una economía subsidiada y precios “administrados” ya no funciona. Tan simple como eso. Y el síntoma de este fracaso es la inflación. Se expropia la rentabilidad de los sectores más competitivos para evitar una disparada de los precios y el resultado es: destrucción de riqueza y más inflación.
Ya no se pueden subsidiar todas las tarifas, todos los productos, todas las actividades. No hay inversión privada ni acceso al crédito internacional, así no hay plata que alcance y entonces se vuelve al campo, que esta vez dijo basta.
Fuga de capitales
Es ocioso discutir si es la política la que condiciona la economía o al revés. Se trata de distinciones del saber que hacen los hombres y la realidad se encarga de sintetizar. Hoy el conflicto se originó por una medida económica y el costo ya empieza a ser político. Gobernadores como Daniel Scioli, Hermes Binner, Sergio Urribarri, Juan Schiaretti y José Alperovich, comenzaron a recibir la bronca de los productores.
Si no reaccionan y se mantienen en un vergonzante apoyo –o silencio cómplice- con las medidas de Martín Lousteau, su capital político, como sucedió con otros liderazgos en convulsiones sociales no tan lejanas, puede evaporarse antes de que entiendan que les pasó. Es su territorio el que está cruzado por el conflicto. Allí se contarán los heridos de eventuales enfrentamientos y las consecuencias económicas de la decisión del ministro de Economía.
En estas horas críticas, como nunca, el gobierno aparece preso de su propia lógica. Lo más sencillo, ante el notable repudio popular, sería dejar sin efecto el aumento de las retenciones y si esto provoca la renuncia del ministro de Economía, que renuncie, para eso sirven los ministros. Para que el agua nunca llegue al despacho presidencial.
Pero fueron demasiados años acostumbrados a ganar todas las apuestas, a doblegar, a imponerse. Y entonces el Gobierno hace lo que siempre hizo: fuga hacia delante con los Moyano, D´Elía y compañía. Un coro que a esta altura sólo contribuye a intensificar el descrédito que el kirchnerismo ya acusa en las encuestas.
Así las cosas, la situación ofrece a Cristina Kirchner una oportunidad: la posibilidad de dar el tan esperado golpe de timón, de ser la artífice de la reinvención del ADN político del kirchnerismo, sumando a su capacidad de conducción la plasticidad del cambio. A veces para ganar hay que perder.
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Lo mismo sucedió en diciembre del 2001 y terminó como terminó. La gran diferencia es que entones se trató de una propuesta con epicentro en la Capital Federal lo que permitió el efecto amplificador de los granes medios transmitiendo en tiempo real. La situación ahora es distinta, la protesta esta atomizada en la inmensa geografía nacional, lo que dificulta aún más su captación, sobre todo por los medios y los gobernantes que se guían por los climas mediáticos, más que por un conocimiento real de lo que sucede.
La comparación con el 2001 no significa aventurar para el gobierno de Cristina Kirchner un final como el que sufrió Fernando de la Rúa, pero si se vincula con la irrupción de un actor social al que los políticos le temen más que al fuego: el pueblo, o la gente como se prefiere nombrar ahora.
Como en la época del “que se vayan todos”, los productores agropecuarios lideran hoy un movimiento espontáneo que se ha fijado su propia agenda –la eliminación lisa y llana del aumento a las retenciones que anunció entre risas Martín Lousteau-. Reclamo que desbordó a la dirigencia de las cuatro entidades rurales a las que sólo les queda acompañar, muy concientes que ante la mínima percepción de una negociación no autorizada con el poder, pasarán a encabezar la lista de los enemigos.
No saben que hacer
En este medio ya se anticipó que el eje real que domina la acción oficial es el desconcierto. Primero intentaron ignorar la protesta “hasta que se les pase”. Como no se les pasó, lo mandaron a Martín Lousteau a ratificar las medidas; como esto agigantó los reclamos, amenazaron con cerrar las exportaciones de carne; pero como esto tampoco funcionó filtraron a La Nación un inconsistente “plan” de subsidios a productores chicos. Finalmente, como la propuesta no sedujo a los rebeldes, lo mandaron a patotear a Hugo Moyano y sus hijos. Y para terminar, reprimieron con la Gendarmería.
Si se mira, la secuencia tiene su lógica, cuando el poder se queda sin argumentos se desenmascara, y hasta el más simple penalista sabe que la razón última que sostiene el poder es la violencia. Pero se trata ésta de una verdad que el kirchnerismo en sus largos cinco años de ejercicio del poder intentó disimular.
Por eso, la represión que las tropas de Aníbal Fernández descargaron sobre los manifestantes del puente subfluvial que une Paraná con Santa Fe, lastima severamente al discurso oficial. ¿Cómo es posible que se toleren cortes de pasos internacionales, que camioneros y piqueteros –aún los de más nimia representación- traumaticen sistemáticamente rutas, peajes, avenidas, pero que no se acepte una verdadera expresión de protesta como la que encarnan los productores?
Si en el gobierno existiera algún funcionario que releyera la historia, entenderían que lo que les sucede no es novedoso. Varias de las revoluciones más radicales se dispararon cuando la gente entendió que el poder les estaba quitando demasiado, cuando la carga de los impuestos se volvió inaguantable. Ahí está la película sobre María Antonieta de Sofía Coppola, por si quieren repasar un caso sin tener que molestarse en la lectura, y de paso deleitarse con el costosísimo vestuario de la nobleza de la época. Cualquier comparación con la actualidad es exclusiva responsabilidad de los lectores.
Cómo destruir un sector
Primero destruyeron el sector de la carne, después el lácteo y no conformes con ello ahora van por la soja, el único rubro del campo al que le quedaba rentabilidad. Es tan torpe la política oficial en esta área que parece un plan perfecto diseñado por algún enemigo astuto del kirchnerismo.
Tan simple como entender que si los productores no ganan haciendo carne ni leche, aún a costa de elecciones personales y tradiciones familiares, terminarán pasándose a la soja.
Cuando la carne y la leche empezaron a subir –sencillamente porque el mundo demanda más de ambos alimentos y reconoce la calidad de los productos argentinos-, el Gobierno intervino y manipuló ambos mercados. ¿Y qué logró? Agudizar el problema: Ahora hay menos carne y leche; y la Argentina se perdió una oportunidad histórica de conquistar nuevos países para sus productos.
Productores de Santa Fe aún recuerdan con frustración la visita que recibieron el año pasado de empresarios de Nueva Zelanda. Esa isla es una potencia láctea mundial y vinieron a analizar en el terreno el futuro de la cuenca lechera más grande de Latinoamérica, que intuían podía plantearles una dura competencia a nivel global. ¿La conclusión? Partieron convencidos que las regulaciones del gobierno iban a destruir el sector y les ahorrarían el trabajo de una competencia, que se avizoraba muy dura.
Estalló el modelo
Desde el refugio de El Calafate, los Kirchner en comunicación con su asesor privilegiado Alberto Fernández, luego de notables zigzagueos ofrecieron a través de La Nación la mejor propuesta negociadora que se les ocurre en caso de conflicto: Subsidios. Ni siquiera fue considerada por los productores.
Aquí lo que empieza a estar en entredicho y a plena luz del sol es la globalidad de un modelo de los más centralistas que recuerde la Argentina. Los subsidios son la cara buena del dispositivo de dominación que instauró el kirchnerismo a través de la mayor concentración fiscal –a costas de las provincias- que haya gozado una Presidencia.
Las retenciones no se coparticipan, todo va a la caja del tesoro nacional. Así sentado sobre esa fortuna ajena, que encima promocionan cada mes anunciando récord de recaudación, el kirchnerismo se divierte domesticando liderazgos políticos, sindicales y empresariales, a cambio de la promesa de invitarlos al banquete.
Concentración fiscal y política, son las dos caras de un proyecto que nunca tuvo la capacidad de construir desde el consenso y la dignidad propia y del otro. Un proyecto que sólo entiende de jefes y empleados, de propios y enemigos. Un maquiavelismo retrógrado que se pierde las sutilezas políticas de las democracias más avanzadas, y embrutece a sus propios dirigentes, rebajados al rol de loros del libreto oficial.
Con este paro el campo le está diciendo no a las cadenas del subsidio, no a la concentración fiscal, no a la acumulación de poder, no a demolición del ideal de un país federal y articulado horizontalmente. Y ese decálogo contiene mucho más que el reclamo de un sector y por eso conmueve, porque se vislumbra allí algo más profundo que unos productores enojados por un impuesto.
El modelo de una economía subsidiada y precios “administrados” ya no funciona. Tan simple como eso. Y el síntoma de este fracaso es la inflación. Se expropia la rentabilidad de los sectores más competitivos para evitar una disparada de los precios y el resultado es: destrucción de riqueza y más inflación.
Ya no se pueden subsidiar todas las tarifas, todos los productos, todas las actividades. No hay inversión privada ni acceso al crédito internacional, así no hay plata que alcance y entonces se vuelve al campo, que esta vez dijo basta.
Fuga de capitales
Es ocioso discutir si es la política la que condiciona la economía o al revés. Se trata de distinciones del saber que hacen los hombres y la realidad se encarga de sintetizar. Hoy el conflicto se originó por una medida económica y el costo ya empieza a ser político. Gobernadores como Daniel Scioli, Hermes Binner, Sergio Urribarri, Juan Schiaretti y José Alperovich, comenzaron a recibir la bronca de los productores.
Si no reaccionan y se mantienen en un vergonzante apoyo –o silencio cómplice- con las medidas de Martín Lousteau, su capital político, como sucedió con otros liderazgos en convulsiones sociales no tan lejanas, puede evaporarse antes de que entiendan que les pasó. Es su territorio el que está cruzado por el conflicto. Allí se contarán los heridos de eventuales enfrentamientos y las consecuencias económicas de la decisión del ministro de Economía.
En estas horas críticas, como nunca, el gobierno aparece preso de su propia lógica. Lo más sencillo, ante el notable repudio popular, sería dejar sin efecto el aumento de las retenciones y si esto provoca la renuncia del ministro de Economía, que renuncie, para eso sirven los ministros. Para que el agua nunca llegue al despacho presidencial.
Pero fueron demasiados años acostumbrados a ganar todas las apuestas, a doblegar, a imponerse. Y entonces el Gobierno hace lo que siempre hizo: fuga hacia delante con los Moyano, D´Elía y compañía. Un coro que a esta altura sólo contribuye a intensificar el descrédito que el kirchnerismo ya acusa en las encuestas.
Así las cosas, la situación ofrece a Cristina Kirchner una oportunidad: la posibilidad de dar el tan esperado golpe de timón, de ser la artífice de la reinvención del ADN político del kirchnerismo, sumando a su capacidad de conducción la plasticidad del cambio. A veces para ganar hay que perder.
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Cambios en el juego del poder
Cambios en el juego del poder.
Por Carlos Pagni
A los memoriosos les cuesta encontrar un antecedente de las dimensiones del paro agropecuario de estos días. ¿Habrá que remontarse al conflicto ferroviario de 1951? ¿O se parece más a la huelga de 40 días que ese mismo gremio dispuso contra Arturo Frondizi, en 1961? También Raúl Alfonsín atravesó su crisis sindical en 1988, con la protesta de 42 días de los maestros, que terminó en la “marcha blanca”.
La Nación 24/3/200821:18hs
La actual medida de fuerza no tiene la duración de aquéllas. Pero su radicalidad la convierte en un acontecimiento delicado y excepcional. Una discusión que se pretendía circunscripta a la renta de la soja, terminó movilizando a lecheros, ganaderos, comerciantes y técnicos agropecuarios aun durante la Semana Santa. Como si se hubiera desatado un proceso al cabo del cual la configuración general de la política quedará, en buena medida, modificada. Ya existen indicios de mutaciones importantes en el juego del poder. El primero se registró ayer en las relaciones federales. Por primera vez desde el ascenso de los Kirchner, un gobernador se quejó de la "falta de una política agropecuaria" y reclamó que sea el Gobierno, quien inicie el diálogo. Fue Hermes Binner, desde un escenario principal de la disputa, Santa Fe. Este socialista sabe que sus declaraciones ponen en apuros a los gobernadores de otras provincias agropecuarias que militan en el oficialismo, algunos de los cuales soportan tensiones en sus gabinetes por su estrategia frente al campo. Binner citó al cordobés Juan Schiaretti y al chaqueño Jorge Capitanich, a quienes el Gobierno había confiado una mediación, como informó ayer LA NACION. El alineamiento de esos dirigentes con la Casa Rosada es relativo. En sus diálogos con funcionarios de Cristina Kirchner, Schiaretti viene sosteniendo, desde el martes pasado, dos criterios: que el Gobierno retome el diálogo y que los fondos que percibe por las retenciones a los agricultores cordobeses, calculados en US$ 2500 millones, reviertan sobre la provincia. El pronunciamiento de Binner y Schiaretti es muy relevante. Para el kirchnerismo, las retenciones a las exportaciones son, además de una garantía del superávit fiscal, una herramienta disciplinaria hacia el interior de la corporación política. Los fondos que las provincias reciben por asignación automática (por la coparticipación) vienen disminuyendo en comparación con los que les giran por decisiones discrecionales del poder central. El caso más elocuente es la provincia de Buenos Aires, aunque su gobernador, Daniel Scioli -acaso por esa dependencia del Tesoro-, esté muy lejos de mencionar el problema. Schiaretti y Binner no definieron el alcance de sus pretensiones. Parece impensable que pidan una distribución de la renta de los exportadores a través del impuesto a las ganancias, lo que derivaría a las provincias el 17,5% de lo que hoy la Nación captura para sí con las retenciones. Pero es posible que los gobernadores quieran participar de un acuerdo al exigir que buena parte de lo retenido se distribuya de manera proporcional a lo que tributa cada distrito, a través de programas sociales y de obras públicas. Sería coparticipar, de hecho, lo que por ley se queda la Nación. Estas aspiraciones ponen en discusión una viga maestra del sistema de dominación de Kirchner. Su entramado clientelar, la constitución de un nuevo oficialismo en el PJ o la captura de dirigentes radicales para la "Concertación K" serían inimaginables sin este mecanismo fiscal, que comienza a verse cuestionado. El segundo efecto de mediano plazo de la movilización agraria impacta en la base electoral del oficialismo. Hay que esperar a las elecciones de 2009 para obtener un veredicto definitivo, pero cabe suponer que durante este conflicto Cristina Kirchner se esté enajenando votos de la clase media rural que había conseguido el 28 de octubre pasado. Apoyo amenazado Los cómputos de esos comicios no convalidan la imagen de una oposición irreductible entre el Gobierno y el sector agropecuario. En la bonaerense Rojas la Presidenta ganó con el 39,11% de los votos; en Pergamino, con el 43,55%; en Bragado, con el 45,67%, y en Chivilcoy, con el 54,84%. No parece, entonces, que el campo exprese un "voto gorila", como gustan decir en Olivos. Es más probable que el Gobierno esté "gorilizando" al campo. El entredicho amenaza con arrebatarle una porción de los sectores medios, que se agregará a la que ya perdió en los grandes centros urbanos. El tercer impacto del paro del campo sobre la política se verifica en el balance interno del Gobierno. Los funcionarios que parecían encarnar una corriente más amigable con la iniciativa privada, Alberto Fernández y Martín Lousteau, quedaron como pararrayos del oficialismo en esta tormenta. Sería injusto adjudicarles toda la responsabilidad por el estallido. El malentendido con el campo es una nota invariable de la política de Néstor Kirchner, un hombre de cultura política petrolera y, si se quiere, esteparia. Nadie cree, además, que una medida de la gravedad de las retenciones móviles a la soja se haya tomado sin su supervisión. Que en el ojo del huracán se encuentre el jefe de Gabinete estimula peleas marginales. Los peronistas cordobeses, por ejemplo, ven que en la vereda de enfrente de los agricultores está el padrino de Luis Juez, por quien casi pierden la provincia. Julio de Vido y Guillermo Moreno, por su lado, lucen una inusual prescindencia, igual que su amigo el secretario de Agricultura, nada menos, Javier de Urquiza. Ellos miran a Fernández y Lousteau en su primer experimento importante de gestión económica con la inconfesable morbosidad con que se observa a los equilibristas en el circo. Esperan ser convocados desde Puerto Madero, gracias a sus innumerables contactos rurales, sobre todo en Coninagro y la Federación Agraria. El jefe de Gabinete debe estar mortificado por la última paradoja: su principal aliado es Hugo Moyano, cuyo hijo Pablo, ayer convocó a los camioneros a disolver los cortes de ruta, en una especie de "estrategia Varizat". Desde el cardenal Jorge Bergoglio hasta innumerables intendentes están inquietos por la posibilidad de incidentes. En muchas ciudades se buscaba, anoche, coordinar la protesta con las fuerzas de seguridad. Pero Moyano se aferró a la mano de Fernández para salir de la crónica policial que protagoniza en estos días. Quizá no advierte que el camino elegido puede dejarlo más atrapado todavía.
Por Carlos Pagni
A los memoriosos les cuesta encontrar un antecedente de las dimensiones del paro agropecuario de estos días. ¿Habrá que remontarse al conflicto ferroviario de 1951? ¿O se parece más a la huelga de 40 días que ese mismo gremio dispuso contra Arturo Frondizi, en 1961? También Raúl Alfonsín atravesó su crisis sindical en 1988, con la protesta de 42 días de los maestros, que terminó en la “marcha blanca”.
La Nación 24/3/200821:18hs
La actual medida de fuerza no tiene la duración de aquéllas. Pero su radicalidad la convierte en un acontecimiento delicado y excepcional. Una discusión que se pretendía circunscripta a la renta de la soja, terminó movilizando a lecheros, ganaderos, comerciantes y técnicos agropecuarios aun durante la Semana Santa. Como si se hubiera desatado un proceso al cabo del cual la configuración general de la política quedará, en buena medida, modificada. Ya existen indicios de mutaciones importantes en el juego del poder. El primero se registró ayer en las relaciones federales. Por primera vez desde el ascenso de los Kirchner, un gobernador se quejó de la "falta de una política agropecuaria" y reclamó que sea el Gobierno, quien inicie el diálogo. Fue Hermes Binner, desde un escenario principal de la disputa, Santa Fe. Este socialista sabe que sus declaraciones ponen en apuros a los gobernadores de otras provincias agropecuarias que militan en el oficialismo, algunos de los cuales soportan tensiones en sus gabinetes por su estrategia frente al campo. Binner citó al cordobés Juan Schiaretti y al chaqueño Jorge Capitanich, a quienes el Gobierno había confiado una mediación, como informó ayer LA NACION. El alineamiento de esos dirigentes con la Casa Rosada es relativo. En sus diálogos con funcionarios de Cristina Kirchner, Schiaretti viene sosteniendo, desde el martes pasado, dos criterios: que el Gobierno retome el diálogo y que los fondos que percibe por las retenciones a los agricultores cordobeses, calculados en US$ 2500 millones, reviertan sobre la provincia. El pronunciamiento de Binner y Schiaretti es muy relevante. Para el kirchnerismo, las retenciones a las exportaciones son, además de una garantía del superávit fiscal, una herramienta disciplinaria hacia el interior de la corporación política. Los fondos que las provincias reciben por asignación automática (por la coparticipación) vienen disminuyendo en comparación con los que les giran por decisiones discrecionales del poder central. El caso más elocuente es la provincia de Buenos Aires, aunque su gobernador, Daniel Scioli -acaso por esa dependencia del Tesoro-, esté muy lejos de mencionar el problema. Schiaretti y Binner no definieron el alcance de sus pretensiones. Parece impensable que pidan una distribución de la renta de los exportadores a través del impuesto a las ganancias, lo que derivaría a las provincias el 17,5% de lo que hoy la Nación captura para sí con las retenciones. Pero es posible que los gobernadores quieran participar de un acuerdo al exigir que buena parte de lo retenido se distribuya de manera proporcional a lo que tributa cada distrito, a través de programas sociales y de obras públicas. Sería coparticipar, de hecho, lo que por ley se queda la Nación. Estas aspiraciones ponen en discusión una viga maestra del sistema de dominación de Kirchner. Su entramado clientelar, la constitución de un nuevo oficialismo en el PJ o la captura de dirigentes radicales para la "Concertación K" serían inimaginables sin este mecanismo fiscal, que comienza a verse cuestionado. El segundo efecto de mediano plazo de la movilización agraria impacta en la base electoral del oficialismo. Hay que esperar a las elecciones de 2009 para obtener un veredicto definitivo, pero cabe suponer que durante este conflicto Cristina Kirchner se esté enajenando votos de la clase media rural que había conseguido el 28 de octubre pasado. Apoyo amenazado Los cómputos de esos comicios no convalidan la imagen de una oposición irreductible entre el Gobierno y el sector agropecuario. En la bonaerense Rojas la Presidenta ganó con el 39,11% de los votos; en Pergamino, con el 43,55%; en Bragado, con el 45,67%, y en Chivilcoy, con el 54,84%. No parece, entonces, que el campo exprese un "voto gorila", como gustan decir en Olivos. Es más probable que el Gobierno esté "gorilizando" al campo. El entredicho amenaza con arrebatarle una porción de los sectores medios, que se agregará a la que ya perdió en los grandes centros urbanos. El tercer impacto del paro del campo sobre la política se verifica en el balance interno del Gobierno. Los funcionarios que parecían encarnar una corriente más amigable con la iniciativa privada, Alberto Fernández y Martín Lousteau, quedaron como pararrayos del oficialismo en esta tormenta. Sería injusto adjudicarles toda la responsabilidad por el estallido. El malentendido con el campo es una nota invariable de la política de Néstor Kirchner, un hombre de cultura política petrolera y, si se quiere, esteparia. Nadie cree, además, que una medida de la gravedad de las retenciones móviles a la soja se haya tomado sin su supervisión. Que en el ojo del huracán se encuentre el jefe de Gabinete estimula peleas marginales. Los peronistas cordobeses, por ejemplo, ven que en la vereda de enfrente de los agricultores está el padrino de Luis Juez, por quien casi pierden la provincia. Julio de Vido y Guillermo Moreno, por su lado, lucen una inusual prescindencia, igual que su amigo el secretario de Agricultura, nada menos, Javier de Urquiza. Ellos miran a Fernández y Lousteau en su primer experimento importante de gestión económica con la inconfesable morbosidad con que se observa a los equilibristas en el circo. Esperan ser convocados desde Puerto Madero, gracias a sus innumerables contactos rurales, sobre todo en Coninagro y la Federación Agraria. El jefe de Gabinete debe estar mortificado por la última paradoja: su principal aliado es Hugo Moyano, cuyo hijo Pablo, ayer convocó a los camioneros a disolver los cortes de ruta, en una especie de "estrategia Varizat". Desde el cardenal Jorge Bergoglio hasta innumerables intendentes están inquietos por la posibilidad de incidentes. En muchas ciudades se buscaba, anoche, coordinar la protesta con las fuerzas de seguridad. Pero Moyano se aferró a la mano de Fernández para salir de la crónica policial que protagoniza en estos días. Quizá no advierte que el camino elegido puede dejarlo más atrapado todavía.
El juego de los siete errores
Cinco años de altísimo crecimiento económico (a un promedio del 8,8% anual); baja del desempleo (al 7,5%); superávits gemelos otra vez en alza; reservas récord del Banco Central (50.000 millones de dólares); precios internacionales récord para la producción exportable; boom de consumo interno y plena utilización de la capacidad productiva configuran una etapa excepcional para la economía argentina. Sólo para los no avisados, el cuadro se completaría con una inflación anual de un dígito (8,2%), pero con índices oficiales falsificados que miden una tercera parte del verdadero aumento de precios.
No es ésta, sin embargo, la sensación que percibe buena parte de la sociedad urbana, especialmente de clase media para abajo, o ahora los productores del campo. Ni tampoco se condice con la actitud de un gobierno que vive a la defensiva, identifica enemigos donde no los hay, retacea u oculta información que debiera ser pública, deja crecer problemas sin necesidad o resuelve conflictos a la inversa de lo que indicaría el sentido común. El alejamiento de Alberto Abad, en medio de un brillante ciclo al frente de la AFIP, es una prueba de ello.
Aunque en la Argentina las sensaciones son un eufemismo para no hablar de problemas (el vicepresidente Julio Cobos acaba de hacer su debut con esta modalidad de expresión, al caracterizar la brecha entre el IPC y la inflación real), éstos existen.
Y si tienden a agudizarse, no es sólo por las distorsiones que crea una inflación más alta y negada oficialmente, sino también por las expectativas negativas que generan dos tipos de actitudes del gobierno kirchnerista que lo llevan a cometer errores. Una, "enamorarse del modelo" sin advertir -como les ocurrió a varios de sus antecesores- que los tiempos y las circunstancias cambian y que algunas políticas o instrumentos inicialmente exitosos requieren de correcciones. Otra, su crónica tendencia a diagnosticar todos los problemas con un tamiz ideológico que lo remite a un pasado histórico de fracasos.
Tras los primeros cien días de gestión CFK, estos errores y problemas pendientes se pueden enumerar:
1) Inflación: es la madre de la mayoría de los actuales problemas. Un nivel de inflación más alto alimenta la puja distributiva a través de aumentos nominales porcentualmente más importantes. El Gobierno nunca aceptó que la demanda crece por encima de la oferta y que ello provoca presiones inflacionarias que perjudican a los sectores de menores ingresos. Por eso sigue impulsando la demanda para no desacelerar el alto crecimiento económico. Tampoco definió una política antiinflacionaria integral que, además, sería imposible de instrumentar con índices de precios falsificados. A lo sumo, se ha dedicado a evitar que la inflación se espiralizara (con mayor superávit fiscal); a atacar algunos de sus efectos (con intervenciones, subsidios, dudosos acuerdos de precios o prohibiciones de exportación); o a aguardar que maduren algunos incentivos fiscales y crediticios para fomentar proyectos productivos, cuando en realidad la inflación y el intervencionismo permanente desincentivan inversiones de riesgo.
2) Indec/IPC: la normalización del Indec quedó archivada y el "IPC Moreno" -por ahora en el freezer- podría traducirse en índice de precios controlados. Por ahora, el Gobierno no tiene intención de blanquear la mayor inflación y, para colmo, actúa como si los consumidores no la sufrieran.
3) Precios relativos: los congelamientos y subsidios en un contexto inflacionario acentúan distorsiones. Los ejemplos pueden ser infinitos. Un boleto de colectivo, subte o tren suburbano cuesta más barato que una vuelta en calesita, a pesar de los aumentos de comienzos de año. Los combustibles, entre un tercio y la mitad de lo que valen en países limítrofes. La tarifa de los parquímetros porteños es hasta ocho veces más baja que una hora de estacionamiento en playas del microcentro. El Gobierno prevé un ajuste de tarifas de electricidad y gas con criterio social ("que paguen los ricos"), pero sigue demorando la decisión para esquivar costos políticos.
4) Salarios: si la inflación fuera del 8,5% anual, como marca el Indec, la pauta salarial oficial del 20% significaría una recuperación impresionante si no se trasladara a precios. No ocurre ni una cosa ni la otra. Los últimos aumentos homologados se aplican sobre adicionales no remunerativos ya pagados, que elevan los ajustes al 25%. Esto descoloca a empresas exportadoras cuyos costos en dólares siguen creciendo. Los ejecutivos de multinacionales se ven en figurillas a la hora de explicar a sus casas matrices la brecha entre el IPC oficial y la evolución real del poder adquisitivo. Además, la relación salarial entre distintas actividades depende de la capacidad de presión de los sindicatos antes que de una mayor jerarquización laboral.
5) Inclusión social: aunque se destaque oficialmente que el empleo en negro cayó unas décimas por debajo del 40%, afecta a no menos de 5 millones de trabajadores. Convertidos en "indocumentados laborales", no acceden a jubilación, obras sociales ni crédito de consumo, y sus salarios equivalen a poco más de la mitad de los básicos de quienes trabajan en blanco. Los discursos voluntaristas siguen desplazando medidas de fondo, como crear un aporte único para pymes de menos de 10 trabajadores. Paralelamente, y a pesar de los sucesivos aumentos, más de 4 millones de jubilados que cobran el haber mínimo (70% del total) permanecen debajo de la línea de pobreza que el Indec desplaza arbitrariamente hacia abajo, mientras el criterio de movilidad sigue siendo absolutamente discrecional.
6) Déficit energético: después de un amago de reconocer el problema, el gobierno de CFK volvió a la receta de aplicar parches (subsidios e importaciones a costos crecientes) con la única consigna de evitar crisis como la del invierno pasado. Pero sigue faltando una política de mediano y largo plazo, más allá de los pequeños avances que significaron la puesta en marcha parcial de la central térmica General Belgrano y el plan Gas Plus, que nace condicionado. La distribución de lámparas de bajo consumo, como era previsible, marcha en cámara lenta. El uso de la energía sigue siendo racional: se consume más porque resulta más barata.
7) Retenciones: se convirtieron en la variable de ajuste de la política económica, frente a un gasto público que sigue creciendo (36% sobre lo mucho que había aumentado -50%- en 2007) y un dólar nominal estable que afortunadamente no se indexa para evitar más presiones inflacionarias. La actual rebelión agropecuaria, que el Gobierno se empeña en presentar como un enfrentamiento ideológico, es en realidad una reacción del sector a aquella comprobación y a la confiscación de eventuales ganancias futuras, sin que se haya precisado la contrapartida de esa fenomenal transferencia de recursos.
Por Néstor O. Scibona
La Nación (Argentina)
No es ésta, sin embargo, la sensación que percibe buena parte de la sociedad urbana, especialmente de clase media para abajo, o ahora los productores del campo. Ni tampoco se condice con la actitud de un gobierno que vive a la defensiva, identifica enemigos donde no los hay, retacea u oculta información que debiera ser pública, deja crecer problemas sin necesidad o resuelve conflictos a la inversa de lo que indicaría el sentido común. El alejamiento de Alberto Abad, en medio de un brillante ciclo al frente de la AFIP, es una prueba de ello.
Aunque en la Argentina las sensaciones son un eufemismo para no hablar de problemas (el vicepresidente Julio Cobos acaba de hacer su debut con esta modalidad de expresión, al caracterizar la brecha entre el IPC y la inflación real), éstos existen.
Y si tienden a agudizarse, no es sólo por las distorsiones que crea una inflación más alta y negada oficialmente, sino también por las expectativas negativas que generan dos tipos de actitudes del gobierno kirchnerista que lo llevan a cometer errores. Una, "enamorarse del modelo" sin advertir -como les ocurrió a varios de sus antecesores- que los tiempos y las circunstancias cambian y que algunas políticas o instrumentos inicialmente exitosos requieren de correcciones. Otra, su crónica tendencia a diagnosticar todos los problemas con un tamiz ideológico que lo remite a un pasado histórico de fracasos.
Tras los primeros cien días de gestión CFK, estos errores y problemas pendientes se pueden enumerar:
1) Inflación: es la madre de la mayoría de los actuales problemas. Un nivel de inflación más alto alimenta la puja distributiva a través de aumentos nominales porcentualmente más importantes. El Gobierno nunca aceptó que la demanda crece por encima de la oferta y que ello provoca presiones inflacionarias que perjudican a los sectores de menores ingresos. Por eso sigue impulsando la demanda para no desacelerar el alto crecimiento económico. Tampoco definió una política antiinflacionaria integral que, además, sería imposible de instrumentar con índices de precios falsificados. A lo sumo, se ha dedicado a evitar que la inflación se espiralizara (con mayor superávit fiscal); a atacar algunos de sus efectos (con intervenciones, subsidios, dudosos acuerdos de precios o prohibiciones de exportación); o a aguardar que maduren algunos incentivos fiscales y crediticios para fomentar proyectos productivos, cuando en realidad la inflación y el intervencionismo permanente desincentivan inversiones de riesgo.
2) Indec/IPC: la normalización del Indec quedó archivada y el "IPC Moreno" -por ahora en el freezer- podría traducirse en índice de precios controlados. Por ahora, el Gobierno no tiene intención de blanquear la mayor inflación y, para colmo, actúa como si los consumidores no la sufrieran.
3) Precios relativos: los congelamientos y subsidios en un contexto inflacionario acentúan distorsiones. Los ejemplos pueden ser infinitos. Un boleto de colectivo, subte o tren suburbano cuesta más barato que una vuelta en calesita, a pesar de los aumentos de comienzos de año. Los combustibles, entre un tercio y la mitad de lo que valen en países limítrofes. La tarifa de los parquímetros porteños es hasta ocho veces más baja que una hora de estacionamiento en playas del microcentro. El Gobierno prevé un ajuste de tarifas de electricidad y gas con criterio social ("que paguen los ricos"), pero sigue demorando la decisión para esquivar costos políticos.
4) Salarios: si la inflación fuera del 8,5% anual, como marca el Indec, la pauta salarial oficial del 20% significaría una recuperación impresionante si no se trasladara a precios. No ocurre ni una cosa ni la otra. Los últimos aumentos homologados se aplican sobre adicionales no remunerativos ya pagados, que elevan los ajustes al 25%. Esto descoloca a empresas exportadoras cuyos costos en dólares siguen creciendo. Los ejecutivos de multinacionales se ven en figurillas a la hora de explicar a sus casas matrices la brecha entre el IPC oficial y la evolución real del poder adquisitivo. Además, la relación salarial entre distintas actividades depende de la capacidad de presión de los sindicatos antes que de una mayor jerarquización laboral.
5) Inclusión social: aunque se destaque oficialmente que el empleo en negro cayó unas décimas por debajo del 40%, afecta a no menos de 5 millones de trabajadores. Convertidos en "indocumentados laborales", no acceden a jubilación, obras sociales ni crédito de consumo, y sus salarios equivalen a poco más de la mitad de los básicos de quienes trabajan en blanco. Los discursos voluntaristas siguen desplazando medidas de fondo, como crear un aporte único para pymes de menos de 10 trabajadores. Paralelamente, y a pesar de los sucesivos aumentos, más de 4 millones de jubilados que cobran el haber mínimo (70% del total) permanecen debajo de la línea de pobreza que el Indec desplaza arbitrariamente hacia abajo, mientras el criterio de movilidad sigue siendo absolutamente discrecional.
6) Déficit energético: después de un amago de reconocer el problema, el gobierno de CFK volvió a la receta de aplicar parches (subsidios e importaciones a costos crecientes) con la única consigna de evitar crisis como la del invierno pasado. Pero sigue faltando una política de mediano y largo plazo, más allá de los pequeños avances que significaron la puesta en marcha parcial de la central térmica General Belgrano y el plan Gas Plus, que nace condicionado. La distribución de lámparas de bajo consumo, como era previsible, marcha en cámara lenta. El uso de la energía sigue siendo racional: se consume más porque resulta más barata.
7) Retenciones: se convirtieron en la variable de ajuste de la política económica, frente a un gasto público que sigue creciendo (36% sobre lo mucho que había aumentado -50%- en 2007) y un dólar nominal estable que afortunadamente no se indexa para evitar más presiones inflacionarias. La actual rebelión agropecuaria, que el Gobierno se empeña en presentar como un enfrentamiento ideológico, es en realidad una reacción del sector a aquella comprobación y a la confiscación de eventuales ganancias futuras, sin que se haya precisado la contrapartida de esa fenomenal transferencia de recursos.
Por Néstor O. Scibona
La Nación (Argentina)
Producción agraria. Cada argentino paga 257 dólares de retenciones
Producción agraria. Cada argentino paga 257 dólares de retenciones
Lo asegura un informe de la Fundación Mediterránea.
Los cordobeses son los mayores aportantes. Conozca cuánto da cada provincia.
Perfil.com 23/3/200822:17hs
Cada argentino aporta 257 dólares en concepto de Derechos de Exportación. Tal es el promedio que señalan Juan Manuel Garzón y María Inés Berniell, miembros de los equipos técnicos del Ieral, de la Fundación Mediterránea, en un informe que estima la contribución que harán los productores agrícolas al fisco nacional en el período 2007/2008. Córdoba es la provincia que mayor aportes realizará por habitante: 761 dólares. Santa Fe pagará 657 dólares per cápita, La Pampa 670 y Entre Ríos 630. El estudio resalta los casos de Santiago del Estero y Chaco, que abonarán 435 y 351 dólares por persona, a pesar de ser dos de las provincias con menor desarrollo económico y humano, según informa hoy por El Diario, de Entre Ríos. El informe además indica que sólo cuatro de las 23 provincias argentinas aportarán el 85.1 por ciento de los recursos generados por las retenciones: Buenos Aires abonará 3.194 millones de dólares (lo que representa el 31,2%). Le siguen Córdoba con 2.542 millones (24,8 %), Santa Fe con US$ 2.188 millones (21,4%) y Entre Ríos, con 790 millones (7,7%). Se estima que cada hectárea sembrada aportará en promedio 341 dólares en concepto de retenciones. Este valor difiere entre provincias, según el tipo de cultivo y el rendimiento obtenido. El resto del país aportará el 14,9% restante, o sea, 1517 millones de dólares. La intención es mostrar los importes nominales que generarán las diferentes provincias, y también presentar indicadores estandarizados, que pongan estos importes nominales en perspectiva a otras variables: la población, cantidad de hectáreas sembradas y de lo que se estima recibirán los Estados provinciales en concepto de transferencias bajo el sistema nacional de coparticipación de impuestos", reza el informe.
Lo asegura un informe de la Fundación Mediterránea.
Los cordobeses son los mayores aportantes. Conozca cuánto da cada provincia.
Perfil.com 23/3/200822:17hs
Cada argentino aporta 257 dólares en concepto de Derechos de Exportación. Tal es el promedio que señalan Juan Manuel Garzón y María Inés Berniell, miembros de los equipos técnicos del Ieral, de la Fundación Mediterránea, en un informe que estima la contribución que harán los productores agrícolas al fisco nacional en el período 2007/2008. Córdoba es la provincia que mayor aportes realizará por habitante: 761 dólares. Santa Fe pagará 657 dólares per cápita, La Pampa 670 y Entre Ríos 630. El estudio resalta los casos de Santiago del Estero y Chaco, que abonarán 435 y 351 dólares por persona, a pesar de ser dos de las provincias con menor desarrollo económico y humano, según informa hoy por El Diario, de Entre Ríos. El informe además indica que sólo cuatro de las 23 provincias argentinas aportarán el 85.1 por ciento de los recursos generados por las retenciones: Buenos Aires abonará 3.194 millones de dólares (lo que representa el 31,2%). Le siguen Córdoba con 2.542 millones (24,8 %), Santa Fe con US$ 2.188 millones (21,4%) y Entre Ríos, con 790 millones (7,7%). Se estima que cada hectárea sembrada aportará en promedio 341 dólares en concepto de retenciones. Este valor difiere entre provincias, según el tipo de cultivo y el rendimiento obtenido. El resto del país aportará el 14,9% restante, o sea, 1517 millones de dólares. La intención es mostrar los importes nominales que generarán las diferentes provincias, y también presentar indicadores estandarizados, que pongan estos importes nominales en perspectiva a otras variables: la población, cantidad de hectáreas sembradas y de lo que se estima recibirán los Estados provinciales en concepto de transferencias bajo el sistema nacional de coparticipación de impuestos", reza el informe.
Cristina y Hegel vs. La Constitución
CRISTINA Y HEGEL VS LA CONSTITUCION
La señora de Kirchner acaba de manifestar que ella es hegeliana. Esta manifestación parecería esotérica, pues para muchos Hegel es un ignoto personaje. Pero resulta que las ideas ético políticas de este señor, en gran medida constituyeron los principios de los totalitarismos del siglo XX desde el nazismo al comunismo. Esas ideas son precisamente contrarias a las que produjeron la libertad en el mundo partiendo de Locke, Hume, Adam Smith, Madison y, no olvidemos, fundamentalmente Alberdi, que fue la influencia decisiva en nuestra constitución de 1853-60 que cambió la historia de Argentina. Podría decir que a partir de ella se humedeció la Pampa Húmeda durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX cuando Argentina pasó a ser uno de los ocho países más ricos del mundo
Pero volvamos a las ideas de Hegel comenzando por su teoría del Estado. En su filosofía de la historia dice: “El Estado es la divina idea tal como existe en la tierra…..el Estado es la marcha de Dios a través del mundo”. Y en su Teoría del Estado expresa: “El Estado es lo racional donde la libertad alcanza la plenitud así como este fin último tiene el más alto derecho frente a los individuos, cuyo deber supremo es el ser miembro del estado”.
Este principio es la antitesis de la relación del gobierno con los ciudadanos tal como se reconoce en la Constitución de Estados Unidos y en la nuestra. En éstas, por el contrario, el Estado esta formado por hombres y en consecuencia falibles de ahí la necesidad de limitar el poder político. Y al mismo tiempo es precisamente el deber del gobierno el proteger los derechos individuales. Pero no así para Hegel que sigue diciendo: “Si se confunde el Estado con la sociedad civil y su determinación se pone en la seguridad y la protección de la propiedad y libertad personal, se hace del interés de los individuos como tales el fin último en el cual se unifiquen; y en ese caso ser miembro del Estado cae dentro del capricho individual”.
O sea, para Hegel los derechos individuales son un capricho. Preguntémosle a las empresas Argentinas y al respecto dice::“El individuo mismo tiene objetividad, verdad, eticidad sólo como miembro del Estado pues el Estado es espíritu objetivo”. El Estado es la realidad de la idea ética: “Es el espíritu ético en cuanto voluntad patente clara para sí mismo, sustancial que se piensa y se sabe y que cumple lo que el sabe y como lo sabe”. Decididamente esto es lo que aparentemente piensa Kirchner de sí mismo en su relación con las empresas con la prensa y con la oposición.
Como se sabe, Hegel cambió el sentido de la dialéctica tal como la concibiera Platón. De ser un esquema de conocimiento la convirtió en una dinámica de la historia por la cual “todo lo real es racional “. Es decir las contradicciones lejos de mostrar el error cerraban la brecha entre la realidad y el conocimiento. Por eso cuando uno discute con los marxistas su respuesta es que uno no entiende porque no está concientizado y todavía cree en la lógica formal. Es decir que para Hegel A puede ser no-A. El principio de identidad y el de contradicción desaparecen ante la dialéctica..
Pero siguiendo con la omnipotencia del Estado dice Hegel:“El lado abstracto del deber se afirma en el omitir y proscribir al interés particular como un momento no esencial hasta indigno”. Pregúntenle a Shell y ahora a los bancos que son los culpables de que subiera el dólar por su interés indigno según Kirchner-Hegel. Pero recordemos a Alberdi: “La omnipotencia del Estado o el poder omnímodo de la Patria respecto a sus individuos que son sus miembros tiene por consecuencia la omnipotencia del gobierno en que el Estado se personifica es decir el despotismo puro y simple”. Es a estas ideas hegelianas entre otras a las que Alberdi se refirió cuando le dijo a Sarmiento que había una barbarie ilustrada mucho peor que la del los salvajes de América del Sur.
Hegel por supuesto está igualmente en contra de la autonomía de los poderes. Para él la autonomía de los poderes significa la destrucción del Estado. Por eso la diferencia que hace entre el poder Legislativo, y el Gubernativo es funcional al poder del soberano que define como:“El poder del soberano que representa el poder de la subjetividad como la última decisión de la voluntad en la cual los distintos poderes son reunidos en una unidad individual que es la culminación y fundamento de la totalidad….la personalidad del Estado se hace real sólo como persona en el monarca. (presidente?).
Una prueba más de la concepción ética de Hegel frente a los intereses particulares lo expresa así: “Como la sociedad civil es la liza del interés privado individual de todos contra todos, aquí también tiene su sede el conflicto del mismo con los comunes negocios particulares y de éstos junto con aquél contra los más elevados puntos de vista y mandatos del Estado”
En consecuencia Hegel considera que la burocracia representa la eticidad de la sociedad pues es la representante de los intereses generales. A ello se refiere así: “Los miembros del gobierno y los funcionarios del Estado constituyen la principal parte de la clase media que alberga la inteligencia culta y la condición jurídica de la masa de un pueblo”. Hasta Marx se dio cuenta de la actitud de los burócratas y contestándole a Hegel escribió: “Los Burócratas terminan por convertir en intereses generales lo que no son más que sus intereses particulares de hacer una carrera para sí mismos (SIC).
Con respecto a la libertad de prensa encontramos otra coincidencia entre Hegel y el actual gobierno y aparentemente con el cambio que supuestamente se viene. Al respecto dice Hegel:“definir la libertad de prensa como la libertad de hablar y escribir lo que se quiera, corre pareja con el hecho de expedirse acerca de la libertad en general, como la libertad para hacer lo que se desee. Tal discurrir corresponde a la ignorancia aún del todo inculta de la representación”. Por supuesto Hegel considera asimismo que la guerra representa el momento ético en la historia de los pueblos. Por ello no debe considerarse como un mal absoluto: “La salud ética de los pueblo es mantenida en equilibrio frente al fortalecimiento de las determinaciones finitas (intereses particulares) como el movimientos del viento preserva al mar de la putrefacción en la cual lo reduciría una durable o perpetua quietud” Definitivamente quietud es lo que no tenemos..
No nos podemos sorprender de que de aquellos conceptos llegara al poder Hitler y hoy nos amenazan los monto-nazis. Lo que esta en juego en octubre es la libertad y los derechos que garantiza la constitución de 1853-40 hoy violado pertinazmente por el gobierno “Del Poder Supremo” y recordemos una vez más a Alberdi cuando dice: “La Patria es libre en cuanto no depende del extranjero pero el individuo carece de libertad en cuanto depende del Estado de un modo omnímodo y absoluto”.
Por último tampoco debemos olvidar la posición de Hegel frente a los judíos basada originalmente en el moralismo Kantiano. “El judaísmo es visto como el espíritu de una psiquis que debe ser redimida primero por la revolución cristiana y ahora en la era moderna por la filosofía “revolucionaria germana”. “Los judíos habían ya cumplido su función histórica y ahora era un pueblo fantasma que debería morir y desaparecer bajo las cenizas de la historia….los judíos eran hostiles a la verdadera naturaleza que no podrían comprender y con la cual sólo se podían relacionar mediante posesiones o dominación” En otras palabras el pecado era el comercio.
Armando Ribas
Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador cubano que reside en la Argentina. Se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana y en 1960 obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University (Dallas, Texas, EE.UU.). Es columnista para el Diario de las Américas y otras publicaciones.
La señora de Kirchner acaba de manifestar que ella es hegeliana. Esta manifestación parecería esotérica, pues para muchos Hegel es un ignoto personaje. Pero resulta que las ideas ético políticas de este señor, en gran medida constituyeron los principios de los totalitarismos del siglo XX desde el nazismo al comunismo. Esas ideas son precisamente contrarias a las que produjeron la libertad en el mundo partiendo de Locke, Hume, Adam Smith, Madison y, no olvidemos, fundamentalmente Alberdi, que fue la influencia decisiva en nuestra constitución de 1853-60 que cambió la historia de Argentina. Podría decir que a partir de ella se humedeció la Pampa Húmeda durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX cuando Argentina pasó a ser uno de los ocho países más ricos del mundo
Pero volvamos a las ideas de Hegel comenzando por su teoría del Estado. En su filosofía de la historia dice: “El Estado es la divina idea tal como existe en la tierra…..el Estado es la marcha de Dios a través del mundo”. Y en su Teoría del Estado expresa: “El Estado es lo racional donde la libertad alcanza la plenitud así como este fin último tiene el más alto derecho frente a los individuos, cuyo deber supremo es el ser miembro del estado”.
Este principio es la antitesis de la relación del gobierno con los ciudadanos tal como se reconoce en la Constitución de Estados Unidos y en la nuestra. En éstas, por el contrario, el Estado esta formado por hombres y en consecuencia falibles de ahí la necesidad de limitar el poder político. Y al mismo tiempo es precisamente el deber del gobierno el proteger los derechos individuales. Pero no así para Hegel que sigue diciendo: “Si se confunde el Estado con la sociedad civil y su determinación se pone en la seguridad y la protección de la propiedad y libertad personal, se hace del interés de los individuos como tales el fin último en el cual se unifiquen; y en ese caso ser miembro del Estado cae dentro del capricho individual”.
O sea, para Hegel los derechos individuales son un capricho. Preguntémosle a las empresas Argentinas y al respecto dice::“El individuo mismo tiene objetividad, verdad, eticidad sólo como miembro del Estado pues el Estado es espíritu objetivo”. El Estado es la realidad de la idea ética: “Es el espíritu ético en cuanto voluntad patente clara para sí mismo, sustancial que se piensa y se sabe y que cumple lo que el sabe y como lo sabe”. Decididamente esto es lo que aparentemente piensa Kirchner de sí mismo en su relación con las empresas con la prensa y con la oposición.
Como se sabe, Hegel cambió el sentido de la dialéctica tal como la concibiera Platón. De ser un esquema de conocimiento la convirtió en una dinámica de la historia por la cual “todo lo real es racional “. Es decir las contradicciones lejos de mostrar el error cerraban la brecha entre la realidad y el conocimiento. Por eso cuando uno discute con los marxistas su respuesta es que uno no entiende porque no está concientizado y todavía cree en la lógica formal. Es decir que para Hegel A puede ser no-A. El principio de identidad y el de contradicción desaparecen ante la dialéctica..
Pero siguiendo con la omnipotencia del Estado dice Hegel:“El lado abstracto del deber se afirma en el omitir y proscribir al interés particular como un momento no esencial hasta indigno”. Pregúntenle a Shell y ahora a los bancos que son los culpables de que subiera el dólar por su interés indigno según Kirchner-Hegel. Pero recordemos a Alberdi: “La omnipotencia del Estado o el poder omnímodo de la Patria respecto a sus individuos que son sus miembros tiene por consecuencia la omnipotencia del gobierno en que el Estado se personifica es decir el despotismo puro y simple”. Es a estas ideas hegelianas entre otras a las que Alberdi se refirió cuando le dijo a Sarmiento que había una barbarie ilustrada mucho peor que la del los salvajes de América del Sur.
Hegel por supuesto está igualmente en contra de la autonomía de los poderes. Para él la autonomía de los poderes significa la destrucción del Estado. Por eso la diferencia que hace entre el poder Legislativo, y el Gubernativo es funcional al poder del soberano que define como:“El poder del soberano que representa el poder de la subjetividad como la última decisión de la voluntad en la cual los distintos poderes son reunidos en una unidad individual que es la culminación y fundamento de la totalidad….la personalidad del Estado se hace real sólo como persona en el monarca. (presidente?).
Una prueba más de la concepción ética de Hegel frente a los intereses particulares lo expresa así: “Como la sociedad civil es la liza del interés privado individual de todos contra todos, aquí también tiene su sede el conflicto del mismo con los comunes negocios particulares y de éstos junto con aquél contra los más elevados puntos de vista y mandatos del Estado”
En consecuencia Hegel considera que la burocracia representa la eticidad de la sociedad pues es la representante de los intereses generales. A ello se refiere así: “Los miembros del gobierno y los funcionarios del Estado constituyen la principal parte de la clase media que alberga la inteligencia culta y la condición jurídica de la masa de un pueblo”. Hasta Marx se dio cuenta de la actitud de los burócratas y contestándole a Hegel escribió: “Los Burócratas terminan por convertir en intereses generales lo que no son más que sus intereses particulares de hacer una carrera para sí mismos (SIC).
Con respecto a la libertad de prensa encontramos otra coincidencia entre Hegel y el actual gobierno y aparentemente con el cambio que supuestamente se viene. Al respecto dice Hegel:“definir la libertad de prensa como la libertad de hablar y escribir lo que se quiera, corre pareja con el hecho de expedirse acerca de la libertad en general, como la libertad para hacer lo que se desee. Tal discurrir corresponde a la ignorancia aún del todo inculta de la representación”. Por supuesto Hegel considera asimismo que la guerra representa el momento ético en la historia de los pueblos. Por ello no debe considerarse como un mal absoluto: “La salud ética de los pueblo es mantenida en equilibrio frente al fortalecimiento de las determinaciones finitas (intereses particulares) como el movimientos del viento preserva al mar de la putrefacción en la cual lo reduciría una durable o perpetua quietud” Definitivamente quietud es lo que no tenemos..
No nos podemos sorprender de que de aquellos conceptos llegara al poder Hitler y hoy nos amenazan los monto-nazis. Lo que esta en juego en octubre es la libertad y los derechos que garantiza la constitución de 1853-40 hoy violado pertinazmente por el gobierno “Del Poder Supremo” y recordemos una vez más a Alberdi cuando dice: “La Patria es libre en cuanto no depende del extranjero pero el individuo carece de libertad en cuanto depende del Estado de un modo omnímodo y absoluto”.
Por último tampoco debemos olvidar la posición de Hegel frente a los judíos basada originalmente en el moralismo Kantiano. “El judaísmo es visto como el espíritu de una psiquis que debe ser redimida primero por la revolución cristiana y ahora en la era moderna por la filosofía “revolucionaria germana”. “Los judíos habían ya cumplido su función histórica y ahora era un pueblo fantasma que debería morir y desaparecer bajo las cenizas de la historia….los judíos eran hostiles a la verdadera naturaleza que no podrían comprender y con la cual sólo se podían relacionar mediante posesiones o dominación” En otras palabras el pecado era el comercio.
Armando Ribas
Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador cubano que reside en la Argentina. Se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana y en 1960 obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University (Dallas, Texas, EE.UU.). Es columnista para el Diario de las Américas y otras publicaciones.
El Che Guevara y las cosas que hacen los progres
EL CHE GUEVARA Y LAS COSAS QUE HACEN LOS PROGRES
La gran regla ética sobre la que se ha edificado la escala de valores occidentales es la obligación de tratar al prójimo como a uno mismo. Incluso, es posible que esa urgencia de reciprocidad, piedra angular de todo código moral, esté imbricada en la propia naturaleza humana (y en la de otros primates, afirman los etólogos) y se transmite por medio de nuestro código genético, como sospechan los especialistas. Yo no puedo desear para el otro lo que no quiero para mí sin quebrantar una norma moral básica. En todas las culturas existe un amargo reproche para los hipócritas y los cínicos que nos recuerda constantemente este principio. Pero la regla es aún más amplia, trasciende nuestras acciones, y debe condicionar nuestra capacidad de establecer juicios de valor. En las viejas clases de aritmética los niños solíamos comprobar si las divisiones y las multiplicaciones estaban bien hechas mediante la llamada “prueba del nueve”. De una forma que en aquella época nos parecía misteriosa, los números estaban sometidos a lo que los maestros de entonces calificaban de “congruencia”. Probablemente, en el terreno de los juicios morales ocurre más o menos lo mismo: la opinión que tenemos sobre ciertos hechos concretos validan o anulan nuestros juicios morales abstractos. En efecto, lo que les da consistencia moral a nuestras valoraciones éticas es la congruencia entre los principios abstractos que decimos sustentar y la aplicación práctica de esos principios ante la realidad. Si soy un enemigo de la pena de muerte y creo que debe eliminarse de manera total, no puedo aplaudir el fusilamiento de los criminales serbios o de mis adversarios. Si me opongo a la discriminación de las personas por su raza, preferencias sexuales o ideas políticas, no me es dable apoyar el apartheid sudafricano, repudiar a un hijo o a un amigo homosexual o respaldar las dictaduras de Pinochet o de Fidel Castro.
Acerquémonos a un caso concreto.El caso del editorial de El País y Che GuevaraEl 10 de octubre de 2007 el diario El País de España publicó un editorial sobre el Che Guevara. El diario hacía una evaluación de este singular personaje a los 40 años de que fuera ejecutado tras su captura en combate por el ejército boliviano. Se tituló Caudillo Guevara y el sentido último de quien lo redactara aparentemente, un diplomático con gran experiencia era descalificar la validez de la ética de fines. Todo demócrata realmente comprometido con el Estado de Derecho y el respeto por los seres humanos tenía que suscribir la ética de medios. No es verdad que el fin, por noble que sea, justifica todos los procedimientos que se utilicen para alcanzarlo. El conocido apotegma maquiavélico suele ser la coartada de los peores criminales. Decía El País: “El romanticismo europeo estableció el siniestro prejuicio de que la disposición a entregar la vida por las ideas es digna de admiración y de elogio. Amparados desde entonces en esta convicción, y a lo largo de más de un siglo, grupúsculos de las más variadas disciplinas ideológicas han pretendido dotar al crimen de un sentido trascendente, arrebatados por el espejismo de que la violencia es fecunda, de que inmolar seres humanos en el altar de una causa la hace más auténtica e indiscutible.En realidad, la disposición a entregar la vida por las ideas esconde un propósito tenebroso: la disposición a arrebatársela a quien no las comparta. Ernesto Guevara, el Che, de cuya muerte en el poblado boliviano de La Higuera se cumplen 40 años, perteneció a esa siniestra saga de héroes trágicos, presente aún en los movimientos terroristas de diverso cuño, desde los nacionalistas a los yihadistas, que pretenden disimular la condición del asesino bajo la del mártir, prolongando el viejo prejuicio heredado del romanticismo.
El hecho de que el Che diera la vida y sacrificara las de muchos no hace mejores sus ideas, que bebían de las fuentes de uno de los grandes sistemas totalitarios. Sus proyectos y sus consignas no han dejado más que un reguero de fracaso y de muerte, tanto en el único sitio donde triunfaron, la Cuba de Castro, como en los lugares en los que no alcanzaron la victoria, desde el Congo de Kabila a la Bolivia de Barrientos. Y todo ello sin contar los muchos países en los que, deseosos de seguir el ejemplo de este mito temerario, miles de jóvenes se lanzaron a la lunática aventura de crear a tiros al "hombre nuevo".
Seducidos por la estrategia del "foquismo", de crear muchos Vietnam, la única aportación contrastable de los insurgentes seguidores de Guevara a la política latinoamericana fue ofrecer nuevas coartadas a las tendencias autoritarias que germinaban en el continente. Gracias a su desafío armado, las dictaduras militares de derechas pudieron presentarse a sí mismas como un mal menor, cuando no como una inexorable necesidad frente a otra dictadura militar simétrica, como la castrista.
Por el contexto en el que apareció, la figura de Ernesto Guevara representó una puesta al día del caudillismo latinoamericano, una suerte de aventurero armado que apuntaba hacia nuevos ideales sociales para el continente, no hacia ideales de liberación colonial, pero a través de los mismos medios que sus predecesores. En las cuatro décadas que han transcurrido desde su muerte, la izquierda latinoamericana y, por supuesto, la europea, se ha desembarazado por completo de sus objetivos y métodos fanáticos. Hasta el punto de que hoy ya sólo conmemoran la fecha de su ejecución en La Higuera los gobernantes que sojuzgan a los cubanos o los que invocan a Simón Bolívar en sus soflamas populistas”.
Ocho días después de publicado el editorial, la dirección de El País se vio obligada a insertar la siguiente carta de protesta suscrita por 250 redactores del periódico, cuyos nombres no aparecieron consignados:
“La Redacción de EL PAÍS quiere mostrar su disconformidad con el editorial titulado Caudillo Guevara, publicado el pasado día 10 de octubre. Más de dos tercios de los redactores (250) consideran que el texto publicado no abordaba en su totalidad la figura de un personaje como el Che Guevara que, con sus luces y sus sombras, es lo suficientemente compleja para haberla tratado como si no hubiera una escala de grises.
El Estatuto de la Redacción contempla la posibilidad de discrepar de un editorial siempre que se logren reunir las firmas necesarias, que cifra en un mínimo de dos tercios de los redactores. En ejercicio de este mecanismo de transparencia y democracia interna, único en la prensa española, se ha habilitado este espacio para dejar testimonio de nuestra discrepancia”.
Curiosamente, El País, un medio de comunicación, que, como todos, sólo debe estar dedicado a informar, analizar y opinar únicamente bajo la autoridad de la verdad, el sentido común y la congruencia ética, había introducido en su reglamento interno una arbitraria disposición (¿por qué dos tercios, y no la mitad más uno o cuatro quintas partes?) que abría la puerta a que una mayoría calificada de redactores pudiera imponer su criterio sin tener en cuenta los datos objetivos y la coherencia moral de la posición adoptada por el periódico. Teóricamente, las dos terceras partes de los redactores también podían oponerse a la Ley de Gravedad o, como ocurre en ciertas regiones del sur de Estados Unidos, a las teorías evolutivas. Es lo que puede suceder cuando ciertos hechos o situaciones se someten al método democrático, como si la aritmética pudiera decidir sobre lo que es verdad o mentira.
¿Cómo podía El País condenar sin paliativos los atentados perpetrados por los terroristas de ETA, sin matizarlos en una “escala de grises” (por ejemplo, el factor nacionalista de los asesinos, la indudable valentía y audacia que exhiben, o el hecho de que sacrifican sus vidas en pos de un ideal), y, simultáneamente, presentar al Che como un revolucionario cuyos crímenes merecían cierto respeto y ponderación. El País, sencillamente, al enjuiciar la figura del Che por medio del discutido texto, estaba siendo coherente con su propia línea editorial en otros campos similares. Si la ética de fines era abominable en el caso de los asesinatos de la ETA, no podía ser justificable en el del Che, responsable de centenares de crímenes perpetrados en nombre de la revolución comunista[1]. En realidad, lo que los redactores estaban demandando no era que el periódico balanceara el juicio sobre Ernesto Guevara, sino que vulnerara su propia coherencia moral.
Por la otra punta del razonamiento, si esa abrumadora mayoría de redactores estaba preocupada, realmente, por la supuesta falta de balance del editorial, “como si no hubiera una escala de grises”, ¿por qué no había protestado de igual manera cuando el periódico condenaba los asesinatos cometidos por los terroristas vascos o, por ejemplo, cuando lo que se criticaba eran las torturas cometidas por los soldados norteamericanos a los detenidos en la cárcel de Guantánamo? Como ellos no ignoraban, es posible encontrar matices atenuantes prácticamente ante casi cualquier hecho censurable que analicemos, desde el asesinato de Federico García Lorca al de Ramiro de Maeztu, y desde los crímenes de Hitler a los de Stalin.
La deconstrucción de Ernesto GuevaraNo vale la pena contar, otra vez, la vida de Guevara. El propósito de este ensayo es otro: utilizar sus acciones y afirmaciones para construir una especie de test de coherencia moral. Hay, por lo menos, tres buenas biografías del Che Guevara: la de Pierre Kalfon, la de Jon Lee Anderson y la de Jorge Castañeda. Prefiero la de Castañeda, que me parece más incisiva, pero los tres libros tienen detrás una larga y meritoria investigación. Hay, también, otros dos excelentes ensayos biográficos cargados de una inteligente valoración crítica: La máquina de matar: el Che Guevara, de agitador comunista a marca capitalista, escrito por Álvaro Vargas Llosa, publicado en inglés por New Republic en noviembre de 2005, texto que les abrió los ojos a muchos norteamericanos ingenuos, luego reproducido en español en numerosos diarios del mundo, y Ernesto Che Guevara de Fernando Díaz Villanueva, el joven e iconoclasta historiador vinculado a Libertad Digital.
La lectura desapasionada de esos papeles, por mucho que sus autores deseen conservar una distancia crítica del personaje, y a veces, como sucede en algunas páginas de Anderson y Kalfon, hasta traten de encontrar justificaciones a hechos que no las tienen, pone de manifiesto la existencia de un ser humano profundamente autoritario y violento, capaz de escribir que está “en la manigua (selva) cubana vivo y sediento de sangre”[2], actitud, perfectamente congruente con quien, en su adolescencia, le gustaba firmar su correspondencia con el pseudónimo de Stalin II, o, como reveló recientemente su primo Alberto Benegas Lynch, economista y pensador argentino en las antípodas de su pariente: “muy de chico el Che se deleitaba con provocar sufrimientos a animales”[3].
Pero, para entender a Ernesto Guevara, situémonos, primero, muy brevemente, en su etapa de formación y veamos luego cuál fue su desempeño. Provenía de una familia de la entonces muy próspera clase media alta argentina, como pone de manifiesto la magnífica casapara la época en que nació en la ciudad de Rosario. Ciertos elementos de su carácter adolescente apuntan al desarrollo de una personalidad con rasgos marcadamente neuróticos. Es muy desaseado y le gusta vanagloriarse por ello. Además de autocalificarse como Stalin, le divierte ser llamado cerdo (Kalfon). Cuando sale de los ascensores siempre se empeña en dar el décimo paso con el pie izquierdo (Benegas Lynch). Padece asma y, tal vez, de alguna manera, su carácter se curte en la lucha contra esta enfermedad. Su primer frente de batalla es su propio organismo. Es inteligente y propenso al mundo de las ideas. Desde muy joven, nada raro en la Argentina de su tiempo (“Braden el embajador americano o Perón” es el lema que sacude al país), es seducido por el antiamericanismo y por las ideas contrarias a la libertad económica. Estudia medicina, da muestras de sentir un fuerte compromiso con las personas desvalidas leprosos, por ejemplo, y recorre medio continente en moto, pero pronto se decanta por la militancia política y se convierte en un joven de la izquierda antiimperialista, como entonces se decía.
A mediados de la década de los cincuenta lo encontramos en la Guatemala de Jacobo Arbenz, donde es testigo de uno de los conflictos de la Guerra Fría librados en territorio hispanoamericano. En 1954, tras un golpe orquestado por la CIA, el coronel Arbenz, que había sido democráticamente electo, fue depuesto y marchó al exilio. Washington contribuyó decisivamente a su derrocamiento porque el presidente guatemalteco había adquirido abundante armamento en Checoslovaquia y los comunistas eran muy prominentes en su gobierno. Acabada de terminar la guerra de Corea, y dentro de los códigos binarios de la época (con Estados Unidos o con la URSS), desde la suspicaz pupila americana Arbenz “se había pasado al enemigo”. Ese factor, además de la reforma agraria que afectaba intereses norteamericanos, determinó que el presidente Eisenhower diera la orden de sustituir a ese gobierno por otro mucho más favorable a su país. La CIA se encargó de hacerlo.
Este episodio radicalizó tremendamente a Guevara y lo endureció de una forma significativa, aunque lo vivió con una mezcla de temeridad, diversión y pasión política, que se desprende de una carta que le escribe a su madre: “Aquí (Guatemala) estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos y otros matices que cortaron la monotonía en que vivía”. Pero en una nota escrita a una ex novia de la primera juventud lamenta que Arbenz no hubiese exterminado a tiempo a unos cuantos enemigos: “Si se hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado la posibilidad de devolver los golpes”. Por eso, a fines de 1956, cuando se adiestra junto a los exiliados cubanos en México, antes del desembarco del yate Granma en la Isla, el Che es partidario de la violenta intervención soviética en Hungría para aplastar el levantamiento popular. Para él el sostenimiento de la dictadura comunista, a cualquier costo, era más importante que el deseo de ser libres que mostraban los húngaros[4]. “No sorprende agrega Vargas Llosa, de donde saco la cita, que durante la lucha armada contra Batista, y luego tras el ingreso triunfal en La Habana, Guevara asesinara o supervisara las ejecuciones en juicios sumarios de muchísimas personas: enemigos probados, meros sospechosos y aquellos que se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado”. Se había vuelto un partidario fanático de la mano dura.
Para la historia de Cuba, esos sucesos guatemaltecos, más el fortuito encuentro en México de Guevara con los hermanos Castro, fueron decisivos. Esta experiencia centroamericana es lo que precipita (no decide, sino acelera) el destino comunista y prosoviético del gobierno. Fidel, Raúl y el Che, las tres personas que en 1959 determinarían el rumbo del país, con Fidel como cabeza indiscutible del trío al que todos se subordinan, deciden actuar muy rápida y despiadadamente para atemorizar a la sociedad y no darle tiempo a reaccionar. Provisionalmente, y por muy corto tiempo, niegan que sean comunistas, pero dan todos los pasos en esa dirección y secretamente comienzan a acercarse a Moscú para plantearle un audaz quid pro quo: la vinculación de Cuba al campo comunista a cambio de protección y ayuda frente a Estados Unidos. Nikita Kruschev decide que es una buena propuesta. Si la URSS razona está rodeada de bases norteamericanas, ¿por qué no darles a los gringos un poco de su propia medicina?
El Che en el poderGuevara comienza a ejercer el poder desde que manda una de las columnas guerrilleras en la lucha contra Batista. En ese periodo el suyo es sólo un poder militar. ¿Cómo se hace obedecer? Impone su autoridad por dos vías: mediante la intimidación (personalmente ejecuta a unas cuantas personas) y por el ejemplo. No tiene ni acepta privilegios. Comparte todas las penalidades y riesgos con sus soldados. Es notablemente valiente en los combates. Hace años le pregunté a Dariel Alarcón Ramírez (Benigno)[5], uno de sus lugartenientes en Sierra Maestra, y luego su compañero de aventuras internacionales lo acompañó en las guerrillas de Bolivia y sobrevivió y escapó milagrosamente, por qué obedecía ciegamente al argentino, y la respuesta que me dio fue interesante. Se quedó pensando un buen rato y luego me dijo: “yo creía que lo admiraba mucho, pero con el tiempo comprendí que, en realidad, lo temía”.
Guevara había descubierto una de las claves del poder dentro de los sistemas totalitarios: infundir miedo y ser implacable. Lo expresó con toda claridad en su Mensaje a la Tricontinental de 1967, definiendo cómo debe ser la actitud de un buen revolucionario: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”. Al Che le gustaba ser una fría máquina de matar. Cuando relata cómo asesinó en Sierra Maestra a un rebelde llamado Eutinio Guerra, acusado de ser un agente de Batista, anota, simplemente, en su diario: “Acabé con el problema dándole un tiro con una pistola calibre 32 en la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho … sus pertenencias pasaron a mi poder”.
Después del triunfo, tras los primeros meses al frente de La Cabaña una prisión militar asentada en una vieja fortaleza colonial española, ejecuta o hace ejecutar a cientos de prisioneros. Sus instrucciones a los fiscales y jueces son claras: “ante la duda, mátalo”[6]. Terminado ese trabajo sucio, Fidel Castro lo convierte en presidente del Banco Nacional de Cuba y luego en Ministro de Industria. Su paso por ambos cargos es devastador. El peso cubano, que durante décadas había mantenido la paridad con el dólar, comienza a hundirse en medio de un creciente proceso inflacionario, mientras la industrialización a marcha forzada que había prometido y decretado, naufraga en medio de un terrible caos administrativo y gerencial que incluye, entre otros disparates, la importación de máquinas quitanieve. No obstante, con esa mezcla letal de arrogancia y desconocimiento que caracterizaban al Che y a todos los dirigentes revolucionarios personas, además, sin la menor experiencia empresarial, se atreve a asegurar, en Uruguay, en 1961, que en 1980 el per cápita de los cubanos sería superior al de los estadounidenses.
¿En qué basaba Guevara su optimismo? Primero, en la ignorancia. No tenía la menor idea sobre cómo, realmente, se creaba o se destruía la riqueza, pero quizás más graves eran sus absurdas convicciones sobre la naturaleza humana. Guevara, como buen aprendiz de marxista, creía que al desaparecer las viejas relaciones de propiedad, mágicamente se modificaría la psicología profunda de los cubanos y surgiría el hombre nuevo, una criatura desinteresada y generosa capaz de trabajar con entusiasmo sin que mediara una remuneración adecuada. De acuerdo con su visión, los verdaderos incentivos no deberían ser de carácter material sino moral. Los cubanos trabajarían incansable y eficazmente, sacrificando alegremente toda compensación sustancial, a cambio del placer revolucionario de construir un futuro maravilloso para gloria de la humanidad.
¿Pero hubo alguna vez un hombre nuevo en Cuba? Por supuesto: el propio Guevara. Para él los incentivos materiales carecían de atractivo. Por otra parte, estaba convencido de que ese rasgo de su personalidad era el único que debería exhibir la especie humana. Como un auténtico apóstol de la revolución, Guevara se percibía a sí mismo como el arquetipo de lo que debía ser un revolucionario e intentaba clonarse entre los que lo rodeaban. Les exigía que fueran austeros, arrojados, y siempre dispuesto al sacrificio. Quien no tenía esos atributos (o quien no sabía cómo simularlos) merecía su desprecio y debía ser castigado, excluido o reeducado.
Guevara, además, era homofóbico, y suponía que el hombre nuevo no podía tener otras preferencias que las heterosexuales, convencido de que cualquier desviación homosexual, rezago de los viejos tiempos de la corrompida burguesía, podía ser corregida con privaciones y castigos severos hasta que se erradicara ese maligno comportamiento. En consecuencia, a mediados de la década de los sesenta se crearon unas unidades especiales de confinamiento y maltrato, orwellianamente llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), en las que internaron en campos de trabajo forzado a miles de homosexuales, junto a otras personas que tenían el pelo largo u otros rasgos “sospechosos” a los ojos de los celosos revolucionarios, con el objeto de curarlos de esas enfermedades sociales[7].
El Che vuelve a la batalla¿Por qué Guevara abandonó rápidamente las responsabilidades de gobierno y volvió a las actividades subversivas en otras partes del mundo hasta que fue ejecutado en Bolivia en octubre de 1967? Tal vez, en primer término, por la sensación de fracaso que debió haber sentido como encumbrado funcionario de un régimen que se hundía en el terreno económico. Era mucho más fácil dirigir un pelotón de fusilamientos o atacar un cuartel que lograr un mínimo de eficiencia en la dislocada economía de un país que en 36 meses liquidó a la clase empresarial y le puso fin a la economía de mercado, sustituyéndola por una variante colectivista de la planificación centralizada, daño terrible al que se agregó, por recomendación del propio Che, el fin de la contabilidad de costos, dado que esa vital cautela administrativa, según el guerrillero argentino, era innecesaria en el socialismo, lo que en poco tiempo acabó por pulverizar las finanzas del país.
Se produjo, también, cierto distanciamiento entre el Che y Fidel por culpa de las relaciones con la URSS, y esas fricciones contribuyeron a alejar a Guevara de Cuba. El Che tenía algunos reparos ante la Unión Soviética, pero no por el carácter represivo de Moscú, ni por los atropellos imperiales que les infligía a los satélites, sino porque el argentino parecía inclinarse más hacia el experimento maoísta, en la medida en que los chinos siempre estaban dispuestos a ayudar a los movimientos revolucionarios con armas y pertrechos, mientras la URSS veía muchas de esas actividades como muestras de un peligroso aventurerismo condenado al fracaso, más cercanas al putsch que a una verdadera revolución marxista. Fidel, en cambio, prefería el patrocinio más prudente de los soviéticos, y en su momento llegó a tener un encontronazo público con Mao.
También debe haber pesado en el ánimo del Che su carácter de condottiero moderno. De la misma manera que en 1954 se fue a la aventura guatemalteca, y dos años más tarde a la cubana, más allá de sus ideales comunistas, que sin duda los tenía, acaso había descubierto su verdadera vocación en la lucha armada, como tantos mercenarios que se enrolan en sucesivos conflictos por el íntimo placer que les proporciona la emoción de la guerra y las constantes descargas de adrenalina, sin ni siquiera detenerse a pensar en sus responsabilidades como padre de una joven familia constituida en Cuba, más la hija que había tenido con la peruana Hilda Gadea, su primera mujer.
En todo caso, al Che pronto se le vio en el Congo organizando las guerrillas, pero sin ningún éxito. El territorio africano le resultaba extraño y ajeno, y los líderes a los que debía formar en la lucha armada no resultaron peleadores y disciplinados, como él deseaba, sino desorganizados, hedonistas y dados a la corrupción. Su librito, Guerra de guerrillas, resultaba totalmente inútil en el continente negro. Frustrado, fue entonces cuando el Che comenzó a pensar en regresar a América, a un escenario que conocía mucho mejor, mientras Fidel Castro, que prefería mantenerlo alejado de la Isla[8], lo alentó a que siguiera ese camino. Más tarde, cuando la pequeña expedición fue derrotada por el ejército boliviano, los soldados ocuparon un diario de campaña, escrito con gran amargura, en el que Guevara daba cuenta de su fracaso, y de cuya lectura inevitablemente se deducía que desde el principio se trataba de un plan totalmente disparatado. ¿A quién se le podía ocurrir que un grupo de cubanos, junto a unos cuantos bolivianos, dirigidos por un médico blanco argentino, carentes de cualquier expresión de arraigo nacional, iban a convertirse en una fuerza política capaz de congregar a Bolivia tras la bandera revolucionaria?
El Che y los progresVuelvo al origen de estas reflexiones: con semejante biografía, ¿dónde está el asidero moral o la línea lógica de argumentación para que 250 redactores de El País hayan rechazado el editorial Caudillo Guevara? Quienes firmaron esa carta no son muchachos confundidos y deslumbrados con la foto de Korda, incapaces de saber si Guevara es un cantante de rock o un actor de cine, sino profesionales bien informados, presumiblemente comprometidos con la verdad, la libertad y la democracia. Recapitulemos en seis aspectos fundamentales:
• Estamos ante una persona violenta dispuesta a asesinar con sus propias manos o a ordenar la ejecución de cualquiera que le pareciera un enemigo de la revolución (“ante la duda, mátalo”). Alguien que tenía (o debía tener) sobre su conciencia dos centenares de muertos, y a quien le parecía que un buen revolucionario debía ser una “fría máquina de matar”. • El objetivo declarado de Guevara para tratar de crear “un Vietnam, dos Vietnam, muchos Vietnam” no era luchar por una humanidad más justa, sino reproducir en todas partes un mundo infinitamente más injusto que el occidental: el modelo de sociedad maoísta o soviética que tanto luto y dolor les trajo a los seres humanos. • Apoyó la persecución y la reeducación forzosa de homosexuales, creyentes religiosos y jóvenes aquejados por conductas extravagantes como tener el pelo largo o escuchar música americana. Fue un represor extremista y fanático a quien le parecía que la compasión con el enemigo era una expresión de debilidad. • Tenía e impuso ideas económicas absurdas que empobrecieron a los cubanos terriblemente. Casi medio siglo después de su paso por el Banco Nacional de Cuba y por el Ministerio de Industrias continúan vigentes la libreta de racionamiento y la miseria. Ni siquiera hizo el menor aporte serio al pensamiento político de la izquierda comunista. • Invocando unas ideas equivocadas y unos valores torcidos, fue un pésimo padre de familia. Abandonó a su primera mujer e hija para marchar a la aventura cubana. Abandonó a la segunda y a sus dos hijos para dirigir las guerrillas en el Congo y luego en Bolivia, donde perdió la vida. • Ni siquiera fue un extraordinario estratega al que se pueda reivindicar por su genialidad militar. Sólo tuvo éxito cuando peleó bajo las órdenes de Fidel Castro. ¿Dónde están, pues, esas luces, esos grises que supuestamente debían estar y no aparecen en el editorial de El País? ¿Que era un hombre audaz hasta la temeridad? De acuerdo: los asaltantes de bancos y los traficantes de droga también suelen serlo. ¿Que estaba dispuesto a morir por sus ideales? Cierto: como Hitler, que resistió en el bunker hasta el último minuto y luego se quitó la vida. ¿Que tenía un fortísimo compromiso con una causa política y por ella estaba dispuesto a entregar la vida? Naturalmente: como los etarras que volaron un supermercado lleno de gente en Barcelona o como los terroristas islámicos que asesinaron a decenas de españoles en la estación de Atocha.En realidad, si de algo sirve la figura del Che a estas alturas del siglo XXI es para medir la integridad moral de las personas y su coherencia ética. Nadie que se considere un verdadero demócrata, respetuoso de la dignidad humana, puede invocar su ejemplo sin incurrir en una grave y descalificadora contradicción. ¿Quién puede, en cambio, ser genuinamente guevarista? Sin duda, las personas que creen en las virtudes y ventajas de las sociedades totalitarias y están dispuestas a admitir cualquier método para lograr establecerlas, incluido el asesinato. ¿Cuántos de los 250 firmantes de la carta de marras responden a ese perfil? Sospecho que no demasiados. Tal vez una docena. ¿Por qué, en ese caso, se prestaron a ello? No sé. Supongo que son cosas que hacen los progres. ADDENDUMEl estudio más exhaustivo de la represión ejercida por la dictadura castrista es el realizado por el economista Dr. Armando Lago con la asistencia de María Werlau. El estudio (El costo humano de la revolución social), todavía inacabado, puede examinarse en www.CubaArchive.org Hasta el 31 de octubre de 2006 Lago y Werlau habían documentado un total de 116.540 muertos, de los cuales 5.775 corresponden a ejecuciones, 1.231 a asesinatos extrajudiciales, mientras calculan en 77.879 el número de balseros muertos o desaparecidos. Las víctimas de directas o indirectas del Che Guevara pasan de los dos centenares. Ejecutados por el Che en la Sierra Maestra durante la lucha contra Batista (1957-1958 )1. Aristio - 10-572. Manuel Capitán - 19573. Juan Chang - 9-574. “Bisco” Echevarría Martínez - 8-575. Eutimio Guerra - 2-18-576. Dionisio Lebrigio - 9-577. Juan Lebrigio - 9-578. El ” Negro ” Napoles- 2-18-579. “Chicho ” Osorio - 1-17-5710. Un maestro no identificado (“El Maestro”) - 9-5711-12. Dos hermanos, espías del grupo de Masferrer -9-5713-14 Dos campesinos no identificados-4-57Ejecutados o enviados a ejecutar por el Che durante su breve comando en Santa Clara ( 1-3 de enero de 1959)1. Ramón Alba - 1-3-59**2. José Barroso- 1-593. Joaquín Casillas Lumpuy - 1-2-59**4. Félix Cruz - 1-1-595. Alejandro García Olayón - 1-31-59**6. Héctor Mirabal - 1-597. J. Mirabal- 1-598. Felix Montano - 1-599. Cornelio Rojas - 1-7-59**10. Vilalla - 1-5911. Domingo Alvarez Martínez 1-4-59**12. Cano del Prieto -1-7-59**13. José Fernández Martínez-1-2-5914. José Grizel Segura-1-7-59** ( Manacas)15. Arturo Pérez Pérez-1-24-59**16. Ricardo Rodríguez Pérez-1-11-59**17. Francisco Rosell -1-11-5918. Ignacio Rosell Leyva -1-11-5919. Antonio Ruíz Beltrán -1-11-5920. Ramón Santos García-1-12-5921. Pedro SocarrásS-1-12-59**22. Manuel Valdés – 1-5923. Tace José Veláquez -12-59**** Che firmó la pena de muerte antes de partir de Santa Clara.Ejecuciones documentadas en la prisión Fortaleza de la Cabaña bajo el comando del Che (3 de enero al 26 de noviembre del 1959)1. Vilau Abreu - 7-3-592. Humberto Aguiar - 19593. Garmán Aguirre - 19594. Pelayo Alayón - 2-595. José Luis Alfaro Sierra - 7-1-596. Pedro Alfaro - 7-25-597. Mriano Alonso - 7-1-598. José Alvaro - 3-1-599. Alvaro Anguieira Suárez – 1-4-5910. Aniella - 195911. Mario Ares Polo- 1-2-5912. José Ramón Bacallao - 12-23-59**13. Severino Barrios - 12-9-59**14. Eugenio Bécquer - 9-29-5915. Francisco Bécquer - 7-2-5916. Ramón Biscet– 7-5-5917. Roberto Calzadilla - 195918. Eufemio Cano - 4-5919. Juan Capote Fiallo - 5-1-5920. Antonio Carralero - 2-4-5921. Gertrudis Castellanos - 5-7-5922. José Castaño Quevedo - 3-6-59.23. Raúl Castaño - 5-30-5924. Eufemio Chala - 12-16-59**25. José Chamace - 10-15-5926. José Chamizo - 3-5927. Raúl Clausell - 1-28-5928. Angel Clausell - 1-18-5929. Demetrio Clausell - 1-2-5930. José Clausell-1-29-5931. Eloy Contreras- 1-18-5932. Alberto Corbo - 12-7-59**33. Emilio Cruz Pérez - 12-7-59**34. Orestes Cruz – 195935. Adalberto Cuevas – 7-2-59**36. Cuni - 195937. Antonio de Beche - 1-5-5938. Mateo Delgado-12-4-5939. Armando Delgado - 1-29-5940. Ramón Despaigne - 195941. José Díaz Cabezas 7-30-5942. Fidel Díaz Marquina – 4-9-5943. Antonio Duarte - 7-2-5944. Ramón Fernández Ojeda - 5-29-5945. Rudy Fernández - 7-30-5946. Ferrán Alfonso - 1-12-5947. Salvador Ferrero - 6-29-5948. Victor Figueredo - 1-5949. Eduardo Forte - 3-20-5950. Ugarde Galán - 195951. Rafael García Muñiz - 1-20-5952. Adalberto García 6-6-5953. Alberto García - 6-6-5954. Jacinto García - 9-8-5955. Evelio Gaspar - 12-4-59**56. Armada Gil y Diez y Diez Cabezas- 12-4-59**57. José González Malagón - 7-2-5958. Evaristo Benerio González - 11-14-5959. Ezequiel González-5960. Secundino González - 195961. Ricardo Luis Grao – 2-3-5962. Ricardo José Grau - 7-5963. Oscar Guerra – 3-9-5964. Julián Hernádez -2-9-5965. Francisco Hernández Leyva – 4-15-5966. Antonio Hernández - 2-14-5967. Gerardo Hernández - 7-26-5968. Olegario Hernández - 4-23-5969. Secundino Hernández - 1-5970. Rodolfo Hernández Falcón – 1-9-5971. Raúl Herrera -2-18-5972. Jesús Insua-7-30-5973. Enrique Izquierdo- 7-3-- 5974. Silvino Junco – 11-15-5975. Enrique La Rosa- 195976. Bonifacio Lasaparla- 195977. Jesús Lazo Otaño -195978. Ariel Lima Lago – 8-1-59- (Menor)79. René López Vidal -7-3-5980. Armando Mas – 2-17-5981. Ornelio Mata- 1-30-5982. Evelio Mata Rodriguez- 2-8-5983. Elpidio Mederos -1-9-5984. José Medina -5-17-5985. José Mesa 7-23-5986. Fidel Mesquía Díaz 7-11-5987. Juan Manuel Milián - 195988. Jose Milián Pérez – 4-3-5989. Francisco Mirabal – 5-29-5990. Luis Mirabal - 195991. Ernesto Morales - 195992. Pedro Morejón – 3-5993. Carlos Muñoz M.D.- 195994. César Nicolardes Rojas- 1-7-5995. Víctor Nicolardes Rojas- 1-7-5996. José Nuñez – 3-5997. Viterbo O’Reilly – 2-27-5998. Félix Oviedo – 7-21-5999. Manuel Paneque – 8-16-59100. Pedro Pedroso – 12-1-59**101. Diego Pérez Cuesta - 1959102. Juan Pérez Hernández – 5-29-59103. Diego Pérez Crela - 4-3-59104. José Pozo – 1-59105. Emilio Puebla – 4-30-59106. Alfredo Pupo – 5-29-59107. Secundino Ramírez – 4-2-59108. Ramón Ramos - 4-23-59109. Pablo Ravelo Jr. – 9-15-59110. Rubén Rey Alberola – 2-27-59111. Mario Risquelme – 1-29-59112. Fernando Rivera – 10-8-59113. Pablo Rivero- 5-59114. Manuel Rodríguez – 3-1-59115. Marcos Rodríguez -7-31-59116. Nemesio Rodríguez – 7-30-59117. Pablo Rodriguez – 10-1-59118. Ricardo Rodriguez – 5-29-59119. Olegario Rodriguez Fernández-4-23-59120. José Saldara – 11-9-59121. Pedro Santana – 2-59122. Sergio Sierra – 1-9-59123. Juan Silva – 8-59124. Fausto Silva – 1-29-59125. Elpidio Soler- 11-8-59126. Jseús Sosa Blanco – 2-8-59127. Renato Sosa- 6-28-59128. Sergio Sosa – 8-20-59129. Pedro Soto – 3-20-59130. Oscar Suárez – 4-30-59131. Rafael Tarrago – 2-18-59132. Teodoro Tellez Cisneros- 1-3-59133. Francisco Tellez-1-3-59134. José Tin- 1-12-59135. Francisco Travieso -1959136. Leonrardo Trujillo – 2-27-59137. Trujillo - 1959138. Lupe Valdéz Barbosa – 3-22-59139. Marcelino Valdéz – 7-21-59140. Antonio Valentín – 3-22-59141. Manuel Vázquez-3-22-59142. Sergio Vázquez-5-29-59143. Verdecia - 1959144. Dámaso Zayas -7-23-59145. José Alvarado -4-22-59146. Leonoardo Baró- 1-12-59147. Raúl Concepción Lima - 1959148. Eladio Caro – 1-4-59149. Carpintor - 1959150. Carlos Corvo Martíenz - 1959151. Juan Guillermo Cossío - 1959152. Corporal Ortega – 7-11-59153. Juan Manuel Prieto - 1959154. Antonio Valdéz Mena – 5-11-59155. Esteban Lastra – 1-59156. Juan Felipe Cruz Serafín-6-59**157. Bonifacio Grasso – 7-59158. Feliciano Almenares – 12-8-59159. Antonio Blanco Navarro – 12-10-59**160. Albeto Carola – 6-5-59161. Evaristo Guerra- 2-8-59162. Cristobal Martínez – 1-16-59163. Pedro Rodríguez – 1-10-59164. Francisco Trujillo- 2-18-59** El Che firmó la sentencia de muerte, pero la ejecución se efectuó luego de que dejara su comando.----------------------------------[1] Al final del trabajo se adjunta una lista de las personas directa o indirectamente ejecutadas por el Che y las fechas en las que fueron eliminadas. Son cerca de 200. También se incluye una nota introductoria que resume el número de víctimas mortales a lo largo de medio siglo de dictadura.[2] Carta a su primera esposa, Hilda Gadea, escrita desde suelo cubano durante la lucha contra Batista.[3] El artículo se titula Mi primo el Che, publicado en La Nación de Buenos Aires fue ampliamente reproducido. Puede leerse en la página web del Independent Institute.[4] Testimonio del comandante Jaime Costa, ex expedicionario del Granma y luego preso político del castrismo durante muchos años. Vive exiliado en Miami.[5] Exiliado en París desde los años noventa. Escribió un libro importante sobre su vida y relaciones con Guevara: Memorias de un soldado cubano. Vida y muerte de la revolución. Tusquets, Barcelona, 1997.[6] Citado por Álvaro Vargas Llosa.[7] Además de los homosexuales o de jóvenes acusados de conductas extravagantes por el largo de su cabello o por las ropas que usaban, muchos creyentes, católicos, protestantes y Testigos de Jehová fueron también internados en los campos de trabajo. Entre las personas hoy más conocidas que pasaron por esa experiencia están el cardenal Jaime Ortega Alamino y el cantautor Pablo Milanés. [8] Este es un aspecto en el que coinciden prácticamente todos los biógrafos serios, incluidos los mencionados en este trabajo. Más aún, hoy se cree que la famosa carta de despedida del Che es apócrifa y fue redactada por Fidel Castro, y públicamente divulgada por el cubano con el objeto de cerrarle la puerta de regreso a la Isla.
Carlos Alberto Montaner
Nació en La Habana, Cuba. Prolífico autor, galardonado columnista, periodista y conferencista, que fue preso político y ha ejercido como profesor en numerosas universidades. Es fundador y presidente de la Unión Liberal Cubana y vicepresidente de la Internacional Liberal
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La gran regla ética sobre la que se ha edificado la escala de valores occidentales es la obligación de tratar al prójimo como a uno mismo. Incluso, es posible que esa urgencia de reciprocidad, piedra angular de todo código moral, esté imbricada en la propia naturaleza humana (y en la de otros primates, afirman los etólogos) y se transmite por medio de nuestro código genético, como sospechan los especialistas. Yo no puedo desear para el otro lo que no quiero para mí sin quebrantar una norma moral básica. En todas las culturas existe un amargo reproche para los hipócritas y los cínicos que nos recuerda constantemente este principio. Pero la regla es aún más amplia, trasciende nuestras acciones, y debe condicionar nuestra capacidad de establecer juicios de valor. En las viejas clases de aritmética los niños solíamos comprobar si las divisiones y las multiplicaciones estaban bien hechas mediante la llamada “prueba del nueve”. De una forma que en aquella época nos parecía misteriosa, los números estaban sometidos a lo que los maestros de entonces calificaban de “congruencia”. Probablemente, en el terreno de los juicios morales ocurre más o menos lo mismo: la opinión que tenemos sobre ciertos hechos concretos validan o anulan nuestros juicios morales abstractos. En efecto, lo que les da consistencia moral a nuestras valoraciones éticas es la congruencia entre los principios abstractos que decimos sustentar y la aplicación práctica de esos principios ante la realidad. Si soy un enemigo de la pena de muerte y creo que debe eliminarse de manera total, no puedo aplaudir el fusilamiento de los criminales serbios o de mis adversarios. Si me opongo a la discriminación de las personas por su raza, preferencias sexuales o ideas políticas, no me es dable apoyar el apartheid sudafricano, repudiar a un hijo o a un amigo homosexual o respaldar las dictaduras de Pinochet o de Fidel Castro.
Acerquémonos a un caso concreto.El caso del editorial de El País y Che GuevaraEl 10 de octubre de 2007 el diario El País de España publicó un editorial sobre el Che Guevara. El diario hacía una evaluación de este singular personaje a los 40 años de que fuera ejecutado tras su captura en combate por el ejército boliviano. Se tituló Caudillo Guevara y el sentido último de quien lo redactara aparentemente, un diplomático con gran experiencia era descalificar la validez de la ética de fines. Todo demócrata realmente comprometido con el Estado de Derecho y el respeto por los seres humanos tenía que suscribir la ética de medios. No es verdad que el fin, por noble que sea, justifica todos los procedimientos que se utilicen para alcanzarlo. El conocido apotegma maquiavélico suele ser la coartada de los peores criminales. Decía El País: “El romanticismo europeo estableció el siniestro prejuicio de que la disposición a entregar la vida por las ideas es digna de admiración y de elogio. Amparados desde entonces en esta convicción, y a lo largo de más de un siglo, grupúsculos de las más variadas disciplinas ideológicas han pretendido dotar al crimen de un sentido trascendente, arrebatados por el espejismo de que la violencia es fecunda, de que inmolar seres humanos en el altar de una causa la hace más auténtica e indiscutible.En realidad, la disposición a entregar la vida por las ideas esconde un propósito tenebroso: la disposición a arrebatársela a quien no las comparta. Ernesto Guevara, el Che, de cuya muerte en el poblado boliviano de La Higuera se cumplen 40 años, perteneció a esa siniestra saga de héroes trágicos, presente aún en los movimientos terroristas de diverso cuño, desde los nacionalistas a los yihadistas, que pretenden disimular la condición del asesino bajo la del mártir, prolongando el viejo prejuicio heredado del romanticismo.
El hecho de que el Che diera la vida y sacrificara las de muchos no hace mejores sus ideas, que bebían de las fuentes de uno de los grandes sistemas totalitarios. Sus proyectos y sus consignas no han dejado más que un reguero de fracaso y de muerte, tanto en el único sitio donde triunfaron, la Cuba de Castro, como en los lugares en los que no alcanzaron la victoria, desde el Congo de Kabila a la Bolivia de Barrientos. Y todo ello sin contar los muchos países en los que, deseosos de seguir el ejemplo de este mito temerario, miles de jóvenes se lanzaron a la lunática aventura de crear a tiros al "hombre nuevo".
Seducidos por la estrategia del "foquismo", de crear muchos Vietnam, la única aportación contrastable de los insurgentes seguidores de Guevara a la política latinoamericana fue ofrecer nuevas coartadas a las tendencias autoritarias que germinaban en el continente. Gracias a su desafío armado, las dictaduras militares de derechas pudieron presentarse a sí mismas como un mal menor, cuando no como una inexorable necesidad frente a otra dictadura militar simétrica, como la castrista.
Por el contexto en el que apareció, la figura de Ernesto Guevara representó una puesta al día del caudillismo latinoamericano, una suerte de aventurero armado que apuntaba hacia nuevos ideales sociales para el continente, no hacia ideales de liberación colonial, pero a través de los mismos medios que sus predecesores. En las cuatro décadas que han transcurrido desde su muerte, la izquierda latinoamericana y, por supuesto, la europea, se ha desembarazado por completo de sus objetivos y métodos fanáticos. Hasta el punto de que hoy ya sólo conmemoran la fecha de su ejecución en La Higuera los gobernantes que sojuzgan a los cubanos o los que invocan a Simón Bolívar en sus soflamas populistas”.
Ocho días después de publicado el editorial, la dirección de El País se vio obligada a insertar la siguiente carta de protesta suscrita por 250 redactores del periódico, cuyos nombres no aparecieron consignados:
“La Redacción de EL PAÍS quiere mostrar su disconformidad con el editorial titulado Caudillo Guevara, publicado el pasado día 10 de octubre. Más de dos tercios de los redactores (250) consideran que el texto publicado no abordaba en su totalidad la figura de un personaje como el Che Guevara que, con sus luces y sus sombras, es lo suficientemente compleja para haberla tratado como si no hubiera una escala de grises.
El Estatuto de la Redacción contempla la posibilidad de discrepar de un editorial siempre que se logren reunir las firmas necesarias, que cifra en un mínimo de dos tercios de los redactores. En ejercicio de este mecanismo de transparencia y democracia interna, único en la prensa española, se ha habilitado este espacio para dejar testimonio de nuestra discrepancia”.
Curiosamente, El País, un medio de comunicación, que, como todos, sólo debe estar dedicado a informar, analizar y opinar únicamente bajo la autoridad de la verdad, el sentido común y la congruencia ética, había introducido en su reglamento interno una arbitraria disposición (¿por qué dos tercios, y no la mitad más uno o cuatro quintas partes?) que abría la puerta a que una mayoría calificada de redactores pudiera imponer su criterio sin tener en cuenta los datos objetivos y la coherencia moral de la posición adoptada por el periódico. Teóricamente, las dos terceras partes de los redactores también podían oponerse a la Ley de Gravedad o, como ocurre en ciertas regiones del sur de Estados Unidos, a las teorías evolutivas. Es lo que puede suceder cuando ciertos hechos o situaciones se someten al método democrático, como si la aritmética pudiera decidir sobre lo que es verdad o mentira.
¿Cómo podía El País condenar sin paliativos los atentados perpetrados por los terroristas de ETA, sin matizarlos en una “escala de grises” (por ejemplo, el factor nacionalista de los asesinos, la indudable valentía y audacia que exhiben, o el hecho de que sacrifican sus vidas en pos de un ideal), y, simultáneamente, presentar al Che como un revolucionario cuyos crímenes merecían cierto respeto y ponderación. El País, sencillamente, al enjuiciar la figura del Che por medio del discutido texto, estaba siendo coherente con su propia línea editorial en otros campos similares. Si la ética de fines era abominable en el caso de los asesinatos de la ETA, no podía ser justificable en el del Che, responsable de centenares de crímenes perpetrados en nombre de la revolución comunista[1]. En realidad, lo que los redactores estaban demandando no era que el periódico balanceara el juicio sobre Ernesto Guevara, sino que vulnerara su propia coherencia moral.
Por la otra punta del razonamiento, si esa abrumadora mayoría de redactores estaba preocupada, realmente, por la supuesta falta de balance del editorial, “como si no hubiera una escala de grises”, ¿por qué no había protestado de igual manera cuando el periódico condenaba los asesinatos cometidos por los terroristas vascos o, por ejemplo, cuando lo que se criticaba eran las torturas cometidas por los soldados norteamericanos a los detenidos en la cárcel de Guantánamo? Como ellos no ignoraban, es posible encontrar matices atenuantes prácticamente ante casi cualquier hecho censurable que analicemos, desde el asesinato de Federico García Lorca al de Ramiro de Maeztu, y desde los crímenes de Hitler a los de Stalin.
La deconstrucción de Ernesto GuevaraNo vale la pena contar, otra vez, la vida de Guevara. El propósito de este ensayo es otro: utilizar sus acciones y afirmaciones para construir una especie de test de coherencia moral. Hay, por lo menos, tres buenas biografías del Che Guevara: la de Pierre Kalfon, la de Jon Lee Anderson y la de Jorge Castañeda. Prefiero la de Castañeda, que me parece más incisiva, pero los tres libros tienen detrás una larga y meritoria investigación. Hay, también, otros dos excelentes ensayos biográficos cargados de una inteligente valoración crítica: La máquina de matar: el Che Guevara, de agitador comunista a marca capitalista, escrito por Álvaro Vargas Llosa, publicado en inglés por New Republic en noviembre de 2005, texto que les abrió los ojos a muchos norteamericanos ingenuos, luego reproducido en español en numerosos diarios del mundo, y Ernesto Che Guevara de Fernando Díaz Villanueva, el joven e iconoclasta historiador vinculado a Libertad Digital.
La lectura desapasionada de esos papeles, por mucho que sus autores deseen conservar una distancia crítica del personaje, y a veces, como sucede en algunas páginas de Anderson y Kalfon, hasta traten de encontrar justificaciones a hechos que no las tienen, pone de manifiesto la existencia de un ser humano profundamente autoritario y violento, capaz de escribir que está “en la manigua (selva) cubana vivo y sediento de sangre”[2], actitud, perfectamente congruente con quien, en su adolescencia, le gustaba firmar su correspondencia con el pseudónimo de Stalin II, o, como reveló recientemente su primo Alberto Benegas Lynch, economista y pensador argentino en las antípodas de su pariente: “muy de chico el Che se deleitaba con provocar sufrimientos a animales”[3].
Pero, para entender a Ernesto Guevara, situémonos, primero, muy brevemente, en su etapa de formación y veamos luego cuál fue su desempeño. Provenía de una familia de la entonces muy próspera clase media alta argentina, como pone de manifiesto la magnífica casapara la época en que nació en la ciudad de Rosario. Ciertos elementos de su carácter adolescente apuntan al desarrollo de una personalidad con rasgos marcadamente neuróticos. Es muy desaseado y le gusta vanagloriarse por ello. Además de autocalificarse como Stalin, le divierte ser llamado cerdo (Kalfon). Cuando sale de los ascensores siempre se empeña en dar el décimo paso con el pie izquierdo (Benegas Lynch). Padece asma y, tal vez, de alguna manera, su carácter se curte en la lucha contra esta enfermedad. Su primer frente de batalla es su propio organismo. Es inteligente y propenso al mundo de las ideas. Desde muy joven, nada raro en la Argentina de su tiempo (“Braden el embajador americano o Perón” es el lema que sacude al país), es seducido por el antiamericanismo y por las ideas contrarias a la libertad económica. Estudia medicina, da muestras de sentir un fuerte compromiso con las personas desvalidas leprosos, por ejemplo, y recorre medio continente en moto, pero pronto se decanta por la militancia política y se convierte en un joven de la izquierda antiimperialista, como entonces se decía.
A mediados de la década de los cincuenta lo encontramos en la Guatemala de Jacobo Arbenz, donde es testigo de uno de los conflictos de la Guerra Fría librados en territorio hispanoamericano. En 1954, tras un golpe orquestado por la CIA, el coronel Arbenz, que había sido democráticamente electo, fue depuesto y marchó al exilio. Washington contribuyó decisivamente a su derrocamiento porque el presidente guatemalteco había adquirido abundante armamento en Checoslovaquia y los comunistas eran muy prominentes en su gobierno. Acabada de terminar la guerra de Corea, y dentro de los códigos binarios de la época (con Estados Unidos o con la URSS), desde la suspicaz pupila americana Arbenz “se había pasado al enemigo”. Ese factor, además de la reforma agraria que afectaba intereses norteamericanos, determinó que el presidente Eisenhower diera la orden de sustituir a ese gobierno por otro mucho más favorable a su país. La CIA se encargó de hacerlo.
Este episodio radicalizó tremendamente a Guevara y lo endureció de una forma significativa, aunque lo vivió con una mezcla de temeridad, diversión y pasión política, que se desprende de una carta que le escribe a su madre: “Aquí (Guatemala) estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos y otros matices que cortaron la monotonía en que vivía”. Pero en una nota escrita a una ex novia de la primera juventud lamenta que Arbenz no hubiese exterminado a tiempo a unos cuantos enemigos: “Si se hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado la posibilidad de devolver los golpes”. Por eso, a fines de 1956, cuando se adiestra junto a los exiliados cubanos en México, antes del desembarco del yate Granma en la Isla, el Che es partidario de la violenta intervención soviética en Hungría para aplastar el levantamiento popular. Para él el sostenimiento de la dictadura comunista, a cualquier costo, era más importante que el deseo de ser libres que mostraban los húngaros[4]. “No sorprende agrega Vargas Llosa, de donde saco la cita, que durante la lucha armada contra Batista, y luego tras el ingreso triunfal en La Habana, Guevara asesinara o supervisara las ejecuciones en juicios sumarios de muchísimas personas: enemigos probados, meros sospechosos y aquellos que se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado”. Se había vuelto un partidario fanático de la mano dura.
Para la historia de Cuba, esos sucesos guatemaltecos, más el fortuito encuentro en México de Guevara con los hermanos Castro, fueron decisivos. Esta experiencia centroamericana es lo que precipita (no decide, sino acelera) el destino comunista y prosoviético del gobierno. Fidel, Raúl y el Che, las tres personas que en 1959 determinarían el rumbo del país, con Fidel como cabeza indiscutible del trío al que todos se subordinan, deciden actuar muy rápida y despiadadamente para atemorizar a la sociedad y no darle tiempo a reaccionar. Provisionalmente, y por muy corto tiempo, niegan que sean comunistas, pero dan todos los pasos en esa dirección y secretamente comienzan a acercarse a Moscú para plantearle un audaz quid pro quo: la vinculación de Cuba al campo comunista a cambio de protección y ayuda frente a Estados Unidos. Nikita Kruschev decide que es una buena propuesta. Si la URSS razona está rodeada de bases norteamericanas, ¿por qué no darles a los gringos un poco de su propia medicina?
El Che en el poderGuevara comienza a ejercer el poder desde que manda una de las columnas guerrilleras en la lucha contra Batista. En ese periodo el suyo es sólo un poder militar. ¿Cómo se hace obedecer? Impone su autoridad por dos vías: mediante la intimidación (personalmente ejecuta a unas cuantas personas) y por el ejemplo. No tiene ni acepta privilegios. Comparte todas las penalidades y riesgos con sus soldados. Es notablemente valiente en los combates. Hace años le pregunté a Dariel Alarcón Ramírez (Benigno)[5], uno de sus lugartenientes en Sierra Maestra, y luego su compañero de aventuras internacionales lo acompañó en las guerrillas de Bolivia y sobrevivió y escapó milagrosamente, por qué obedecía ciegamente al argentino, y la respuesta que me dio fue interesante. Se quedó pensando un buen rato y luego me dijo: “yo creía que lo admiraba mucho, pero con el tiempo comprendí que, en realidad, lo temía”.
Guevara había descubierto una de las claves del poder dentro de los sistemas totalitarios: infundir miedo y ser implacable. Lo expresó con toda claridad en su Mensaje a la Tricontinental de 1967, definiendo cómo debe ser la actitud de un buen revolucionario: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”. Al Che le gustaba ser una fría máquina de matar. Cuando relata cómo asesinó en Sierra Maestra a un rebelde llamado Eutinio Guerra, acusado de ser un agente de Batista, anota, simplemente, en su diario: “Acabé con el problema dándole un tiro con una pistola calibre 32 en la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho … sus pertenencias pasaron a mi poder”.
Después del triunfo, tras los primeros meses al frente de La Cabaña una prisión militar asentada en una vieja fortaleza colonial española, ejecuta o hace ejecutar a cientos de prisioneros. Sus instrucciones a los fiscales y jueces son claras: “ante la duda, mátalo”[6]. Terminado ese trabajo sucio, Fidel Castro lo convierte en presidente del Banco Nacional de Cuba y luego en Ministro de Industria. Su paso por ambos cargos es devastador. El peso cubano, que durante décadas había mantenido la paridad con el dólar, comienza a hundirse en medio de un creciente proceso inflacionario, mientras la industrialización a marcha forzada que había prometido y decretado, naufraga en medio de un terrible caos administrativo y gerencial que incluye, entre otros disparates, la importación de máquinas quitanieve. No obstante, con esa mezcla letal de arrogancia y desconocimiento que caracterizaban al Che y a todos los dirigentes revolucionarios personas, además, sin la menor experiencia empresarial, se atreve a asegurar, en Uruguay, en 1961, que en 1980 el per cápita de los cubanos sería superior al de los estadounidenses.
¿En qué basaba Guevara su optimismo? Primero, en la ignorancia. No tenía la menor idea sobre cómo, realmente, se creaba o se destruía la riqueza, pero quizás más graves eran sus absurdas convicciones sobre la naturaleza humana. Guevara, como buen aprendiz de marxista, creía que al desaparecer las viejas relaciones de propiedad, mágicamente se modificaría la psicología profunda de los cubanos y surgiría el hombre nuevo, una criatura desinteresada y generosa capaz de trabajar con entusiasmo sin que mediara una remuneración adecuada. De acuerdo con su visión, los verdaderos incentivos no deberían ser de carácter material sino moral. Los cubanos trabajarían incansable y eficazmente, sacrificando alegremente toda compensación sustancial, a cambio del placer revolucionario de construir un futuro maravilloso para gloria de la humanidad.
¿Pero hubo alguna vez un hombre nuevo en Cuba? Por supuesto: el propio Guevara. Para él los incentivos materiales carecían de atractivo. Por otra parte, estaba convencido de que ese rasgo de su personalidad era el único que debería exhibir la especie humana. Como un auténtico apóstol de la revolución, Guevara se percibía a sí mismo como el arquetipo de lo que debía ser un revolucionario e intentaba clonarse entre los que lo rodeaban. Les exigía que fueran austeros, arrojados, y siempre dispuesto al sacrificio. Quien no tenía esos atributos (o quien no sabía cómo simularlos) merecía su desprecio y debía ser castigado, excluido o reeducado.
Guevara, además, era homofóbico, y suponía que el hombre nuevo no podía tener otras preferencias que las heterosexuales, convencido de que cualquier desviación homosexual, rezago de los viejos tiempos de la corrompida burguesía, podía ser corregida con privaciones y castigos severos hasta que se erradicara ese maligno comportamiento. En consecuencia, a mediados de la década de los sesenta se crearon unas unidades especiales de confinamiento y maltrato, orwellianamente llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), en las que internaron en campos de trabajo forzado a miles de homosexuales, junto a otras personas que tenían el pelo largo u otros rasgos “sospechosos” a los ojos de los celosos revolucionarios, con el objeto de curarlos de esas enfermedades sociales[7].
El Che vuelve a la batalla¿Por qué Guevara abandonó rápidamente las responsabilidades de gobierno y volvió a las actividades subversivas en otras partes del mundo hasta que fue ejecutado en Bolivia en octubre de 1967? Tal vez, en primer término, por la sensación de fracaso que debió haber sentido como encumbrado funcionario de un régimen que se hundía en el terreno económico. Era mucho más fácil dirigir un pelotón de fusilamientos o atacar un cuartel que lograr un mínimo de eficiencia en la dislocada economía de un país que en 36 meses liquidó a la clase empresarial y le puso fin a la economía de mercado, sustituyéndola por una variante colectivista de la planificación centralizada, daño terrible al que se agregó, por recomendación del propio Che, el fin de la contabilidad de costos, dado que esa vital cautela administrativa, según el guerrillero argentino, era innecesaria en el socialismo, lo que en poco tiempo acabó por pulverizar las finanzas del país.
Se produjo, también, cierto distanciamiento entre el Che y Fidel por culpa de las relaciones con la URSS, y esas fricciones contribuyeron a alejar a Guevara de Cuba. El Che tenía algunos reparos ante la Unión Soviética, pero no por el carácter represivo de Moscú, ni por los atropellos imperiales que les infligía a los satélites, sino porque el argentino parecía inclinarse más hacia el experimento maoísta, en la medida en que los chinos siempre estaban dispuestos a ayudar a los movimientos revolucionarios con armas y pertrechos, mientras la URSS veía muchas de esas actividades como muestras de un peligroso aventurerismo condenado al fracaso, más cercanas al putsch que a una verdadera revolución marxista. Fidel, en cambio, prefería el patrocinio más prudente de los soviéticos, y en su momento llegó a tener un encontronazo público con Mao.
También debe haber pesado en el ánimo del Che su carácter de condottiero moderno. De la misma manera que en 1954 se fue a la aventura guatemalteca, y dos años más tarde a la cubana, más allá de sus ideales comunistas, que sin duda los tenía, acaso había descubierto su verdadera vocación en la lucha armada, como tantos mercenarios que se enrolan en sucesivos conflictos por el íntimo placer que les proporciona la emoción de la guerra y las constantes descargas de adrenalina, sin ni siquiera detenerse a pensar en sus responsabilidades como padre de una joven familia constituida en Cuba, más la hija que había tenido con la peruana Hilda Gadea, su primera mujer.
En todo caso, al Che pronto se le vio en el Congo organizando las guerrillas, pero sin ningún éxito. El territorio africano le resultaba extraño y ajeno, y los líderes a los que debía formar en la lucha armada no resultaron peleadores y disciplinados, como él deseaba, sino desorganizados, hedonistas y dados a la corrupción. Su librito, Guerra de guerrillas, resultaba totalmente inútil en el continente negro. Frustrado, fue entonces cuando el Che comenzó a pensar en regresar a América, a un escenario que conocía mucho mejor, mientras Fidel Castro, que prefería mantenerlo alejado de la Isla[8], lo alentó a que siguiera ese camino. Más tarde, cuando la pequeña expedición fue derrotada por el ejército boliviano, los soldados ocuparon un diario de campaña, escrito con gran amargura, en el que Guevara daba cuenta de su fracaso, y de cuya lectura inevitablemente se deducía que desde el principio se trataba de un plan totalmente disparatado. ¿A quién se le podía ocurrir que un grupo de cubanos, junto a unos cuantos bolivianos, dirigidos por un médico blanco argentino, carentes de cualquier expresión de arraigo nacional, iban a convertirse en una fuerza política capaz de congregar a Bolivia tras la bandera revolucionaria?
El Che y los progresVuelvo al origen de estas reflexiones: con semejante biografía, ¿dónde está el asidero moral o la línea lógica de argumentación para que 250 redactores de El País hayan rechazado el editorial Caudillo Guevara? Quienes firmaron esa carta no son muchachos confundidos y deslumbrados con la foto de Korda, incapaces de saber si Guevara es un cantante de rock o un actor de cine, sino profesionales bien informados, presumiblemente comprometidos con la verdad, la libertad y la democracia. Recapitulemos en seis aspectos fundamentales:
• Estamos ante una persona violenta dispuesta a asesinar con sus propias manos o a ordenar la ejecución de cualquiera que le pareciera un enemigo de la revolución (“ante la duda, mátalo”). Alguien que tenía (o debía tener) sobre su conciencia dos centenares de muertos, y a quien le parecía que un buen revolucionario debía ser una “fría máquina de matar”. • El objetivo declarado de Guevara para tratar de crear “un Vietnam, dos Vietnam, muchos Vietnam” no era luchar por una humanidad más justa, sino reproducir en todas partes un mundo infinitamente más injusto que el occidental: el modelo de sociedad maoísta o soviética que tanto luto y dolor les trajo a los seres humanos. • Apoyó la persecución y la reeducación forzosa de homosexuales, creyentes religiosos y jóvenes aquejados por conductas extravagantes como tener el pelo largo o escuchar música americana. Fue un represor extremista y fanático a quien le parecía que la compasión con el enemigo era una expresión de debilidad. • Tenía e impuso ideas económicas absurdas que empobrecieron a los cubanos terriblemente. Casi medio siglo después de su paso por el Banco Nacional de Cuba y por el Ministerio de Industrias continúan vigentes la libreta de racionamiento y la miseria. Ni siquiera hizo el menor aporte serio al pensamiento político de la izquierda comunista. • Invocando unas ideas equivocadas y unos valores torcidos, fue un pésimo padre de familia. Abandonó a su primera mujer e hija para marchar a la aventura cubana. Abandonó a la segunda y a sus dos hijos para dirigir las guerrillas en el Congo y luego en Bolivia, donde perdió la vida. • Ni siquiera fue un extraordinario estratega al que se pueda reivindicar por su genialidad militar. Sólo tuvo éxito cuando peleó bajo las órdenes de Fidel Castro. ¿Dónde están, pues, esas luces, esos grises que supuestamente debían estar y no aparecen en el editorial de El País? ¿Que era un hombre audaz hasta la temeridad? De acuerdo: los asaltantes de bancos y los traficantes de droga también suelen serlo. ¿Que estaba dispuesto a morir por sus ideales? Cierto: como Hitler, que resistió en el bunker hasta el último minuto y luego se quitó la vida. ¿Que tenía un fortísimo compromiso con una causa política y por ella estaba dispuesto a entregar la vida? Naturalmente: como los etarras que volaron un supermercado lleno de gente en Barcelona o como los terroristas islámicos que asesinaron a decenas de españoles en la estación de Atocha.En realidad, si de algo sirve la figura del Che a estas alturas del siglo XXI es para medir la integridad moral de las personas y su coherencia ética. Nadie que se considere un verdadero demócrata, respetuoso de la dignidad humana, puede invocar su ejemplo sin incurrir en una grave y descalificadora contradicción. ¿Quién puede, en cambio, ser genuinamente guevarista? Sin duda, las personas que creen en las virtudes y ventajas de las sociedades totalitarias y están dispuestas a admitir cualquier método para lograr establecerlas, incluido el asesinato. ¿Cuántos de los 250 firmantes de la carta de marras responden a ese perfil? Sospecho que no demasiados. Tal vez una docena. ¿Por qué, en ese caso, se prestaron a ello? No sé. Supongo que son cosas que hacen los progres. ADDENDUMEl estudio más exhaustivo de la represión ejercida por la dictadura castrista es el realizado por el economista Dr. Armando Lago con la asistencia de María Werlau. El estudio (El costo humano de la revolución social), todavía inacabado, puede examinarse en www.CubaArchive.org Hasta el 31 de octubre de 2006 Lago y Werlau habían documentado un total de 116.540 muertos, de los cuales 5.775 corresponden a ejecuciones, 1.231 a asesinatos extrajudiciales, mientras calculan en 77.879 el número de balseros muertos o desaparecidos. Las víctimas de directas o indirectas del Che Guevara pasan de los dos centenares. Ejecutados por el Che en la Sierra Maestra durante la lucha contra Batista (1957-1958 )1. Aristio - 10-572. Manuel Capitán - 19573. Juan Chang - 9-574. “Bisco” Echevarría Martínez - 8-575. Eutimio Guerra - 2-18-576. Dionisio Lebrigio - 9-577. Juan Lebrigio - 9-578. El ” Negro ” Napoles- 2-18-579. “Chicho ” Osorio - 1-17-5710. Un maestro no identificado (“El Maestro”) - 9-5711-12. Dos hermanos, espías del grupo de Masferrer -9-5713-14 Dos campesinos no identificados-4-57Ejecutados o enviados a ejecutar por el Che durante su breve comando en Santa Clara ( 1-3 de enero de 1959)1. Ramón Alba - 1-3-59**2. José Barroso- 1-593. Joaquín Casillas Lumpuy - 1-2-59**4. Félix Cruz - 1-1-595. Alejandro García Olayón - 1-31-59**6. Héctor Mirabal - 1-597. J. Mirabal- 1-598. Felix Montano - 1-599. Cornelio Rojas - 1-7-59**10. Vilalla - 1-5911. Domingo Alvarez Martínez 1-4-59**12. Cano del Prieto -1-7-59**13. José Fernández Martínez-1-2-5914. José Grizel Segura-1-7-59** ( Manacas)15. Arturo Pérez Pérez-1-24-59**16. Ricardo Rodríguez Pérez-1-11-59**17. Francisco Rosell -1-11-5918. Ignacio Rosell Leyva -1-11-5919. Antonio Ruíz Beltrán -1-11-5920. Ramón Santos García-1-12-5921. Pedro SocarrásS-1-12-59**22. Manuel Valdés – 1-5923. Tace José Veláquez -12-59**** Che firmó la pena de muerte antes de partir de Santa Clara.Ejecuciones documentadas en la prisión Fortaleza de la Cabaña bajo el comando del Che (3 de enero al 26 de noviembre del 1959)1. Vilau Abreu - 7-3-592. Humberto Aguiar - 19593. Garmán Aguirre - 19594. Pelayo Alayón - 2-595. José Luis Alfaro Sierra - 7-1-596. Pedro Alfaro - 7-25-597. Mriano Alonso - 7-1-598. José Alvaro - 3-1-599. Alvaro Anguieira Suárez – 1-4-5910. Aniella - 195911. Mario Ares Polo- 1-2-5912. José Ramón Bacallao - 12-23-59**13. Severino Barrios - 12-9-59**14. Eugenio Bécquer - 9-29-5915. Francisco Bécquer - 7-2-5916. Ramón Biscet– 7-5-5917. Roberto Calzadilla - 195918. Eufemio Cano - 4-5919. Juan Capote Fiallo - 5-1-5920. Antonio Carralero - 2-4-5921. Gertrudis Castellanos - 5-7-5922. José Castaño Quevedo - 3-6-59.23. Raúl Castaño - 5-30-5924. Eufemio Chala - 12-16-59**25. José Chamace - 10-15-5926. José Chamizo - 3-5927. Raúl Clausell - 1-28-5928. Angel Clausell - 1-18-5929. Demetrio Clausell - 1-2-5930. José Clausell-1-29-5931. Eloy Contreras- 1-18-5932. Alberto Corbo - 12-7-59**33. Emilio Cruz Pérez - 12-7-59**34. Orestes Cruz – 195935. Adalberto Cuevas – 7-2-59**36. Cuni - 195937. Antonio de Beche - 1-5-5938. Mateo Delgado-12-4-5939. Armando Delgado - 1-29-5940. Ramón Despaigne - 195941. José Díaz Cabezas 7-30-5942. Fidel Díaz Marquina – 4-9-5943. Antonio Duarte - 7-2-5944. Ramón Fernández Ojeda - 5-29-5945. Rudy Fernández - 7-30-5946. Ferrán Alfonso - 1-12-5947. Salvador Ferrero - 6-29-5948. Victor Figueredo - 1-5949. Eduardo Forte - 3-20-5950. Ugarde Galán - 195951. Rafael García Muñiz - 1-20-5952. Adalberto García 6-6-5953. Alberto García - 6-6-5954. Jacinto García - 9-8-5955. Evelio Gaspar - 12-4-59**56. Armada Gil y Diez y Diez Cabezas- 12-4-59**57. José González Malagón - 7-2-5958. Evaristo Benerio González - 11-14-5959. Ezequiel González-5960. Secundino González - 195961. Ricardo Luis Grao – 2-3-5962. Ricardo José Grau - 7-5963. Oscar Guerra – 3-9-5964. Julián Hernádez -2-9-5965. Francisco Hernández Leyva – 4-15-5966. Antonio Hernández - 2-14-5967. Gerardo Hernández - 7-26-5968. Olegario Hernández - 4-23-5969. Secundino Hernández - 1-5970. Rodolfo Hernández Falcón – 1-9-5971. Raúl Herrera -2-18-5972. Jesús Insua-7-30-5973. Enrique Izquierdo- 7-3-- 5974. Silvino Junco – 11-15-5975. Enrique La Rosa- 195976. Bonifacio Lasaparla- 195977. Jesús Lazo Otaño -195978. Ariel Lima Lago – 8-1-59- (Menor)79. René López Vidal -7-3-5980. Armando Mas – 2-17-5981. Ornelio Mata- 1-30-5982. Evelio Mata Rodriguez- 2-8-5983. Elpidio Mederos -1-9-5984. José Medina -5-17-5985. José Mesa 7-23-5986. Fidel Mesquía Díaz 7-11-5987. Juan Manuel Milián - 195988. Jose Milián Pérez – 4-3-5989. Francisco Mirabal – 5-29-5990. Luis Mirabal - 195991. Ernesto Morales - 195992. Pedro Morejón – 3-5993. Carlos Muñoz M.D.- 195994. César Nicolardes Rojas- 1-7-5995. Víctor Nicolardes Rojas- 1-7-5996. José Nuñez – 3-5997. Viterbo O’Reilly – 2-27-5998. Félix Oviedo – 7-21-5999. Manuel Paneque – 8-16-59100. Pedro Pedroso – 12-1-59**101. Diego Pérez Cuesta - 1959102. Juan Pérez Hernández – 5-29-59103. Diego Pérez Crela - 4-3-59104. José Pozo – 1-59105. Emilio Puebla – 4-30-59106. Alfredo Pupo – 5-29-59107. Secundino Ramírez – 4-2-59108. Ramón Ramos - 4-23-59109. Pablo Ravelo Jr. – 9-15-59110. Rubén Rey Alberola – 2-27-59111. Mario Risquelme – 1-29-59112. Fernando Rivera – 10-8-59113. Pablo Rivero- 5-59114. Manuel Rodríguez – 3-1-59115. Marcos Rodríguez -7-31-59116. Nemesio Rodríguez – 7-30-59117. Pablo Rodriguez – 10-1-59118. Ricardo Rodriguez – 5-29-59119. Olegario Rodriguez Fernández-4-23-59120. José Saldara – 11-9-59121. Pedro Santana – 2-59122. Sergio Sierra – 1-9-59123. Juan Silva – 8-59124. Fausto Silva – 1-29-59125. Elpidio Soler- 11-8-59126. Jseús Sosa Blanco – 2-8-59127. Renato Sosa- 6-28-59128. Sergio Sosa – 8-20-59129. Pedro Soto – 3-20-59130. Oscar Suárez – 4-30-59131. Rafael Tarrago – 2-18-59132. Teodoro Tellez Cisneros- 1-3-59133. Francisco Tellez-1-3-59134. José Tin- 1-12-59135. Francisco Travieso -1959136. Leonrardo Trujillo – 2-27-59137. Trujillo - 1959138. Lupe Valdéz Barbosa – 3-22-59139. Marcelino Valdéz – 7-21-59140. Antonio Valentín – 3-22-59141. Manuel Vázquez-3-22-59142. Sergio Vázquez-5-29-59143. Verdecia - 1959144. Dámaso Zayas -7-23-59145. José Alvarado -4-22-59146. Leonoardo Baró- 1-12-59147. Raúl Concepción Lima - 1959148. Eladio Caro – 1-4-59149. Carpintor - 1959150. Carlos Corvo Martíenz - 1959151. Juan Guillermo Cossío - 1959152. Corporal Ortega – 7-11-59153. Juan Manuel Prieto - 1959154. Antonio Valdéz Mena – 5-11-59155. Esteban Lastra – 1-59156. Juan Felipe Cruz Serafín-6-59**157. Bonifacio Grasso – 7-59158. Feliciano Almenares – 12-8-59159. Antonio Blanco Navarro – 12-10-59**160. Albeto Carola – 6-5-59161. Evaristo Guerra- 2-8-59162. Cristobal Martínez – 1-16-59163. Pedro Rodríguez – 1-10-59164. Francisco Trujillo- 2-18-59** El Che firmó la sentencia de muerte, pero la ejecución se efectuó luego de que dejara su comando.----------------------------------[1] Al final del trabajo se adjunta una lista de las personas directa o indirectamente ejecutadas por el Che y las fechas en las que fueron eliminadas. Son cerca de 200. También se incluye una nota introductoria que resume el número de víctimas mortales a lo largo de medio siglo de dictadura.[2] Carta a su primera esposa, Hilda Gadea, escrita desde suelo cubano durante la lucha contra Batista.[3] El artículo se titula Mi primo el Che, publicado en La Nación de Buenos Aires fue ampliamente reproducido. Puede leerse en la página web del Independent Institute.[4] Testimonio del comandante Jaime Costa, ex expedicionario del Granma y luego preso político del castrismo durante muchos años. Vive exiliado en Miami.[5] Exiliado en París desde los años noventa. Escribió un libro importante sobre su vida y relaciones con Guevara: Memorias de un soldado cubano. Vida y muerte de la revolución. Tusquets, Barcelona, 1997.[6] Citado por Álvaro Vargas Llosa.[7] Además de los homosexuales o de jóvenes acusados de conductas extravagantes por el largo de su cabello o por las ropas que usaban, muchos creyentes, católicos, protestantes y Testigos de Jehová fueron también internados en los campos de trabajo. Entre las personas hoy más conocidas que pasaron por esa experiencia están el cardenal Jaime Ortega Alamino y el cantautor Pablo Milanés. [8] Este es un aspecto en el que coinciden prácticamente todos los biógrafos serios, incluidos los mencionados en este trabajo. Más aún, hoy se cree que la famosa carta de despedida del Che es apócrifa y fue redactada por Fidel Castro, y públicamente divulgada por el cubano con el objeto de cerrarle la puerta de regreso a la Isla.
Carlos Alberto Montaner
Nació en La Habana, Cuba. Prolífico autor, galardonado columnista, periodista y conferencista, que fue preso político y ha ejercido como profesor en numerosas universidades. Es fundador y presidente de la Unión Liberal Cubana y vicepresidente de la Internacional Liberal
www.firmaspress.com
domingo 23 de marzo de 2008
El sistema de retenciones es perverso.
El sistema de retenciones es perverso.
Desde la pesificación asimétrica se castiga duramente a las provincias y a la agroindustria en general; esta decisión estratégica de hacer raquítico el interior y favorecer las megaurbes daña la seguridad nacional
El primer comentario, conviene señalarlo a modo de introducción, es que las políticas públicas en la mayor parte de los países del mundo subsidian la producción agropecuaria y a las zonas rurales, a fin de asegurar la ocupación del territorio y la cohesión nacional. Por el contrario, y de un modo muy agudo desde la pesificación asimétrica, en la Argentina se castiga duramente al interior y a la agroindustria en general. Esa decisión estratégica de hacer raquítico el interior y favorecer las mega urbes, daña la seguridad nacional del país y su realización como Nación. No puede existir una Nación próspera si tiene un interior débil, con el grueso de su población en inmensas ciudades, dependiendo del clientelismo urbano. Por ese camino, la Argentina afecta sus posibilidades de un futuro próspero. Entendámoslo, no se trata de un problema agro versus ciudad. El país necesita una política integral para su desarrollo. Y es la tributación exagerada y descomunal que existe sobre el interior y la producción agropecuaria, lo que produce el despoblamiento. Informalidad Permítanme hacer una afirmación contundente: el sistema de retenciones a las exportaciones es perverso, en dos dimensiones. En primer lugar, porque hace inviables las tierras marginales. Las retenciones son, para entenderlo gráficamente, como si se agrandaran los costos de transporte. Este impuesto hace que las tierras más alejadas queden desocupadas. El impacto sobre las zonas marginales de la Argentina es brutal. En segundo lugar, las retenciones nos degradan tecnológicamente. Las tecnologías modernas requieren que los insumos reciban un tratamiento similar que los productos. Si los productores se ven obligados a vender a 2 y comprar a 4, van a usar una tecnología atrasada, forzados por las condiciones económicas. No es cierto que se necesiten las retenciones, ni mucho menos de este nivel: no es cierto técnicamente, ni fiscalmente, ni para la distribución del ingreso. Por otra parte, este esquema de políticas nos quita autoridad y legitimidad para reclamar a nivel internacional. El sistema está mal diseñado. ¿Cómo vamos a reclamar al mundo que retiren los subsidios de las tesorerías de los países más desarrollados a los productos de los mismos países, si nosotros ponemos un impuesto descomunal a nuestros productos? ¿Con qué legitimidad vamos a reclamar que se acabe ese escándalo de discriminación? Nuestro argumento tiene que ser: nosotros no necesitamos ayuda, necesitamos oportunidades. Pero no las vamos a tener con las tesorerías de los países ricos subsidiando la producción competitiva con la nuestra, mientras nuestro gobierno les hace una exacción a los productores. Otra consideración significativa que está en el corazón de nuestras dificultades es la informalidad. La falta de un diseño y funcionamiento correcto del Estado ha hecho que se recurra a los sistemas más groseros y brutales, como es poner retenciones a las exportaciones. Ahora, debemos decirlo con total sinceridad: no es posible tener un sistema formal, con impuestos suecos y servicios haitianos. No es posible cobrar impuestos extravagantes. Y la Argentina tiene un régimen de impuestos extravagantes. Encima ahora tenemos a los gobiernos locales y provinciales subiendo fuertemente los tributos inmobiliarios. En el silencio político actual nos corresponde defender ese otro punto de vista: el de los contribuyentes, el de los que trabajan y producen. Eso requiere que la Argentina se comprometa a sacar los impuestos extravagantes. En el resto del mundo no existen en este nivel y generalidad los impuestos a las exportaciones, a los cheques, a las amortizaciones. Ese compromiso es parte de la reforma a realizar; se deben acabar los impuestos exorbitantes. Piñata peligrosa Otra cuestión relacionada es el problema político por excelencia de la Argentina: el federalismo. ¿Por qué tenemos esos impuestos? No sólo por la incapacidad para hacer funcionar el sistema eficazmente, sino porque son esos gravámenes los que han creado la gigantesca piñata presidencial, que prostituye nuestro sistema político. Por eso tenemos gobernadores e intendentes que se pasan de partido, se vuelven "travesti" con tal de participar de ese reparto. Si no le sacamos la piñata a los Kirchner, no hay solución. Necesitamos un replanteo integral, que requiere una reforma tributaria global. Esta debe atender a la formalidad y a crear condiciones parejas y competitivas. Debe entenderse que toda la actividad económica, necesita de una cultura ciudadana con respeto al debido proceso, y a los límites que las decisiones sobre mayores impuestos deben cumplir. Reglas parejas para todos, reglas igualitarias para los distintos sectores y ciudadanos; equidad horizontal y progresividad vertical. Para que sea el mérito y el esfuerzo lo que nos haga progresar. La cultura del trabajo, hacia eso debemos avanzar. Esa es la reforma tributaria integral: la reforma que impida la distorsión del federalismo y la concentración del poder en la presidencia de la República. Necesitamos también, para no cometer los errores de ayer, tener disciplina. Corresponde explicar algo que es vital para la producción agroindustrial y para todo el sistema productivo: ¿por qué la Argentina en el pasado tuvo atraso cambiario? ¿Por qué a veces se apreció mucho el tipo de cambio? No mintamos más: eso ocurrió en la década del 90, durante la convertibilidad, porque el Gobierno de entonces tuvo déficit público y se endeudó en US$ 110.000 millones. Nuestra propuesta en este tema es tajante. Nosotros no queremos deuda pública abultada. La deuda no genera riqueza sino pobreza. La deuda embrutece. Por eso es vital la disciplina fiscal. Creemos firmemente que lo que genera riqueza es la inversión en capital humano, en máquinas e infraestructura, no en bonos estatales. La contribución del Estado debe ser que no haya deuda pública externa neta. Debemos trabajar para que la deuda externa pública sea inferior a las reservas. Se puede asegurar que con esa regla, difícilmente tendremos atraso cambiario. Otra consideración que no se debe omitir es la característica de este impuesto no legislado, con una total ausencia de actividad parlamentaria en este aumento de las retenciones a las exportaciones, que casi se comporta de modo igual al impuesto inflacionario, es decir, la imposición sin representación. En esta deserción, la República está expuesta al saqueo; hoy son los productores, mañana... Para terminar con esa cultura, debemos comprometernos con la libertad integral, con el Estado de Derecho, con la libertad de prensa, el federalismo, la división de poderes y en última instancia, con políticas transparentes.
Por Ricardo López Murphy
Para LA NACION
Desde la pesificación asimétrica se castiga duramente a las provincias y a la agroindustria en general; esta decisión estratégica de hacer raquítico el interior y favorecer las megaurbes daña la seguridad nacional
El primer comentario, conviene señalarlo a modo de introducción, es que las políticas públicas en la mayor parte de los países del mundo subsidian la producción agropecuaria y a las zonas rurales, a fin de asegurar la ocupación del territorio y la cohesión nacional. Por el contrario, y de un modo muy agudo desde la pesificación asimétrica, en la Argentina se castiga duramente al interior y a la agroindustria en general. Esa decisión estratégica de hacer raquítico el interior y favorecer las mega urbes, daña la seguridad nacional del país y su realización como Nación. No puede existir una Nación próspera si tiene un interior débil, con el grueso de su población en inmensas ciudades, dependiendo del clientelismo urbano. Por ese camino, la Argentina afecta sus posibilidades de un futuro próspero. Entendámoslo, no se trata de un problema agro versus ciudad. El país necesita una política integral para su desarrollo. Y es la tributación exagerada y descomunal que existe sobre el interior y la producción agropecuaria, lo que produce el despoblamiento. Informalidad Permítanme hacer una afirmación contundente: el sistema de retenciones a las exportaciones es perverso, en dos dimensiones. En primer lugar, porque hace inviables las tierras marginales. Las retenciones son, para entenderlo gráficamente, como si se agrandaran los costos de transporte. Este impuesto hace que las tierras más alejadas queden desocupadas. El impacto sobre las zonas marginales de la Argentina es brutal. En segundo lugar, las retenciones nos degradan tecnológicamente. Las tecnologías modernas requieren que los insumos reciban un tratamiento similar que los productos. Si los productores se ven obligados a vender a 2 y comprar a 4, van a usar una tecnología atrasada, forzados por las condiciones económicas. No es cierto que se necesiten las retenciones, ni mucho menos de este nivel: no es cierto técnicamente, ni fiscalmente, ni para la distribución del ingreso. Por otra parte, este esquema de políticas nos quita autoridad y legitimidad para reclamar a nivel internacional. El sistema está mal diseñado. ¿Cómo vamos a reclamar al mundo que retiren los subsidios de las tesorerías de los países más desarrollados a los productos de los mismos países, si nosotros ponemos un impuesto descomunal a nuestros productos? ¿Con qué legitimidad vamos a reclamar que se acabe ese escándalo de discriminación? Nuestro argumento tiene que ser: nosotros no necesitamos ayuda, necesitamos oportunidades. Pero no las vamos a tener con las tesorerías de los países ricos subsidiando la producción competitiva con la nuestra, mientras nuestro gobierno les hace una exacción a los productores. Otra consideración significativa que está en el corazón de nuestras dificultades es la informalidad. La falta de un diseño y funcionamiento correcto del Estado ha hecho que se recurra a los sistemas más groseros y brutales, como es poner retenciones a las exportaciones. Ahora, debemos decirlo con total sinceridad: no es posible tener un sistema formal, con impuestos suecos y servicios haitianos. No es posible cobrar impuestos extravagantes. Y la Argentina tiene un régimen de impuestos extravagantes. Encima ahora tenemos a los gobiernos locales y provinciales subiendo fuertemente los tributos inmobiliarios. En el silencio político actual nos corresponde defender ese otro punto de vista: el de los contribuyentes, el de los que trabajan y producen. Eso requiere que la Argentina se comprometa a sacar los impuestos extravagantes. En el resto del mundo no existen en este nivel y generalidad los impuestos a las exportaciones, a los cheques, a las amortizaciones. Ese compromiso es parte de la reforma a realizar; se deben acabar los impuestos exorbitantes. Piñata peligrosa Otra cuestión relacionada es el problema político por excelencia de la Argentina: el federalismo. ¿Por qué tenemos esos impuestos? No sólo por la incapacidad para hacer funcionar el sistema eficazmente, sino porque son esos gravámenes los que han creado la gigantesca piñata presidencial, que prostituye nuestro sistema político. Por eso tenemos gobernadores e intendentes que se pasan de partido, se vuelven "travesti" con tal de participar de ese reparto. Si no le sacamos la piñata a los Kirchner, no hay solución. Necesitamos un replanteo integral, que requiere una reforma tributaria global. Esta debe atender a la formalidad y a crear condiciones parejas y competitivas. Debe entenderse que toda la actividad económica, necesita de una cultura ciudadana con respeto al debido proceso, y a los límites que las decisiones sobre mayores impuestos deben cumplir. Reglas parejas para todos, reglas igualitarias para los distintos sectores y ciudadanos; equidad horizontal y progresividad vertical. Para que sea el mérito y el esfuerzo lo que nos haga progresar. La cultura del trabajo, hacia eso debemos avanzar. Esa es la reforma tributaria integral: la reforma que impida la distorsión del federalismo y la concentración del poder en la presidencia de la República. Necesitamos también, para no cometer los errores de ayer, tener disciplina. Corresponde explicar algo que es vital para la producción agroindustrial y para todo el sistema productivo: ¿por qué la Argentina en el pasado tuvo atraso cambiario? ¿Por qué a veces se apreció mucho el tipo de cambio? No mintamos más: eso ocurrió en la década del 90, durante la convertibilidad, porque el Gobierno de entonces tuvo déficit público y se endeudó en US$ 110.000 millones. Nuestra propuesta en este tema es tajante. Nosotros no queremos deuda pública abultada. La deuda no genera riqueza sino pobreza. La deuda embrutece. Por eso es vital la disciplina fiscal. Creemos firmemente que lo que genera riqueza es la inversión en capital humano, en máquinas e infraestructura, no en bonos estatales. La contribución del Estado debe ser que no haya deuda pública externa neta. Debemos trabajar para que la deuda externa pública sea inferior a las reservas. Se puede asegurar que con esa regla, difícilmente tendremos atraso cambiario. Otra consideración que no se debe omitir es la característica de este impuesto no legislado, con una total ausencia de actividad parlamentaria en este aumento de las retenciones a las exportaciones, que casi se comporta de modo igual al impuesto inflacionario, es decir, la imposición sin representación. En esta deserción, la República está expuesta al saqueo; hoy son los productores, mañana... Para terminar con esa cultura, debemos comprometernos con la libertad integral, con el Estado de Derecho, con la libertad de prensa, el federalismo, la división de poderes y en última instancia, con políticas transparentes.
Por Ricardo López Murphy
Para LA NACION
La gente de campo...
Amigos:
La gente de campo a partir de las medidas implementadas recientemente han caído en la falta de respeto a los derechos de los demás al cortar las rutas e impedir la libre circulación tal como los piqueteros,... camioneros y demás provocadores gremiales y grupos de extremistas...
Si no empiezan a respetar los derechos de los demás NO PUEDEN EXIGIR que se respete sus derechos a tener reglas de juego claras y perdurables.
Mis hijos con mis dos nietitos, así como mucha otra gente, sufrieron la BARBARIE de la "GENTE DE CAMPO" si así se los puede llamar,... al tener que esperar 6 horas en plena ruta (cerca de Paraná) bajo el sol a que estos "DELINCUENTES" se dignaran dejarlos pasar y recién a las 19:30 hs lo pudieron hacer,.. debiendo luego viajar de noche. NO TIENEN DERECHO,... y lamentablemente las autoridades,... es decir Justicia y por ende la Policía no hacen nada para ASEGURAR los derechos de la población,... terminamos sindo rehenes de los piqueteros,... el año pasado de los camioneros y ahora de estos imberbes que no tienen mejor forma de defender sus derechos que coartar la de los demás.... esto es ANARQUIA y vamos mal...
Pueden realizar el paro que deseen,... ellos producen y pueden dejar de hacerlo, pueden manifestarse libremente,... pero no pueden avanzar sobre los derechos de los demás,... esto es INCONSTITUCIONAL...
Si quieres combatir el canibalismo no puedes comerte a tu enemigo... los derechos y las leyes estan por encima de cualquier interés sectorial por más legítimo que se pretenda sea,... y los que defendemos ésto debemos resaltar estas barbaridades y que ellos sepan que no coincidimos con la frase de los extremistas que el "fin justifica los medios"...
Leo
La gente de campo a partir de las medidas implementadas recientemente han caído en la falta de respeto a los derechos de los demás al cortar las rutas e impedir la libre circulación tal como los piqueteros,... camioneros y demás provocadores gremiales y grupos de extremistas...
Si no empiezan a respetar los derechos de los demás NO PUEDEN EXIGIR que se respete sus derechos a tener reglas de juego claras y perdurables.
Mis hijos con mis dos nietitos, así como mucha otra gente, sufrieron la BARBARIE de la "GENTE DE CAMPO" si así se los puede llamar,... al tener que esperar 6 horas en plena ruta (cerca de Paraná) bajo el sol a que estos "DELINCUENTES" se dignaran dejarlos pasar y recién a las 19:30 hs lo pudieron hacer,.. debiendo luego viajar de noche. NO TIENEN DERECHO,... y lamentablemente las autoridades,... es decir Justicia y por ende la Policía no hacen nada para ASEGURAR los derechos de la población,... terminamos sindo rehenes de los piqueteros,... el año pasado de los camioneros y ahora de estos imberbes que no tienen mejor forma de defender sus derechos que coartar la de los demás.... esto es ANARQUIA y vamos mal...
Pueden realizar el paro que deseen,... ellos producen y pueden dejar de hacerlo, pueden manifestarse libremente,... pero no pueden avanzar sobre los derechos de los demás,... esto es INCONSTITUCIONAL...
Si quieres combatir el canibalismo no puedes comerte a tu enemigo... los derechos y las leyes estan por encima de cualquier interés sectorial por más legítimo que se pretenda sea,... y los que defendemos ésto debemos resaltar estas barbaridades y que ellos sepan que no coincidimos con la frase de los extremistas que el "fin justifica los medios"...
Leo
Un país sin retenciones.
Un país sin retenciones.
Desde que el Estado conduce las políticas económicas estamos en manos de los irresponsables de turno. Está claro, que no llegamos hasta aquí por casualidad, sino por el progresivo avance de las ideologías que promueven las políticas activas y la mano salvadora del Estado para resolver lo que el mercado, según ellos, no puede solucionar.
Bajo estas ideas que nos gobiernan hace décadas en el mundo y particularmente en América Latina, nuestro país está recorriendo un camino cada vez más perverso.
El desabastecimiento, los controles de precios, la inflación, las retenciones, la carga impositiva, los subsidios, los planes sociales, son sólo algunos de los componentes de este inmoral régimen que no sólo no ha traído progreso, sino cada vez más distorsiones.
Para colmo de males, esta forma de pensar, goza de un manto de cobertura moral que justifica en forma ciega cada una de las decisiones que involucra, olvidando que cuando alguien decide redistribuir, lo que está haciendo es sacarles a unos para entregarles a otros, y por lo tanto ignorando la propiedad que cada uno de nosotros tenemos sobre el fruto de nuestro trabajo.
En este contexto, esta gestión, la actual, no sólo que sigue avanzando sino que perfecciona un discurso cada vez más retorcido e inmoral. A no equivocarse, no se trata de las personas. No tiene que ver con el circunstancial funcionario de turno, sea este electo o no. NO es la Presidente, ni el ministro ni sus secretarios. Es bastante más profundo. Es la ideología que nos gobierna, con estos u otros protagonistas.
La situación actual, en este caso la del campo, sólo sirve como otro ejemplo mas de cómo razonan, de cuán perversa puede ser esta forma de pensar y ver a la economía.
Los precios internacionales están en su mejor momento. Nosotros, los argentinos podemos ufanarnos de ser un proveedor privilegiado por las riquezas que disponemos, con tierras especialmente generosas y una habilidad innata para desarrollarlas.
Sabemos, a estas alturas, que la cuestión entre gobierno y campo, es un tema ideológico, que va más allá de lo recaudatorio. Ya no se trata solo de buscar alternativas para financiar las aventuras políticas de los detentadores del poder, sino más bien, de una revancha económica que impida que ese sector de la sociedad pueda sacar la cabeza más de la cuenta.
El contexto internacional es favorable a la Argentina. Somos productores de aquello cuyo valor económico circunstancialmente sube por una cuestión propia del mercado, ese mercado al que denostamos por su imperfección, pero del que estamos aprovechándonos para obtener el máximo rédito no sólo en el sector privado, sino también en el público vía impuestos.
Cuando el ministro de economía dice que "si fuera por el campo no habría retenciones" tiene razón. Y está bien. No se entiende qué le molesta al Ministro en este punto.
Las retenciones NO son una bendición sino un distorsionador del mercado. ¿Qué cree el Ministro y sus representados que sucedería sin retenciones ?. El primer impacto evidente es que el Estado Nacional no recaudaría como lo hace hoy. Esto por supuesto tendría importantes consecuencias en su estrategia de despliegue político partidario electoral, ya que se quedaría sin una de sus más seductoras herramientas de poder, el dinero. A nadie escapa que ese dinero, y no el carisma de los líderes de turno, es lo que le permite dominar a gobiernos provinciales y municipales en casi todo el territorio. Ese mismo dinero que le posibilita destinar subsidios a los sectores económicos que se articulan ( por utilizar un lenguaje educado ) y aprueban sus políticas, no sin antes obtener una jugosa recompensa material por dicho apoyo.
Intentan controlar los precios internos y asegurar el abastecimiento, evitar que los productores dejen de producir algo menos rentable o que nuestros campos migren desde actividades menos rentables a más rentables.
Al mercado no hay que regularlo, mucho menos sujetarlo, el arte consiste en interpretarlo. Estamos en un momento especial, el mundo demanda alimentos, esos que nosotros producimos con mayor facilidad que muchas otras naciones. Es tiempo de obtener el máximo provecho de esas circunstancias.
Es el mercado y no el gobierno quienes pueden decodificar esa información. El gobierno no sabe como se hace, no son productores, no conocen nada del campo, tampoco de otras cuestiones. Si el país quiere crecer y recuperar su protagonismo, debe animarse a más, y para ello, las retenciones son un corset que sólo nos impiden seguir avanzando.
El ministro tiene razón, si fuera por el campo no habría retenciones. El gobierno le tiene miedo a las ganancias, suponen ingenuamente que los productores mejoraran su estándar de vida con los dividendos que logran desconociendo algo básico en la naturaleza humana, el ansia de progreso.
Los hombres de campo, como los de ciudad, no sólo trabajan para conseguir un progreso económico circunstancial, lo hacen porque aman lo que hacen, y porque creen en la sana ambición de crecer y ver crecer a los que los rodean. El campo ha dado pruebas de ello en reiteradas oportunidades. Cuando gana, reinvierte y va por más.
No hay que temerle al mercado. Hay que animarse a respetarlo y subirse a la ola de las oportunidades.
El gobierno le teme al mercado, odia ideológicamente a la rentabilidad, creyendo que sabe cuál es la razonable de cada actividad, tomándose la atribución de decidir cuánto debe ganar cada argentino, sean estos asalariados o emprendedores.
Se equivoca el gobierno y mucho. Este no es el camino del progreso. Proyectar sus propias limitaciones no nos llevará a buen puerto. Aunque es difícil creer que la ideología reinante nos pueda sacar de esta retorcida manera de entender la economía, aun estamos a tiempo de soñar con un país sin retenciones.
Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783 -15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina
Desde que el Estado conduce las políticas económicas estamos en manos de los irresponsables de turno. Está claro, que no llegamos hasta aquí por casualidad, sino por el progresivo avance de las ideologías que promueven las políticas activas y la mano salvadora del Estado para resolver lo que el mercado, según ellos, no puede solucionar.
Bajo estas ideas que nos gobiernan hace décadas en el mundo y particularmente en América Latina, nuestro país está recorriendo un camino cada vez más perverso.
El desabastecimiento, los controles de precios, la inflación, las retenciones, la carga impositiva, los subsidios, los planes sociales, son sólo algunos de los componentes de este inmoral régimen que no sólo no ha traído progreso, sino cada vez más distorsiones.
Para colmo de males, esta forma de pensar, goza de un manto de cobertura moral que justifica en forma ciega cada una de las decisiones que involucra, olvidando que cuando alguien decide redistribuir, lo que está haciendo es sacarles a unos para entregarles a otros, y por lo tanto ignorando la propiedad que cada uno de nosotros tenemos sobre el fruto de nuestro trabajo.
En este contexto, esta gestión, la actual, no sólo que sigue avanzando sino que perfecciona un discurso cada vez más retorcido e inmoral. A no equivocarse, no se trata de las personas. No tiene que ver con el circunstancial funcionario de turno, sea este electo o no. NO es la Presidente, ni el ministro ni sus secretarios. Es bastante más profundo. Es la ideología que nos gobierna, con estos u otros protagonistas.
La situación actual, en este caso la del campo, sólo sirve como otro ejemplo mas de cómo razonan, de cuán perversa puede ser esta forma de pensar y ver a la economía.
Los precios internacionales están en su mejor momento. Nosotros, los argentinos podemos ufanarnos de ser un proveedor privilegiado por las riquezas que disponemos, con tierras especialmente generosas y una habilidad innata para desarrollarlas.
Sabemos, a estas alturas, que la cuestión entre gobierno y campo, es un tema ideológico, que va más allá de lo recaudatorio. Ya no se trata solo de buscar alternativas para financiar las aventuras políticas de los detentadores del poder, sino más bien, de una revancha económica que impida que ese sector de la sociedad pueda sacar la cabeza más de la cuenta.
El contexto internacional es favorable a la Argentina. Somos productores de aquello cuyo valor económico circunstancialmente sube por una cuestión propia del mercado, ese mercado al que denostamos por su imperfección, pero del que estamos aprovechándonos para obtener el máximo rédito no sólo en el sector privado, sino también en el público vía impuestos.
Cuando el ministro de economía dice que "si fuera por el campo no habría retenciones" tiene razón. Y está bien. No se entiende qué le molesta al Ministro en este punto.
Las retenciones NO son una bendición sino un distorsionador del mercado. ¿Qué cree el Ministro y sus representados que sucedería sin retenciones ?. El primer impacto evidente es que el Estado Nacional no recaudaría como lo hace hoy. Esto por supuesto tendría importantes consecuencias en su estrategia de despliegue político partidario electoral, ya que se quedaría sin una de sus más seductoras herramientas de poder, el dinero. A nadie escapa que ese dinero, y no el carisma de los líderes de turno, es lo que le permite dominar a gobiernos provinciales y municipales en casi todo el territorio. Ese mismo dinero que le posibilita destinar subsidios a los sectores económicos que se articulan ( por utilizar un lenguaje educado ) y aprueban sus políticas, no sin antes obtener una jugosa recompensa material por dicho apoyo.
Intentan controlar los precios internos y asegurar el abastecimiento, evitar que los productores dejen de producir algo menos rentable o que nuestros campos migren desde actividades menos rentables a más rentables.
Al mercado no hay que regularlo, mucho menos sujetarlo, el arte consiste en interpretarlo. Estamos en un momento especial, el mundo demanda alimentos, esos que nosotros producimos con mayor facilidad que muchas otras naciones. Es tiempo de obtener el máximo provecho de esas circunstancias.
Es el mercado y no el gobierno quienes pueden decodificar esa información. El gobierno no sabe como se hace, no son productores, no conocen nada del campo, tampoco de otras cuestiones. Si el país quiere crecer y recuperar su protagonismo, debe animarse a más, y para ello, las retenciones son un corset que sólo nos impiden seguir avanzando.
El ministro tiene razón, si fuera por el campo no habría retenciones. El gobierno le tiene miedo a las ganancias, suponen ingenuamente que los productores mejoraran su estándar de vida con los dividendos que logran desconociendo algo básico en la naturaleza humana, el ansia de progreso.
Los hombres de campo, como los de ciudad, no sólo trabajan para conseguir un progreso económico circunstancial, lo hacen porque aman lo que hacen, y porque creen en la sana ambición de crecer y ver crecer a los que los rodean. El campo ha dado pruebas de ello en reiteradas oportunidades. Cuando gana, reinvierte y va por más.
No hay que temerle al mercado. Hay que animarse a respetarlo y subirse a la ola de las oportunidades.
El gobierno le teme al mercado, odia ideológicamente a la rentabilidad, creyendo que sabe cuál es la razonable de cada actividad, tomándose la atribución de decidir cuánto debe ganar cada argentino, sean estos asalariados o emprendedores.
Se equivoca el gobierno y mucho. Este no es el camino del progreso. Proyectar sus propias limitaciones no nos llevará a buen puerto. Aunque es difícil creer que la ideología reinante nos pueda sacar de esta retorcida manera de entender la economía, aun estamos a tiempo de soñar con un país sin retenciones.
Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783 -15602694
Corrientes – Corrientes - Argentina
La metáfora del zorro y el puercoespín
La metáfora del zorro y el puercoespín
Por Mariano Grondona
Para La Nación
Domingo 23 de marzo de 2008
La metáfora, según Aristóteles, consiste en "darle a una cosa un nombre que pertenece a otra". El prefijo griego meta- da una idea de "traslación", de llevar a una palabra más allá de su límite original. Así, en la propia obra de Aristóteles, su libro sobre La Metafísica vino a significar lo que estaba más allá de otro libro, La Física, al que trascendía. En su libro El nuevo mundo del zorro gótico ( The New World of the Gothic Fox, University of California Press), el autor chileno Claudio Véliz explica que la metáfora es el encuentro entre algo que apenas conocemos y algo que conocemos bien, por ejemplo cuando decimos que un atleta tiene "corazón de león", con lo cual explicamos el misterio de su extraordinario talante con la ayuda de una metáfora. Cuando hablamos de nuestros rugbiers, ¿no los llamamos acaso Pumas ? Al arrojar la luz de una palabra conocida sobre la penumbra de una realidad menos conocida, iluminamos su esencia. Esto explica por qué la metáfora, dado su alto valor didáctico, es tan usada en la filosofía y en la literatura. Después de explicar el sentido didáctico de la metáfora, el propio Claudio Véliz acuña la suya en el libro mencionado al decir que al Nuevo Mundo acudieron, con la colonización, dos opuestas culturas europeas; una, la del zorro , de sesgo anglosajón, y otra, la del puercoespín , de cuño español. El zorro ama los espacios abiertos y acepta los riesgos de la aventura. El puercoespín, que es un pequeño roedor recubierto de espinas, huye, en cambio, del riesgo y, cuando las cosas se ponen feas, se envuelve como una bolita. El "caos" capitalista El capitalismo que hoy prevalece en el mundo encarna, según Véliz, la cultura del zorro. Su emblema es promover el progreso a través de la competencia. Según la famosa definición de Schumpeter, la clave del capitalismo es "la destrucción creativa" entre los competidores. Como consecuencia de ella, los más eficientes se expanden y los menos eficientes se caen. En su reciente Memorias , el hasta ayer presidente de la Reserva Federal norteamericana, Alan Greenspan, adhiere a la libre competencia, porque ella, al estimular a las empresas con "el aliento en la nuca" de sus competidoras, las obliga a mejorar so pena de perecer. Este es, según él, el único mecanismo conocido del progreso económico. Por eso que haya quiebras no es malo, sino finalmente bueno porque indica que el furor de la "destrucción creativa" está funcionando. Pero Greenspan reconoce también que, al inducir a las empresas y a las personas a superarse cada día mediante este severo mecanismo, el capitalismo genera en ellas y en las sociedades que las albergan un estrés tan intenso que las tienta en dirección del proteccionismo. Lo cual es otra manera de admitir que la lucha secular entre la cultura del zorro y la cultura del puercoespín no ha cesado. La crisis económica mundial a la que ahora asistimos, por ello, si de un lado será beneficiosa para los "zorros", porque premiará finalmente a los eficientes y castigará a los ineficientes, del otro genera tal alarma entre los que temen perder que los lleva a enrollarse como el puercoespín. La historia sería entonces una sucesión de ciclos del zorro y ciclos del puercoespín que obligaría a los hombres de Estado, a los pocos sabios que en el mundo quedan, a buscar una síntesis superadora. Lo que no puede hacerse es pretender los beneficios del zorro sin asumir los riesgos de los que huye el puercoespín.Las oleadas de la expansión capitalista, una de las cuales hemos tenido y enfrenta ahora el peligro de la recesión, conllevan tarde o temprano el riesgo del recalentamiento. Es que todo gran progreso implica tarde o temprano un regreso, aunque sea menor. Era utópico pretender una progresión indefinida, sin sobresaltos, porque el capitalismo, como toda creación humana, es imperfecto. Países como los Estados Unidos, China, Chile o Brasil, después de aprovechar los buenos tiempos, sufrirán por un tiempo la contraola. Ninguno de los países que se benefició con la expansión debería renunciar ahora a ellapor temor a la contraola y arrollarse, llevados por el pánico, en la bolita del puercoespín. El desacople Como lo está demostrando el agudo conflicto entre el Gobierno y el campo, en la Argentina se han trabado en combate el zorro y el puercoespín. Respondiendo a la lógica competitiva, el campo ha aprovechado en estos últimos años la expansión capitalista que le ha ofrecido precios nunca vistos a cambio de lo que el campo, por su parte, supo hacer: una extraordinaria revolución tecnológica. Si el Gobierno hubiera aceptado esta lógica del zorro, la Argentina habría sobresalido por delante de casi todos los países con el crecimiento sin par de sus exportaciones y con la atracción de un aluvión de inversiones de origen interno y externo capaz de hacerle atravesar la frontera entre el subdesarrollo y el desarrollo. Lanzado en esta dirección, el Estado podría haber recaudado sumas inimaginables para volcarlas en el resto de la sociedad aún no competitiva sin matar por eso a la gallina de los huevos de oro. Pero quiso el destino que el campo tuviera que convivir en estos años con un Gobierno que es una de las expresiones más acabadas de nuestro tiempo de la cultura del puercoespín y esto a un punto tal que ahora se ufana del "desacople" que lo ha aislado de la economía mundial. Por eso el Gobierno sólo vio en el campo, más que una revolución económica y social de extraordinaria potencialidad, una excelente ocasión para financiar su propio proyecto en dirección de una economía cerrada al mundo y totalmente controlada por él y por los amigos del poder gracias a las retenciones. En una primera fase, las retenciones fueron aceptadas por el campo como una intromisión malvenida, aunque tolerable. Pero la escalada del Gobierno contra el campo atravesó varias fases. En un primer momento, el Poder Ejecutivo prohibió primero y minimizó después las exportaciones de carnes. Después les llegó el turno al trigo y a la lechería. Todo esto fue tolerado únicamente, porque ganaderos, trigueros y lecheros pudieron refugiarse en la soja. Al invadir ahora este refugio final del campo, el Gobierno le ha cerrado la única puerta que le quedaba abierta sin darse cuenta de que, mientras las explotaciones anteriores eran, en el límite, sacrificables, la soja había llegado a cubrir todo el país, del Chaco hasta los bordes de la Patagonia, a todos los productores grandes y pequeños, e incluso a los pueblos y ciudades colindantes. Si, llevado por un falso orgullo, el Gobierno se niega a dialogar ahora con el campo y si la gente del campo no ve por su parte otra salida, entonces los argentinos quedaremos frente a una fractura, a una división, de imprevisibles consecuencias En su Ensayos sobre el gobierno civil, John Locke imaginó una parábola. Supuso que dos príncipes necesitaban recaudar más, porque estaban al borde de la guerra. Uno de ellos, necio, apretó entonces al pueblo con nuevos y pesados impuestos hasta que los contribuyentes se fundieron o dijeron "basta". El otro, sabio, hasta bajó los impuestos para que el pueblo prosperara y, cuando esto ocurrió, le bastó un leve incremento para llenar sus arcas. De más está decir cuál de los dos príncipes, unos años después, ganó la guerra.
Por Mariano Grondona
Para La Nación
Domingo 23 de marzo de 2008
La metáfora, según Aristóteles, consiste en "darle a una cosa un nombre que pertenece a otra". El prefijo griego meta- da una idea de "traslación", de llevar a una palabra más allá de su límite original. Así, en la propia obra de Aristóteles, su libro sobre La Metafísica vino a significar lo que estaba más allá de otro libro, La Física, al que trascendía. En su libro El nuevo mundo del zorro gótico ( The New World of the Gothic Fox, University of California Press), el autor chileno Claudio Véliz explica que la metáfora es el encuentro entre algo que apenas conocemos y algo que conocemos bien, por ejemplo cuando decimos que un atleta tiene "corazón de león", con lo cual explicamos el misterio de su extraordinario talante con la ayuda de una metáfora. Cuando hablamos de nuestros rugbiers, ¿no los llamamos acaso Pumas ? Al arrojar la luz de una palabra conocida sobre la penumbra de una realidad menos conocida, iluminamos su esencia. Esto explica por qué la metáfora, dado su alto valor didáctico, es tan usada en la filosofía y en la literatura. Después de explicar el sentido didáctico de la metáfora, el propio Claudio Véliz acuña la suya en el libro mencionado al decir que al Nuevo Mundo acudieron, con la colonización, dos opuestas culturas europeas; una, la del zorro , de sesgo anglosajón, y otra, la del puercoespín , de cuño español. El zorro ama los espacios abiertos y acepta los riesgos de la aventura. El puercoespín, que es un pequeño roedor recubierto de espinas, huye, en cambio, del riesgo y, cuando las cosas se ponen feas, se envuelve como una bolita. El "caos" capitalista El capitalismo que hoy prevalece en el mundo encarna, según Véliz, la cultura del zorro. Su emblema es promover el progreso a través de la competencia. Según la famosa definición de Schumpeter, la clave del capitalismo es "la destrucción creativa" entre los competidores. Como consecuencia de ella, los más eficientes se expanden y los menos eficientes se caen. En su reciente Memorias , el hasta ayer presidente de la Reserva Federal norteamericana, Alan Greenspan, adhiere a la libre competencia, porque ella, al estimular a las empresas con "el aliento en la nuca" de sus competidoras, las obliga a mejorar so pena de perecer. Este es, según él, el único mecanismo conocido del progreso económico. Por eso que haya quiebras no es malo, sino finalmente bueno porque indica que el furor de la "destrucción creativa" está funcionando. Pero Greenspan reconoce también que, al inducir a las empresas y a las personas a superarse cada día mediante este severo mecanismo, el capitalismo genera en ellas y en las sociedades que las albergan un estrés tan intenso que las tienta en dirección del proteccionismo. Lo cual es otra manera de admitir que la lucha secular entre la cultura del zorro y la cultura del puercoespín no ha cesado. La crisis económica mundial a la que ahora asistimos, por ello, si de un lado será beneficiosa para los "zorros", porque premiará finalmente a los eficientes y castigará a los ineficientes, del otro genera tal alarma entre los que temen perder que los lleva a enrollarse como el puercoespín. La historia sería entonces una sucesión de ciclos del zorro y ciclos del puercoespín que obligaría a los hombres de Estado, a los pocos sabios que en el mundo quedan, a buscar una síntesis superadora. Lo que no puede hacerse es pretender los beneficios del zorro sin asumir los riesgos de los que huye el puercoespín.Las oleadas de la expansión capitalista, una de las cuales hemos tenido y enfrenta ahora el peligro de la recesión, conllevan tarde o temprano el riesgo del recalentamiento. Es que todo gran progreso implica tarde o temprano un regreso, aunque sea menor. Era utópico pretender una progresión indefinida, sin sobresaltos, porque el capitalismo, como toda creación humana, es imperfecto. Países como los Estados Unidos, China, Chile o Brasil, después de aprovechar los buenos tiempos, sufrirán por un tiempo la contraola. Ninguno de los países que se benefició con la expansión debería renunciar ahora a ellapor temor a la contraola y arrollarse, llevados por el pánico, en la bolita del puercoespín. El desacople Como lo está demostrando el agudo conflicto entre el Gobierno y el campo, en la Argentina se han trabado en combate el zorro y el puercoespín. Respondiendo a la lógica competitiva, el campo ha aprovechado en estos últimos años la expansión capitalista que le ha ofrecido precios nunca vistos a cambio de lo que el campo, por su parte, supo hacer: una extraordinaria revolución tecnológica. Si el Gobierno hubiera aceptado esta lógica del zorro, la Argentina habría sobresalido por delante de casi todos los países con el crecimiento sin par de sus exportaciones y con la atracción de un aluvión de inversiones de origen interno y externo capaz de hacerle atravesar la frontera entre el subdesarrollo y el desarrollo. Lanzado en esta dirección, el Estado podría haber recaudado sumas inimaginables para volcarlas en el resto de la sociedad aún no competitiva sin matar por eso a la gallina de los huevos de oro. Pero quiso el destino que el campo tuviera que convivir en estos años con un Gobierno que es una de las expresiones más acabadas de nuestro tiempo de la cultura del puercoespín y esto a un punto tal que ahora se ufana del "desacople" que lo ha aislado de la economía mundial. Por eso el Gobierno sólo vio en el campo, más que una revolución económica y social de extraordinaria potencialidad, una excelente ocasión para financiar su propio proyecto en dirección de una economía cerrada al mundo y totalmente controlada por él y por los amigos del poder gracias a las retenciones. En una primera fase, las retenciones fueron aceptadas por el campo como una intromisión malvenida, aunque tolerable. Pero la escalada del Gobierno contra el campo atravesó varias fases. En un primer momento, el Poder Ejecutivo prohibió primero y minimizó después las exportaciones de carnes. Después les llegó el turno al trigo y a la lechería. Todo esto fue tolerado únicamente, porque ganaderos, trigueros y lecheros pudieron refugiarse en la soja. Al invadir ahora este refugio final del campo, el Gobierno le ha cerrado la única puerta que le quedaba abierta sin darse cuenta de que, mientras las explotaciones anteriores eran, en el límite, sacrificables, la soja había llegado a cubrir todo el país, del Chaco hasta los bordes de la Patagonia, a todos los productores grandes y pequeños, e incluso a los pueblos y ciudades colindantes. Si, llevado por un falso orgullo, el Gobierno se niega a dialogar ahora con el campo y si la gente del campo no ve por su parte otra salida, entonces los argentinos quedaremos frente a una fractura, a una división, de imprevisibles consecuencias En su Ensayos sobre el gobierno civil, John Locke imaginó una parábola. Supuso que dos príncipes necesitaban recaudar más, porque estaban al borde de la guerra. Uno de ellos, necio, apretó entonces al pueblo con nuevos y pesados impuestos hasta que los contribuyentes se fundieron o dijeron "basta". El otro, sabio, hasta bajó los impuestos para que el pueblo prosperara y, cuando esto ocurrió, le bastó un leve incremento para llenar sus arcas. De más está decir cuál de los dos príncipes, unos años después, ganó la guerra.
sábado 22 de marzo de 2008
El liderazgo del campo argentino
Posiblemente al pedido de retrotraer los porcentajes que se pretende aplicar a la soja, se agreguen otras que podrían incluir el pedido de renuncia del secretario de Comercio interior, Guillermo Moreno y hasta del mismo ministro de Economía.
El gobierno no entiende la realidad del nuevo escenario que se inauguró a partir del anuncio de las nuevas medidas fiscales, anuncio que fue algo así como el detonante de un problema que se incubaba desde hace mucho y necesitó "la gota que rebalse el vaso" para exteriorizarse con una intensidad que no es completamente reflejada por los medios periodísticos. La producción, sin diferencias entre sectores internos o pertenencias a las diversas entidades representativas, se ha lanzado espontáneamente a exigir correcciones y poner de manifiesto el hartazgo por lo que ocurre, creándole al gobierno un serio problema político que el gobierno mismo se encarga de profundizar. En vez de descomprimir lo que ocurre, el kirchnerismo tomó el camino inverso y buscó agredir al campo a través de los noticieros electrónicos que controla o del piquetero Luis D’Elía que convocó a una concentración para el próximo jueves frente a las instalaciones que la Sociedad Rural Argentina posee en el centro capitalino. La ignorancia que representa esta medida se evidencia en el lenguaje empleado por D’Elía clásico de los años cuarenta y de los comunicados de las bandas guerrilleras de los setenta y la falta de entendimiento de lo que significan las otras grandes instituciones, como el movimiento confederado adherido a CRA o aquellos pertenecientes a la Federación Agraria y CONINAGRO, su brazo comercial cooperativo. Como si esto fuera poco, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, repitió anoche conceptos parecidos y demostró que no entendía la realidad socio económica del campo, de las bases que sin distinciones salió a las rutas a manifestarse y adoptar actitudes directas y al hecho que todos conocen menos los funcionarios: los piquetes rebasaron a las mismas instituciones representativas de la producción y quienes lo integran gozan de la simpatía expresa de otras actividades, como los comerciantes, profesionales del interior y de todo aquel que directa o indirectamente está vinculado con el campo. Más aún y frente al hecho concreto del desabastecimiento que se agudizará la semana próxima, la opinión pública se identifica con el movimiento y acepta los inconvenientes que se producen.
La falta de combustible se agudizará antes de que concluya la Semana Santa y a esta altura de los acontecimientos se registran faltantes de diversos productos en las góndolas de los supermercados.
Quienes tuvimos la oportunidad de concurrir a distintos piquetes del centro de la provincia de Buenos Aires, pudimos observar el grado de decisión y organización de quienes comenzaron a formar un movimiento de intensidades imprevisibles. Se organizan turnos rotativos, hay grupos logísticos que suministran alimentos y atienden a quienes pasan horas y horas al frente de los cortes y hasta vuelan aviones que sin que se los pidan, recorren los distintos cruces de rutas para recoger información. En algunos casos, hubo camiones que intentaron forzar el paso pero desistieron cuando pudieron apreciar que era verdad de que "a tiros te quedás sin gomas", bastante caras, por cierto. Otro factor que coadyuva a profundizar este estado de cosas, es el grado de conocimiento personal que existe en el interior entre quienes desempeñan distintas actividades, especialmente cuando éstas giran en torno del agro. Desde el policía, el camionero local, el agricultor o ganadero, el mecánico, el médico o el abogado, suelen conocerse desde la infancia, tienen amigos comunes y lazos de parentesco que se afirman en medio de la crisis. Por lo general, de una u otra forma, todos están vinculados con el agro y saben que si éste carece de recursos "todos perdemos", un componente del que existe memoria entre la población
De allí que el anuncio que acaba de formular el secretario de la CGT, Hugo Moyano, en el sentido de que enviaría camiones a romper los piquetes, añade un factor de alarma y de segura profundización del conflicto. "Que vengan y veremos quien gana", se oye decir en los distintos piquetes de productores, por lo que puede vaticinarse que el propio gobierno acelerará y profundizará un problema cuya única salida es la reducción de las retenciones y la creación de una política agropecuaria, hasta ahora totalmente inexistente.
Por otra parte, en lo que podríamos definir como "los estados mayores de los piquetes", se afirma que éstos se extenderán hacia otros puntos del país "llueva o no llueva", que superarán ampliamente los más de 400 cortes que existen hasta el momento y que "Moyano sólo controla al sector camionero de la Capital Federal", insuficiente para actuar como lo pretende. A esto debe agregarse la reticencia de los dueños a exponer sus unidades de transporte, de gran valor, a que sean incendiadas, volcadas o destruidas por otros medios. A Moyano el cargo le permitió convertirse en estanciero, pero en este caso se puso al servicio del Gobierno que le facilitó las condiciones nunca explicadas, de crecer económicamente mientras sus asociados se dedican a manejar kilómetros y kilómetros.
Por otra parte, el fenómeno que comentamos no solamente incuba una faceta económica que impide a los productores cumplir, entre otras, con sus obligaciones crediticias, todo lo cual, sumado al estado de ánimo agravado y acelerado después de tantas horas en las rutas y a las agresiones verbales de los funcionarios, no puede desprenderse de otro hecho en el cual pocos han reparado: las retenciones son un impuesto nacional cuyos fondos caen en un pozo negro, sin mayores explicaciones oficiales. De allí que no son pocos los gobernadores e intendentes municipales que se incorporan todavía en silencio, al movimiento agropecuario que lidera un estado general de protesta y requiere una unidad de conducción que hasta podría tener un importante destino político.
Por Carlos Manuel Acuña
El gobierno no entiende la realidad del nuevo escenario que se inauguró a partir del anuncio de las nuevas medidas fiscales, anuncio que fue algo así como el detonante de un problema que se incubaba desde hace mucho y necesitó "la gota que rebalse el vaso" para exteriorizarse con una intensidad que no es completamente reflejada por los medios periodísticos. La producción, sin diferencias entre sectores internos o pertenencias a las diversas entidades representativas, se ha lanzado espontáneamente a exigir correcciones y poner de manifiesto el hartazgo por lo que ocurre, creándole al gobierno un serio problema político que el gobierno mismo se encarga de profundizar. En vez de descomprimir lo que ocurre, el kirchnerismo tomó el camino inverso y buscó agredir al campo a través de los noticieros electrónicos que controla o del piquetero Luis D’Elía que convocó a una concentración para el próximo jueves frente a las instalaciones que la Sociedad Rural Argentina posee en el centro capitalino. La ignorancia que representa esta medida se evidencia en el lenguaje empleado por D’Elía clásico de los años cuarenta y de los comunicados de las bandas guerrilleras de los setenta y la falta de entendimiento de lo que significan las otras grandes instituciones, como el movimiento confederado adherido a CRA o aquellos pertenecientes a la Federación Agraria y CONINAGRO, su brazo comercial cooperativo. Como si esto fuera poco, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, repitió anoche conceptos parecidos y demostró que no entendía la realidad socio económica del campo, de las bases que sin distinciones salió a las rutas a manifestarse y adoptar actitudes directas y al hecho que todos conocen menos los funcionarios: los piquetes rebasaron a las mismas instituciones representativas de la producción y quienes lo integran gozan de la simpatía expresa de otras actividades, como los comerciantes, profesionales del interior y de todo aquel que directa o indirectamente está vinculado con el campo. Más aún y frente al hecho concreto del desabastecimiento que se agudizará la semana próxima, la opinión pública se identifica con el movimiento y acepta los inconvenientes que se producen.
La falta de combustible se agudizará antes de que concluya la Semana Santa y a esta altura de los acontecimientos se registran faltantes de diversos productos en las góndolas de los supermercados.
Quienes tuvimos la oportunidad de concurrir a distintos piquetes del centro de la provincia de Buenos Aires, pudimos observar el grado de decisión y organización de quienes comenzaron a formar un movimiento de intensidades imprevisibles. Se organizan turnos rotativos, hay grupos logísticos que suministran alimentos y atienden a quienes pasan horas y horas al frente de los cortes y hasta vuelan aviones que sin que se los pidan, recorren los distintos cruces de rutas para recoger información. En algunos casos, hubo camiones que intentaron forzar el paso pero desistieron cuando pudieron apreciar que era verdad de que "a tiros te quedás sin gomas", bastante caras, por cierto. Otro factor que coadyuva a profundizar este estado de cosas, es el grado de conocimiento personal que existe en el interior entre quienes desempeñan distintas actividades, especialmente cuando éstas giran en torno del agro. Desde el policía, el camionero local, el agricultor o ganadero, el mecánico, el médico o el abogado, suelen conocerse desde la infancia, tienen amigos comunes y lazos de parentesco que se afirman en medio de la crisis. Por lo general, de una u otra forma, todos están vinculados con el agro y saben que si éste carece de recursos "todos perdemos", un componente del que existe memoria entre la población
De allí que el anuncio que acaba de formular el secretario de la CGT, Hugo Moyano, en el sentido de que enviaría camiones a romper los piquetes, añade un factor de alarma y de segura profundización del conflicto. "Que vengan y veremos quien gana", se oye decir en los distintos piquetes de productores, por lo que puede vaticinarse que el propio gobierno acelerará y profundizará un problema cuya única salida es la reducción de las retenciones y la creación de una política agropecuaria, hasta ahora totalmente inexistente.
Por otra parte, en lo que podríamos definir como "los estados mayores de los piquetes", se afirma que éstos se extenderán hacia otros puntos del país "llueva o no llueva", que superarán ampliamente los más de 400 cortes que existen hasta el momento y que "Moyano sólo controla al sector camionero de la Capital Federal", insuficiente para actuar como lo pretende. A esto debe agregarse la reticencia de los dueños a exponer sus unidades de transporte, de gran valor, a que sean incendiadas, volcadas o destruidas por otros medios. A Moyano el cargo le permitió convertirse en estanciero, pero en este caso se puso al servicio del Gobierno que le facilitó las condiciones nunca explicadas, de crecer económicamente mientras sus asociados se dedican a manejar kilómetros y kilómetros.
Por otra parte, el fenómeno que comentamos no solamente incuba una faceta económica que impide a los productores cumplir, entre otras, con sus obligaciones crediticias, todo lo cual, sumado al estado de ánimo agravado y acelerado después de tantas horas en las rutas y a las agresiones verbales de los funcionarios, no puede desprenderse de otro hecho en el cual pocos han reparado: las retenciones son un impuesto nacional cuyos fondos caen en un pozo negro, sin mayores explicaciones oficiales. De allí que no son pocos los gobernadores e intendentes municipales que se incorporan todavía en silencio, al movimiento agropecuario que lidera un estado general de protesta y requiere una unidad de conducción que hasta podría tener un importante destino político.
Por Carlos Manuel Acuña
viernes 21 de marzo de 2008
La Argentina es una fiesta
La Argentina es una fiesta
Por Agustín Jaureguiberry
Tras varias décadas de estancamiento y bajo crecimiento económico, en las que estuvimos resignados a nuestra continua decadencia y a no visualizar ninguna salida frente a los problemas crónicos que padecíamos, hoy podemos confirmar que el país ha renacido.
Se ha vuelto a entrar en una época de crecimiento sostenido, que nos lleva sin pausas al tan ansiado desarrollo económico y social. La Argentina vive tiempos de fiesta. Pasemos a enumerar las razones de nuestro alzado optimismo:
• Las cifras sobre el crecimiento de la economía son impresionantes, solo comparables con el fenómeno de China, tan alabado en el mundo actual. El INDEC informó que el Producto Bruto creció un 10% en Enero.
• Nuestro crecimiento se logra con inflación de menos de dos dígitos. Los precios de los alimentos no suben, e incluso, algunos precios del rubro turismo registran bajas en plenas vacaciones.
• El poder adquisitivo crece a niveles sin parangón en el mundo. Aunque los precios suben 8% como lo dice el INDEC, los ingresos de la población suben al 25%, tres veces más.
• El desempleo se encuentra en el 7% frente a un 27% hace cinco años. El nivel es inferior a países denominados desarrollados como Alemania, España, Francia e Italia. Incluso es inferior al de Chile, país citado siempre como ejemplo de crecimiento en la región.
• Según nuestra Presidente, ya en 2010 la pobreza será solo de un dígito. Hoy una familia de cuatro miembros solo es pobre si, según el INDEC, no supera los 920 pesos por mes de ingresos.
• Las exportaciones crecieron en Enero un 60% frente al año anterior. En 2007 superamos la barrera de los 100.000 millones de dólares de comercio exterior. Con los actuales precios de las materias primas manteniéndose por mucho tiempo, nuestra inserción en el mundo seguirá aumentando.
• Nuestro formidable crecimiento es financiado con mayoría de inversión local, lo que nos permite no depender del capital externo. Aunque figuremos quintos en el ranking de recepción de inversión extranjera en la región, ello nos tiene sin cuidado. Se dice que necesitamos un nivel de inversión mayor para mantener el crecimiento, pero por ahora no lo requerimos. Nunca ha sido tan real el lema “vivir con lo nuestro”.
• Mientras el dólar se devalúa en el mundo, nosotros estamos aislados de ello y mantenemos la paridad, incluso pudiendo aumentarla si es necesario. Antes dependíamos del dólar, ahora ya no.
• El sistema de transporte funciona como un reloj. Los renes se modernizan y para ello solo necesitamos agar unos 70 centavos de peso por viaje para mantener el alto nivel de inversiones. Claro que el Estado ubsidia, pero no se puede negar que esta ecuación nos beneficia a todos. Además, ya estamos cerca de tener os trenes bala.
• Incluso podemos dejar de lado el uso de aviones, ya que las rutas son muy seguras, como así también los colectivos de larga distancia, y los trenes como el Gran Capitán funcionan con gran eficiencia. Seguramente tendremos más trenes balas y con ello los ferrocarriles más modernos del mundo. • Los créditos al consumo crecen al 50% anual. ¿Y los hipotecarios? No crecen tanto es cierto, pero vean lo que ocurre en Estados Unidos. La gente que tuvo acceso a ellos hoy no los puede pagar. Allí sí que están “hipotecados” de por vida. No necesitamos nuestro propio hogar, con los actuales ingresos se pueden pagar por siempre los razonables precios de los alquileres.
• El sector agropecuario tiene tanto éxito que incluso le entrega al Estado más del 40% de lo que exporta. De esa forma ellos tienen ganancias y el Estado logra subsidiar los alimentos, así no suben de precio.
• ¿Y la energía? Ahí tenemos suficientes reservas de gas y petróleo. Observen el negocio que se hace aquí con los bajos precios, que las empresas pagan sin desgano el 100% de lo que exportan. Ello nos permite desligarnos del precio internacional y no pagar precios tan altos como en Europa y Estados Unidos. Con los actuales precios de los combustibles y la electricidad, tenemos garantizado la provisión por mucho tiempo.
• Podemos mantener un crecimiento del gasto público del 50% anual por varios años y a la vez tener solvencia fiscal. Tanto ahorro público hemos generado, que además no necesitamos refinanciar la deuda en el mercado internacional, quedándonos al margen de los efectos de la crisis actual.
Se pueden seguir enumerando más razones para continuar con nuestro optimismo. Miren si las cosas no marchan tan bien, que nuestro caso es considerado seriamente como una excepción a la regla de cómo se consigue el desarrollo económico. Hemos logrado refutar a autores como Adam Smith, Ludwig Von Mises, Milton Friedman, y hasta incluso al propio Keynes. Alguna vez se dijo que si la Argentina actual mantiene su éxito permanente, la teoría económica debería ser reescrita completamente. ¿Mantendremos las condiciones para lograr semejante empresa? Hasta ahora, ello pareciera estar cerca de ser una realidad. ¿Qué razones hay para no seguir de fiesta?
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Por Agustín Jaureguiberry
Tras varias décadas de estancamiento y bajo crecimiento económico, en las que estuvimos resignados a nuestra continua decadencia y a no visualizar ninguna salida frente a los problemas crónicos que padecíamos, hoy podemos confirmar que el país ha renacido.
Se ha vuelto a entrar en una época de crecimiento sostenido, que nos lleva sin pausas al tan ansiado desarrollo económico y social. La Argentina vive tiempos de fiesta. Pasemos a enumerar las razones de nuestro alzado optimismo:
• Las cifras sobre el crecimiento de la economía son impresionantes, solo comparables con el fenómeno de China, tan alabado en el mundo actual. El INDEC informó que el Producto Bruto creció un 10% en Enero.
• Nuestro crecimiento se logra con inflación de menos de dos dígitos. Los precios de los alimentos no suben, e incluso, algunos precios del rubro turismo registran bajas en plenas vacaciones.
• El poder adquisitivo crece a niveles sin parangón en el mundo. Aunque los precios suben 8% como lo dice el INDEC, los ingresos de la población suben al 25%, tres veces más.
• El desempleo se encuentra en el 7% frente a un 27% hace cinco años. El nivel es inferior a países denominados desarrollados como Alemania, España, Francia e Italia. Incluso es inferior al de Chile, país citado siempre como ejemplo de crecimiento en la región.
• Según nuestra Presidente, ya en 2010 la pobreza será solo de un dígito. Hoy una familia de cuatro miembros solo es pobre si, según el INDEC, no supera los 920 pesos por mes de ingresos.
• Las exportaciones crecieron en Enero un 60% frente al año anterior. En 2007 superamos la barrera de los 100.000 millones de dólares de comercio exterior. Con los actuales precios de las materias primas manteniéndose por mucho tiempo, nuestra inserción en el mundo seguirá aumentando.
• Nuestro formidable crecimiento es financiado con mayoría de inversión local, lo que nos permite no depender del capital externo. Aunque figuremos quintos en el ranking de recepción de inversión extranjera en la región, ello nos tiene sin cuidado. Se dice que necesitamos un nivel de inversión mayor para mantener el crecimiento, pero por ahora no lo requerimos. Nunca ha sido tan real el lema “vivir con lo nuestro”.
• Mientras el dólar se devalúa en el mundo, nosotros estamos aislados de ello y mantenemos la paridad, incluso pudiendo aumentarla si es necesario. Antes dependíamos del dólar, ahora ya no.
• El sistema de transporte funciona como un reloj. Los renes se modernizan y para ello solo necesitamos agar unos 70 centavos de peso por viaje para mantener el alto nivel de inversiones. Claro que el Estado ubsidia, pero no se puede negar que esta ecuación nos beneficia a todos. Además, ya estamos cerca de tener os trenes bala.
• Incluso podemos dejar de lado el uso de aviones, ya que las rutas son muy seguras, como así también los colectivos de larga distancia, y los trenes como el Gran Capitán funcionan con gran eficiencia. Seguramente tendremos más trenes balas y con ello los ferrocarriles más modernos del mundo. • Los créditos al consumo crecen al 50% anual. ¿Y los hipotecarios? No crecen tanto es cierto, pero vean lo que ocurre en Estados Unidos. La gente que tuvo acceso a ellos hoy no los puede pagar. Allí sí que están “hipotecados” de por vida. No necesitamos nuestro propio hogar, con los actuales ingresos se pueden pagar por siempre los razonables precios de los alquileres.
• El sector agropecuario tiene tanto éxito que incluso le entrega al Estado más del 40% de lo que exporta. De esa forma ellos tienen ganancias y el Estado logra subsidiar los alimentos, así no suben de precio.
• ¿Y la energía? Ahí tenemos suficientes reservas de gas y petróleo. Observen el negocio que se hace aquí con los bajos precios, que las empresas pagan sin desgano el 100% de lo que exportan. Ello nos permite desligarnos del precio internacional y no pagar precios tan altos como en Europa y Estados Unidos. Con los actuales precios de los combustibles y la electricidad, tenemos garantizado la provisión por mucho tiempo.
• Podemos mantener un crecimiento del gasto público del 50% anual por varios años y a la vez tener solvencia fiscal. Tanto ahorro público hemos generado, que además no necesitamos refinanciar la deuda en el mercado internacional, quedándonos al margen de los efectos de la crisis actual.
Se pueden seguir enumerando más razones para continuar con nuestro optimismo. Miren si las cosas no marchan tan bien, que nuestro caso es considerado seriamente como una excepción a la regla de cómo se consigue el desarrollo económico. Hemos logrado refutar a autores como Adam Smith, Ludwig Von Mises, Milton Friedman, y hasta incluso al propio Keynes. Alguna vez se dijo que si la Argentina actual mantiene su éxito permanente, la teoría económica debería ser reescrita completamente. ¿Mantendremos las condiciones para lograr semejante empresa? Hasta ahora, ello pareciera estar cerca de ser una realidad. ¿Qué razones hay para no seguir de fiesta?
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Argentina: Nación Sitiada
Argentina: Nación Sitiada
Cuándo Ana María González visitó la casa de su amiga colegial, María Graciela Cardozo, para situar en la cabecera de la cama del padre de ésta, la bomba, que horas después, volaría los sesos del jefe de la policía de Buenos Aires ¿se imaginaría ella que aún faltarían 27 años más antes de alcanzar el poder? El horrorífico acto cometido ese 16 de junio de 1976, por la adolescente asesina montonera tipificó la violencia indiscriminada desatada para promover la premisa marxista de la lucha de clases que, formalmente se había iniciado, en ese momento, 21 años antes.Hoy 3 años después de las elecciones del 2003, y 48 desde que John William Cooke, activista de ideas híbridas nacionalistas-marxistas-leninistas, diera comienzo en septiembre de 1955, con la “Resistencia Peronista”, a la guerra por comunizar la patria de San Martín, vemos a la República Argentina cada vez más encaminada a su esterilización como sociedad libre. Antes de entrar en el examen de lo transcurrido y la presidencia de Néstor Kirchner, es obligatorio un re-encuentro de los hechos como ocurrieron y las ideas que sostienen esa trayectoria que hoy goza de un apogeo oficialista.El discutir los méritos del marxismo como concepto abstracto, no es el propósito de ésta, pero un entendimiento básico del mismo es fundamental para comprender el proceso que ha vivido y vive la Argentina (y otros lugares). El marxismo, como el nacional socialismo (nazismo), son ideologías deterministas. Ven el desarrollo del mundo como siguiendo unas “leyes”, que se manifiesta por medio de “luchas”. El nazismo interpreta una supuesta “leyes de naturaleza” que se materializa en una “lucha de razas”. Para el marxismo todo sigue “leyes de historia” y se despliega en una “lucha de clases”.Adeptos a estas doctrinas se consideran agentes encargados en asistir a estos “procesos”, traducidos por ellos, como inmutables. De ahí que los nazistas, utilizan la práctica de eliminar al no-ario como colaboración meritoria con la naturaleza. Los comunistas también abrazan la ejercitación del exterminio, en este caso de clases (social, política, religiosa, cultura o ideológica), como prerrequisito para, junto a la alteración en las relaciones de producción, así alcanzar el final de la “alienación”, el puerto utópico de la barca marxista y construir el “hombre nuevo”.Marx, virulentamente expresó la necesidad de fusionar la violencia con toda acción revolucionaria. Su desprecio por el pacifismo es connotado. La lucha armada revolucionaria con la intención de derrocar sistemas capitalistas violentamente, no sólo era consecuente con las ideas de Marx, sino eran necesarias. Y los argentinos que creyeron y lucharon por implantar el paradigma comunista, no cometieron una herejía con la seudo-religión que es el marxismo. Fueron fieles a la metodología que prescribió su fundador.La lucha para convertir a la Argentina en una república socialista (no confundirse con Democracia Social) ha tenido seis periodos. Los actores fueron una amalgama de movimientos marxistas-leninistas que, aunque a veces evidenciaban antagonismos de índoles faccionistas, todos conspiraban por la comunización de Argentina. Al final terminaron reconstituyéndose o fusionándose en dos: el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y los Montoneros. La primera etapa (1955-1968) consistió principalmente en focos de guerrillas rurales donde el escenario fueron notoriamente las provincias de Tucumán, Salta y otras áreas montañosas. La gesta subversiva armada fue infructuosa en llevar a cabo ninguna contundente victoria.La segunda etapa de 1969 a 1972 marcó una intensificación en la guerra marxista al incorporar los insurgentes a guerrillas urbanas. Esta inclusión masiva de las ciudades escaló la contienda beligerante. El secuestro, la tortura y el asesinato de el ex – presidente Pedro Aramburu en mayo del 1970, por los Montoneros, dio aviso de la sangrienta década que avecinaba a la Argentina. Notables esfuerzos efectuados por las fuerzas de seguridad en frenar la ofensiva subversiva fue el establecimiento de un marco jurídico para combatir a los comunistas como la Cámara Federal de Penal. Este instrumento legal sirvió para procesar y condenar a más de 2,000 terroristas.El retorno de la democracia en mayo de 1973 marcó el comienzo del tercer periodo (1973-1976) de la guerra comunista por el poder estatal argentino. Teóricamente la democracia, como sistema político, es un acérrimo enemigo de un esquema doctrinal, como el marxismo-leninismo, que emplea el totalitarismo, como modo operativo. Sin embargo la voluntad de destruir la embestida comunista, por parte del nuevo presidente, Cámpora, parece no haber estado presente. El primer acto oficial del recién estrenado mandatario fue derogar la Cámara Federal Penal. Este ataque frontal al mecanismo legal para enfrentar al terrorismo y la posterior amnistía a todos los terroristas que habían sido condenados, vitalizó los movimientos antisistemas. Cámpora también desmanteló el Tribunal Supremo y entregó la Universidad de Buenos Aires en capacidad de virtual interventor, al connotado comunista Rodolfo Puiggros (luego convertido en líder montonero). La subversión estaba galvanizada.Los asesinatos, secuestros, atentados dinamiteros, ataques a guarniciones, bancos, etc., alcanzaron niveles inauditos. El 13 de julio, Cámpora renuncia (algo que muchos esperaban y consideraban su gesta presidencial como una premeditado preludio para el retorno de Juan Domingo Perón al poder). Nuevas elecciones fueron convocadas para septiembre que Perón ganó con 61% del voto. Tomando en cuenta la raíz peronista del movimiento montonero, Perón (y muchos de los que votaron por él) pensaron que el movimiento subversivo encontraría, en el mentor, un bálsamo para el apaciguamiento. Perón, igual que Cámpora antes que él, subestimó el apetito de los que estaban comprometidos con el establecer, nada menos, que un orden marxista en la Argentina. Todo esfuerzo de cooptar la subversión (y fueron muchos) resultaron infructuosos. El gran mariscal del estatismo argentino, Juan Domingo Perón, fue abandonado por esos que surgiendo de sus filas fascistas-socialistas, encontraron en el comunismo, un variante del socialismo más apetecible. El caudillo no hizo su ira callar.La respuesta de Perón a la guerra subversiva marxista fue la Triple A. Esta organización, operando en la ilegalidad y de forma clandestina, empezó la campaña furtiva de penetrar células subversivas marxistas y neutralizar a sus integrantes. Con sólo nueve meses en el poder, Perón fallece antes de 9 meses de haber obtenido las riendas presidenciales, muy distante de haber aminorado, y mucho menos, aniquilado a sus nuevos enemigos, antiguos discípulos. Quedó su esposa, Isabel Martínez de Perón, de presidenta.La presidencia de Isabel inicia con agresividad la lucha contra la guerra revolucionaria en este tercer periodo que culmina en 1976 con el golpe militar. Comenzando 1975, Operativo Independencia (decreto secreto No.261), una campaña otorgando poderes amplios al ejército argentino para combatir la guerrilla comunista en Tucumán, provincia fuertemente abatida por el ERP y amenazada con convertirse en “zona liberada”, fue autorizada. La despiadada crueldad con que ejercían la guerra los marxistas fue tipificado con el hallazgo en 1975 del cuerpo inerte del Teniente Coronel Larrabure secuestrado por más de un año, confinado a una fosa cavada debajo de una casa y llamada “cárceles del pueblo”. Larrabure había perdido cuarenta kilos de peso durante su cautiverio y su cadáver demostraba una contusión rectangular en forma de un martillo y en el cuello, un surco de estrangulamiento por torsión hacia atrás, y en los órganos genitales, congestiva inflamatoria, similar a la provocada por cargas eléctricas. El terror y la indignación nacional, ante la barbarie roja, alcanzaban proporciones desenfrenadas. Pese al esfuerzo del gobierno de Isabel Perón por frenar la avanzada subversiva, en adición al Operativo Independencia y el decreto No. 2772 de octubre de 1975, dando mayores facultades a las fuerzas armadas a lidiar con la insurgencia, el caos no parecía debilitarse. El hecho es que las autoridades argentinas, después del decreto de Cámpora derogando la Cámara Federal Penal y la ley de amnistías indultando a más de 2,000 terroristas, nunca recobraron el terreno ganando a los guerreros comunistas. No es casualidad que más del 52% de los actos terroristas y el 70% de los asesinatos, fueron llevados a cabo durante democracia, entre 1973 y 1976.El cuarto periodo (1976-1979) de la guerra comunizadora se desprende a partir del golpe militar de marzo de 1976. Se llamó “golpe militar” por la ascendencia al ejecutivo del Estado Argentino, de la junta militar precedida por Jorge Videla, y la manera no-democrática de llegar al mismo. Pero la realidad es que fue, más bien, un golpe “cívico-militar, ya que había el reclamo popular por la acción pretoriana interventora y tenía el amplio respaldo de la mayor parte de la rama legislativa multipartidista y judicial de la nación argentina. La sociedad civil abrumadoramente, y con generoso entusiasmo, reforzó moralmente la acción castrense. Esto incluye a personalidades de la izquierda como Jacobo Timmermann, Ernesto Sábato, etc., con este último rindiendo impresionante loas al “libertador” Videla. De haberse realizado elecciones libres en ese momento ante la crisis existente, con gran probabilidad, hubiera obtenido tal vez la mayoría más decisiva en la historia de elecciones argentinas.La misión de la junta militar de 1976 fue la de neutralizar la ofensiva marxista, sus acciones terroristas, y poner fin al proyecto de establecer una república comunista en América del Sur. Su preocupación no fue en ganar concursos de popularidad, y eso fue, indudablemente, un gran error estratégico. El reto que enfrentaban fue enorme. Los combatientes marxistas representaban la fuerza insurreccional más grande en el hemisferio occidental en ese momento. Su modo no-convencional de desarrollar una guerra de guerrillas, rurales y urbana, dificultaba la tarea de combatirlos. No obstante la ferocidad y el poder de la ERP, los Montoneros, la tiranía castrocomunista, el comunismo internacional, la izquierda radical y sus respectivos simpatizantes, las fuerzas de seguridad argentinas ganaron, en tres años, la contienda bélica, y restablecieron el orden.La lucha marxista-leninista por el poder, con su empleomanía del terror armado, se llevó a cabo entre 1955 y 1979. Su costo a la sociedad argentina fue enorme. Esta atroz guerra para imponer un sistema sobre la mayoría, por una minoría, elitista y fanática, que obedecía a una ideología radical, atea e intolerante, colectivizó el luto y el caos. ¡Solo entre 1969 y 1979 hubo 21,642 actos terroristas ejecutados por los comunistas! La derrota militar aplastante que sufrieron los combatientes marxistas, llevó a la dirigencia subversiva a cambiar de campo de batalla. La despreocupación del régimen militar por el realismo de las imágenes y percepciones, probó al final, ser un error colosal sobre el cual el enemigo capitalizó.La quinta etapa (1980-2003) recorre la parte final del mandato castrense, después de ganar la guerra bélica en 1979, recorre el retorno a la democracia, con las presidencias de Raúl Alfonsín, Carlos Menem y concluye con la ascensión al poder del actual mandatario. La cúpula marxista argentina, y sus cómplices revolucionarios internacionalistas, no cesaron sus afanes conspirativos para, en la tierra donde nació Sarmiento, instaurar una dictadura socialista. La metodología para conquistar el poder, cerradas las puertas de la vía armada, resultó ser el terreno de la opinión pública en las capitales del mundo occidental capitalista.La guerra roja publicitaria abrazó la premisa difusionista de Hermann Goebbells, Ministro de Propaganda de Hitler, la de repetir una mentira suficiente cantidad de veces hasta convertirla, en la opinión pública, en una “verdad”. El proyecto fue de convertir a los victimarios en víctimas. La “victimización” se esperaba, generaría una reacción mundial que presionaría a los vencedores de la guerra armada a prescindir del poder. Y establecido el espacio, la tarea usurpadora daría, en territorio nacional, un nuevo ímpetu.El tema de los “desaparecidos” resultó una genial componenda, dentro de una instrumentación muy bien elaborada, para facilitar el camino al poder. En léxico político, el acto de “desaparecer” a alguien consiste en la detención y ejecución, sin juicios y extraoficialmente, de un opositor, real o imaginarioSí. Incuestionablemente, hubo desapariciones en la Argentina. Por supuesto que no los números bombásticos e hiperinflados ofrecidos por sus partidarios. Cifras serias varían entre 4000 y 7706. Tarea complicada por la constante “reaparición” de personas consideradas “desaparecidos”, sin embargo viviendo y activos en Europa, América Latina y los ex –países socialistas. Indemnizaciones posteriores a familiares, asegura que los números nunca ascenderán a proporciones realísticas.La práctica sistemática de detener y ajusticiar combatientes, sin revisión jurídica, se llevó a cabo por gobiernos argentinos, democráticos y no-democráticos, durante la década del 70. Esta actividad recrudeció con la intervención castrense de 1976 y duró hasta 1979. Sin embargo, las desapariciones pre-golpe militar, no parece haberles preocupado mucho. Esto ha sido una omisión estratégica. Las autoridades públicas argentinas, empleando la mecanización de aprehender y matar extraoficialmente a las capturadas fuerzas subversivas, pusieron fin a la guerra. La contraofensiva lanzada por el gobierno, y el régimen militar en particular, neutralizó la búsqueda armada del poder por los marxistas. Sus integrantes y simpatizantes desertaron la vía armada y optaron por medios y mecanismos operantes en sociedades abiertas (las mismas que aniquilarían si llegaran al poder).El nuevo campo de batalla fue la opinión pública internacional. Nada más fácil que victimizar al que perdió la guerra. No importa si fueron los que la empezaron. La intensa campaña de victimización necesitaba de “víctima” y “villano”. Los que escaparon al exterior con el comunismo internacional y sus cómplices de la izquierda, coreografiaron la embestida sicológica espectacularmente. Como metodología sería obligado descontextualizar la historia .La práctica de descontextualizar es una mentira astuta. De esa forma habría un claro “villano”. Extirparon, del largo proceso de lucha antisubversiva, el periodo después del golpe militar de 1976, ignorando 21 años previos de constante enfrentamiento bélico a las fuerzas antisistemas. Así se desarrolló la temática de los “desaparecidos”. El descarado arte de descontextualizar, de hacer un paréntesis de sólo un tramo de historia y pretender que no tiene vinculos orgánicos, de hacer creer que toda la violencia surgió a partir del golpe castrense y que ellos (los insurgentes) “respondían” a dicho acto, fue hecho posible sólo por la desinformación, la aptitud de la ignorancia y/o el acondicionamiento ideológico.Maniobrando artificiosamente por canales legales e instituciones legítimas, lograron esquivar la atención de su pasado criminal. Organizaciones serias, particularmente de derechos humanos, engatusados, canonizaron a grupos, que hasta días previos habían cometidos actos de la misma envergadura de la que estaban ellos ahora señalando. El fiasco de las Malvinas retornó a la Argentina a la democracia. Comenzó en ese momento la mutilación del acomodamiento de la legalidad para satisfacer su agenda ideológica. La victoria electoral de Raúl Alfonsín, político de la Unión Cívica Radical (UCR) y antiguo abogado de Mario Santucho, notorio terrorista jefe del ERP, extendió la contienda publicitaria a territorio argentino. La finalidad de socializar a la Argentina encontró un comodísimo entorno facilitado por la administración de Alfonsín. La vía de una legalidad parcializada e ideológicamente dirigida, fue puesta en práctica de forma inmediata. El decreto No. 158/83 institucionalizó la descontextualización histórica y jurídica. Esta orden ejecutiva criminalizó lo cometido durante la guerra, mayoritariamente sólo por un bando (las fuerzas públicas) y por un periodo específico (durante el régimen militar). Los 359 desaparecidos de 1975, los 549 del primer semestre de 1976 y todos los cometidos por la Triple A, la banda paramilitar de Perón (Juan D.), no les interesó a los inquisidores partidistas. Era obvio que la lupa oficialista no tendría ni un remoto interés, en indagar sobre las atrocidades incurridas por los ex-combatientes revolucionarios.La estrategia de las desapariciones selectivas recibió oficialidad doméstica con el decreto No. 187/83. Esto estableció la CONADEP, comisión comprometida copiosamente con los propósitos de los ex-insurgentes. Este instrumento lleno de errores, omisiones y falsedades sirvió de base para la “justicia” alfonsinista. Al rato comenzaron los juicios a los militares que pararon la guerra marxista armada. El gobierno de Alfonsín obtuvo, para los terroristas marxistas argentinos, sus partidarios y la izquierda radical, impresionantes logros. Ofreciendo el podium de un régimen democrático, “legitimizó”, ante la opinión pública, las quejas de los vencidos subversivos y encubrió sus bárbaros crímenes. Para la mayoría de los argentinos el emprobecimiento, bajo su mandato, no sólo fue moral y cultural.En su afán por socializar al país, Alfonsín casi destruye a la Argentina. Habiendo estatizado, para 1985, la mitad de los medios de producción nacionales, el crecimiento económico, la productividad, el poder adquisitivo y los salarios reales estaban desplomados. Lo que estaba en ascenso eran los precios, la delincuencia, el desempleo real y la inflación. Este último a niveles carnavalescamente altos, que castigó con mayor severidad a los más necesitados. A pesar de las generosas concesiones hechas por Alfonsín a los marxistas y la inmersión socializadora de su gesta, los conspiradores parecen no haber estado satisfechos.Fiel a sus prédicas doctrinales, los comunistas bélicamente retomaron la ofensiva atacando, en 1989, el regimiento militar en La Tablada. Fue, como campaña militar, desastrosa para los comunistas. Las fuerzas públicas lograron enseguida aplastar el ataque. Defendiendo la Nación y repelando el cobarde asalto, murieron más de 10 argentinos, incluyendo el Mayor Fernández Cutiellos asesinado por un balazo en el rostro, sólo después de habérsele cortado la lengua y los testículos. Tristísimamente, antes de concluir la próxima década, los asesinos comunistas estarían caminando libres por las calles.La ascensión de Carlos Saúl Menem marcó una obstaculización para los propósitos de lograr una Argentina, socialista y montonera. No obstante la innegable corrupción (problema no-partidista argentino), concesiones empresariales selectivas, gasto público excesivo y nublosos acuerdos políticos, los avances socialistoides en el ámbito político, cultural y legal alcanzado, cortesía de la previa administración, fueron retrocedidas. El esquema cuasi-liberalizador, el acercamiento con los EE.UU., la condena al castrocomunismo en foros públicos y el indultar a los partícipes de la guerra, de ambos lados, en búsqueda de una reconciliación nacional, descarriló, momentáneamente, el ímpetu marxista en la Argentina. Lamentablemente, los vínculos de Menem con el peronismo y su maquinaria socio-política, las reformas antiestatistas estructurales, incompletas y mediatizadas, atrofiaron el potencial despegue argentino de los pantanos de la contracultura socialista. Los que vinieron después, no sólo continuaron la incorrecta lectura y mal aplicación del libreto liberal, sino le ofrecieron a las fuerzas conspiradoras su más grande oportunidad, para alcanzar el poder, en una década. El léxico político se degradó a niveles vergonzosos. Culpando a potencias extranjeras, sus instituciones y modelo económico, en vez de la ineptitud de los políticos criollos que no supieron administrar la impresionante riqueza adquirida y controlar el despilfarro público, resurgió la premisa de invitar al estado a ampliar su poder, achacando, calumniosamente, a un paradigma teórico que nunca se practicó. Rápido se movilizaron los movimientos antisistemas para quebrar el orden democrático y desvirtuar la concordia política. La expresión del descontento social fue secuestrada por extremistas que decidieron redefinir “democracia”. Fernando De La Rua, con su renuncia, les dio a las turbas y sus secuaces, un nuevo formato para alcanzar el poder. A éste, aún el acto de conmutar la sentencia de los atacantes a La Tablada, poco le sirvió para ser perdonado por el imperdonable suceso, para la izquierda radical, de condenar al régimen castrista en los procedimientos de los DD.HH. de la ONU. Esto a pesar de tener Cuba la infame insigne de ser el país con la mayor cantidad de presos políticos, per cápita, en el mundo y ser un fiel y consiste practicante de la tortura sistemática. Políticos como Eduardo Duhalde, uno de los presidentes interinos, volvió a la inescrupulosa rutina de rehusar depositar el voto argentino en la digna columna de naciones que condenaron a Cuba comunista en la ONU. Sin lugar a dudas, gestos como ese, la excarcelación de connotados terroristas, como Gorriarán Merlo (el acto de cierre del mandato duhaldista) y la extensión del clientelismo ideológico, dejó claro que la locomotora marxista se había, nuevamente, encarrilado. Así concluyó el quinto periodo de la lucha revolucionaria por el poder argentino.La nueva metodología de victimizar a los agresores desvirtuando la historia para así institucionalizar la contracultura (requisito de premisa marxista), amparadas por una legalidad partisana (táctica de lucha ejercida por los marxistas argentinos después de su derrota en el campo bélico) encontró, en la ascensión de Néstor Kirchner, su “raison d’être” y marca el sexto y actual periodo de la sitiada comunista (2003-presente). Con el 22% del voto popular (la más baja en la Argentina), arribó Kirchner al poder. En un “caballo de Troya”, por la puerta de una debilitada democracia, se insertó el montonerismo en la cúpula estatal argentina. Lo que no lograron las bombas, los asesinatos, los secuestros, las torturas (el terror en general), lo posibilitó la maquiavélica estrategia adoptada al concluir la contienda armada.Dos fenómenos de la modernidad han hecho fácil la adquisición del poder por elementos radicales. El primero es la inclusión de la propiedad privada, amedrentada y cooptada, a la praxis socialista. La segunda es la empleomanía de la democracia misma, como sistema para arribar al poder. El comunismo es un fin, no un medio. Para alcanzar esa utopía, el modo operativo es implantar el autoritarismo para después, dependiendo en la extremidad de los propósitos, si es necesario, ejercer el totalitarismo. La metamorfosis que ha dado el marxismo al incorporar variantes del capitalismo, por ejemplo, capitalismo concesionario, mercantilismo, etc., tolerando esquemas de propiedad privada para así alistarlo, en concepto y práctica, en sus nociones de relaciones de producción (así lo explicó Deng Xiao Peng en 1978 y practicó Lenin en 1921), allanó el camino doctrinalmente para socialistas como Kirchner. Al establecer terrenos grises, la veracidad de las intenciones ha sido más fácil de ocultar. Adicionalmente, la incapacidad del socialismo de resolver las necesidades de sus habitantes, ha engendrado una relación de dependencia irremediable con el capitalismo. Es esta condición de parasitismo empedernido, la que obliga la tolerancia de la propiedad privada, aún cuando, dogmáticamente, la desprecia. La utilización del foro democrático, para llegar a la cúpula gobernante, es el segundo factor. Típicamente, encarando la dificultad de tomar la posesión del gobierno por las armas, el camino por vías democráticas, es otro método de adueñarse del estado. Así lo hizo Hitler y el Nacional Socialismo. El monopolizar el poder es la meta. Los obstáculos son la sociedad civil y la oposición. Sin duda de que este proceso de consolidación de poder, cuando la dictadura en formación parte de la democracia, se hace más difícil. Lastimosamente, este fenómeno se está repitiendo con demasiado frecuencia. Los marxistas en la Argentina, desde el 25 de mayo del 2003, con un ex-montonero presidente gobernando desde la Casa Rosada, en ese afán están.La toma de posesión de Kirchner contó con las figuras más predilectas de la izquierda radical. Ahí estaba el tirano-en-jefe, Fidel Castro, recibiendo la distinción de concretar la más prolongada reunión con el nuevo mandatario. Su discípulo, Hugo Chávez, también rozó los codos con el homenajeado. Esta cuasi-cumbre de terroristas, dictadores, sus apologistas y papagayos no fue un mero “show” publicitario, como algunos ilusos sugirieron. Kirchner rápidamente demostró la seriedad de sus convicciones.Antiguos montoneros desbordaron el gabinete kirchneriano. Rafael Bielsa recibió la Cancillería; Carlos Kunkel se le asignó la Subsecretaría de la Presidencia; Enrique Albistur se le encomendó la Secretaría de Comunicación; Eduardo Sigal fue hecho Subsecretario de Integración Americana; Eduardo L. Duhalde fue nombrado Secretario de Derechos Humanos; Juan Carlos Dante Gullo, asesor presidencial; Jorge Taiana sería nombrado Secretario de Relaciones Exteriores; Patricia Vaca Narvaja recibiría la Secretaría de Defensa del Consumidor; Juan González Gaviola se le asignó el ser interventor del PAMI; Carlos Bettini, embajador en España; y más reciente, la Ministra de Defensa Garré. Todos ex-montoneros y ex-montoneras. Con esta composición estructural, claro quedó, que en este régimen la hegemonía sería montonera.Los mecanismos con la capacidad de frenar o destruir los proyectos de la nueva administración de ex-subversivos, rápidamente fueron enfrentados. Las Fuerzas Armadas, de inmediato, vieron a 52 altos jefes extirpárseles el mando. Nuevos oficiales con afines ideológicos o debilidades oportunistas fueron colocados. Los servicios de inteligencia, necesarios para defender una nación moderna, fueron fatalmente debilitados. Opositores, para los marxistas, no son sólo los reales, sino también los imaginarios y potenciales. Una campaña calumniosa de desprestigio (mayor que las de antes) fue instaurada. Una serie de legalidades, trampas y reinterpretaciones, fueron despachadas para suplementar las medidas aplanadoras. Decretos con precedentes establecidos, como la Obediencia Debida y Punto Final, diseñados para sanar las heridas de una guerra difícil, fueron revertidos. La intención era clara, en adición al ánimo vengativo, Kirchner fortaleció el propósito de domesticar a la institución con la mayor posibilidad de bloquear la marcha al despotismo. La intención es el ablandamiento suficiente para que los uniformados respondan, no a la Patria, sino al Partido.Propagandísticamenta, la contracultura que el montonerismo ha luchado para institucionalizar, requiere la alienación de las FF.AA. La premisa oculta de derogar la prohibición de extraditar oficiales argentinos a terceros países, obedece al claro objetivo de amedrentar las fuerzas castrenses enlistando, por medio de la complicidad internacional, a jueces marxistas dispuestos a enjuiciar extranjeros. Paradójicamente teniendo estos en su propio patio terroristas como Santiago Carrillo para encarcelar, sujeto que ordenó la masacre de más de 5,000 personas, en menos de tres meses, durante la Guerra Civil Española. Este desmembramiento psicológico, pretende inculcar el terror dentro del ejército.La monopolización del poder requiere una intolerancia con, no sólo opositores, sino también disidentes. El estado argentino al ser el mayor empleador singular, la tarea de castigar, amenazar o premiar, juega perfecto con las pretensiones dictatoriales de Kirchner. Un ejemplo fue el despido masivo de aliados de Daniel Scioli, cuando el vicepresidente cuestionó la “seriedad” del nuevo régimen. La expulsión del Dr. Sánchez Herrera, Procurador del Tesoro, por haber representado legalmente al General Juan Bautista Sasiain, es otro ejemplo (el primero perdió el padre y el segundo, la hermana, en actos terroristas). Esto es un descaro olímpico, cuando su ministro de, nada menos que la Secretaría de Derechos Humanos, no sólo es un ex-terrorista, sino fue el representante legal de Mario Santucho, asesino fundador (mencionado anteriormente) del ERP, encausado por el secuestro, la tortura y el asesinato de Oberdam Sallustro, gerente de Fiat. La rama judicial es hoy un simple adorno, que el régimen montonero usa para sellar sus deliberaciones internas, enmascarando la casi completitud de su poder. La noción toqueviliana de “separación de poderes” es, en la Argentina actual, un espejismo. Jueces cumpliendo sus funciones, que no han coincidido con la administración socialista, particularmente en el Tribunal Supremo, por medio de la intimidación o amenaza directa, han renunciado, sido despedido o cooptados. En su lugar nuevos jueces, adeptos al fundamentalismo montonero, han sido colocados. Listos para repartir “justicia revolucionaria”. Este peligrosísimo acontecimiento facilita la solidificación absolutista del régimen kirchneriano, al poder éste definir y prescribir lo que es “legal” y “constitucional”.Con la subordinación de la rama judicial, la práctica de la censura se ha elevado a proporciones alarmantes. Terminología jurídica como “prédica golpista”, “apología del delito” y “Protección del Orden Constitucional”, han sidas adjuntadas a los códigos legales de la Argentina de hoy. Ninguna, si verdaderamente hubiera un sistema judicial competente, sobrevivirían, en una genuina democracia. Lograda la esterilización de las Fuerzas Armadas y las Cortes, la tarea de desintegrar la sociedad civil se simplificó. Teniendo la capacidad para “legalizar” y forzar al ostracismo al que promueve, y la inhabilidad para revertir la inconstitucionalidad de dicha acción, libertades elementales, han ido desapareciendo. El efecto, es el de una censura de terciopelo. La población en masa, quebrada ante la intimidación, desiste de enfrentamientos efectivos y directos contra el régimen kirchneriano. Organizaciones de fachadas, establecidas para dar la imagen de “apoyo popular” y servir de fuerzas de choque para contrarrestar descontento social, son las patrullas ideológicas de los montoneros. Los piqueteros, movimientos radicales y sindicatos cooptados son algunas de las estructuras que sirven de pantalla para el exterior y agentes atemorizadores para el intramuros.Medios de información integralmente comprometidos con la oficialidad socialista, se ocupan de lidiar el abatimiento contra la Iglesia y toda denominación no-tercermundista. Propagandistas ligados al gobierno kirchneriano descargan su plomo incesantemente para propagar el descrédito hacia instituciones que abrazan la creencia en Dios. Emplean todo el peso de la prensa servil buscando enraizar, culturalmente, el ateismo. Censuran, ridiculizan, aíslan e intimidan para imponer un precio social a la sociedad argentina, por creer y adorar al Ser Supremo. El ateismo fundamentalista que condiciona el comunismo, prescribe, sin equívoco, dicha proposición. La seudo-religión que es el marxismo hace irreconciliable su coexistencia con una Iglesia vibrante e indispuesta a ser cómplice. Verbitsky, el Goebbells argentino, y tantos otros al servicio del régimen montonero, lo saben muy bien. Por eso, tan despiadadamente, la combaten. El agrandamiento explosivo del sector público que se ha llevado a cabo en los últimos tres años, forma parte de la esquematización elaborada para atomizar a la sociedad civil. La estatización de la Argentina es, en su máxima expresión, el arribo a la nirvana del colectivismo. Más poder para el estado viene a la expensa del individuo. La concentración de la economía en manos públicas no se traduce en un enriquecimiento del “pueblo”. Esa mentira se la han vendido cínicamente. El “pueblo” no se convierte en dueño de nada, permanece marginado de las decisiones y está, netamente, a la merced de lo que hay en el almacén de ideas, dentro de la cabeza de los que controlan el poder. Una democracia, para ser genuina, requiere pluralismo. La descentralización del poder, político y económico, son firmes barreras para prevenir el despotismo. La soberanía de una sociedad reside, no en los que gobiernan, sino en los gobernados. Por eso, con ímpetu frenético, busca, esta administración, la grandilocuencia reguladora que otorga un estado predador y de esa manera, concretar su hegemonía sobre el detalle de vida de cada argentino. Mecanismo, maravillosamente perverso y prerrequisito, para implantar la meta por la cual vienen luchando desde 1955: una Argentina marxista-leninista.En estos momentos las instituciones públicas más capaces de impedir la comunización: las FF.AA. y el Tribunal Supremo; están defenestrados. La oposición política permanece desorganizada. Del lado civil, la Iglesia está asediada por la contracultura oficialista y, exceptuando nobilísimas excepciones, parece preferir esperar por el desarrollo de los acontecimientos. El sector privado, el motor verdaderamente capaz de producir riqueza, cada vez está más regulado y espantado. La única señal de liberalización es la licencia impune dada a los delincuentes, muchos bajo nómina estatal.¿Tiene legitimidad este gobierno para hacer lo que están haciendo? Que en su primer elección haya ganado con el 22% del voto y 39.5% en la segunda, deja duda, si es que se cree en el concepto del voto mayoritario. Las turbas contratadas son la cara que el montonerismo presenta ante esta incógnita. Quieren hacer creer que “turbocracia” y “democracia” son sinónimos. ¿Está todo perdido? No. Depende de los argentinos romper el silencio y no seguirle el juego a esta dictadura en construcción. La dinastía kirchneriana ya está maniobrando. El clientelismo, por medio de la despenalización y tolerancia delictiva, augura incrementar sus números. Sin embargo, el montonerismo tiene vulnerabilidades. La fragmentación dentro del justicialismo es buena. El canibalismo político que se ejerce dentro del partido de Perón, obstaculizará la consolidación que busca el régimen montonero. La disidencia dentro de esas filas, se debe estimular. Políticos opositores deben priorizar lo que los une: frenar la avalancha marxista. Alianzas de amplio espectros, deben coordinarse.Más importante de que se llegue al poder por la vía democrática, es que se gobierne democráticamente. La pluralidad, hoy brillando por su ausencia en la Argentina, puede ser vigorizada al concientizar la sociedad Frente al peligro y movilizarse en oposición a mayores transferencias de poder al ejecutivo montonero. En elecciones, premiar a candidatos que abrasen la cultura de la libertad, en vez del estatismo y la dependencia, y utilizar el espacio que queda, para reclamar la soberanía popular perdida. La sitiada marxista ha estado en pie. Hoy están en el poder, pero todavía no han monopolizado todos los sectores de la sociedad argentina. La lucha sigue y se puede ganar. El dogma socialista no frena su avance, aún ante la pared empírica, que evidencia la demencialidad de su práctica. Quiera Dios que Argentina se salve de tan malvado experimento.
Julio M. Shiling
Cuándo Ana María González visitó la casa de su amiga colegial, María Graciela Cardozo, para situar en la cabecera de la cama del padre de ésta, la bomba, que horas después, volaría los sesos del jefe de la policía de Buenos Aires ¿se imaginaría ella que aún faltarían 27 años más antes de alcanzar el poder? El horrorífico acto cometido ese 16 de junio de 1976, por la adolescente asesina montonera tipificó la violencia indiscriminada desatada para promover la premisa marxista de la lucha de clases que, formalmente se había iniciado, en ese momento, 21 años antes.Hoy 3 años después de las elecciones del 2003, y 48 desde que John William Cooke, activista de ideas híbridas nacionalistas-marxistas-leninistas, diera comienzo en septiembre de 1955, con la “Resistencia Peronista”, a la guerra por comunizar la patria de San Martín, vemos a la República Argentina cada vez más encaminada a su esterilización como sociedad libre. Antes de entrar en el examen de lo transcurrido y la presidencia de Néstor Kirchner, es obligatorio un re-encuentro de los hechos como ocurrieron y las ideas que sostienen esa trayectoria que hoy goza de un apogeo oficialista.El discutir los méritos del marxismo como concepto abstracto, no es el propósito de ésta, pero un entendimiento básico del mismo es fundamental para comprender el proceso que ha vivido y vive la Argentina (y otros lugares). El marxismo, como el nacional socialismo (nazismo), son ideologías deterministas. Ven el desarrollo del mundo como siguiendo unas “leyes”, que se manifiesta por medio de “luchas”. El nazismo interpreta una supuesta “leyes de naturaleza” que se materializa en una “lucha de razas”. Para el marxismo todo sigue “leyes de historia” y se despliega en una “lucha de clases”.Adeptos a estas doctrinas se consideran agentes encargados en asistir a estos “procesos”, traducidos por ellos, como inmutables. De ahí que los nazistas, utilizan la práctica de eliminar al no-ario como colaboración meritoria con la naturaleza. Los comunistas también abrazan la ejercitación del exterminio, en este caso de clases (social, política, religiosa, cultura o ideológica), como prerrequisito para, junto a la alteración en las relaciones de producción, así alcanzar el final de la “alienación”, el puerto utópico de la barca marxista y construir el “hombre nuevo”.Marx, virulentamente expresó la necesidad de fusionar la violencia con toda acción revolucionaria. Su desprecio por el pacifismo es connotado. La lucha armada revolucionaria con la intención de derrocar sistemas capitalistas violentamente, no sólo era consecuente con las ideas de Marx, sino eran necesarias. Y los argentinos que creyeron y lucharon por implantar el paradigma comunista, no cometieron una herejía con la seudo-religión que es el marxismo. Fueron fieles a la metodología que prescribió su fundador.La lucha para convertir a la Argentina en una república socialista (no confundirse con Democracia Social) ha tenido seis periodos. Los actores fueron una amalgama de movimientos marxistas-leninistas que, aunque a veces evidenciaban antagonismos de índoles faccionistas, todos conspiraban por la comunización de Argentina. Al final terminaron reconstituyéndose o fusionándose en dos: el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y los Montoneros. La primera etapa (1955-1968) consistió principalmente en focos de guerrillas rurales donde el escenario fueron notoriamente las provincias de Tucumán, Salta y otras áreas montañosas. La gesta subversiva armada fue infructuosa en llevar a cabo ninguna contundente victoria.La segunda etapa de 1969 a 1972 marcó una intensificación en la guerra marxista al incorporar los insurgentes a guerrillas urbanas. Esta inclusión masiva de las ciudades escaló la contienda beligerante. El secuestro, la tortura y el asesinato de el ex – presidente Pedro Aramburu en mayo del 1970, por los Montoneros, dio aviso de la sangrienta década que avecinaba a la Argentina. Notables esfuerzos efectuados por las fuerzas de seguridad en frenar la ofensiva subversiva fue el establecimiento de un marco jurídico para combatir a los comunistas como la Cámara Federal de Penal. Este instrumento legal sirvió para procesar y condenar a más de 2,000 terroristas.El retorno de la democracia en mayo de 1973 marcó el comienzo del tercer periodo (1973-1976) de la guerra comunista por el poder estatal argentino. Teóricamente la democracia, como sistema político, es un acérrimo enemigo de un esquema doctrinal, como el marxismo-leninismo, que emplea el totalitarismo, como modo operativo. Sin embargo la voluntad de destruir la embestida comunista, por parte del nuevo presidente, Cámpora, parece no haber estado presente. El primer acto oficial del recién estrenado mandatario fue derogar la Cámara Federal Penal. Este ataque frontal al mecanismo legal para enfrentar al terrorismo y la posterior amnistía a todos los terroristas que habían sido condenados, vitalizó los movimientos antisistemas. Cámpora también desmanteló el Tribunal Supremo y entregó la Universidad de Buenos Aires en capacidad de virtual interventor, al connotado comunista Rodolfo Puiggros (luego convertido en líder montonero). La subversión estaba galvanizada.Los asesinatos, secuestros, atentados dinamiteros, ataques a guarniciones, bancos, etc., alcanzaron niveles inauditos. El 13 de julio, Cámpora renuncia (algo que muchos esperaban y consideraban su gesta presidencial como una premeditado preludio para el retorno de Juan Domingo Perón al poder). Nuevas elecciones fueron convocadas para septiembre que Perón ganó con 61% del voto. Tomando en cuenta la raíz peronista del movimiento montonero, Perón (y muchos de los que votaron por él) pensaron que el movimiento subversivo encontraría, en el mentor, un bálsamo para el apaciguamiento. Perón, igual que Cámpora antes que él, subestimó el apetito de los que estaban comprometidos con el establecer, nada menos, que un orden marxista en la Argentina. Todo esfuerzo de cooptar la subversión (y fueron muchos) resultaron infructuosos. El gran mariscal del estatismo argentino, Juan Domingo Perón, fue abandonado por esos que surgiendo de sus filas fascistas-socialistas, encontraron en el comunismo, un variante del socialismo más apetecible. El caudillo no hizo su ira callar.La respuesta de Perón a la guerra subversiva marxista fue la Triple A. Esta organización, operando en la ilegalidad y de forma clandestina, empezó la campaña furtiva de penetrar células subversivas marxistas y neutralizar a sus integrantes. Con sólo nueve meses en el poder, Perón fallece antes de 9 meses de haber obtenido las riendas presidenciales, muy distante de haber aminorado, y mucho menos, aniquilado a sus nuevos enemigos, antiguos discípulos. Quedó su esposa, Isabel Martínez de Perón, de presidenta.La presidencia de Isabel inicia con agresividad la lucha contra la guerra revolucionaria en este tercer periodo que culmina en 1976 con el golpe militar. Comenzando 1975, Operativo Independencia (decreto secreto No.261), una campaña otorgando poderes amplios al ejército argentino para combatir la guerrilla comunista en Tucumán, provincia fuertemente abatida por el ERP y amenazada con convertirse en “zona liberada”, fue autorizada. La despiadada crueldad con que ejercían la guerra los marxistas fue tipificado con el hallazgo en 1975 del cuerpo inerte del Teniente Coronel Larrabure secuestrado por más de un año, confinado a una fosa cavada debajo de una casa y llamada “cárceles del pueblo”. Larrabure había perdido cuarenta kilos de peso durante su cautiverio y su cadáver demostraba una contusión rectangular en forma de un martillo y en el cuello, un surco de estrangulamiento por torsión hacia atrás, y en los órganos genitales, congestiva inflamatoria, similar a la provocada por cargas eléctricas. El terror y la indignación nacional, ante la barbarie roja, alcanzaban proporciones desenfrenadas. Pese al esfuerzo del gobierno de Isabel Perón por frenar la avanzada subversiva, en adición al Operativo Independencia y el decreto No. 2772 de octubre de 1975, dando mayores facultades a las fuerzas armadas a lidiar con la insurgencia, el caos no parecía debilitarse. El hecho es que las autoridades argentinas, después del decreto de Cámpora derogando la Cámara Federal Penal y la ley de amnistías indultando a más de 2,000 terroristas, nunca recobraron el terreno ganando a los guerreros comunistas. No es casualidad que más del 52% de los actos terroristas y el 70% de los asesinatos, fueron llevados a cabo durante democracia, entre 1973 y 1976.El cuarto periodo (1976-1979) de la guerra comunizadora se desprende a partir del golpe militar de marzo de 1976. Se llamó “golpe militar” por la ascendencia al ejecutivo del Estado Argentino, de la junta militar precedida por Jorge Videla, y la manera no-democrática de llegar al mismo. Pero la realidad es que fue, más bien, un golpe “cívico-militar, ya que había el reclamo popular por la acción pretoriana interventora y tenía el amplio respaldo de la mayor parte de la rama legislativa multipartidista y judicial de la nación argentina. La sociedad civil abrumadoramente, y con generoso entusiasmo, reforzó moralmente la acción castrense. Esto incluye a personalidades de la izquierda como Jacobo Timmermann, Ernesto Sábato, etc., con este último rindiendo impresionante loas al “libertador” Videla. De haberse realizado elecciones libres en ese momento ante la crisis existente, con gran probabilidad, hubiera obtenido tal vez la mayoría más decisiva en la historia de elecciones argentinas.La misión de la junta militar de 1976 fue la de neutralizar la ofensiva marxista, sus acciones terroristas, y poner fin al proyecto de establecer una república comunista en América del Sur. Su preocupación no fue en ganar concursos de popularidad, y eso fue, indudablemente, un gran error estratégico. El reto que enfrentaban fue enorme. Los combatientes marxistas representaban la fuerza insurreccional más grande en el hemisferio occidental en ese momento. Su modo no-convencional de desarrollar una guerra de guerrillas, rurales y urbana, dificultaba la tarea de combatirlos. No obstante la ferocidad y el poder de la ERP, los Montoneros, la tiranía castrocomunista, el comunismo internacional, la izquierda radical y sus respectivos simpatizantes, las fuerzas de seguridad argentinas ganaron, en tres años, la contienda bélica, y restablecieron el orden.La lucha marxista-leninista por el poder, con su empleomanía del terror armado, se llevó a cabo entre 1955 y 1979. Su costo a la sociedad argentina fue enorme. Esta atroz guerra para imponer un sistema sobre la mayoría, por una minoría, elitista y fanática, que obedecía a una ideología radical, atea e intolerante, colectivizó el luto y el caos. ¡Solo entre 1969 y 1979 hubo 21,642 actos terroristas ejecutados por los comunistas! La derrota militar aplastante que sufrieron los combatientes marxistas, llevó a la dirigencia subversiva a cambiar de campo de batalla. La despreocupación del régimen militar por el realismo de las imágenes y percepciones, probó al final, ser un error colosal sobre el cual el enemigo capitalizó.La quinta etapa (1980-2003) recorre la parte final del mandato castrense, después de ganar la guerra bélica en 1979, recorre el retorno a la democracia, con las presidencias de Raúl Alfonsín, Carlos Menem y concluye con la ascensión al poder del actual mandatario. La cúpula marxista argentina, y sus cómplices revolucionarios internacionalistas, no cesaron sus afanes conspirativos para, en la tierra donde nació Sarmiento, instaurar una dictadura socialista. La metodología para conquistar el poder, cerradas las puertas de la vía armada, resultó ser el terreno de la opinión pública en las capitales del mundo occidental capitalista.La guerra roja publicitaria abrazó la premisa difusionista de Hermann Goebbells, Ministro de Propaganda de Hitler, la de repetir una mentira suficiente cantidad de veces hasta convertirla, en la opinión pública, en una “verdad”. El proyecto fue de convertir a los victimarios en víctimas. La “victimización” se esperaba, generaría una reacción mundial que presionaría a los vencedores de la guerra armada a prescindir del poder. Y establecido el espacio, la tarea usurpadora daría, en territorio nacional, un nuevo ímpetu.El tema de los “desaparecidos” resultó una genial componenda, dentro de una instrumentación muy bien elaborada, para facilitar el camino al poder. En léxico político, el acto de “desaparecer” a alguien consiste en la detención y ejecución, sin juicios y extraoficialmente, de un opositor, real o imaginarioSí. Incuestionablemente, hubo desapariciones en la Argentina. Por supuesto que no los números bombásticos e hiperinflados ofrecidos por sus partidarios. Cifras serias varían entre 4000 y 7706. Tarea complicada por la constante “reaparición” de personas consideradas “desaparecidos”, sin embargo viviendo y activos en Europa, América Latina y los ex –países socialistas. Indemnizaciones posteriores a familiares, asegura que los números nunca ascenderán a proporciones realísticas.La práctica sistemática de detener y ajusticiar combatientes, sin revisión jurídica, se llevó a cabo por gobiernos argentinos, democráticos y no-democráticos, durante la década del 70. Esta actividad recrudeció con la intervención castrense de 1976 y duró hasta 1979. Sin embargo, las desapariciones pre-golpe militar, no parece haberles preocupado mucho. Esto ha sido una omisión estratégica. Las autoridades públicas argentinas, empleando la mecanización de aprehender y matar extraoficialmente a las capturadas fuerzas subversivas, pusieron fin a la guerra. La contraofensiva lanzada por el gobierno, y el régimen militar en particular, neutralizó la búsqueda armada del poder por los marxistas. Sus integrantes y simpatizantes desertaron la vía armada y optaron por medios y mecanismos operantes en sociedades abiertas (las mismas que aniquilarían si llegaran al poder).El nuevo campo de batalla fue la opinión pública internacional. Nada más fácil que victimizar al que perdió la guerra. No importa si fueron los que la empezaron. La intensa campaña de victimización necesitaba de “víctima” y “villano”. Los que escaparon al exterior con el comunismo internacional y sus cómplices de la izquierda, coreografiaron la embestida sicológica espectacularmente. Como metodología sería obligado descontextualizar la historia .La práctica de descontextualizar es una mentira astuta. De esa forma habría un claro “villano”. Extirparon, del largo proceso de lucha antisubversiva, el periodo después del golpe militar de 1976, ignorando 21 años previos de constante enfrentamiento bélico a las fuerzas antisistemas. Así se desarrolló la temática de los “desaparecidos”. El descarado arte de descontextualizar, de hacer un paréntesis de sólo un tramo de historia y pretender que no tiene vinculos orgánicos, de hacer creer que toda la violencia surgió a partir del golpe castrense y que ellos (los insurgentes) “respondían” a dicho acto, fue hecho posible sólo por la desinformación, la aptitud de la ignorancia y/o el acondicionamiento ideológico.Maniobrando artificiosamente por canales legales e instituciones legítimas, lograron esquivar la atención de su pasado criminal. Organizaciones serias, particularmente de derechos humanos, engatusados, canonizaron a grupos, que hasta días previos habían cometidos actos de la misma envergadura de la que estaban ellos ahora señalando. El fiasco de las Malvinas retornó a la Argentina a la democracia. Comenzó en ese momento la mutilación del acomodamiento de la legalidad para satisfacer su agenda ideológica. La victoria electoral de Raúl Alfonsín, político de la Unión Cívica Radical (UCR) y antiguo abogado de Mario Santucho, notorio terrorista jefe del ERP, extendió la contienda publicitaria a territorio argentino. La finalidad de socializar a la Argentina encontró un comodísimo entorno facilitado por la administración de Alfonsín. La vía de una legalidad parcializada e ideológicamente dirigida, fue puesta en práctica de forma inmediata. El decreto No. 158/83 institucionalizó la descontextualización histórica y jurídica. Esta orden ejecutiva criminalizó lo cometido durante la guerra, mayoritariamente sólo por un bando (las fuerzas públicas) y por un periodo específico (durante el régimen militar). Los 359 desaparecidos de 1975, los 549 del primer semestre de 1976 y todos los cometidos por la Triple A, la banda paramilitar de Perón (Juan D.), no les interesó a los inquisidores partidistas. Era obvio que la lupa oficialista no tendría ni un remoto interés, en indagar sobre las atrocidades incurridas por los ex-combatientes revolucionarios.La estrategia de las desapariciones selectivas recibió oficialidad doméstica con el decreto No. 187/83. Esto estableció la CONADEP, comisión comprometida copiosamente con los propósitos de los ex-insurgentes. Este instrumento lleno de errores, omisiones y falsedades sirvió de base para la “justicia” alfonsinista. Al rato comenzaron los juicios a los militares que pararon la guerra marxista armada. El gobierno de Alfonsín obtuvo, para los terroristas marxistas argentinos, sus partidarios y la izquierda radical, impresionantes logros. Ofreciendo el podium de un régimen democrático, “legitimizó”, ante la opinión pública, las quejas de los vencidos subversivos y encubrió sus bárbaros crímenes. Para la mayoría de los argentinos el emprobecimiento, bajo su mandato, no sólo fue moral y cultural.En su afán por socializar al país, Alfonsín casi destruye a la Argentina. Habiendo estatizado, para 1985, la mitad de los medios de producción nacionales, el crecimiento económico, la productividad, el poder adquisitivo y los salarios reales estaban desplomados. Lo que estaba en ascenso eran los precios, la delincuencia, el desempleo real y la inflación. Este último a niveles carnavalescamente altos, que castigó con mayor severidad a los más necesitados. A pesar de las generosas concesiones hechas por Alfonsín a los marxistas y la inmersión socializadora de su gesta, los conspiradores parecen no haber estado satisfechos.Fiel a sus prédicas doctrinales, los comunistas bélicamente retomaron la ofensiva atacando, en 1989, el regimiento militar en La Tablada. Fue, como campaña militar, desastrosa para los comunistas. Las fuerzas públicas lograron enseguida aplastar el ataque. Defendiendo la Nación y repelando el cobarde asalto, murieron más de 10 argentinos, incluyendo el Mayor Fernández Cutiellos asesinado por un balazo en el rostro, sólo después de habérsele cortado la lengua y los testículos. Tristísimamente, antes de concluir la próxima década, los asesinos comunistas estarían caminando libres por las calles.La ascensión de Carlos Saúl Menem marcó una obstaculización para los propósitos de lograr una Argentina, socialista y montonera. No obstante la innegable corrupción (problema no-partidista argentino), concesiones empresariales selectivas, gasto público excesivo y nublosos acuerdos políticos, los avances socialistoides en el ámbito político, cultural y legal alcanzado, cortesía de la previa administración, fueron retrocedidas. El esquema cuasi-liberalizador, el acercamiento con los EE.UU., la condena al castrocomunismo en foros públicos y el indultar a los partícipes de la guerra, de ambos lados, en búsqueda de una reconciliación nacional, descarriló, momentáneamente, el ímpetu marxista en la Argentina. Lamentablemente, los vínculos de Menem con el peronismo y su maquinaria socio-política, las reformas antiestatistas estructurales, incompletas y mediatizadas, atrofiaron el potencial despegue argentino de los pantanos de la contracultura socialista. Los que vinieron después, no sólo continuaron la incorrecta lectura y mal aplicación del libreto liberal, sino le ofrecieron a las fuerzas conspiradoras su más grande oportunidad, para alcanzar el poder, en una década. El léxico político se degradó a niveles vergonzosos. Culpando a potencias extranjeras, sus instituciones y modelo económico, en vez de la ineptitud de los políticos criollos que no supieron administrar la impresionante riqueza adquirida y controlar el despilfarro público, resurgió la premisa de invitar al estado a ampliar su poder, achacando, calumniosamente, a un paradigma teórico que nunca se practicó. Rápido se movilizaron los movimientos antisistemas para quebrar el orden democrático y desvirtuar la concordia política. La expresión del descontento social fue secuestrada por extremistas que decidieron redefinir “democracia”. Fernando De La Rua, con su renuncia, les dio a las turbas y sus secuaces, un nuevo formato para alcanzar el poder. A éste, aún el acto de conmutar la sentencia de los atacantes a La Tablada, poco le sirvió para ser perdonado por el imperdonable suceso, para la izquierda radical, de condenar al régimen castrista en los procedimientos de los DD.HH. de la ONU. Esto a pesar de tener Cuba la infame insigne de ser el país con la mayor cantidad de presos políticos, per cápita, en el mundo y ser un fiel y consiste practicante de la tortura sistemática. Políticos como Eduardo Duhalde, uno de los presidentes interinos, volvió a la inescrupulosa rutina de rehusar depositar el voto argentino en la digna columna de naciones que condenaron a Cuba comunista en la ONU. Sin lugar a dudas, gestos como ese, la excarcelación de connotados terroristas, como Gorriarán Merlo (el acto de cierre del mandato duhaldista) y la extensión del clientelismo ideológico, dejó claro que la locomotora marxista se había, nuevamente, encarrilado. Así concluyó el quinto periodo de la lucha revolucionaria por el poder argentino.La nueva metodología de victimizar a los agresores desvirtuando la historia para así institucionalizar la contracultura (requisito de premisa marxista), amparadas por una legalidad partisana (táctica de lucha ejercida por los marxistas argentinos después de su derrota en el campo bélico) encontró, en la ascensión de Néstor Kirchner, su “raison d’être” y marca el sexto y actual periodo de la sitiada comunista (2003-presente). Con el 22% del voto popular (la más baja en la Argentina), arribó Kirchner al poder. En un “caballo de Troya”, por la puerta de una debilitada democracia, se insertó el montonerismo en la cúpula estatal argentina. Lo que no lograron las bombas, los asesinatos, los secuestros, las torturas (el terror en general), lo posibilitó la maquiavélica estrategia adoptada al concluir la contienda armada.Dos fenómenos de la modernidad han hecho fácil la adquisición del poder por elementos radicales. El primero es la inclusión de la propiedad privada, amedrentada y cooptada, a la praxis socialista. La segunda es la empleomanía de la democracia misma, como sistema para arribar al poder. El comunismo es un fin, no un medio. Para alcanzar esa utopía, el modo operativo es implantar el autoritarismo para después, dependiendo en la extremidad de los propósitos, si es necesario, ejercer el totalitarismo. La metamorfosis que ha dado el marxismo al incorporar variantes del capitalismo, por ejemplo, capitalismo concesionario, mercantilismo, etc., tolerando esquemas de propiedad privada para así alistarlo, en concepto y práctica, en sus nociones de relaciones de producción (así lo explicó Deng Xiao Peng en 1978 y practicó Lenin en 1921), allanó el camino doctrinalmente para socialistas como Kirchner. Al establecer terrenos grises, la veracidad de las intenciones ha sido más fácil de ocultar. Adicionalmente, la incapacidad del socialismo de resolver las necesidades de sus habitantes, ha engendrado una relación de dependencia irremediable con el capitalismo. Es esta condición de parasitismo empedernido, la que obliga la tolerancia de la propiedad privada, aún cuando, dogmáticamente, la desprecia. La utilización del foro democrático, para llegar a la cúpula gobernante, es el segundo factor. Típicamente, encarando la dificultad de tomar la posesión del gobierno por las armas, el camino por vías democráticas, es otro método de adueñarse del estado. Así lo hizo Hitler y el Nacional Socialismo. El monopolizar el poder es la meta. Los obstáculos son la sociedad civil y la oposición. Sin duda de que este proceso de consolidación de poder, cuando la dictadura en formación parte de la democracia, se hace más difícil. Lastimosamente, este fenómeno se está repitiendo con demasiado frecuencia. Los marxistas en la Argentina, desde el 25 de mayo del 2003, con un ex-montonero presidente gobernando desde la Casa Rosada, en ese afán están.La toma de posesión de Kirchner contó con las figuras más predilectas de la izquierda radical. Ahí estaba el tirano-en-jefe, Fidel Castro, recibiendo la distinción de concretar la más prolongada reunión con el nuevo mandatario. Su discípulo, Hugo Chávez, también rozó los codos con el homenajeado. Esta cuasi-cumbre de terroristas, dictadores, sus apologistas y papagayos no fue un mero “show” publicitario, como algunos ilusos sugirieron. Kirchner rápidamente demostró la seriedad de sus convicciones.Antiguos montoneros desbordaron el gabinete kirchneriano. Rafael Bielsa recibió la Cancillería; Carlos Kunkel se le asignó la Subsecretaría de la Presidencia; Enrique Albistur se le encomendó la Secretaría de Comunicación; Eduardo Sigal fue hecho Subsecretario de Integración Americana; Eduardo L. Duhalde fue nombrado Secretario de Derechos Humanos; Juan Carlos Dante Gullo, asesor presidencial; Jorge Taiana sería nombrado Secretario de Relaciones Exteriores; Patricia Vaca Narvaja recibiría la Secretaría de Defensa del Consumidor; Juan González Gaviola se le asignó el ser interventor del PAMI; Carlos Bettini, embajador en España; y más reciente, la Ministra de Defensa Garré. Todos ex-montoneros y ex-montoneras. Con esta composición estructural, claro quedó, que en este régimen la hegemonía sería montonera.Los mecanismos con la capacidad de frenar o destruir los proyectos de la nueva administración de ex-subversivos, rápidamente fueron enfrentados. Las Fuerzas Armadas, de inmediato, vieron a 52 altos jefes extirpárseles el mando. Nuevos oficiales con afines ideológicos o debilidades oportunistas fueron colocados. Los servicios de inteligencia, necesarios para defender una nación moderna, fueron fatalmente debilitados. Opositores, para los marxistas, no son sólo los reales, sino también los imaginarios y potenciales. Una campaña calumniosa de desprestigio (mayor que las de antes) fue instaurada. Una serie de legalidades, trampas y reinterpretaciones, fueron despachadas para suplementar las medidas aplanadoras. Decretos con precedentes establecidos, como la Obediencia Debida y Punto Final, diseñados para sanar las heridas de una guerra difícil, fueron revertidos. La intención era clara, en adición al ánimo vengativo, Kirchner fortaleció el propósito de domesticar a la institución con la mayor posibilidad de bloquear la marcha al despotismo. La intención es el ablandamiento suficiente para que los uniformados respondan, no a la Patria, sino al Partido.Propagandísticamenta, la contracultura que el montonerismo ha luchado para institucionalizar, requiere la alienación de las FF.AA. La premisa oculta de derogar la prohibición de extraditar oficiales argentinos a terceros países, obedece al claro objetivo de amedrentar las fuerzas castrenses enlistando, por medio de la complicidad internacional, a jueces marxistas dispuestos a enjuiciar extranjeros. Paradójicamente teniendo estos en su propio patio terroristas como Santiago Carrillo para encarcelar, sujeto que ordenó la masacre de más de 5,000 personas, en menos de tres meses, durante la Guerra Civil Española. Este desmembramiento psicológico, pretende inculcar el terror dentro del ejército.La monopolización del poder requiere una intolerancia con, no sólo opositores, sino también disidentes. El estado argentino al ser el mayor empleador singular, la tarea de castigar, amenazar o premiar, juega perfecto con las pretensiones dictatoriales de Kirchner. Un ejemplo fue el despido masivo de aliados de Daniel Scioli, cuando el vicepresidente cuestionó la “seriedad” del nuevo régimen. La expulsión del Dr. Sánchez Herrera, Procurador del Tesoro, por haber representado legalmente al General Juan Bautista Sasiain, es otro ejemplo (el primero perdió el padre y el segundo, la hermana, en actos terroristas). Esto es un descaro olímpico, cuando su ministro de, nada menos que la Secretaría de Derechos Humanos, no sólo es un ex-terrorista, sino fue el representante legal de Mario Santucho, asesino fundador (mencionado anteriormente) del ERP, encausado por el secuestro, la tortura y el asesinato de Oberdam Sallustro, gerente de Fiat. La rama judicial es hoy un simple adorno, que el régimen montonero usa para sellar sus deliberaciones internas, enmascarando la casi completitud de su poder. La noción toqueviliana de “separación de poderes” es, en la Argentina actual, un espejismo. Jueces cumpliendo sus funciones, que no han coincidido con la administración socialista, particularmente en el Tribunal Supremo, por medio de la intimidación o amenaza directa, han renunciado, sido despedido o cooptados. En su lugar nuevos jueces, adeptos al fundamentalismo montonero, han sido colocados. Listos para repartir “justicia revolucionaria”. Este peligrosísimo acontecimiento facilita la solidificación absolutista del régimen kirchneriano, al poder éste definir y prescribir lo que es “legal” y “constitucional”.Con la subordinación de la rama judicial, la práctica de la censura se ha elevado a proporciones alarmantes. Terminología jurídica como “prédica golpista”, “apología del delito” y “Protección del Orden Constitucional”, han sidas adjuntadas a los códigos legales de la Argentina de hoy. Ninguna, si verdaderamente hubiera un sistema judicial competente, sobrevivirían, en una genuina democracia. Lograda la esterilización de las Fuerzas Armadas y las Cortes, la tarea de desintegrar la sociedad civil se simplificó. Teniendo la capacidad para “legalizar” y forzar al ostracismo al que promueve, y la inhabilidad para revertir la inconstitucionalidad de dicha acción, libertades elementales, han ido desapareciendo. El efecto, es el de una censura de terciopelo. La población en masa, quebrada ante la intimidación, desiste de enfrentamientos efectivos y directos contra el régimen kirchneriano. Organizaciones de fachadas, establecidas para dar la imagen de “apoyo popular” y servir de fuerzas de choque para contrarrestar descontento social, son las patrullas ideológicas de los montoneros. Los piqueteros, movimientos radicales y sindicatos cooptados son algunas de las estructuras que sirven de pantalla para el exterior y agentes atemorizadores para el intramuros.Medios de información integralmente comprometidos con la oficialidad socialista, se ocupan de lidiar el abatimiento contra la Iglesia y toda denominación no-tercermundista. Propagandistas ligados al gobierno kirchneriano descargan su plomo incesantemente para propagar el descrédito hacia instituciones que abrazan la creencia en Dios. Emplean todo el peso de la prensa servil buscando enraizar, culturalmente, el ateismo. Censuran, ridiculizan, aíslan e intimidan para imponer un precio social a la sociedad argentina, por creer y adorar al Ser Supremo. El ateismo fundamentalista que condiciona el comunismo, prescribe, sin equívoco, dicha proposición. La seudo-religión que es el marxismo hace irreconciliable su coexistencia con una Iglesia vibrante e indispuesta a ser cómplice. Verbitsky, el Goebbells argentino, y tantos otros al servicio del régimen montonero, lo saben muy bien. Por eso, tan despiadadamente, la combaten. El agrandamiento explosivo del sector público que se ha llevado a cabo en los últimos tres años, forma parte de la esquematización elaborada para atomizar a la sociedad civil. La estatización de la Argentina es, en su máxima expresión, el arribo a la nirvana del colectivismo. Más poder para el estado viene a la expensa del individuo. La concentración de la economía en manos públicas no se traduce en un enriquecimiento del “pueblo”. Esa mentira se la han vendido cínicamente. El “pueblo” no se convierte en dueño de nada, permanece marginado de las decisiones y está, netamente, a la merced de lo que hay en el almacén de ideas, dentro de la cabeza de los que controlan el poder. Una democracia, para ser genuina, requiere pluralismo. La descentralización del poder, político y económico, son firmes barreras para prevenir el despotismo. La soberanía de una sociedad reside, no en los que gobiernan, sino en los gobernados. Por eso, con ímpetu frenético, busca, esta administración, la grandilocuencia reguladora que otorga un estado predador y de esa manera, concretar su hegemonía sobre el detalle de vida de cada argentino. Mecanismo, maravillosamente perverso y prerrequisito, para implantar la meta por la cual vienen luchando desde 1955: una Argentina marxista-leninista.En estos momentos las instituciones públicas más capaces de impedir la comunización: las FF.AA. y el Tribunal Supremo; están defenestrados. La oposición política permanece desorganizada. Del lado civil, la Iglesia está asediada por la contracultura oficialista y, exceptuando nobilísimas excepciones, parece preferir esperar por el desarrollo de los acontecimientos. El sector privado, el motor verdaderamente capaz de producir riqueza, cada vez está más regulado y espantado. La única señal de liberalización es la licencia impune dada a los delincuentes, muchos bajo nómina estatal.¿Tiene legitimidad este gobierno para hacer lo que están haciendo? Que en su primer elección haya ganado con el 22% del voto y 39.5% en la segunda, deja duda, si es que se cree en el concepto del voto mayoritario. Las turbas contratadas son la cara que el montonerismo presenta ante esta incógnita. Quieren hacer creer que “turbocracia” y “democracia” son sinónimos. ¿Está todo perdido? No. Depende de los argentinos romper el silencio y no seguirle el juego a esta dictadura en construcción. La dinastía kirchneriana ya está maniobrando. El clientelismo, por medio de la despenalización y tolerancia delictiva, augura incrementar sus números. Sin embargo, el montonerismo tiene vulnerabilidades. La fragmentación dentro del justicialismo es buena. El canibalismo político que se ejerce dentro del partido de Perón, obstaculizará la consolidación que busca el régimen montonero. La disidencia dentro de esas filas, se debe estimular. Políticos opositores deben priorizar lo que los une: frenar la avalancha marxista. Alianzas de amplio espectros, deben coordinarse.Más importante de que se llegue al poder por la vía democrática, es que se gobierne democráticamente. La pluralidad, hoy brillando por su ausencia en la Argentina, puede ser vigorizada al concientizar la sociedad Frente al peligro y movilizarse en oposición a mayores transferencias de poder al ejecutivo montonero. En elecciones, premiar a candidatos que abrasen la cultura de la libertad, en vez del estatismo y la dependencia, y utilizar el espacio que queda, para reclamar la soberanía popular perdida. La sitiada marxista ha estado en pie. Hoy están en el poder, pero todavía no han monopolizado todos los sectores de la sociedad argentina. La lucha sigue y se puede ganar. El dogma socialista no frena su avance, aún ante la pared empírica, que evidencia la demencialidad de su práctica. Quiera Dios que Argentina se salve de tan malvado experimento.
Julio M. Shiling
Kirchner, el enemigo del campo
Por Silvia Mercado
“El enemigo es grande, pero mucho más si se lo mira arrodillado”, dijo Eduardo Buzzi, tomando palabras que pronunció José de San Martín. El titular de la Federación Agraria Argentina, una organización que la opinión pública urbana creyó aliada de los Kirchner, ya no deja lugar a dudas cada vez que habla: pocos percibieron que el 11 de marzo, cuando Martín Lousteau anunció la ampliación de las retenciones, la FAA se encontraba realizando un paro de 48 horas en protesta por la política agropecuaria, con tímida repercusión mediática.
Es obvio que Kirchner mandó a disciplinarlos con las nuevas medidas, y los productores federados, cuadros políticos tan notables como desconocidos en la Ciudad de Buenos Aires, ya no ocultan su enojo.
Es impresionante lo que dicen frente a las cámaras los productores. Hablan de que el Gobierno nacional usa la chequera para “disciplinar” a gobernadores e intendentes. Aseguran que Kichner no se equivocó nunca, que siempre gobierna para el mismo lado, es decir, contra ellos. Afirman que el único objetivo de las retenciones es aumentar el poder de la Casa Rosada para debilitar al interior. Se dirigen a Cristina Fernández recordando que está “en su descanso en El Calafate”. Dicen que las movilizaciones y piquetes se hacen sin pagar colectivo ni regalar choripanes. Adelantan que no aceptarán más mentiras de los funcionarios. Explican que ya no saben en qué idioma decir que las políticas hacia el campo llevarán indefectiblemente a que no haya más carne ni más leche.
Incrédulo, el Gobierno sólo repite que no negociará bajo presión, mientras intenta por todos los canales posibles romper la inédita unidad de los productores argentinos, chicos, medianos y grandes, que cortan rutas a lo largo y a lo ancho del país. Incluso, las entradas de las empresas que salieron a respaldar las medidas, como es el caso de Aceitera General Deheza, cuyo dueño es el senador nacional por Córdoba, Roberto Urquía, hoy tan defenestrado por la gente del campo como el propio Lousteau.
El campo está rebelado, y los porteños no entienden por qué, si tienen más plata que nunca. Sólo ahora que hay 300 piquetes en distintos cruces del país empezaron a poner en duda lo que siempre creyeron. Es decir, que son una oligarquía quejosa, egoísta, insensible y evasora de impuestos.
Desde la ciudad, es difícil entender el campo. Como es más cómodo pensar lo de siempre, jamás entendieron por qué cuando vino la crisis, el campo era el único sector de la economía absolutamente desplegado y competitivo, con facilidad para aprovechar las ventajas de la devaluación y derramar parte de sus excedentes a través de los derechos de exportación que impuso la emergencia, y que aceptaron sin protestar.
Nunca se molestaron en comprender de qué se trataba la fenomenal transformación tecnológica que se operó en la década de los 90, al altísimo costo de una drástica reducción de productores en todo el país. Ni tampoco comprendieron que gracias a la soja, no sólo se produce cada vez más trigo, más maíz, más carne y más pollo. La soja también permite a nuestros países del Cono Sur una etapa inédita de crecimiento, independencia política y económica, de equilibrio regional.
Para el Gobierno, el problema con esta gente del campo es que son muchos y difíciles de conducir. Por eso Kirchner los eligió de enemigos. Hasta ayer nomás, era fácil, y muy rentable desde el punto de vista de su propia imagen. Finalmente son 300, 400 o 500 mil pymes, desperdigadas por todas las provincias, con dirigentes criticados por falta de representatividad. Siempre es más fácil acordar con 3 o 4 grandes empresas, que necesitan de los favores del Estado
Pero los productores se cansaron de seguir siendo los malos de la película, a pesar del ingreso que dejan en las rentas nacionales, a cambio de nada. La emergencia pasó. La pobreza se redujo. El empleo creció. Justamente por eso se necesita producir más y mejor. Y urge la necesidad de inversión en caminos, puentes, puertos. Y en nuevas variedades de semillas, agroquímicos, maquinarias.
Es una pena que el Gobierno sólo confíe en los que se dejan disciplinar. La mayoría de los productores reflexionó crítica y profundamente acerca del rol que algunos tuvieron en la dictadura y su propia responsabilidad en la crisis que dejó niveles de pobreza del 50 por ciento. La producción agropecuaria estaba dispuesta a construir una Argentina distinta de la mano de un Gobierno que no votó. Tenía esperanzas en Kirchner y más en Cristina. Creyó que vendría una etapa de revisión de políticas erradas como las encaradas por Guillermo Moreno, de mayor tolerancia, de renovada institucionalización.
Pero se equivocaron. Y ahora son ellos los que ven al Gobierno como al mismísimo enemigo. Y lo peor, es que no es el campo el que necesita del Estado, sino el Estado del campo. Para que sostenga el superávit fiscal, pero también para que produzca alimentos. ¿Qué pasaría si los productores dejaran de sembrar? Pero esto es para una próxima nota.
La Política on Line
“El enemigo es grande, pero mucho más si se lo mira arrodillado”, dijo Eduardo Buzzi, tomando palabras que pronunció José de San Martín. El titular de la Federación Agraria Argentina, una organización que la opinión pública urbana creyó aliada de los Kirchner, ya no deja lugar a dudas cada vez que habla: pocos percibieron que el 11 de marzo, cuando Martín Lousteau anunció la ampliación de las retenciones, la FAA se encontraba realizando un paro de 48 horas en protesta por la política agropecuaria, con tímida repercusión mediática.
Es obvio que Kirchner mandó a disciplinarlos con las nuevas medidas, y los productores federados, cuadros políticos tan notables como desconocidos en la Ciudad de Buenos Aires, ya no ocultan su enojo.
Es impresionante lo que dicen frente a las cámaras los productores. Hablan de que el Gobierno nacional usa la chequera para “disciplinar” a gobernadores e intendentes. Aseguran que Kichner no se equivocó nunca, que siempre gobierna para el mismo lado, es decir, contra ellos. Afirman que el único objetivo de las retenciones es aumentar el poder de la Casa Rosada para debilitar al interior. Se dirigen a Cristina Fernández recordando que está “en su descanso en El Calafate”. Dicen que las movilizaciones y piquetes se hacen sin pagar colectivo ni regalar choripanes. Adelantan que no aceptarán más mentiras de los funcionarios. Explican que ya no saben en qué idioma decir que las políticas hacia el campo llevarán indefectiblemente a que no haya más carne ni más leche.
Incrédulo, el Gobierno sólo repite que no negociará bajo presión, mientras intenta por todos los canales posibles romper la inédita unidad de los productores argentinos, chicos, medianos y grandes, que cortan rutas a lo largo y a lo ancho del país. Incluso, las entradas de las empresas que salieron a respaldar las medidas, como es el caso de Aceitera General Deheza, cuyo dueño es el senador nacional por Córdoba, Roberto Urquía, hoy tan defenestrado por la gente del campo como el propio Lousteau.
El campo está rebelado, y los porteños no entienden por qué, si tienen más plata que nunca. Sólo ahora que hay 300 piquetes en distintos cruces del país empezaron a poner en duda lo que siempre creyeron. Es decir, que son una oligarquía quejosa, egoísta, insensible y evasora de impuestos.
Desde la ciudad, es difícil entender el campo. Como es más cómodo pensar lo de siempre, jamás entendieron por qué cuando vino la crisis, el campo era el único sector de la economía absolutamente desplegado y competitivo, con facilidad para aprovechar las ventajas de la devaluación y derramar parte de sus excedentes a través de los derechos de exportación que impuso la emergencia, y que aceptaron sin protestar.
Nunca se molestaron en comprender de qué se trataba la fenomenal transformación tecnológica que se operó en la década de los 90, al altísimo costo de una drástica reducción de productores en todo el país. Ni tampoco comprendieron que gracias a la soja, no sólo se produce cada vez más trigo, más maíz, más carne y más pollo. La soja también permite a nuestros países del Cono Sur una etapa inédita de crecimiento, independencia política y económica, de equilibrio regional.
Para el Gobierno, el problema con esta gente del campo es que son muchos y difíciles de conducir. Por eso Kirchner los eligió de enemigos. Hasta ayer nomás, era fácil, y muy rentable desde el punto de vista de su propia imagen. Finalmente son 300, 400 o 500 mil pymes, desperdigadas por todas las provincias, con dirigentes criticados por falta de representatividad. Siempre es más fácil acordar con 3 o 4 grandes empresas, que necesitan de los favores del Estado
Pero los productores se cansaron de seguir siendo los malos de la película, a pesar del ingreso que dejan en las rentas nacionales, a cambio de nada. La emergencia pasó. La pobreza se redujo. El empleo creció. Justamente por eso se necesita producir más y mejor. Y urge la necesidad de inversión en caminos, puentes, puertos. Y en nuevas variedades de semillas, agroquímicos, maquinarias.
Es una pena que el Gobierno sólo confíe en los que se dejan disciplinar. La mayoría de los productores reflexionó crítica y profundamente acerca del rol que algunos tuvieron en la dictadura y su propia responsabilidad en la crisis que dejó niveles de pobreza del 50 por ciento. La producción agropecuaria estaba dispuesta a construir una Argentina distinta de la mano de un Gobierno que no votó. Tenía esperanzas en Kirchner y más en Cristina. Creyó que vendría una etapa de revisión de políticas erradas como las encaradas por Guillermo Moreno, de mayor tolerancia, de renovada institucionalización.
Pero se equivocaron. Y ahora son ellos los que ven al Gobierno como al mismísimo enemigo. Y lo peor, es que no es el campo el que necesita del Estado, sino el Estado del campo. Para que sostenga el superávit fiscal, pero también para que produzca alimentos. ¿Qué pasaría si los productores dejaran de sembrar? Pero esto es para una próxima nota.
La Política on Line
Como se construye un dictador
Como se construye un dictador
A lo largo de la historia de la humanidad, y lamentablemente en la más reciente, la del Siglo XX, de la cual todavía no hemos podido desprendernos, ha habido muchos dictadores.
Indiscutiblemente, este penoso ciclo fue inaugurado por Lenin y la “Revolución Rusa”, y luego hubo unos cuantos seguidores o imitadores.
En la extensa lista podríamos incluir a Mussolini en Italia, Hitler en Alemania, el Mariscal Tito en Yugoslavia, Mao en China, Francisco Franco en España, Saddam Hussein en Irak, Khaddafi en Libia, e, incluso, de una forma más matizada el mismísimo Gral. Perón en Argentina, aunque este último no halla podido llegar a ser tan profundo.
Todos ellos tienen muchas cosas en común, más allá de vestir uniformes militares, y es, en lo social, la demagogia, en lo político el autoritarismo y en el plano económico, el totalitarismo, sistema por el cual controlan el capital y pueden disponer de él a su antojo, aunque curiosamente todos, absolutamente todos, dicen ser enemigos del capitalismo, cuando omiten, o pretenden omitir, que el capitalismo no es ni de izquierda ni de derecha, sino que es simplemente, una herramienta, la cual en los sistemas totalitarios es —como dijimos— controlada por el monopolio del Estado, que en el caso de los dictadores son, sencillamente, ellos mismos.
Lamentablemente, todavía existen algunos de estos autócratas, y en Latinoamérica tenemos dos casos emblemáticos, Fidel castro en Cuba, y su mejor alumno, Hugo Chávez en Venezuela.
¿Pero existe una receta para la creación de estos dictadores? Parecería que sí, ya que todos, cambiando algunos detalles menores, tuvieron, o tienen, la misma metodología. Así como existen estrategias Militares, Comerciales, de Estudio o económicas, estos personajes parecen haber desarrollado una especie de “manual” para enquistarse en el poder, y es el siguiente:
Este sistema está conformado por tres etapas; en la primera, lo más importante, la meta, es “acabar con el imperialismo Yankee”. Inmediatamente —como en los países donde pretenden instalarse los pobres son mayoría— a estos les inyectan desesperanzas, acusando al pasado y a la democracia de todos los males. Mantienen una línea permanente con el pueblo y están en sintonía con ellos. Enseguida imponen un discurso que debe ser simple y contundente: Eso les llega muy bien. Emocionan al pueblo, y aparentan tomarlos en cuenta, aprenden a dosificar la ignorancia con una verborragia encendida, cargada de autoridad y poder. No se preocupan por los ricos y la clase media, ya que nunca son más que el 80% de pobres, que son lo que necesitan.
Al principio, siempre mencionan la Biblia y Cristo ya que los Católicos muchas veces son la mayoría. Además, mientras la Iglesia está adormilada, aprovechan la situación para neutralizarla, de modo tal que cuando intente una reacción el régimen ya va a estar instalado. Los Católicos sin liderazgo no son gran cosa y los obispos se abstendrán de reaccionar porque está insertada la falsa idea que toda acción represiva es inmoral. Si existiese un sacerdote alertado de la maniobra, intentarán comprarlo. Si la Iglesia local se rebelase, ese sería su último día como feligresía, pero difícilmente vendrá; los judíos no cuentan, los evangélicos, menos y las demás religiones… para qué nombrarlas.
Cristo siempre será su principal pancarta, ya que permanentemente lo invocarán como “el primer socialista de la historia”, hablan en su nombre; incluyen banderas y a próceres nacionales, y en cuanto pueden, generan un nuevo nacionalismo, despiertan el odio, dividen a la ciudadanía, esa etapa les da buenos dividendos, ya que se eliminarán unos a otros, la violencia los ayuda a instalarse, más tarde, por la fuerza; mientras tanto, hablan de democracia y de la Constitución. Sobornan la fidelidad de sus súbditos, y los preservan mientras cumplan los objetivos y logren lo que les pide el dictador. Si se oponen o los aconsejan, los desechan, o en el mejor de los casos, los envían a alguna Embajada o les dan dinero para acallarlos; los destierran para que la prensa no los utilice.
A los que se oponen les siembran delitos, eso los descalifica para siempre. Por todos los medios, mantienen mayoría en el Poder Legislativo, y también, como mínimo, en las fiscalías y el Poder Judicial.
Una parte fundamental de esta primera etapa es contar con el poder Militar, y para ello, corrompen a los militares en servicio con migajas; les proporcionan ropa y equipo para sus tropas, a la vez que les incentivan la lealtad con suplementos diferenciales, que nunca serán remunerativos, de modo que si fallan al sistema, son expulsados y condenados a la pobreza. A los Comandantes de los Ejércitos los sitúan en el manejo del erario castrense, instalando la corrupción en el alto mando para lograr la fidelidad incondicional.
Se premiará la delación, y la inteligencia interna viciará de tal modo el sistema que el pánico se propagará en las filas. Las guarniciones más importantes —especialmente— serán la pista de examen de su gente. Ofrecerán cursos en el extranjero para persuadir a los indecisos al acceso de puestos clave para avanzar en sus carreras, y cuando logran obtener la complicidad de 200 a 300 militares de Alto Rango, con comando de tropa, son prácticamente indestructibles. Si tienen duda de algunos, los ponen a prueba. Por ejemplo, instándolos a alzarse en un golpe de estado que terminará siendo una emboscada depuradora, porque allí se filtrarán los elementos nocivos al régimen.
Es necesario controlar los medios de producción del Estado. Compran, entonces, tanto a los banqueros y a los grandes comerciantes. A los empresarios de la construcción les darán contratos y facilidades de trabajo.
En la segunda etapa es donde se profundiza la misión de “el cambio”.
Para ello, ya tienen que haber formado un comité en defensa del mismo.
Convocan a los progresistas y organizan trabajos comunitarios para ellos, otorgándoles el liderazgo. Para que se sientan agradecidos, les pagan generosamente para que sigan los lineamientos, marchas y concentraciones de los comités.
Seleccionan a los más agresivos para una fuerza de choque armada que puedan necesitar si la cosa se pone difícil. Controlan la policía, la destruyen y la ponen a su disposición.
Es ahí donde comienzan a transformar el “cambio” por la palabra “revolución”, ya eso emociona a los menesterosos. Aquí también es donde se empieza a fracturar a la Unión de Trabajadores y de Empresarios que puedan hacer oposición, y es cuando tienen que lograr que los trabajadores estén afiliados a una central paralela, con dinero se logra.
Ahora atacan a los empresarios, a quienes acusarán de provocar el desabastecimiento y el hambre, de fascistas y, gradualmente los tildarán de golpistas.
Se disfrazan de débiles, ya que la mente del hombre es proclive a defender la Justicia que, lógicamente, debe velar siempre por el más débil.
En cuanto a los medios de comunicación, si no pueden comprarlos, los enmudecerán.
Se apoyan especialmente en las empresas del Estado, que son las que producen el dinero del proyecto.
Crearán una Junta Directiva Revolucionaria, de donde provendrán los técnicos, que reemplazarán a los más capacitados.
En la tercera etapa, ya pueden violar la Constitución, porque nadie se los va a impedir. Ordenan allanamientos a los opositores, siembran armas, drogas, dinero, los acusan de espías o corruptos, los desprestigian.
Reclutan muchos periodistas, Empresarios, líderes sindicales; los demás escaparán del país o deberán aceptar el escarmiento.
Conforman un nuevo Gabinete, aquí pueden deshacerse de sus colaboradores “no confiables”, a unos pueden premiarlos y a otros desecharlos, pues ya no hay oposición. Tienen que poner cómplices.
Establecen el estado de excepción, suspenden las garantías, lanzan el toque de queda. Cierran todos los Medios de Comunicación opositores, destituyen Alcaldes y Gobernadores de la Oposición. Anuncian la reestructuración de todas las áreas del Estado y la restitución de toda la Constitución. Forman un Concejo de Gobierno con nuevos miembros, quienes lógicamente, estarán comprados.
Por último, cuando ya se sienten dioses, y ven que su poder está consolidado y afianzado, fusilarán a los opositores, ya que es el medio más económico de silenciar la protesta.
www.atlas.org.ar
A lo largo de la historia de la humanidad, y lamentablemente en la más reciente, la del Siglo XX, de la cual todavía no hemos podido desprendernos, ha habido muchos dictadores.
Indiscutiblemente, este penoso ciclo fue inaugurado por Lenin y la “Revolución Rusa”, y luego hubo unos cuantos seguidores o imitadores.
En la extensa lista podríamos incluir a Mussolini en Italia, Hitler en Alemania, el Mariscal Tito en Yugoslavia, Mao en China, Francisco Franco en España, Saddam Hussein en Irak, Khaddafi en Libia, e, incluso, de una forma más matizada el mismísimo Gral. Perón en Argentina, aunque este último no halla podido llegar a ser tan profundo.
Todos ellos tienen muchas cosas en común, más allá de vestir uniformes militares, y es, en lo social, la demagogia, en lo político el autoritarismo y en el plano económico, el totalitarismo, sistema por el cual controlan el capital y pueden disponer de él a su antojo, aunque curiosamente todos, absolutamente todos, dicen ser enemigos del capitalismo, cuando omiten, o pretenden omitir, que el capitalismo no es ni de izquierda ni de derecha, sino que es simplemente, una herramienta, la cual en los sistemas totalitarios es —como dijimos— controlada por el monopolio del Estado, que en el caso de los dictadores son, sencillamente, ellos mismos.
Lamentablemente, todavía existen algunos de estos autócratas, y en Latinoamérica tenemos dos casos emblemáticos, Fidel castro en Cuba, y su mejor alumno, Hugo Chávez en Venezuela.
¿Pero existe una receta para la creación de estos dictadores? Parecería que sí, ya que todos, cambiando algunos detalles menores, tuvieron, o tienen, la misma metodología. Así como existen estrategias Militares, Comerciales, de Estudio o económicas, estos personajes parecen haber desarrollado una especie de “manual” para enquistarse en el poder, y es el siguiente:
Este sistema está conformado por tres etapas; en la primera, lo más importante, la meta, es “acabar con el imperialismo Yankee”. Inmediatamente —como en los países donde pretenden instalarse los pobres son mayoría— a estos les inyectan desesperanzas, acusando al pasado y a la democracia de todos los males. Mantienen una línea permanente con el pueblo y están en sintonía con ellos. Enseguida imponen un discurso que debe ser simple y contundente: Eso les llega muy bien. Emocionan al pueblo, y aparentan tomarlos en cuenta, aprenden a dosificar la ignorancia con una verborragia encendida, cargada de autoridad y poder. No se preocupan por los ricos y la clase media, ya que nunca son más que el 80% de pobres, que son lo que necesitan.
Al principio, siempre mencionan la Biblia y Cristo ya que los Católicos muchas veces son la mayoría. Además, mientras la Iglesia está adormilada, aprovechan la situación para neutralizarla, de modo tal que cuando intente una reacción el régimen ya va a estar instalado. Los Católicos sin liderazgo no son gran cosa y los obispos se abstendrán de reaccionar porque está insertada la falsa idea que toda acción represiva es inmoral. Si existiese un sacerdote alertado de la maniobra, intentarán comprarlo. Si la Iglesia local se rebelase, ese sería su último día como feligresía, pero difícilmente vendrá; los judíos no cuentan, los evangélicos, menos y las demás religiones… para qué nombrarlas.
Cristo siempre será su principal pancarta, ya que permanentemente lo invocarán como “el primer socialista de la historia”, hablan en su nombre; incluyen banderas y a próceres nacionales, y en cuanto pueden, generan un nuevo nacionalismo, despiertan el odio, dividen a la ciudadanía, esa etapa les da buenos dividendos, ya que se eliminarán unos a otros, la violencia los ayuda a instalarse, más tarde, por la fuerza; mientras tanto, hablan de democracia y de la Constitución. Sobornan la fidelidad de sus súbditos, y los preservan mientras cumplan los objetivos y logren lo que les pide el dictador. Si se oponen o los aconsejan, los desechan, o en el mejor de los casos, los envían a alguna Embajada o les dan dinero para acallarlos; los destierran para que la prensa no los utilice.
A los que se oponen les siembran delitos, eso los descalifica para siempre. Por todos los medios, mantienen mayoría en el Poder Legislativo, y también, como mínimo, en las fiscalías y el Poder Judicial.
Una parte fundamental de esta primera etapa es contar con el poder Militar, y para ello, corrompen a los militares en servicio con migajas; les proporcionan ropa y equipo para sus tropas, a la vez que les incentivan la lealtad con suplementos diferenciales, que nunca serán remunerativos, de modo que si fallan al sistema, son expulsados y condenados a la pobreza. A los Comandantes de los Ejércitos los sitúan en el manejo del erario castrense, instalando la corrupción en el alto mando para lograr la fidelidad incondicional.
Se premiará la delación, y la inteligencia interna viciará de tal modo el sistema que el pánico se propagará en las filas. Las guarniciones más importantes —especialmente— serán la pista de examen de su gente. Ofrecerán cursos en el extranjero para persuadir a los indecisos al acceso de puestos clave para avanzar en sus carreras, y cuando logran obtener la complicidad de 200 a 300 militares de Alto Rango, con comando de tropa, son prácticamente indestructibles. Si tienen duda de algunos, los ponen a prueba. Por ejemplo, instándolos a alzarse en un golpe de estado que terminará siendo una emboscada depuradora, porque allí se filtrarán los elementos nocivos al régimen.
Es necesario controlar los medios de producción del Estado. Compran, entonces, tanto a los banqueros y a los grandes comerciantes. A los empresarios de la construcción les darán contratos y facilidades de trabajo.
En la segunda etapa es donde se profundiza la misión de “el cambio”.
Para ello, ya tienen que haber formado un comité en defensa del mismo.
Convocan a los progresistas y organizan trabajos comunitarios para ellos, otorgándoles el liderazgo. Para que se sientan agradecidos, les pagan generosamente para que sigan los lineamientos, marchas y concentraciones de los comités.
Seleccionan a los más agresivos para una fuerza de choque armada que puedan necesitar si la cosa se pone difícil. Controlan la policía, la destruyen y la ponen a su disposición.
Es ahí donde comienzan a transformar el “cambio” por la palabra “revolución”, ya eso emociona a los menesterosos. Aquí también es donde se empieza a fracturar a la Unión de Trabajadores y de Empresarios que puedan hacer oposición, y es cuando tienen que lograr que los trabajadores estén afiliados a una central paralela, con dinero se logra.
Ahora atacan a los empresarios, a quienes acusarán de provocar el desabastecimiento y el hambre, de fascistas y, gradualmente los tildarán de golpistas.
Se disfrazan de débiles, ya que la mente del hombre es proclive a defender la Justicia que, lógicamente, debe velar siempre por el más débil.
En cuanto a los medios de comunicación, si no pueden comprarlos, los enmudecerán.
Se apoyan especialmente en las empresas del Estado, que son las que producen el dinero del proyecto.
Crearán una Junta Directiva Revolucionaria, de donde provendrán los técnicos, que reemplazarán a los más capacitados.
En la tercera etapa, ya pueden violar la Constitución, porque nadie se los va a impedir. Ordenan allanamientos a los opositores, siembran armas, drogas, dinero, los acusan de espías o corruptos, los desprestigian.
Reclutan muchos periodistas, Empresarios, líderes sindicales; los demás escaparán del país o deberán aceptar el escarmiento.
Conforman un nuevo Gabinete, aquí pueden deshacerse de sus colaboradores “no confiables”, a unos pueden premiarlos y a otros desecharlos, pues ya no hay oposición. Tienen que poner cómplices.
Establecen el estado de excepción, suspenden las garantías, lanzan el toque de queda. Cierran todos los Medios de Comunicación opositores, destituyen Alcaldes y Gobernadores de la Oposición. Anuncian la reestructuración de todas las áreas del Estado y la restitución de toda la Constitución. Forman un Concejo de Gobierno con nuevos miembros, quienes lógicamente, estarán comprados.
Por último, cuando ya se sienten dioses, y ven que su poder está consolidado y afianzado, fusilarán a los opositores, ya que es el medio más económico de silenciar la protesta.
www.atlas.org.ar
jueves 20 de marzo de 2008
La alienación política
La alienación política
Por Natalio R. Botana
Para LA NACION
Jueves 20 de marzo de 2008
Hace alrededor de cuarenta años, uno de los más destacados pensadores políticos del último medio siglo, Robert A. Dahl, especulaba sobre el porvenir de la oposición en las democracias y, en particular, acerca de los rumbos que podría adoptar una ciudadanía políticamente alienada. Con esta palabra, Dahl describía la actitud de un ciudadano "alienado en relación con su sistema político en la medida en que tenga al respecto sentimientos y apreciaciones desfavorables". Esta definición abría camino a una reflexión seductora acerca de los vínculos posibles entre la alienación política, los factores sociales y psicológicos y su posible impacto en el futuro. Debemos reconocer que, cuatro décadas más tarde, el problema sigue perturbando a las democracias maduras y emergentes, tal vez porque jamás alcanzará una solución definitiva. La democracia nunca será enteramente satisfactoria. No es una promesa que convoca a la molicie pública, como los autoritarismos, sino al debate y a la confrontación o, en el mejor de los casos, al diálogo entre ciudadanos responsables. Por donde se la mire, esta última conducta es la gran ausente en nuestra política. Lo que sigue imperando entre nosotros es la confrontación. Basta con echar un vistazo a dos procesos electorales -uno ya concluido, en España, y el otro en pleno desarrollo, en los Estados Unidos- para percatarse de este déficit de apertura hacia el contrario y de la intolerancia que aún impregna la cosa pública. En rigor, nuestra democracia es un régimen de monólogos superpuestos: los líderes hablan a su propia audiencia y rehuyen el encuentro en lugares comunes donde cruzar puntos de vista divergentes. Las lecciones que se desprenden de los comicios en España, cuyos resultados consagraron nuevamente hace pocos días al socialista Rodríguez Zapatero en la presidencia del gobierno, son ilustrativas al respecto. Adviértase que se trató de una elección ruda, en la cual los proyectos de tinte conservador de la oposición de derecha, en cuanto al uso del pasado, al trato del separatismo o a las políticas familiares y de género, chocaron con los que, en su defensa y ataque, esgrimía el gobierno en funciones. Para algunas voces agoreras, esta manera de llevar a cabo una campaña entrañaba el peligro de resucitar la antigua fractura entre las "dos Españas" de los tiempos de la República, la guerra civil y el franquismo. Nada de ello ocurrió, felizmente, acaso porque los dos bloques en que se había dividido el electorado (juntos reúnen más del 80% de los sufragios) convirtieron la confrontación en diálogo en momentos cruciales de la campaña. Los dos candidatos, Zapatero y Rajoy, asumieron la responsabilidad y afrontaron debates civilizados ante las cámaras de televisión. Al igual que los ministros, o los candidatos a ese cargo, se vieron forzados a utilizar argumentos y a presentarlos de la mejor manera a la opinión pública. Si de democracia deliberativa se trata, bueno es recordar que, en su mínima expresión, ésta no se entiende sin la exposición racional de argumentos y, sobre todo, sin su réplica y refutación. No es cuestión, pues, de pregonar consensos livianos para sostener las democracias, sino de aceptar la realidad de fuertes disensos morigerados por liderazgos sujetos a debates racionales. Un océano de distancia nos separa en la Argentina de este escenario, tanto en las relaciones del Gobierno con la oposición, donde no hay lugar de encuentro ni debates entre candidatos, cuanto con respecto a la vida interna de los partidos. La lección que ofrece la campaña electoral en los Estados Unidos es precisamente ésta. Es probable que en los próximos meses aumenten en tierra norteamericana -y, por carácter transitivo, en el mundo- las incógnitas que planean sobre su economía. Ello no es ni será obstáculo para que prosiga durante este año una competencia abierta y deliberativa, que comienza en el seno de los partidos. En este sentido, los Estados Unidos son una fábrica de liderazgos que consagra y excluye. Si bien este proceso ha concluido en el Partido Republicano, la carrera cabeza a cabeza entre Barack Obama y Hillary Clinton en el Partido Demócrata es una muestra de cómo encauzar un cambio de proporciones: al término de la contienda, los demócratas tendrán como candidato a un hombre de origen africano o a una mujer. Imposible imaginar esta hipótesis hace pocos años. Esta compleja transición no sería posible sin la articulación de debates entre los candidatos. De esta manera, más allá de los miserables propósitos de las llamadas "campañas negativas" (denostar con cualquier munición al adversario), llega un momento en que los candidatos se ven cara a cara, exponen, argumentan y replican. Esto, que en aquella sociedad resulta natural, en la Argentina es una rareza ignorada y, en muchos casos, despreciada. Tal vez estos modos de actuar se deban al hecho de que no se ha incorporado a nuestro repertorio de convicciones el concepto expuesto por Felipe González de que, en última instancia, "la democracia es la aceptación de la derrota". De una aceptación, añadiríamos, que se expresa en diferentes niveles, de abajo hacia arriba, de los comicios partidarios a las elecciones nacionales. En ellos, la fuga para hacer rancho aparte debería ser excepcional. Convengamos en que esta clase de maniobras se ha convertido aquí en costumbre nacional, ya sea para pegarse como apósitos a otros partidos o para seguir medrando gracias a las facilidades monetarias que ofrecen las leyes y estatutos electorales. La alienación política que evocábamos más arriba es tributaria, entre nosotros, de esos rasgos que presentamos como contracara de lo que acontece en otras democracias. Los sentimientos y las apreciaciones desfavorables hacia la política en general, el pronunciado desencanto de la juventud con la dimensión cívica de la vida y el encuadramiento corporativo de la protesta y las rebeliones sociales, todos ellos son signos de que la política, que a todos debería concernir, es cosa ajena y distante. La política viene a ser, entonces, una tarea propia de la hegemonía del Poder Ejecutivo, a la cual responden la indiferencia o los estallidos de la protesta. La combinación entre los extremos de la apatía y las movilizaciones no debe extrañarnos. En ausencia de una cosa pública y común, predominan un conjunto de intereses sectoriales que comparten un mismo método de acción. Pese a las enormes diferencias que los separan, los grupos afectados salen a tomar la calle, los puentes y las carreteras. Lo grave de estas situaciones es que hemos llegado al extremo de establecer una jerarquía de valoraciones, como si hubiera piquetes buenos y malos, necesarios e innecesarios. En realidad, en una república las valoraciones que importan son las vinculadas con la calidad de la representación política en un marco competitivo, con plena actividad del parlamento. Mientras esa herida no se suture habrá, quizá, militantes identificaciones sectoriales o segmentos dóciles a los dictados de un gobierno concentrado en la posición dominante del Poder Ejecutivo y la formidable maquinaria que lo respalda. No será sencilla la rehabilitación de la política, en especial cuando no se atisban síntomas de una voluntad compartida para superar la producción ininterrumpida de monólogos
Por Natalio R. Botana
Para LA NACION
Jueves 20 de marzo de 2008
Hace alrededor de cuarenta años, uno de los más destacados pensadores políticos del último medio siglo, Robert A. Dahl, especulaba sobre el porvenir de la oposición en las democracias y, en particular, acerca de los rumbos que podría adoptar una ciudadanía políticamente alienada. Con esta palabra, Dahl describía la actitud de un ciudadano "alienado en relación con su sistema político en la medida en que tenga al respecto sentimientos y apreciaciones desfavorables". Esta definición abría camino a una reflexión seductora acerca de los vínculos posibles entre la alienación política, los factores sociales y psicológicos y su posible impacto en el futuro. Debemos reconocer que, cuatro décadas más tarde, el problema sigue perturbando a las democracias maduras y emergentes, tal vez porque jamás alcanzará una solución definitiva. La democracia nunca será enteramente satisfactoria. No es una promesa que convoca a la molicie pública, como los autoritarismos, sino al debate y a la confrontación o, en el mejor de los casos, al diálogo entre ciudadanos responsables. Por donde se la mire, esta última conducta es la gran ausente en nuestra política. Lo que sigue imperando entre nosotros es la confrontación. Basta con echar un vistazo a dos procesos electorales -uno ya concluido, en España, y el otro en pleno desarrollo, en los Estados Unidos- para percatarse de este déficit de apertura hacia el contrario y de la intolerancia que aún impregna la cosa pública. En rigor, nuestra democracia es un régimen de monólogos superpuestos: los líderes hablan a su propia audiencia y rehuyen el encuentro en lugares comunes donde cruzar puntos de vista divergentes. Las lecciones que se desprenden de los comicios en España, cuyos resultados consagraron nuevamente hace pocos días al socialista Rodríguez Zapatero en la presidencia del gobierno, son ilustrativas al respecto. Adviértase que se trató de una elección ruda, en la cual los proyectos de tinte conservador de la oposición de derecha, en cuanto al uso del pasado, al trato del separatismo o a las políticas familiares y de género, chocaron con los que, en su defensa y ataque, esgrimía el gobierno en funciones. Para algunas voces agoreras, esta manera de llevar a cabo una campaña entrañaba el peligro de resucitar la antigua fractura entre las "dos Españas" de los tiempos de la República, la guerra civil y el franquismo. Nada de ello ocurrió, felizmente, acaso porque los dos bloques en que se había dividido el electorado (juntos reúnen más del 80% de los sufragios) convirtieron la confrontación en diálogo en momentos cruciales de la campaña. Los dos candidatos, Zapatero y Rajoy, asumieron la responsabilidad y afrontaron debates civilizados ante las cámaras de televisión. Al igual que los ministros, o los candidatos a ese cargo, se vieron forzados a utilizar argumentos y a presentarlos de la mejor manera a la opinión pública. Si de democracia deliberativa se trata, bueno es recordar que, en su mínima expresión, ésta no se entiende sin la exposición racional de argumentos y, sobre todo, sin su réplica y refutación. No es cuestión, pues, de pregonar consensos livianos para sostener las democracias, sino de aceptar la realidad de fuertes disensos morigerados por liderazgos sujetos a debates racionales. Un océano de distancia nos separa en la Argentina de este escenario, tanto en las relaciones del Gobierno con la oposición, donde no hay lugar de encuentro ni debates entre candidatos, cuanto con respecto a la vida interna de los partidos. La lección que ofrece la campaña electoral en los Estados Unidos es precisamente ésta. Es probable que en los próximos meses aumenten en tierra norteamericana -y, por carácter transitivo, en el mundo- las incógnitas que planean sobre su economía. Ello no es ni será obstáculo para que prosiga durante este año una competencia abierta y deliberativa, que comienza en el seno de los partidos. En este sentido, los Estados Unidos son una fábrica de liderazgos que consagra y excluye. Si bien este proceso ha concluido en el Partido Republicano, la carrera cabeza a cabeza entre Barack Obama y Hillary Clinton en el Partido Demócrata es una muestra de cómo encauzar un cambio de proporciones: al término de la contienda, los demócratas tendrán como candidato a un hombre de origen africano o a una mujer. Imposible imaginar esta hipótesis hace pocos años. Esta compleja transición no sería posible sin la articulación de debates entre los candidatos. De esta manera, más allá de los miserables propósitos de las llamadas "campañas negativas" (denostar con cualquier munición al adversario), llega un momento en que los candidatos se ven cara a cara, exponen, argumentan y replican. Esto, que en aquella sociedad resulta natural, en la Argentina es una rareza ignorada y, en muchos casos, despreciada. Tal vez estos modos de actuar se deban al hecho de que no se ha incorporado a nuestro repertorio de convicciones el concepto expuesto por Felipe González de que, en última instancia, "la democracia es la aceptación de la derrota". De una aceptación, añadiríamos, que se expresa en diferentes niveles, de abajo hacia arriba, de los comicios partidarios a las elecciones nacionales. En ellos, la fuga para hacer rancho aparte debería ser excepcional. Convengamos en que esta clase de maniobras se ha convertido aquí en costumbre nacional, ya sea para pegarse como apósitos a otros partidos o para seguir medrando gracias a las facilidades monetarias que ofrecen las leyes y estatutos electorales. La alienación política que evocábamos más arriba es tributaria, entre nosotros, de esos rasgos que presentamos como contracara de lo que acontece en otras democracias. Los sentimientos y las apreciaciones desfavorables hacia la política en general, el pronunciado desencanto de la juventud con la dimensión cívica de la vida y el encuadramiento corporativo de la protesta y las rebeliones sociales, todos ellos son signos de que la política, que a todos debería concernir, es cosa ajena y distante. La política viene a ser, entonces, una tarea propia de la hegemonía del Poder Ejecutivo, a la cual responden la indiferencia o los estallidos de la protesta. La combinación entre los extremos de la apatía y las movilizaciones no debe extrañarnos. En ausencia de una cosa pública y común, predominan un conjunto de intereses sectoriales que comparten un mismo método de acción. Pese a las enormes diferencias que los separan, los grupos afectados salen a tomar la calle, los puentes y las carreteras. Lo grave de estas situaciones es que hemos llegado al extremo de establecer una jerarquía de valoraciones, como si hubiera piquetes buenos y malos, necesarios e innecesarios. En realidad, en una república las valoraciones que importan son las vinculadas con la calidad de la representación política en un marco competitivo, con plena actividad del parlamento. Mientras esa herida no se suture habrá, quizá, militantes identificaciones sectoriales o segmentos dóciles a los dictados de un gobierno concentrado en la posición dominante del Poder Ejecutivo y la formidable maquinaria que lo respalda. No será sencilla la rehabilitación de la política, en especial cuando no se atisban síntomas de una voluntad compartida para superar la producción ininterrumpida de monólogos
miércoles 19 de marzo de 2008
Un cambio de imagen y de estrategia
Un cambio de imagen y de estrategia
Lunes 17 de marzo de 2008
La Nación
PARIS (De nuestra corresponsal).-
Nicolas Sarkozy necesitó 10 meses en el poder y una auténtica bofetada política en las elecciones municipales para comprender que un presidente francés no puede comportarse como una vedette de televisión y olvidarse de las promesas que formuló durante la campaña. Para corregir esos errores, Sarkozy decidió modificar su actitud y adoptar un comportamiento más presidencial. Eso no sólo lo llevará a limitar la exhibición de su vida privada, que había llegado a límites inusitados entre julio del año pasado y febrero de 2007. En ese lapso, su actividad estuvo básicamente concentrada en sus vacaciones en Estados Unidos, el divorcio de su segunda esposa y, apenas dos meses después, el idilio, los viajes románticos y su casamiento con Carla Bruni. Como insinuaban los sondeos que comenzaron a publicarse a partir de febrero, esa actitud fue interpretada como un desprecio por los problemas esenciales que preocupan a los franceses. Sarkozy, que había llegado al poder con la promesa de ser el "presidente del poder adquisitivo", se mostró indiferente y ausente frente a la escalada de precios durante las fiestas de fin de año y en los primeros meses de 2008. Pero, además, dio la impresión de haber perdido interés por las reformas prometidas y, para colmo, protagonizó una serie de gaffes impropias de un presidente francés. Sarkozy, que se niega desde hace días a considerar estas elecciones un plebiscito sobre sus 10 meses en el poder, debió rendirse ante la evidencia, con los resultados en algunos bastiones de la derecha, como Metz o Toulouse. El jefe del Estado comprendió la magnitud de sus errores cuando analizó las cifras de la primera vuelta, el domingo pasado. Ayer, la segunda vuelta no hizo más que acentuar la tendencia de un resultado que constituye un claro voto de censura. Por eso es que, desde hace varios días, trabaja con sus colaboradores en la definición de la estrategia que aplicará a partir de hoy. Por lo pronto, decidió no hacer por ahora la reestructuración ministerial que venía prometiendo desde hace meses. Eso es, por lo menos, lo que aseguran sus colaboradores en el Palacio del Elíseo. Incluso hizo saber que los ministros derrotados no estarán obligados a abandonar el gobierno, como es tradicional. Entre las principales víctimas de las urnas figuran Xavier Bertrand (Trabajo) y Rama Yade (secretaria de Derechos Humanos). Otra idea en curso sería reorientar su política hacia la derecha y abandonar la estrategia de apertura, que fue "muy espectacular, pero que no arrojó resultados demasiado concretos", según el politicólogo Dominique Reynié. Por otro lado, reorganizó su equipo de colaboradores. Frank Louvrier, su tradicional hombre de confianza en materia comunicacional que había sido desplazado por Cécilia Sarkozy, recuperó su influencia y será el encargado de instrumentar el cambio de la imagen presidencial. Henri Guaino, que tuvo hasta ahora una notable influencia en la definición de algunas orientaciones políticas del gobierno, parece haber sido eclipsado después de algunos desaciertos que tuvieron un alto costo político para Sarkozy. La idea central es evitar en el futuro las apariciones demasiado frívolas, de descanso o deportivas, como sus fines de semana románticos con Carla Bruni o sus sesiones de jogging . Esa imagen sería reemplazada por una actitud más discreta y más concentrada en atender los problemas que la opinión pública considera prioritarios (poder adquisitivo, salarios, empleo, etcétera). Al mismo tiempo, el gobierno lanzará una serie de iniciativas sociales que estaban demoradas. En su intervención de ayer, el primer ministro François Fillon anticipó que el gobierno mantendrá intacto su programa de reformas e incluso tratará de acelerar su ritmo. Los resultados de las municipales, por otra parte, también tendrán repercusiones en la oposición. En el centro del tablero político, la derrota sufrida en su ciudad natal de Pau por el líder del Modem, François Bayrou, seguramente debilitará su imagen de líder nacional y sus proyectos de construir un movimiento capaz de postularse como una alternativa entre derecha e izquierda. En el socialismo, su victoria probablemente reactive la lucha interna por el control del partido y -en el largo plazo- por la candidatura presidencial del PS en 2012. La cómoda reelección que obtuvo en París dará un impulso decisivo a las aspiraciones de Bertrand Delanoë. El alcalde de París se negó hasta ahora a especular sobre su futuro, pero sus amigos políticos no ocultan que será un "actor importante" del próximo Congreso del PS, previsto para fines de año, que será el primer peldaño de su escalada al poder.
Lunes 17 de marzo de 2008
La Nación
PARIS (De nuestra corresponsal).-
Nicolas Sarkozy necesitó 10 meses en el poder y una auténtica bofetada política en las elecciones municipales para comprender que un presidente francés no puede comportarse como una vedette de televisión y olvidarse de las promesas que formuló durante la campaña. Para corregir esos errores, Sarkozy decidió modificar su actitud y adoptar un comportamiento más presidencial. Eso no sólo lo llevará a limitar la exhibición de su vida privada, que había llegado a límites inusitados entre julio del año pasado y febrero de 2007. En ese lapso, su actividad estuvo básicamente concentrada en sus vacaciones en Estados Unidos, el divorcio de su segunda esposa y, apenas dos meses después, el idilio, los viajes románticos y su casamiento con Carla Bruni. Como insinuaban los sondeos que comenzaron a publicarse a partir de febrero, esa actitud fue interpretada como un desprecio por los problemas esenciales que preocupan a los franceses. Sarkozy, que había llegado al poder con la promesa de ser el "presidente del poder adquisitivo", se mostró indiferente y ausente frente a la escalada de precios durante las fiestas de fin de año y en los primeros meses de 2008. Pero, además, dio la impresión de haber perdido interés por las reformas prometidas y, para colmo, protagonizó una serie de gaffes impropias de un presidente francés. Sarkozy, que se niega desde hace días a considerar estas elecciones un plebiscito sobre sus 10 meses en el poder, debió rendirse ante la evidencia, con los resultados en algunos bastiones de la derecha, como Metz o Toulouse. El jefe del Estado comprendió la magnitud de sus errores cuando analizó las cifras de la primera vuelta, el domingo pasado. Ayer, la segunda vuelta no hizo más que acentuar la tendencia de un resultado que constituye un claro voto de censura. Por eso es que, desde hace varios días, trabaja con sus colaboradores en la definición de la estrategia que aplicará a partir de hoy. Por lo pronto, decidió no hacer por ahora la reestructuración ministerial que venía prometiendo desde hace meses. Eso es, por lo menos, lo que aseguran sus colaboradores en el Palacio del Elíseo. Incluso hizo saber que los ministros derrotados no estarán obligados a abandonar el gobierno, como es tradicional. Entre las principales víctimas de las urnas figuran Xavier Bertrand (Trabajo) y Rama Yade (secretaria de Derechos Humanos). Otra idea en curso sería reorientar su política hacia la derecha y abandonar la estrategia de apertura, que fue "muy espectacular, pero que no arrojó resultados demasiado concretos", según el politicólogo Dominique Reynié. Por otro lado, reorganizó su equipo de colaboradores. Frank Louvrier, su tradicional hombre de confianza en materia comunicacional que había sido desplazado por Cécilia Sarkozy, recuperó su influencia y será el encargado de instrumentar el cambio de la imagen presidencial. Henri Guaino, que tuvo hasta ahora una notable influencia en la definición de algunas orientaciones políticas del gobierno, parece haber sido eclipsado después de algunos desaciertos que tuvieron un alto costo político para Sarkozy. La idea central es evitar en el futuro las apariciones demasiado frívolas, de descanso o deportivas, como sus fines de semana románticos con Carla Bruni o sus sesiones de jogging . Esa imagen sería reemplazada por una actitud más discreta y más concentrada en atender los problemas que la opinión pública considera prioritarios (poder adquisitivo, salarios, empleo, etcétera). Al mismo tiempo, el gobierno lanzará una serie de iniciativas sociales que estaban demoradas. En su intervención de ayer, el primer ministro François Fillon anticipó que el gobierno mantendrá intacto su programa de reformas e incluso tratará de acelerar su ritmo. Los resultados de las municipales, por otra parte, también tendrán repercusiones en la oposición. En el centro del tablero político, la derrota sufrida en su ciudad natal de Pau por el líder del Modem, François Bayrou, seguramente debilitará su imagen de líder nacional y sus proyectos de construir un movimiento capaz de postularse como una alternativa entre derecha e izquierda. En el socialismo, su victoria probablemente reactive la lucha interna por el control del partido y -en el largo plazo- por la candidatura presidencial del PS en 2012. La cómoda reelección que obtuvo en París dará un impulso decisivo a las aspiraciones de Bertrand Delanoë. El alcalde de París se negó hasta ahora a especular sobre su futuro, pero sus amigos políticos no ocultan que será un "actor importante" del próximo Congreso del PS, previsto para fines de año, que será el primer peldaño de su escalada al poder.
Imagen de 100 días de gobierno de la heredera
Por el Lic. Gustavo Adolfo Bunse
Es casi un clásico del Manual del Demagogo que, al bordear los 100 días de gobierno, se mande un ejército de mercenarios a los diarios, con las alforjas llenas de encuestas truchas para refrendar una supuesta imagen positiva del mandante.
La Jefa de Estado, así lo hizo.
Intención de voto o imagen positiva, son astillas del mismo palo, arrancadas en distinto modo y con distinto objeto.
Vivas muestras de una falsificación desenfadada o acaso de que el desdén social, es casi un genoma argentino.
Como concepto colectivo, no todos estamos en esa misma bolsa, pero hay una enorme masa crítica que hace prevalecer sus cromosomas, empezando por nuestra dirigencia política, una conmovedora cáfila de partisanos del uso del poder con fines personales.
Cualquier persona, sana de la cabeza, sabe que lo que hay sobre esta seudo plataforma que ha armado esta yunta de mercaderes en estos cuatro años y medio, prefigura hoy un futuro inmediato que es necesariamente peor.
No existe ni una sola razón objetiva para pensar que habrá de ocurrir la menor mejoría en cualquiera de las áreas del país.
Aunque sea un deseo honesto y natural de todos los seres humanos, que habitamos estas tierras, resulta casi imposible que algo diseñado y sostenido como la más barroca de las farsas, termine bien.
Lo genético marca el destino.
En la famosa película “La Heredera” (1949) (de William Willer) la actriz Olivia de Havilland se convierte en un paradigma de la crueldad y es una muestra insuperable de la perversión humana.
En realidad, no se convierte. Empieza a mostrar lo que, en verdad, era.
Es decir, termina mal, pero porque su genoma era el mal en esencia.
Todos los gobiernos totalitarios de la historia, dictatoriales o dirigistas, demagógicos o despóticos, aún cuando hayan tenido una genética democrática impecable, siempre buscaron primero, con cierta dosis de viveza, aglutinar a la sociedad detrás de alguna “idea fuerza” común, aunque esta fuese, en sí misma, una evidente propuesta inalcanzable.
Su estrepitosa caída tarda bastante tiempo en ocurrir, por cuanto casi ninguno de ellos comete el error de hacer las cosas al revés, es decir, ocuparse personalmente de fomentar, casi en forma cotidiana, la división social y de producir, cada día, una saturación de mensajes que son abiertamente contradictorios con la lógica más elemental del bien común o que están plagados de crispación en su planteo.
El supremo especulador del poder sabe que nadie vota a partidos que propugnan la moral, las buenas costumbres, ni la austeridad, ni la disciplina, ni el trabajo, ni el sacrificio, instrumentos del auténtico bienestar y de la felicidad humana.
Una encuesta compele a votar por algo, por imagen o por lo que sea, en un momento ajeno al acto electoral.
Y ese voto… es mucho más imbécil, irreflexivo e inconciente.
Se vota “statu quo”, bienestar personal y no se analiza de dónde salga éste… o cuánto pueda durar. Ni se teme su artificialidad, ni se sospecha de su carácter mitológico o temerario.
No le llama la atención a nadie un gobierno que deja ver mil muestras de soberbia en la administración del poder o que propugna cada día, con una mano la amenaza…y con la otra la victimización. Las señales pendulares más claras de una impresionante carencia de rumbo.
A nadie le importa un soberano bledo si en poco tiempo, habrá que atenerse a las consecuencias del gran clima de enfrentamiento social que se ha hecho germinar con la prédica del odio, o si esta gente se pone, en breve, el país de sombrero, tal como lo hizo con la provincia que administró en los últimos 16 años (incluídos allí, los cuatro y medio después de haberse ido).
La intención de voto natural o la opinión de imagen del argentino es la viva muestra de una ignorancia y un desdén inefables, cuando no de una irresponsabilidad suicida en la que incurre una manada.
Y tal parece ésta, una afirmación irreverente con la sociedad.
Pero hay una prueba irrefutable: los últimos 50 años de calamidad que tuvimos.
Más del 62% de la gente, ignora casi por completo quiénes son los ministros o los gobernadores de las provincias más importantes.
Mucho peor que eso, la friolera del 68% de la gente no sabe ni siquiera cuantas provincias hay en el país o que rayos es un diputado y qué cosas está representando… babeándose en una banca de roble.
Pero… como un ciego con un palo… fue a votar y votó.
Agradezcamos entonces a la divina providencia el milagro infinito de no haber desaparecido ya hace rato de la faz de la tierra, o de estar libres, por ahora, de alguna plaga o de cosas mucho peores.
La intención de voto argentina, es un extrasístole. Un estornudo pasajero que encima está contaminado por el desdén, por la falta de información y por las conveniencias personalísimas. La opinión liviana sobre la imagen positiva de una viandante es de la misma laya.
Impresiona mucho un panorama con tanta esencia crucial librada al azar o dependiente de la buena suerte.
Impresiona la inescrupulosidad del Gobierno para violar todos los compromisos contraídos con la Constitución y para perfeccionar una gran instigación a que, a todo el mundo, le importe un ardite que se estén profanando las instituciones en sus narices.
Impresiona que se haya hecho de la improvisación una política de estado, del fraude una práctica vital y de la excusa personal un reaseguro para el olvido.
Pero francamente impresiona muchísimo más que todo un pueblo, embrutecido y emplebeyecido, se gratifique y guste de todo eso como el cerdo que se revuelca y se come sus propias inmundicias.
Se puede ver hoy como prolifera, con bastante idiotez, una especie de acostumbramiento a creer que la bonanza que se proclama es la que rige, y que el clima natural debe ser aceptado así, sin analizar ni los sofismas donde se apoya, ni los menores fundamentos de su posible sostén inmediato.
Se puede adivinar hoy, que cuando el pueblo reaccione, no lo hará por motivos verdaderamente espirituales, por conversión, o por aversión a una democracia putrefacta e inmoral; sino que lo hará buscando un remedio a algún mal que ya se le presente como insoportable.
Los ciudadanos pueden tener miedo objetivamente, o estar hartos.
Pero parece que se sobresaltan sólo cuando les ha tocado padecer cada cosa en forma individual.
Sólo cuando los problemas no se solucionan con la demagogia del Gobierno. Sólo al cabo de algún tiempo que se ha dejado transcurrir alegremente. Sólo cuando se han ido muriendo, de a uno, los bienpensantes de la burguesía, los rabiosos e impenitentes demócratas y los honestos.
Sólo cuando generaciones enteras de jóvenes, entre los que puedan estar sus propios hijos, sean unos perfectos marginales.
La gran impericia de este Gobierno forma parte de una lógica de teatralización de la política ante su más perfecta impotencia.
Un ejercicio falsario y rampante de la enfatización de los símbolos, por encima… y a gran distancia… de las realidades que los sustentan.
Cuando la política se aleja tanto de la realidad concreta de las personas y de las cosas, ocurre como en la película “La Heredera”.
Nos sorprende la perversión y el mal que viajaba en ese personaje.
Los teóricos de la política como simulacro, tienen siempre un terreno fácil. Es el simulacro del Estado que no se tiene y de la "plenitud nacional" - para decirlo en argot nacionalista - de la que no se dispone.
Vendiendo mil fantasías, como lo hace “La Heredera” en sus últimos discursos, diciendo que este es un país donde se puede invertir y ganar dinero, después de haber sido votada casi en pleno por el campo y estafándolo al poco tiempo con unas retenciones que los van a dejar con sus cosechas de adorno.
Cualquier sátrapa político, con el cromosoma del mal, encaramado en el mando de un Gobierno populista, que controla los grandes poderes del Estado, y que cuenta con la infinita complacencia de los sectores políticos, mutados y advenedizos, podrá lograr todo lo que se le antoje.
Podrá hacer encuestas de imagen positiva del 60% o acaso algo mucho más extravagante. Podrá lograr incluso que los descerebrados del campo que la votaron en masa, tal como lo harían sus propias ovejas, lo sigan haciendo tal cual, sólo por esa imbecilidad rudimentaria que ahora los viene a avivar a todos de un sopapo para que aprendan a elegir potrancas en un remate.
Podrá seguir con su retórica emotiva y sus vestidos de miriñaque.
Pero sólo mientras dure el genoma del desdén.
La “imagen positiva” de 100 días de gobierno… es ya, el último gramo de colágeno que ha de caber en los repliegues de la estupidez colectiva.
Es casi un clásico del Manual del Demagogo que, al bordear los 100 días de gobierno, se mande un ejército de mercenarios a los diarios, con las alforjas llenas de encuestas truchas para refrendar una supuesta imagen positiva del mandante.
La Jefa de Estado, así lo hizo.
Intención de voto o imagen positiva, son astillas del mismo palo, arrancadas en distinto modo y con distinto objeto.
Vivas muestras de una falsificación desenfadada o acaso de que el desdén social, es casi un genoma argentino.
Como concepto colectivo, no todos estamos en esa misma bolsa, pero hay una enorme masa crítica que hace prevalecer sus cromosomas, empezando por nuestra dirigencia política, una conmovedora cáfila de partisanos del uso del poder con fines personales.
Cualquier persona, sana de la cabeza, sabe que lo que hay sobre esta seudo plataforma que ha armado esta yunta de mercaderes en estos cuatro años y medio, prefigura hoy un futuro inmediato que es necesariamente peor.
No existe ni una sola razón objetiva para pensar que habrá de ocurrir la menor mejoría en cualquiera de las áreas del país.
Aunque sea un deseo honesto y natural de todos los seres humanos, que habitamos estas tierras, resulta casi imposible que algo diseñado y sostenido como la más barroca de las farsas, termine bien.
Lo genético marca el destino.
En la famosa película “La Heredera” (1949) (de William Willer) la actriz Olivia de Havilland se convierte en un paradigma de la crueldad y es una muestra insuperable de la perversión humana.
En realidad, no se convierte. Empieza a mostrar lo que, en verdad, era.
Es decir, termina mal, pero porque su genoma era el mal en esencia.
Todos los gobiernos totalitarios de la historia, dictatoriales o dirigistas, demagógicos o despóticos, aún cuando hayan tenido una genética democrática impecable, siempre buscaron primero, con cierta dosis de viveza, aglutinar a la sociedad detrás de alguna “idea fuerza” común, aunque esta fuese, en sí misma, una evidente propuesta inalcanzable.
Su estrepitosa caída tarda bastante tiempo en ocurrir, por cuanto casi ninguno de ellos comete el error de hacer las cosas al revés, es decir, ocuparse personalmente de fomentar, casi en forma cotidiana, la división social y de producir, cada día, una saturación de mensajes que son abiertamente contradictorios con la lógica más elemental del bien común o que están plagados de crispación en su planteo.
El supremo especulador del poder sabe que nadie vota a partidos que propugnan la moral, las buenas costumbres, ni la austeridad, ni la disciplina, ni el trabajo, ni el sacrificio, instrumentos del auténtico bienestar y de la felicidad humana.
Una encuesta compele a votar por algo, por imagen o por lo que sea, en un momento ajeno al acto electoral.
Y ese voto… es mucho más imbécil, irreflexivo e inconciente.
Se vota “statu quo”, bienestar personal y no se analiza de dónde salga éste… o cuánto pueda durar. Ni se teme su artificialidad, ni se sospecha de su carácter mitológico o temerario.
No le llama la atención a nadie un gobierno que deja ver mil muestras de soberbia en la administración del poder o que propugna cada día, con una mano la amenaza…y con la otra la victimización. Las señales pendulares más claras de una impresionante carencia de rumbo.
A nadie le importa un soberano bledo si en poco tiempo, habrá que atenerse a las consecuencias del gran clima de enfrentamiento social que se ha hecho germinar con la prédica del odio, o si esta gente se pone, en breve, el país de sombrero, tal como lo hizo con la provincia que administró en los últimos 16 años (incluídos allí, los cuatro y medio después de haberse ido).
La intención de voto natural o la opinión de imagen del argentino es la viva muestra de una ignorancia y un desdén inefables, cuando no de una irresponsabilidad suicida en la que incurre una manada.
Y tal parece ésta, una afirmación irreverente con la sociedad.
Pero hay una prueba irrefutable: los últimos 50 años de calamidad que tuvimos.
Más del 62% de la gente, ignora casi por completo quiénes son los ministros o los gobernadores de las provincias más importantes.
Mucho peor que eso, la friolera del 68% de la gente no sabe ni siquiera cuantas provincias hay en el país o que rayos es un diputado y qué cosas está representando… babeándose en una banca de roble.
Pero… como un ciego con un palo… fue a votar y votó.
Agradezcamos entonces a la divina providencia el milagro infinito de no haber desaparecido ya hace rato de la faz de la tierra, o de estar libres, por ahora, de alguna plaga o de cosas mucho peores.
La intención de voto argentina, es un extrasístole. Un estornudo pasajero que encima está contaminado por el desdén, por la falta de información y por las conveniencias personalísimas. La opinión liviana sobre la imagen positiva de una viandante es de la misma laya.
Impresiona mucho un panorama con tanta esencia crucial librada al azar o dependiente de la buena suerte.
Impresiona la inescrupulosidad del Gobierno para violar todos los compromisos contraídos con la Constitución y para perfeccionar una gran instigación a que, a todo el mundo, le importe un ardite que se estén profanando las instituciones en sus narices.
Impresiona que se haya hecho de la improvisación una política de estado, del fraude una práctica vital y de la excusa personal un reaseguro para el olvido.
Pero francamente impresiona muchísimo más que todo un pueblo, embrutecido y emplebeyecido, se gratifique y guste de todo eso como el cerdo que se revuelca y se come sus propias inmundicias.
Se puede ver hoy como prolifera, con bastante idiotez, una especie de acostumbramiento a creer que la bonanza que se proclama es la que rige, y que el clima natural debe ser aceptado así, sin analizar ni los sofismas donde se apoya, ni los menores fundamentos de su posible sostén inmediato.
Se puede adivinar hoy, que cuando el pueblo reaccione, no lo hará por motivos verdaderamente espirituales, por conversión, o por aversión a una democracia putrefacta e inmoral; sino que lo hará buscando un remedio a algún mal que ya se le presente como insoportable.
Los ciudadanos pueden tener miedo objetivamente, o estar hartos.
Pero parece que se sobresaltan sólo cuando les ha tocado padecer cada cosa en forma individual.
Sólo cuando los problemas no se solucionan con la demagogia del Gobierno. Sólo al cabo de algún tiempo que se ha dejado transcurrir alegremente. Sólo cuando se han ido muriendo, de a uno, los bienpensantes de la burguesía, los rabiosos e impenitentes demócratas y los honestos.
Sólo cuando generaciones enteras de jóvenes, entre los que puedan estar sus propios hijos, sean unos perfectos marginales.
La gran impericia de este Gobierno forma parte de una lógica de teatralización de la política ante su más perfecta impotencia.
Un ejercicio falsario y rampante de la enfatización de los símbolos, por encima… y a gran distancia… de las realidades que los sustentan.
Cuando la política se aleja tanto de la realidad concreta de las personas y de las cosas, ocurre como en la película “La Heredera”.
Nos sorprende la perversión y el mal que viajaba en ese personaje.
Los teóricos de la política como simulacro, tienen siempre un terreno fácil. Es el simulacro del Estado que no se tiene y de la "plenitud nacional" - para decirlo en argot nacionalista - de la que no se dispone.
Vendiendo mil fantasías, como lo hace “La Heredera” en sus últimos discursos, diciendo que este es un país donde se puede invertir y ganar dinero, después de haber sido votada casi en pleno por el campo y estafándolo al poco tiempo con unas retenciones que los van a dejar con sus cosechas de adorno.
Cualquier sátrapa político, con el cromosoma del mal, encaramado en el mando de un Gobierno populista, que controla los grandes poderes del Estado, y que cuenta con la infinita complacencia de los sectores políticos, mutados y advenedizos, podrá lograr todo lo que se le antoje.
Podrá hacer encuestas de imagen positiva del 60% o acaso algo mucho más extravagante. Podrá lograr incluso que los descerebrados del campo que la votaron en masa, tal como lo harían sus propias ovejas, lo sigan haciendo tal cual, sólo por esa imbecilidad rudimentaria que ahora los viene a avivar a todos de un sopapo para que aprendan a elegir potrancas en un remate.
Podrá seguir con su retórica emotiva y sus vestidos de miriñaque.
Pero sólo mientras dure el genoma del desdén.
La “imagen positiva” de 100 días de gobierno… es ya, el último gramo de colágeno que ha de caber en los repliegues de la estupidez colectiva.
El Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires frente a los sucesos de Trelew
Ha tomado estado público que el Juez Federal de Rawson, Hugo Sastre, emitió orden de captura contra algunos ciudadanos, entre los cuales se encuentra un destacado socio de nuestro Colegio el Dr. Eduardo Aguirre Obarrio, involucrándolos en un presunto homicidio ocurrido hace mas de treinta y cinco años en la Base Naval Almirante Zar, en Trelew. La única razón que se esgrime para tan grave medida es que los citados formaban parte del Gobierno Nacional de esa época.
El Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires considera importante recordar a la población que el hecho ocurrido en la Base mencionada en el año 1972, tuvo su origen en el copamiento del penal de Rawson por parte de un grupo de terroristas condenados por un Tribunal de Derecho como era la Cámara Federal. En dicha acción los subversivos habían asesinado a un guardia cárcel, reducido a la condición de rehenes al personal del penal, secuestrado un avión de línea donde se fugaron los principales cabecillas de las diferentes organizaciones delictivas y protagonizado un intenso tiroteo con unidades de la Marina luego del cual fueron reducidos y esperaban en la base mencionada ser traslados nuevamente al establecimiento penal. En dichas circunstancias, dentro de un confuso episodio se produjo la muerte de los diez y seis terroristas que ahora pretende mostrárselos a la sociedad como héroes.
Repudia este Colegio que se intente calificar a ese hecho bajo la cuestionable categoría de crimen de lesa humanidad. En primer lugar porque atenta contra elementales principios constitucionales como el de la irretroactividad de la ley penal y el de prescripción teniendo en cuenta el año en que ocurrieron los hechos. Pero lo mas grave es que los jueces estén utilizando el proceso penal como herramienta de venganza y revisionismo histórico. El hecho se enmarca en la represión legítima del delito donde, en todo caso, pudo haber ocurrido un exceso en los medios cuya responsabilidad solo podría haber recaído en los protagonistas directos y no sobre personas que ocupaban cargos políticos y se hallaban alejados de los acontecimientos, por lo que en manera alguna pueden ser involucrados en el reproche penal.
Este Colegio de Abogados alerta a la población sobre un modo de actuar, propiciado por funcionarios del Gobierno y periodistas que pertenecieron a las organizaciones terroristas en la década del setenta, signado por el propósito de venganza al cual se lo disfraza como una falsa búsqueda de Justicia removiendo odios que la sociedad desea superar.
En definitiva se trata de una criminalización de las ideas, considerando punibles a todos aquellos que formaron parte de gobiernos que sostenían posturas políticas diferentes a las de quienes, en diferentes manifestaciones, en la década del setenta, justificaron la violencia para imponerse y despreciaron públicamente los caminos de la democracia, enfrentándose con el propio partido al que decían pertenecer.
Con dolor puede verse que se está recorriendo el camino del terror como sistema de intimidación al adversario político extendiendo la responsabilidad penal –ya prescripta y extinguida- a todo aquel que, a juicio de los ahora acusadores, pudiera tener algún tenue vínculo funcional o de ideas con los gobiernos de facto que fueron propiciados y alentados, lamentablemente, desde todo el arco político partidario de nuestro país en el siglo pasado.
Héctor Huici
Secretario
Enrique del Carril
Presidente
El Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires considera importante recordar a la población que el hecho ocurrido en la Base mencionada en el año 1972, tuvo su origen en el copamiento del penal de Rawson por parte de un grupo de terroristas condenados por un Tribunal de Derecho como era la Cámara Federal. En dicha acción los subversivos habían asesinado a un guardia cárcel, reducido a la condición de rehenes al personal del penal, secuestrado un avión de línea donde se fugaron los principales cabecillas de las diferentes organizaciones delictivas y protagonizado un intenso tiroteo con unidades de la Marina luego del cual fueron reducidos y esperaban en la base mencionada ser traslados nuevamente al establecimiento penal. En dichas circunstancias, dentro de un confuso episodio se produjo la muerte de los diez y seis terroristas que ahora pretende mostrárselos a la sociedad como héroes.
Repudia este Colegio que se intente calificar a ese hecho bajo la cuestionable categoría de crimen de lesa humanidad. En primer lugar porque atenta contra elementales principios constitucionales como el de la irretroactividad de la ley penal y el de prescripción teniendo en cuenta el año en que ocurrieron los hechos. Pero lo mas grave es que los jueces estén utilizando el proceso penal como herramienta de venganza y revisionismo histórico. El hecho se enmarca en la represión legítima del delito donde, en todo caso, pudo haber ocurrido un exceso en los medios cuya responsabilidad solo podría haber recaído en los protagonistas directos y no sobre personas que ocupaban cargos políticos y se hallaban alejados de los acontecimientos, por lo que en manera alguna pueden ser involucrados en el reproche penal.
Este Colegio de Abogados alerta a la población sobre un modo de actuar, propiciado por funcionarios del Gobierno y periodistas que pertenecieron a las organizaciones terroristas en la década del setenta, signado por el propósito de venganza al cual se lo disfraza como una falsa búsqueda de Justicia removiendo odios que la sociedad desea superar.
En definitiva se trata de una criminalización de las ideas, considerando punibles a todos aquellos que formaron parte de gobiernos que sostenían posturas políticas diferentes a las de quienes, en diferentes manifestaciones, en la década del setenta, justificaron la violencia para imponerse y despreciaron públicamente los caminos de la democracia, enfrentándose con el propio partido al que decían pertenecer.
Con dolor puede verse que se está recorriendo el camino del terror como sistema de intimidación al adversario político extendiendo la responsabilidad penal –ya prescripta y extinguida- a todo aquel que, a juicio de los ahora acusadores, pudiera tener algún tenue vínculo funcional o de ideas con los gobiernos de facto que fueron propiciados y alentados, lamentablemente, desde todo el arco político partidario de nuestro país en el siglo pasado.
Héctor Huici
Secretario
Enrique del Carril
Presidente
¿Qué pasará cuando el futuro nos alcance?
¿Qué pasará cuando el futuro nos alcance?
El futuro es un proyectil que se dispara en dirección de lo que todavía no existe. El pasado es la memoria de lo que ya no existe. El presente es el paso a través del cual el futuro se convierte en pasado. El presente es lo único que ahora existe arrastrando consigo, además de la fugacidad del instante, ese mínimo pasado que es la vivencia aún fresca y ese mínimo futuro que es la vecindad de lo inminente. Una nación temporalmente bien ordenada es aquella que alberga un equilibrio dinámico entre estas tres estaciones de la historia. Es aquella que se beneficia con una adecuada ecuación temporal. Si decimos de una nación que le está fallando su "ecuación temporal", estamos diciendo que alguna (o algunas) de sus dimensiones temporales está "atrofiada" en tanto otra (u otras) la agobia porque está "hipertrofiada". Hay, así, naciones utópicas. Son las que persiguen la realización de un futuro soñado que, pese a que ya ha demostrado no ser viable, las sigue movilizando obsesivamente. Así le pasó a la Unión Soviética, por ejemplo, entre 1917 y 1989. Hay, en cambio, naciones memoriosas, acosadas por algún recuerdo traumático que no consiguen superar o encantadas por algún recuerdo glorioso que las enreda en la nostalgia. Y hay naciones instantáneas, donde las urgencias del presente son tan intensas que les bloquean la memoria de lo que deberían recordar bajo la forma de un aprendizaje y el proyecto que las debería inspirar para seguir adelante. Dos peligros amenazan la ecuación temporal de los argentinos. Como se pudo apreciar en la recordación del 24 de marzo de 1976, todavía se movilizan sectores cerca y lejos del Gobierno que, en vez de superar lo que pasó hace treinta años a través de un aprendizaje que lleve a la reconciliación, sueñan con completar una venganza diferida. Tenemos un régimen político, además, que atiende exclusivamente a las consecuencias inminentes de sus acciones, como si la campaña electoral nunca cesara. En una situación donde el pasado y el presente reclaman una absoluta prioridad, ¿puede asombrar que el futuro brille por su ausencia? Pero el futuro, si bien todavía no existe, a su debido tiempo llegará. Vencedores y vencidos El camino a través del cual puede reabrirse el futuro de un país devastado por un traumático pasado es la consigna "ni vencedores ni vencidos". Esta fue la proclama que lanzó Urquiza después de derrotar a Rosas en Caseros. Fue gracias a ella que tanto los rosistas como los antirrosistas encontraron un lugar en el gran proyecto que nos legaron las generaciones de 1853 y de 1880. La proclama de Urquiza no ha sido única en nuestro tiempo. Bajo diversas formas también adhirieron a ella, por ejemplo, la España de la Guerra Civil en los pactos de la Moncloa y el Chile de la democracia que sucedió a Pinochet. En estos dos casos el futuro derrotó a un pasado traumático. En estos dos casos, porque no tuvo en su seno ni vencedores ni vencidos, la nación venció. Pero la Argentina contemporánea no pudo repetir la hazaña de Urquiza. No pudo hacerlo en 1955, cuando el general Lonardi fracasó frente al "gorilismo" antiperonista al intentar repetir la proclama de Urquiza, agudizándose de ahí en más el odio entre peronistas y antiperonistas cuyas secuelas no podrían frenar ni siquiera Balbín y el propio Perón con su abrazo de 1973, habida cuenta de que ya se había disparado la venganza montonera. Y no es que no haya habido un intento postrero por revivir aquel abrazo. Esta semana, el ex presidente Menem recordó en un artículo para LA NACION los esfuerzos que realizó en tal sentido. En 1985, en verdad, el presidente Alfonsín ya insinuó una reconciliación cuando, después de alentar el juicio de los comandantes de los años setenta, también promovió la ley de obediencia debida que, a la manera de los juicios de Nuremberg, procuró limitar el castigo a los supremos responsables de la represión, liberando a los jóvenes oficiales de aquella década. Menem intentó completar este legado al indultar a los responsables de los años setenta, militares y montoneros por igual. Pero ahora, si se cumple la previsión de que la Corte Suprema declarará que subsisten los delitos de los militares pero no los de los montoneros, la venganza diferida se abrirá otra vez camino a costa de la reconciliación. Podrá objetarse en más de un terreno a Alfonsín y aún más a Menem, pero el hecho es que es, pese a ellos, que en la Argentina actual sigue habiendo vencedores y vencidos. Poco importa para el caso que los vencidos de ayer sean los vencedores de hoy o viceversa, porque en ninguna de estas dos alternativas los miembros de una nación herida en su memoria pueden diseñar un futuro en común. El presente omnipresente Si el dominio del pasado sobre el futuro argentino es contraproducente, más inquietante todavía es el dominio del presente. En todos y cada uno de los temas de actualidad, en efecto, el Gobierno privilegia la gratificación a la mayoría que es capaz de ofrecer el presente por delante de una consideración racional del futuro. Esto es evidente en temas como las carnes y el régimen laboral. En el tema de las carnes, lo racional sería elaborar una política de mediano plazo que, cuidando los cortes destinados al consumo popular, permitiera la recuperación de la oferta ganadera para que, en pocos años, la Argentina contara con un rodeo ampliado capaz de satisfacer al mismo tiempo una gran demanda interna a precios accesibles y la gran demanda externa que no cesa de crecer. Esto significaría crear las condiciones para una inversión ganadera más intensa. Pero, al privilegiar la demanda interna actual sin tener en cuenta la previsible caída de la oferta de carne en el mediano plazo, el Gobierno genera al mismo tiempo el consenso de los consumidores y el desaliento de los inversores. Del mismo modo, tanto con las sentencias laborales de la Suprema Corte como con la preparación de una ley que no haría sino agravarlas, lo que se pretende es la protección de los empleos existentes hasta multiplicar sin límites las demandas por accidentes de trabajo y hasta dejar caer toda pretensión de ordenamiento laboral, ya que ni la embriaguez es causal de despido. Con ésta y otras medidas concordantes, en tanto los empleos actuales resultan incondicionalmente protegidos, se dificulta en la misma medida la creación de nuevos empleos. La Argentina del dominio del presente sobre el futuro ha invertido así la fórmula famosa de "mi hijo el doctor" que alimentó el ejemplar esfuerzo de nuestros abuelos. En vez de esta consigna que premiaba a los hijos gracias a la previsión de sus padres mediante una "gratificación diferida" en favor del futuro, el país deambula en busca de la "gratificación instantánea" de los votantes de hoy sin consideración a los argentinos que vendrán, como en un alucinante zapping de placer ansioso por efecto del cual los hijos ya no serán "doctores" sino, apenas, clientes domesticados por los planes sociales. Ya no importa la próxima generación sino la próxima elección. En un país que sacrifica las promesas del futuro a las urgencias del presente, todo se resuelve ya. Pero el futuro es en sí mismo un todavía. Un "todavía" que, cuando nos alcance, se convertirá en un ya menos satisfactorio aún que el que ahora padecemos.
Por Mariano Grondona
El futuro es un proyectil que se dispara en dirección de lo que todavía no existe. El pasado es la memoria de lo que ya no existe. El presente es el paso a través del cual el futuro se convierte en pasado. El presente es lo único que ahora existe arrastrando consigo, además de la fugacidad del instante, ese mínimo pasado que es la vivencia aún fresca y ese mínimo futuro que es la vecindad de lo inminente. Una nación temporalmente bien ordenada es aquella que alberga un equilibrio dinámico entre estas tres estaciones de la historia. Es aquella que se beneficia con una adecuada ecuación temporal. Si decimos de una nación que le está fallando su "ecuación temporal", estamos diciendo que alguna (o algunas) de sus dimensiones temporales está "atrofiada" en tanto otra (u otras) la agobia porque está "hipertrofiada". Hay, así, naciones utópicas. Son las que persiguen la realización de un futuro soñado que, pese a que ya ha demostrado no ser viable, las sigue movilizando obsesivamente. Así le pasó a la Unión Soviética, por ejemplo, entre 1917 y 1989. Hay, en cambio, naciones memoriosas, acosadas por algún recuerdo traumático que no consiguen superar o encantadas por algún recuerdo glorioso que las enreda en la nostalgia. Y hay naciones instantáneas, donde las urgencias del presente son tan intensas que les bloquean la memoria de lo que deberían recordar bajo la forma de un aprendizaje y el proyecto que las debería inspirar para seguir adelante. Dos peligros amenazan la ecuación temporal de los argentinos. Como se pudo apreciar en la recordación del 24 de marzo de 1976, todavía se movilizan sectores cerca y lejos del Gobierno que, en vez de superar lo que pasó hace treinta años a través de un aprendizaje que lleve a la reconciliación, sueñan con completar una venganza diferida. Tenemos un régimen político, además, que atiende exclusivamente a las consecuencias inminentes de sus acciones, como si la campaña electoral nunca cesara. En una situación donde el pasado y el presente reclaman una absoluta prioridad, ¿puede asombrar que el futuro brille por su ausencia? Pero el futuro, si bien todavía no existe, a su debido tiempo llegará. Vencedores y vencidos El camino a través del cual puede reabrirse el futuro de un país devastado por un traumático pasado es la consigna "ni vencedores ni vencidos". Esta fue la proclama que lanzó Urquiza después de derrotar a Rosas en Caseros. Fue gracias a ella que tanto los rosistas como los antirrosistas encontraron un lugar en el gran proyecto que nos legaron las generaciones de 1853 y de 1880. La proclama de Urquiza no ha sido única en nuestro tiempo. Bajo diversas formas también adhirieron a ella, por ejemplo, la España de la Guerra Civil en los pactos de la Moncloa y el Chile de la democracia que sucedió a Pinochet. En estos dos casos el futuro derrotó a un pasado traumático. En estos dos casos, porque no tuvo en su seno ni vencedores ni vencidos, la nación venció. Pero la Argentina contemporánea no pudo repetir la hazaña de Urquiza. No pudo hacerlo en 1955, cuando el general Lonardi fracasó frente al "gorilismo" antiperonista al intentar repetir la proclama de Urquiza, agudizándose de ahí en más el odio entre peronistas y antiperonistas cuyas secuelas no podrían frenar ni siquiera Balbín y el propio Perón con su abrazo de 1973, habida cuenta de que ya se había disparado la venganza montonera. Y no es que no haya habido un intento postrero por revivir aquel abrazo. Esta semana, el ex presidente Menem recordó en un artículo para LA NACION los esfuerzos que realizó en tal sentido. En 1985, en verdad, el presidente Alfonsín ya insinuó una reconciliación cuando, después de alentar el juicio de los comandantes de los años setenta, también promovió la ley de obediencia debida que, a la manera de los juicios de Nuremberg, procuró limitar el castigo a los supremos responsables de la represión, liberando a los jóvenes oficiales de aquella década. Menem intentó completar este legado al indultar a los responsables de los años setenta, militares y montoneros por igual. Pero ahora, si se cumple la previsión de que la Corte Suprema declarará que subsisten los delitos de los militares pero no los de los montoneros, la venganza diferida se abrirá otra vez camino a costa de la reconciliación. Podrá objetarse en más de un terreno a Alfonsín y aún más a Menem, pero el hecho es que es, pese a ellos, que en la Argentina actual sigue habiendo vencedores y vencidos. Poco importa para el caso que los vencidos de ayer sean los vencedores de hoy o viceversa, porque en ninguna de estas dos alternativas los miembros de una nación herida en su memoria pueden diseñar un futuro en común. El presente omnipresente Si el dominio del pasado sobre el futuro argentino es contraproducente, más inquietante todavía es el dominio del presente. En todos y cada uno de los temas de actualidad, en efecto, el Gobierno privilegia la gratificación a la mayoría que es capaz de ofrecer el presente por delante de una consideración racional del futuro. Esto es evidente en temas como las carnes y el régimen laboral. En el tema de las carnes, lo racional sería elaborar una política de mediano plazo que, cuidando los cortes destinados al consumo popular, permitiera la recuperación de la oferta ganadera para que, en pocos años, la Argentina contara con un rodeo ampliado capaz de satisfacer al mismo tiempo una gran demanda interna a precios accesibles y la gran demanda externa que no cesa de crecer. Esto significaría crear las condiciones para una inversión ganadera más intensa. Pero, al privilegiar la demanda interna actual sin tener en cuenta la previsible caída de la oferta de carne en el mediano plazo, el Gobierno genera al mismo tiempo el consenso de los consumidores y el desaliento de los inversores. Del mismo modo, tanto con las sentencias laborales de la Suprema Corte como con la preparación de una ley que no haría sino agravarlas, lo que se pretende es la protección de los empleos existentes hasta multiplicar sin límites las demandas por accidentes de trabajo y hasta dejar caer toda pretensión de ordenamiento laboral, ya que ni la embriaguez es causal de despido. Con ésta y otras medidas concordantes, en tanto los empleos actuales resultan incondicionalmente protegidos, se dificulta en la misma medida la creación de nuevos empleos. La Argentina del dominio del presente sobre el futuro ha invertido así la fórmula famosa de "mi hijo el doctor" que alimentó el ejemplar esfuerzo de nuestros abuelos. En vez de esta consigna que premiaba a los hijos gracias a la previsión de sus padres mediante una "gratificación diferida" en favor del futuro, el país deambula en busca de la "gratificación instantánea" de los votantes de hoy sin consideración a los argentinos que vendrán, como en un alucinante zapping de placer ansioso por efecto del cual los hijos ya no serán "doctores" sino, apenas, clientes domesticados por los planes sociales. Ya no importa la próxima generación sino la próxima elección. En un país que sacrifica las promesas del futuro a las urgencias del presente, todo se resuelve ya. Pero el futuro es en sí mismo un todavía. Un "todavía" que, cuando nos alcance, se convertirá en un ya menos satisfactorio aún que el que ahora padecemos.
Por Mariano Grondona